Resultados para: el abogado de laboratorio

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¿Te consideras un abogado de laboratorio?

20.06.2016 Categoría: Blog, Mi profesión Comentarios

El abogado de laboratorio es aquel que dedica la mayor parte de su actividad profesional al ejercicio de la abogacía desde su despacho profesional. Rodeado de sus probetas, matraces y tubos de ensayo (expedientes, libros, programas y  software) disfruta enormemente estudiando y resolviendo asuntos desde la seguridad y calidez que le ofrecen las cuatro paredes de su despacho. Quitarse la figurada bata blanca y salir al exterior para asistir a juicio o resolver alguna diligencia se antoja un verdadero tormento para este profesional, pues la calle es un escenario poco atrayente y demasiado complejo[1][2].

Si bien la anterior definición puede resultar inicialmente negativa, hemos de tener en consideración que hay dos clases de abogado de laboratorio: en primer lugar el que consciente y voluntariamente adquiere esta cualidad temporalmente, bien por la necesidad de trabajar concentrado durante determinadas fases, bien por necesitarlo tras un periodo de mucha actividad, pero que en ningún caso renuncia a la salida al exterior y, en segundo lugar, el que se siente abogado de laboratorio perpetuo, y con igual consciencia y voluntariedad se apega a su torre de cristal evitando en la medida de lo posible cualquier contacto con el exterior.

Visto el concepto y su clasificación, qué duda cabe que, con la mano en el corazón, hemos de reconocer que en más de una ocasión nos hemos sentido abogados de laboratorio, aunque fuera por un corto espacio de tiempo, lo cual, insisto, no es contraproducente, excepto que la tendencia circunstancial se convierta en costumbre y ésta en hábito. De hecho, para qué lo vamos a negar, durante esos periodos asociados a la concentración y tranquilidad, el abogado disfruta enormemente.

Y, podemos preguntarnos, ¿Por qué es perjudicial ser un abogado de laboratorio perpetuo?

En primer lugar, cuando salimos del despacho y dedicamos una parte importante de nuestra profesión a interactuar con las personas que  guardan una relación con nuestra actividad como son los abogados, clientes, personal de la oficina judicial, notarios, registradores, funcionarios, etc., realizamos contactos que nos permitirán obtener numerosos beneficios:

– Dispondremos de información de primera mano, actual y fiable, sobre asuntos de nuestro interés, lo que facilitará una adecuada toma de decisiones.

– No perderemos la perspectiva profesional de lo que «se cuece» en la calle.

– Nuestro liderazgo se verá reforzado ante nuestros compañeros y empleados, ya que éste no se limitará al conocimiento teórico, sino también al práctico, es decir, sabremos cómo funcionan las cosas ahí fuera tanto o mejor que ellos.

– No sólo fidelizaremos a nuestros clientes, sino que el contacto informal puede llevarnos a la consecución de nuevos clientes y encargos profesionales.

– Transmitiremos una imagen positiva de compromiso y responsabilidad con lo que hacemos.

– Conoceremos mejor a nuestra competencia.

Y en segundo lugar, como señalaba Henry Bordeaux  al transcribir algunos de los consejos que recibió de Daudet: “Las leyes, los códigos no deben ofrecer ningún interés, Se aprende a leer con imágenes y se aprende la vida con hechos. Figuraos siempre hombres y debates entre los hombres. Los códigos no existen en sí mismos. Procure ver y observar. Estudie la importancia de los intereses de la vida humana. La ciencia de la humanidad es la verdadera ciencia” Es decir, el derecho no es la obra del legislador sino el producto constante y espontaneo de los hechos, y éstos, como no podría ser de otra manera, se encuentran en la calle, en la barra de un bar, en un encuentro ocasional o en una conversación provocada por una larga espera…Si queremos estar en contacto con el derecho, no queda otra opción que estar cerca de los hechos, y estos no se encuentran entre las cuatro paredes del despacho, con la excepción de la visita del cliente.

