Categoría: Articulos Legaltoday.com

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¿Qué puede hacer el abogado para que el cliente valore adecuadamente su trabajo?

cuestionario (1)

Son múltiples las controversias que se suscitan entre los abogados y sus clientes a la hora de tratar el siempre espinoso tema de los honorarios profesionales, y curiosamente, las posturas que se adoptan siempre apuntan en la misma dirección: para el cliente, normalmente son caros, mientras que para el abogado, o son insuficientes o son justos.

Con independencia de la existencia de múltiples factores que pueden influir en tan antagónica percepción, podemos afirmar que la base de estas discrepancias reside en un concepto de enorme trascendencia, cual es el valor que el cliente da a nuestros servicios o el valor por dinero. Tal es su importancia, que su adecuada gestión por parte del abogado no solo podrá evitar los conflictos apuntados, sino que facilitará enormemente el desarrollo de la relación profesional preservando así el vínculo de confianza.

Partiendo de la anterior reflexión, hoy dedicaremos el post a facilitar al lector algunas pistas para contribuir a que dicha valoración se realice por el cliente de forma realista y lo más objetiva posible, aun sabiendo que es una empresa harto difícil pero que merece intentarse.

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¿Cómo interrogar atacando la fiabilidad del testimonio del testigo?

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La fiabilidad puede entenderse como la confianza o seguridad que proporciona alguien o algo, lo que llevado al testimonio del testigo significa que la evidencia que este proporciona puede ser aceptada como libre de errores. Por lo tanto, la fiabilidad del testimonio es un elemento esencial de todo sistema judicial, pues en la medida que este sea lo más fiable posible, menos errores judiciales se producirán y mayor seguridad y confianza transmitirá dicho sistema a la sociedad.

No obstante, todo testimonio, al depender de un ser humano, puede ser erróneo, no solo de forma voluntaria (cuando el testigo miente) sino de forma involuntaria (errores de percepción), por lo que el abogado al interrogar, y especialmente en la fase de contrainterrogatorio, vendrá obligado a emplear las técnicas oportunas para chequear y someter al debido control la evidencia del testigo, en la búsqueda de errores que permitan eliminar o minimizar la fiabilidad del testimonio.

Es objeto del presente post examinar, siguiendo la exposición de Marcus Stone[1], los errores más comunes que se producen en los testimonios evacuados por los testigos como consecuencia de errores relacionados con el evento observado, entre los que analizaremos el propio evento y las condiciones de observación.

El evento observado.

Grado de exposición: El tiempo de observación de determinado evento puede influir…

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La desacreditación del testigo durante el interrogatorio

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Uno de los objetivos esenciales de todo contrainterrogatorio es la desacreditación del testigo, o lo que es lo mismo, el ataque al crédito personal del mismo como fuente de información en juicio. A través de este objetivo, lo que pretende el abogado es atacar la credibilidad y fiabilidad del testigo para, así, destruir su testimonio directo.

Por lo tanto, si durante el interrogatorio directo, el abogado adverso logró acreditar suficientemente su credibilidad frente a los ojos del juzgador, a contrario sensu, en el contrainterrogatorio lo que el abogado pretende es restar credibilidad a la persona del testigo, sea porque este tiene algún tipo de interés en el proceso, por sus convicciones o antecedentes personales, conductas previas, prejuicios o influencias, entre otros.

No obstante, llama la atención que este objetivo, de tanta importancia, sea escasamente empleado en sala, cuando es frecuente que muchos testigos vengan condicionados a juicio por motivos que originan que sienta el deseo o intención de tergiversar o falsear su testimonio. De hecho, en la mayoría de las ocasiones la actuación del abogado se limita a la observación de la forma de responder a las generales de la ley, cuando, todos sabemos que el testigo suele superar dicha fase con toda naturalidad.

Dos son las líneas clásicas de impugnación del crédito del testigo: el interés y la conducta previa del testigo.

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La narración de los hechos o el pálpito que da vida al alegato.

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La narración es la parte del informe oral en la que exponemos de forma ordenada los hechos no controvertidos y los controvertidos que consideramos han quedado probados, y sobre los que ha de recaer el fallo de la resolución judicial. Por lo tanto, a través de la narración, instruimos al juez en la noticia de los hechos del pleito o la causa.

