Categoría: Litigación y oratoria

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¿Qué podemos hacer los abogados para revitalizar el informe oral?

Si bien conforme a la actual tendencia a la oralidad en los procesos el informe oral está concebido por el legislador como un trámite esencial en la mayoría de los órdenes jurisdiccionales, lo cierto es que si acudimos a la práctica diaria forense, nos encontramos ante su cuestionamiento por los principales operadores jurídicos: abogados y jueces. Las razones son diversas, manteniendo cada colectivo un criterio que, de alguna forma, responsabiliza al otro de dicho recelo, todo ello sin olvidar la secular situación de la Administración de Justicia, cuya perniciosa influencia se proyecta sobre este trámite. En este complejo escenario, la presente colaboración ofrece una propuesta a los abogados para mejorar la calidad de sus informes orales, adaptándolos a las actuales circunstancias.

(Artículo publicado en Diario la Ley nº 10, Sección Legal Management, 28 de septiembre de 2017.)

I. La importancia del informe oral

El informe oral tiene una importancia de primer orden no solo para el completo y eficaz desarrollo del proceso, sino para el propio ejercicio derecho de defensa del ciudadano incardinado en el art. 24.2 de nuestra Constitución (LA LEY 2500/1978), pues a tenor de la actual tendencia a la oralidad en los procesos y a la inclusión de este trámite en la práctica totalidad de los procedimientos seguidos en primera instancia ante los diferentes órdenes jurisdiccionales, resulta indudable la importancia con la que ha sido concebido.

Efectivamente, para confirmar dicho valor, hemos de partir de dicha tendencia, lo que implica que si el legislador ha confiado en dicha oralidad, materializada de modo expreso en el trámite de informe o conclusiones, será porque este se considera un trámite adecuado, conveniente y útil para la consecución del fin último que es la impartición de Justicia. De lo contrario, ¿qué sentido tendría su regulación en sede de los procedimientos más habituales de todas las jurisdicciones?

En segundo lugar, tomando como modelo el procedimiento ordinario del art. 433 de la LEC (LA LEY 58/2000), «las conclusiones o alegaciones conclusivas son actos procesales de parte que tienen por objeto la crítica del resultado de las pruebas practicadas en el proceso y la reconsideración de las tesis jurídicas mantenidas» (modelo este exportable al resto de las jurisdicciones), lo cierto es que un trámite en el que las partes valoren las pruebas practicadas en presencia del juez y planteen sus argumentaciones jurídicas a la vista de dicha valoración, se antoja más que necesario para fundamentar, de hecho y de derecho, la pretensión de cada parte con el fin de que el juez se ilustre a fin de adoptar una u otra tesis. Es decir, con este trámite contradictorio, se facilitan al Juez los datos esenciales de la problemática del pleito, fáctica y jurídica, alcanzando con mayor facilidad la comprensión que le llevará a la resolución del caso.

Y finalmente, y no por ello menos importante, la práctica del informe oral es garantía del derecho de defensa (art. 24.2 de la Constitución (LA LEY 2500/1978)), pues la finalidad del mismo (persuadir y convencer al juez de nuestra pretensión valorando las pruebas que se han llevado a cabo en el juicio y argumentando en derecho) y el contexto en el que se materializa (oralmente y en presencia del juez), hacen que la exposición del informe oral sea quizás uno de los momentos claves para la materialización de aquél derecho.

Por lo tanto, creo que no existe duda alguna sobre la importancia que, ab initio y partiendo de su regulación positiva, ostenta el informe oral en el ordenamiento español.

II. La perversión del dogma

Curiosamente, si descendemos a la arena del foro este «dogma» se encuentra cuestionado precisamente por los operadores jurídicos que participan de forma activa y exclusiva en su puesta en práctica diaria: los jueces y abogados. Efectivamente, basta cambiar impresiones con los compañeros de profesión y con algunos jueces, e incluso leer algunos artículos elaborados por ambos profesionales y que tratan este espinoso asunto, para concluir que el trámite de informe oral se encuentra muy cuestionado en la práctica forense.