Por lo tanto, aunque la tentación resulte muy alta y la dificultad mayor, el abogado debe evitar en todo punto acomodarse en el confort de su despacho y olvidar la importancia que para nuestro crecimiento profesional supone el salir al exterior e interactuar con las personas y los hechos,  elementos que conforman la esencia de nuestra profesión.

 

[1] Excluimos de este concepto a aquellos abogados cuya actividad se realiza, por razón de su puesto de trabajo o actividad, en su oficina como pueden ser algunos abogados de empresa, técnicos, etc., debiendo entenderse la figura analizada  referida al abogado que actúa de forma liberal y es titular de su propio despacho (unipersonal o compartido con otros letrados).

[2] El término “abogado de laboratorio” me lo sugirió un compañero en Facebook cuya entrada y nombre no he podido encontrar. Desde aquí le muestro mi agradecimiento por su acierto.

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Remedios para abogados desmotivados y sobrecargados.

5.12.2016 Categoría: Blog, Mi profesión Comentarios

La pasada semana me organicé de modo que pasé una jornada entera en el despacho trabajando sobre una planificación de diversos asuntos de distinta naturaleza (redacción de documentos, estudio de asuntos, llamadas telefónicas, algo de organización de documentos, etc.). Lo cierto es que a medida que avanzaba la mañana podía comprobar que todo me estaba saliendo genial, y que iba cerrando los temas en tiempo y con la máxima eficacia y eficiencia[1]. De hecho, me permití a lo largo de la mañana publicar el siguiente tuit:

Óscar Fernández León ‏@oscarleon_abog  1 dic.

Hoy, mañana de ensueño en el despacho. Me he reservado día para resolver temas sin interrupciones. A veces ser abogado de laboratorio mola.[2]

Y la cosa no era para menos, pues no es un gran descubrimiento afirmar que para el ejercicio eficaz de nuestra profesión hace falta actuar con la máxima concentración en la tarea en la que estemos involucrados. Sin embargo, muchas veces pasamos por alto esta necesidad, y aun a sabiendas, actuamos siguiendo pautas opuestas a dicho principio (desmotivación, preocupación, distracciones, etc.).

Por ello, y considerando fundamental conocer la teoría que hay tras la práctica de estas conductas productivas con el fin de poder aplicarla y avanzar en nuestra autogestión personal y profesional dedicaremos el post de hoy a analizar el conocido como “estado de flujo” que aborda David Goleman en su obra titulada El cerebro y la inteligencia emocional: nuevos descubrimientos.

Básicamente, el autor parte de la ley de Yerkes-Dodson (1908), que demuestra la relación existente entre ansiedad, tarea y rendimiento, al considerar que cuanto más dificultad presenta una tarea de aprendizaje, menor es el grado óptimo de la motivación requerida por el aprendizaje más rápido. Una ansiedad excesiva afectará negativamente al rendimiento.

Estas relaciones reflejan que los rendimientos se optimizan a medida que aumenta la activación hasta llegar a un punto máximo, a partir del cual cualquier incremento o activación exagerada coloca el organismo en el umbral del fracaso adaptativo. La relación entre estrés y productividad se representa gráficamente mediante una “U” invertida. El aumento del estrés (el eje horizontal de la gráfica), provoca el aumento de la productividad (el eje vertical de la gráfica). A mas estrés el resultado mejora hasta que se alcanza la cima de la curva, momento en el que desciende la productividad.

Dicho esto, Goleman recorre los campos de la gráfica definiéndolos como desvinculación, sobrecarga y flujo, aspectos que son tratados desde una perspectiva de las conexiones cerebrales, escenario éste no contemplado en 1908 por los autores de Ley Yerkes-Dodson.

Así, la desvinculación es aquel estado de desmotivación, implicación y falta de compromiso que nos hace trabajar de forma poco productiva. Sobrecarga es un estado en el que el cerebro produce demasiadas hormonas del estrés que afectan a nuestra capacidad de trabajar como consecuencia de situaciones que nos desbordan y abruman. Finalmente, flujo es el punto de aprovechamiento máximo de las emociones al servicio del rendimiento que se produce cuando se da un equilibrio entre las exigencias que plantean una situación y la capacidad de la persona (aunque dicho punto máximo varía en cada persona).