La narración constituye una fase de suma importancia en la división del informe oral, ya que de los hechos que queden probados va a depender el sentido del fallo judicial, por lo que es obvio que durante la narración la atención del tribunal estará concentrada en nuestra exposición, lo que exige el respeto a una serie de principios que han de gobernar esta fase del discurso forense:

1º.- La narración de los hechos, o lo que es lo mismo, el relato objeto de la narración ha de quedar separada de las valoraciones y de los argumentos jurídicos, pues tiempo habrá para hacerlo durante la argumentación. En esta fase nos limitaremos por tanto a narrar hechos, hechos que desde nuestra perspectiva, constituyen la base fáctica de nuestra pretensión y de nuestros argumentos.

2º.- La expresión debe ser firme, categórica,

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Dos ejemplos de atención al cliente: ¿con cuál te quedas?

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Hoy me gustaría ilustraros a través de dos ejemplos la diferencia entre un mal y un buen servicio al cliente por parte de un despacho de abogados, debiendo significar que ambos constituyen pura ficción, si bien es posible que, de alguna forma, nos veamos representados en ambos.

La finalidad no es otra que hacernos reflexionar sobre la importancia que tiene lograr que cuando el cliente salga del despacho, disponga de una percepción positiva del mismo y de los servicios que prestamos.

Sin más preámbulos, examinemos ambos ejemplos:

Primer escenario

Nuestra clienta, llamada Josefa, tras la recomendación de una amiga, decidió llamar al despacho de don José para pedirle una cita con idea de hacerle una consulta sobre un asunto de su interés. Cuando llamó por teléfono, le dieron cita para una semana, dirigiéndose por tanto al despacho el día y a la hora exacta.

Tras llamar al timbre y esperar un periodo de tiempo que le pareció quizás excesivo, escuchó algo similar a unos pasos corriendo detrás de la puerta cuando, por fin, ésta se abrió y doña Josefa pudo contemplar el rostro de una recepcionista que con cara de absoluta indiferencia le preguntaba qué deseaba, Josefa, le respondió que tenía cita con don José a las seis.

La recepcionista la acompañó a una pequeña sala en la que

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¿Es conveniente citar jurisprudencia durante la exposición del alegato?

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La cita de jurisprudencia por parte del abogado durante la exposición del informe oral no deja de ser una cuestión controvertida. Abona dicha afirmación la existencia de opiniones diversas y, a veces contradictorias, mostradas por jueces y abogados sobre su necesidad, conveniencia y forma de exposición.

Ciertamente, la cuestión no es trivial, pues si examinamos la regulación del informe oral en los diversos órdenes jurisdiccionales, se observa como punto transversal a todas ellas la necesidad de arrojar luz en relación con los hechos y fundamentos jurídicos en los que las partes apoyen sus pretensiones una vez practicadas las pruebas pertinentes, lo que supone lógicamente un razonamiento fundado en argumentos de técnica jurídica en el que deberá emplear la cita a leyes, doctrina y jurisprudencia.[1]

Expuesto lo anterior, y sin entrar a considerar las diversas posiciones anunciadas, será objeto del presente post fijar mi posición en cuanto a cómo debe efectuarse la cita de jurisprudencia durante la exposición del informe oral, dejando también señaladas aquellas formas que considero incorrectas y que, por tanto, no serán bien recibidas por el juez.

Para abordar este tema, lo primero que hemos de resaltar es que todo informe oral, para captar el interés y la atención del juez, debe reunir una serie de características que podrían resumirse en concreción, claridad, brevedad, estructura y una construcción flexible y atractiva, por lo que todo abogado, a la hora de elaborar el informe, debe dar cabida a dichos rasgos distintivos, evitando así introducir elementos que quiebren dicha armonía.

¿Rompe la cita de jurisprudencia dicha armonía?

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Paco Segura Fernández-Arias, un abogado de raza, sigue con nosotros.

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Con sólo 47 años, nos dejó un viernes por la noche mientras trabajaba en su despacho cerrando algunos expedientes que habían quedado pendientes tras una jornada agotadora.

Amor por su profesión, entrega y entusiasmo; el mejor soldado que pudiera desear un general en plena batalla…

Hace un rato lo hemos despedido, y el vacío con el que llegué a Madrid, se ha tornado a mi regreso, no sé cómo decirlo, en una pena profunda pero llena de orgullo, pues así me he sentido por haberlo conocido. Ver y escuchar a sus familiares y amigos, cómo lo recordaban, con qué cariñó hablaban de él, ha sido toda una lección de amor…

¡Qué importante es en esta vida ser, como decía Machado, una persona en el buen sentido de la palabra, buena…!