Resumiendo las impresiones negativas a las que nos referimos, podíamos destacar las siguientes, distinguiendo entre lo que opinan algunos jueces y abogados (1) :

1. Lo que opinan algunos jueces

  • El informe es un trámite inútil pues, tras la prueba, ya está definido el criterio a adoptar.
  • El informe no me ilustra de nada nuevo, pues tras la prueba el juez se encuentra suficientemente instruido.
  • El informe no valora la prueba, se centra solo en argumentos jurídicos. Lo que importan son los hechos probados más que el derecho aplicable.
  • A través del informe oral se reproduce la demanda y la contestación y no se aporta nada nuevo.
  • Se reiteran hasta la saciedad los argumentos.
  • El informe carece de orden y estructura, y se plantea de forma deslavazada.
  • Se invoca la jurisprudencia de forma generalizada o se produce un exceso en su cita.
  • El abogado actúa con excesivo dogmatismo ante el juez.
  • El abogado trata de lucirse ante el cliente, y se olvida de centrarse en lo verdaderamente importante del informe.
  • Se lee íntegramente el informe sin levantar cabeza.
  • El abogado habla tan rápido que es imposible seguirle.
  • La duración del informe es excesiva.

Si observamos las impresiones o quejas más habituales, encontraremos tres perspectivas: la primera, la de aquellos jueces que sencillamente no creen en el informe oral, y si por ellos fuera, lo suprimirían (esto me lo confesó un juez en una conferencia que impartí recientemente); una segunda, en la que el juez no extrae beneficio alguno del informe oral pues no recibe la información que necesita del abogado; finalmente, la tercera destaca la imposibilidad de prestar la atención debida al informe a resultas de una mala praxis en la exposición del mismo por parte del abogado.

2. Lo que opinan algunos abogados

  • El informe es un trámite inútil pues, tras la prueba, ya está definido el criterio a adoptar por el juez.
  • El juez impone una duración del informe excesivamente corta y que hace imposible cumplir con la finalidad del mismo.
  • El juez no presta atención al informe (despacha con el personal auxiliar asuntos que pueden —y deben— esperar otro momento; hace entrega o recibe documentos o papeles ajenos a la vista; lee autos de otro procedimiento; miradas al reloj, gestos que denotan cansancio y aburrimiento).
  • Se realizan muestras de aprobación o desagrado durante el informe de una parte, y en ocasiones, se mira furtivamente a una de las partes indicando cansancio o disgusto por la intervención de la otra.
  • Se interrumpe el informe de una de las partes sin haberse realizado al comienzo prevención alguna sobre las razones que han motivado la interrupción.
  • Se advierte al abogado de la necesidad de ir terminando o concediendo un tiempo inviable para ello, cuando, a criterio del abogado, el informe no ha cumplido con su función.
  • El juez, a pesar de que el compañero contrario está incurriendo en diversos fallos en la exposición del informe, en lugar de llamar la atención del abogado, se limita a transmitir su frustración a través de un claro lenguaje no verbal.

A la vista del anterior catálogo, observamos que las quejas se centran en dos posturas: por un lado, los que no creen en el informe oral (sencillamente, no se confía en su utilidad procesal); y aquellos que consideran que el informe oral no alcanza su finalidad debido a la actitud de los jueces ante el mismo, quienes no prestan atención durante su exposición o siguen una mala praxis forense a la hora de gestionar este trámite.

Como vemos, en el cuestionamiento del informe oral las posturas de ambos operadores jurídicos están muy encontradas, y fuera de los supuestos en los que no se cree en dicho trámite, las quejas se dirigen generalmente al lado opuesto.

III. ¿Qué podemos hacer los abogados para revitalizar el informe oral?

Ante esta dualidad, la cuestión es ¿qué podemos hacer los abogados para revitalizar el informe oral?

En primer lugar, y siguiendo la famosa plegaria de la serenidad («Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia»), desecharía cualquier intento de convencer a aquellos que, por sistema, no creen en el informe oral, y muy especialmente a los jueces que mantienen dicho criterio, pues veo muy difícil que argumento alguno pueda alterar una opinión enraizada en alguien tan vinculado al ordenamiento jurídico como un juez. Aceptemos pues que siempre habrá jueces que no crean en el informe oral. En cuanto a los abogados que no creen en el informe oral, creo que podrían cambiar su criterio, si bien va a ser harto difícil, pues su sensibilidad es muy alta frente a aquellos jueces que, como hemos señalado, mantienen dicho posicionamiento.

Sin embargo, si partimos de la mayoría de las críticas realizadas por ambos colectivos, lo cierto es que se observa que las mismas se centran en la mala praxis de los abogados y jueces a la hora de exponer y prestar atención respectivamente al informe oral.

Sobre la base de esta conclusión, y partiendo de mi rol de abogado en ejercicio, considero que mi modesto esfuerzo para mejorar esta situación (y el de todos mis colegas), reside en buscar vías de mejora para la exposición del informe oral por parte de los abogados, pues no es nuestro papel en esta colaboración aconsejar a los jueces al respecto. ¡Doctores tiene la Iglesia!

Ahora bien, para ello, hemos de partir de una serie de ideas que son esenciales para poder abordar cualquier propuesta de mejora de la intervención del abogado en este trámite.