Centrados en este último estado de rendimiento óptimo, nos encontramos según Goleman ante un estado de armonía neuronal[3] en el que las distintas áreas del cerebro se hallan en completa sintonía. De esta forma, el estado de flujo se caracteriza por:

  • Una concentración intensa.
  • Una capacidad de reacción ágil ante los problemas.
  • Rendimiento máximo.
  • Sensación de placer por la actividad que estamos desarrollando.
  • El nivel global de actividad cerebral desciende (menos esfuerzo)

En el caso de los abogados, todos conocemos jornadas de trabajo en las que llevamos a cabo las tareas que nos hemos propuesto con absoluta precisión, y en las que por regla general percibimos que todo lo que nos ocurre tiene un sesgo positivo. En estos días, incluso ante demandas inesperadas actuamos competentemente. Por el contrario, en otros casos se producen jornadas absolutamente complejas en las que a resultas de diversas demandas o circunstancias externas, nos sentimos muy estresados y llega un momento en el que si bien continuamos trabajando, somos conscientes de que la concentración y atención campan por su ausencia. En ambos casos nos estaríamos desplazando a través de la U invertida de Yerkes-Donson, pasando de segregar hormonas de estrés bueno a un exceso de hormonas bloquean nuestros circuitos.

En estos casos es fundamental ante todo conocerse, y así saber reaccionar y tratar de regresar a la zona de máximo rendimiento. Para ello debemos emplear los remedios que se aconsejan para mantenerse o alcanzar el estado de flujo: la práctica de la concentración y relajación fisiológica, remedios éstos que variarán en cada caso, pero que a través de nuestro autoconocimiento podremos identificar y aplicar.

En definitiva, la abogacía no puede limitarse a prestar un servicio, sino que éste debe realizarse en las condiciones psíquicas y físicas adecuadas, cuestión que si bien es de Perogrullo, debe conocerse desde sus propios fundamentos e interiorizarse.

Espero que con este post haya contribuido a ello.

 

 

[1] La eficacia difiere de la eficiencia en el sentido que la eficiencia hace referencia en la mejor utilización de los recursos, en tanto que la eficacia hace referencia en la capacidad para alcanzar un objetivo aunque en el proceso no se haya hecho el mejor uso de los recursos.

[2] Post ¿Te consideras un abogado de laboratorio? http://oscarleon.es/?s=el+abogado+de+laboratorio

[3] Para alcanzar este estado, Goleman señala que será fundamental: a) ajustar las demandas a la capacidad de la persona; b) practicar las habilidades necesarias para afrontar el mayor nivel de la demanda c) mejorar la capacidad de concentración; d) ser conscientes de cuando salimos de la zona de máximo rendimiento, es decir, cuando nos encontramos en estados de disminución del rendimiento, perdida de atención y concentración, despistes, mal humor, inquietud, etc.

 

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El oscuro oficinista, otra forma de ejercer

2.02.2017 Categoría: Blog, Mi profesión Sin comentarios

En un post reciente abordamos la figura del abogado de laboratorio, aquel que desarrolla la mayor parte de su actividad profesional desde el despacho. Rodeado de sus probetas, matraces y tubos de ensayo (expedientes, libros, programas y  software) disfruta enormemente estudiando y resolviendo asuntos desde la seguridad y calidez que le ofrecen las cuatro paredes en las que habita.

Dentro de esta categoría, distinguíamos al que consciente y voluntariamente adquiere esta cualidad temporalmente, bien por la necesidad de trabajar concentrado durante determinadas fases, bien por necesitarlo tras un periodo de mucha actividad, aunque en ningún caso renunciando a la salida al exterior y, en segundo lugar, el que se siente abogado de laboratorio perpetuo, y con igual consciencia y voluntariedad se apega a su torre de cristal evitando en la medida de lo posible cualquier contacto con el exterior.

Hoy vamos a profundizar en esta última variedad al que denominaremos “el oscuro oficinista”.

El oscuro oficinista, es aquel abogado que sobrevive en el encierro del despacho de forma perenne, alejado voluntariamente…

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