A Paco lo conocí hace cuatro años cuando presentaba un libro en la Librería Cívitas. Una vez concluida la presentación, se abrió el turno de preguntas,…

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El entusiasmo del abogado.

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La palabra entusiasmo, que procede del griego enzeos (endiosado) y del latín enthous (inspirado por los dioses), está compuesto por “en” (en) y “Theos” (Dios), etimología que ya nos anuncia el significado de entusiasmo como exaltación o excitación del ánimo provocado por una cosa que nos cautiva, o el fervor, ardor o afán al hacer algo.

Así entendido, ya podemos afirmar que el entusiasmo es un elemento fundamental en el quehacer diario del abogado y muy especialmente en el del abogado litigante, aspecto que a continuación pretendemos examinar.

El entusiasmo del abogado litigante no es más que su absoluta compenetración con la materia objeto de su intervención, afinidad que puede asimilarse a una especie de amor y pasión por la misma, y que viene precedido por su riguroso conocimiento, estudio y preparación en unas condiciones anímicas favorables.

El entusiasmo tiene para el abogado innumerables consecuencias positivas entre las que destacaremos las siguientes:

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Bajo la toga el abogado debe llevar coraza…y un gran corazón

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La Abogacía, que no es otra cosa que lo que vivimos y sentimos los abogados, viene representada por múltiples aspectos en los que se encuentran personas, conductas y situaciones que se sucederán a lo largo de nuestra vida profesional… [1]

La sentencia favorable, merecida e inmerecida.
El cliente leal, comprensivo y cumplidor.
El juez que me escucha atento y cordial.
El oficial amable, que me ayuda en mis gestiones.
El testigo honesto, que me dice la verdad.
El perito imparcial.
Y el sincero reconocimiento de nuestro trabajo.
Pero también hallamos en nuestro diario devenir con…
La sentencia desfavorable, sea injusta o merecida.
El cliente desagradecido e insensato.
El juez que me ignora mientras informo.
El oficial desabrido y poco colaborador.
El testigo que miente.
El perito parcial.
Y  la crítica apasionada y ciega a nuestro trabajo.
Y, como no,… Lexnet.

En definitiva, todo lo expuesto representa lo que los abogados vivimos en el día a día, y que, por suerte o por desgracia, tenemos que agradecer, pues nos vamos forjando entre sistemáticas contradicciones, justicia e injusticia; verdad y mentira; alegría y decepción…

Por ello, bajo la toga, que nos hace iguales…

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En juicio, a veces la mejor pregunta es la que no se hace

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Una de las deficiencias más acusadas que se observan durante el interrogatorio realizado a una parte, testigo o perito, radica en que las preguntas formuladas no aportan nada a la línea de defensa de quien interroga.

En ocasiones, estas preguntas superan el control de legalidad, aunque a efectos del interrogatorio resultan inocuas e intrascendentes en su conjunto y contexto; en otras ocasiones, se enfrentarán a la interpelación más que justificada del juez:

Sr. Letrado, esa pregunta ya ha sido respondida anteriormente.

Abogado, esa pregunta es impertinente.

Sr. Letrado, concrete su pregunta.

Alguna pregunta más Sr. Letrado…

Esta práctica trae su causa en una defectuosa preparación del interrogatorio, falta que, a su vez, deriva de la ausencia de un objetivo claro y preciso a la hora de abordar todo interrogatorio. Unido a lo anterior, encontramos una costumbre bastante perniciosa, por la cual el abogado se siente “obligado” a interrogar y no dejar pasar la ocasión sin intervenir (quizás en la confianza de poder obtener algún resultado, lo que los anglosajones denominan ir de fishing expedition o porque el cliente, presente en el juicio, no ha sido advertido de la posibilidad estratégica de no preguntar).

Sin embargo, podemos afirmar que dicha práctica es contraproducente y perniciosa para la defensa, afirmación que se resume perfectamente en el dicho “A veces, la mejor pregunta es la que no se hace”. Y si éste no queda claro, hay otro más elocuente: “No existen malas respuestas, sino malas preguntas”.

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