1.º Situación actual de la Administración de Justicia: No podemos engañarnos, y obviar que actualmente existe una verdadera situación de colapso judicial que motiva que los jueces tengan que escuchar entre diez y quince informes en una sola jornada (en la que a los juicios se otorgan duraciones de entre diez a treinta minutos), lo que, lógicamente, genera en los jueces un cansancio y una falta de motivación que condicionará notablemente la atención a la exposición del abogado. (2) Mientras persista este escenario y no se adopten soluciones de mejora, los abogados debemos concienciarnos que la concisión y brevedad en los informes orales será un elemento clave para alcanzar la finalidad del mismo.

2.º Escuchar a los jueces: Los abogados hemos de ser humildes, y escuchar lo que dicen los jueces sobre los errores que cometen los abogados a la hora de informar. Hay que plantearse que, como principales destinatarios del mismo, su información puede ser valiosísima para la evolución y mejora de nuestra praxis durante nuestra intervención informando en sala (en la misma medida, los jueces también deben ser humildes).

3.º Conocer a los jueces: Si los jueces van a jugar un papel clave en las condiciones tanto procesales como de comunicación y de conocimiento del caso enjuiciado, es lógico entender que a mayor conocimiento que disponga el abogado de un perfil completo del juez, más fluido será el desarrollo del acto judicial, sin perjuicio de tener más posibilidades de ganar la atención del mismo cuando expongamos el informe oral, pues conociendo la percepción del juez sobre este trámite, evitaremos cualquier tipo de incidencias y contrariedades durante el juicio, dotándolo de mayores posibilidades, insisto, de ser percibido con atención.

4.º Tener muy clara la función del informe oral establecida por nuestros tribunales: De forma resumida, y siguiendo la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Madrid de fecha 12 de julio de 2016, destacaremos algunos de los razonamientos que más inciden sobre esta cuestión:

  • Prevalencia del principio de oralidad: Uno de los principios sobre los que descansa el desarrollo del juicio oral en el orden penal, a diferencia de otras jurisdicciones, es el principio de oralidad donde todas las actuaciones que se desarrollan en el mismo son orales con el fin de que puedan ser percibidas de manera directa por el Tribunal, y en consecuencia, cercenar o debilitar de alguna forma este principio poniendo límites no justificados a determinadas actuaciones llevadas a cabo dentro del mismo, podría atentar contra el derecho de defensa (este razonamiento lo considero de plena aplicación a los informes orales de otras jurisdicciones).
  • Duración: La LECrim. (LA LEY 1/1882), no regula de forma concreta cuál debe ser la extensión en cuanto al tiempo de dicho informe oral (al igual que en el resto de las jurisdicciones) sino que queda al arbitrio del Juez o Presidente del Tribunal, como los responsables de dirigir el juicio oral, y será cada caso concreto el que marque dichas directrices en cuanto a este extremo.
  • Regla general en cuanto a su duración: La regla general es que la defensa tiene el tiempo que estime conveniente, dentro de los límites normales y usos forenses, para desarrollar su informe, el cual tiene como finalidad valorar las pruebas que se han llevado a cabo en el juicio y sustentar la correspondiente pretensión a favor de su cliente, teniendo en cuenta que en muchos casos, aunque no solo debe ser ese el criterio, la complejidad del asunto, las partes intervinientes, la prueba realizada, los delitos y las infracciones objeto de acusación, etc. y siempre teniendo en cuenta que debe ser salvaguardado el principio y derecho de defensa que debe prevalecer y no ser cercenado salvo en circunstancias excepcionales.
  • Circunstancias excepcionales: Las excepciones lógicas serán aquellas que se produzcan cuando los argumentos se van repitiendo y las alegaciones en torno a una misma cuestión son las mismas, de modo que el Tribunal ya haya adquirido sobrado conocimiento.
  • No puede servir como criterio comparar la duración de la prueba practicada con la del informe oral: No debe servir como criterio comparativo para adoptar la decisión de dar por concluido el informe oral que éste fuera más largo en tiempo que la duración de la prueba del juicio mismo, pues a veces no tienen por qué ser comparados; una cuestión es que de prueba requiera un corto espacio de tiempo, por ejemplo que sea en su mayor parte, una prueba documental, puede tratarse de un asunto complejo que requiera una explicación y unas alegaciones por las partes mucho más extensas, o por el contrario, una abundantísima prueba desarrollada en el juicio oral puede «despejar» el objeto de debate y los informes orales pueden quedar reducidos en el tiempo.

 IV. Una propuesta de mejora

Con estos mimbres, ya estamos en condiciones de hacer una propuesta por y para los abogados, sabedor que en las condiciones actuales, y mientras no cambien las circunstancias de nuestra actual Administración de Justicia, la tensión en estrados a causa de la práctica del informe oral seguirá produciéndose, si bien, al menos, los abogados dispondremos de unos criterios que nos permitan seguir una praxis adecuada y ajustada al proceso.

Sobre estos parámetros, pasamos a exponer algunas propuestas de mejora:

  • 1.º El abogado debe plantear el informe con el objetivo de mantener la atención del juez durante toda la exposición del mismo, la cual puede alcanzarse a través de lo expuesto en los siguientes apartados.
  • 2.º Todo informe debe estar dotado de una estructura bien definida, pues esta le otorga unidad, orden, coherencia, y los más importante, facilita al juez el seguimiento del informe sin esfuerzo, lo que ayudará a mantener su atención y a recordar fácilmente con posterioridad los principales argumentos. Por otro lado, una estructura en la que se distingan las fases esenciales (exordio, narración, argumentación y refutación y epílogo) mantendrá alejadas las tan denostadas repeticiones y reiteraciones argumentativas.
  • 3.º El informe debe ser técnicamente solvente, es decir, tiene que estar precedido de un profundo estudio del caso y de un completo análisis de los hechos, lo que sin duda facilitará una exposición fidedigna y acertada de los elementos de hecho y de derecho que lo dote de una diestra argumentación jurídica. Un informe bien preparado facilitará enormemente su exposición fluida en el foro.
  • 4.º Conciso, o lo que es lo mismo, centrado exclusivamente en los elementos esenciales que deben integrar todo informe forense: hechos, prueba de los hechos y argumentos jurídicos, trasladando al juez de forma clara las cuestiones de hecho y los problemas jurídicos debatidos. No conviene por tanto tratar puntos superfluos o de escaso interés para el asunto, pues de seguro, no sólo nos hará perder un tiempo precioso, sino que además debilitará los argumentos verdaderamente importantes.
  • 5.º Prevalencia de los hechos y de su valoración probatoria (salvo excepciones), pues cuando se expone el informe oral, el juez lo que necesita es luz sobre toda la información fáctica desplegada durante el proceso y conocer por qué una valoración probatoria debe prevalecer frente a adversa.
  • 6.º Relacionado con el apartado anterior (y siempre en los casos en los que el asunto a debatir nos sea estrictamente jurídico), la argumentación, conformada por leyes, doctrina y jurisprudencia, debe ser sucinta y aportada solo a dichos efectos argumentativos, excluyéndose construcciones ya conocidas sobradamente por los jueces. Solo en el supuesto de plantearse una alternativa jurídica innovadora por el abogado, la argumentación jurídica debe ser muy concisa.
  • 7.º Transmitido adecuadamente; con ello nos referimos a la claridad en su exposición gracias al uso adecuado del lenguaje verbal y no verbal durante su exposición, pues indudablemente el uso de una buena sintaxis, y de los parámetros de la voz (ritmo, énfasis, intensidad, dicción, silencios, etc.) y un buen lenguaje corporal (mirada, gesto, posición del cuerpo, uso de las manos, etc.) atraerán la atención el juez, pues esta se encuentra íntimamente vinculada a lo que se oye con gusto. Por otro lado, una buena expresividad nos permitirá transmitir el informe con entusiasmo, emoción que es contagiosa y ante la cual el juez no va a permanecer impasible.
  • 8.º El informe debe ser flexible, es decir, elaborado de forma que puedan suprimir partes o realizar añadidos sin demérito de su contenido. Ello permitirá al abogado durante su exposición verbal realizar las modificaciones (supresiones, añadidos o cambios) que requieran las circunstancias concurrentes e imprevistas.
  • 9.º Hemos de buscar que el informe sea atractivo, pues este no debe limitarse a una mera exposición técnica carente de emociones. En la medida de lo posible, el orador debe ser creativo, y aprovechar las partes del mismo que permitan tal licencia (exordio y epílogo), usando frases, moralejas, experiencias propias, paradojas o metáforas con situaciones sociales vigentes, que pueden servir para llamar la atención del juez. Naturalmente, siempre en su justa medida y como elemento accesorio de la concisión y brevedad que han de prevalecer en todo momento.
  • 10.ª El informe debe ser breve, entendiéndose por brevedad (siguiendo a Quintiliano) no en que se diga menos, sino en que no se diga más de lo que es necesario. De este modo, la exposición debe realizarse con la máxima concisión, siempre con una duración proporcional a la complejidad del asunto y atendiendo a las circunstancias concurrentes, tratando de aplicar todas y cada una de las reglas que lo hagan acreedor de la atención por el juez antes examinadas. En todo caso, a través del informe deberá lograrse la finalidad ya apuntada: valorar las pruebas que se han llevado a cabo en el juicio y sustentar la correspondiente pretensión a favor de su cliente.

Esta propuesta, que incide especialmente en las técnicas oratorias que debemos dominar los abogados para preparar y exponer el informe, de seguirse, podría mejorar nuestra praxis en sala, lo que indudablemente facilitaría la atención y el interés de los jueces que tanto demandamos. Ahora bien, esto solo es una de las caras de la misma moneda, pues los jueces también tienen que poner de su parte, pero, como avancé, esto no puede ser objeto de mi colaboración.

Quizás, y con esto concluyo, la solución a esta realidad podría alcanzarse a través de un dialogo fructífero en que, ante el actual escenario de la Justicia, jueces y abogados sentaran unas bases uniformes y coherentes sobre la práctica del informe oral, dialogo que en todo caso tendría que garantizar lo que a todos nos preocupa realmente: la salvaguarda del derecho de defensa del justiciable.

¿Nos ponemos en marcha?

 

(1)
Naturalmente no nos estamos refiriendo a una mayoría de jueces y abogados, pero si a las opiniones que realiza un porcentaje importante de ambos colectivos.
(2)
Ante esta eventualidad, la Administración de Justicia debe adoptar soluciones para evitar estas condiciones de trabajo que, como vemos, afectan al corazón del proceso. Como me aventuró un juez, el sistema perfecto sería contar con una plantilla judicial que contara con el doble actual de jueces, aumentando también el número de funcionarios y de salas de vistas, en ratios similares a los países avanzados del primer mundo.
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¿Es la única finalidad del informe oral persuadir y convencer al juez?

14.09.2017 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Comentarios

Mucho se discute sobre la eficacia del informe oral en sala, es decir, sobre el grado de influencia que puede tener sobre la decisión del juez, tema en el que las posturas se encuentran enfrentadas tanto entre los abogados como entre los propios jueces.  No obstante, no va a ser objeto de este post examinar dicha controversia (de la que ya nos ocupamos en el post ¿Es importante para los jueces el informe o alegato final del abogado?), sino que hoy nos vamos a centrar en otros efectos beneficiosos que tiene la elaboración de un buen informe oral para el abogado.

Si bien podemos preguntarnos ¿qué otra finalidad puede tener preparar un  buen informe oral que no sea persuadir y convencer al juez?, lo cierto es que un alegato bien preparado, o lo que es lo mismo, bien estudiado, fundamentado y dotado de una estructura y orden que garantice la claridad, concisión brevedad y flexibilidad necesarias para su exposición en juicio, puede generar otros beneficios “colaterales” para el profesional.

Entre estos beneficios, podemos encontrar los siguientes:

  • Dispondremos de una mejor y más completa comprensión de todos los elementos del pleito o la causa antes de la celebración del juicio.
  • Obtendremos una información privilegiada que nos permitirá evaluar con más garantías las opciones de negociación o conciliación en sala.
  • Plantearemos y ejecutaremos con mayor solvencia la práctica de la prueba de interrogatorios y periciales durante el juicio.
  • Al analizar profundamente el contenido de las alegaciones de la otra parte, poseeremos una mayor capacidad de refutación (especialmente cuando el contrario nos preceda en la palabra).
  • Ante un eventual recurso contra la resolución que se dicte, el estudio y preparación del informe oral nos suministrará una información muy valiosa para “armar” la impugnación.
  • Finalmente, contribuiremos a ir creando una reputación ante los jueces de buen abogado.

A la vista de los beneficios que lleva aparejada una buena preparación del informe oral, es esencial que el abogado durante esta fase sea impecable, es decir, que trabajemos nuestro alegato con plena involucración e identificación con independencia del resultado previsible del litigio, lo que ya, en sí mismo, es un resultado extremadamente valioso para nuestro crecimiento y maestría profesional.

Concluyendo: la preparación exhaustiva del informe oral es fundamental, no solo para persuadir y convencer a nuestro auditorio, sino para garantizar al abogado una excelente preparación para el desenvolvimiento de las diversas fases del juicio, incrementar nuestras habilidades de litigación y generar credibilidad en sala, lo que nos lleva a que, sea cual sea nuestra creencia sobre la virtualidad del mismo de cara al juez, nuestro alegato debe ser siempre preparado a conciencia.

Sea cual sea la confianza del abogado en la influencia del informe oral sobre el juez, prepararlo adecuadamente le aportará numerosos beneficios colaterales.

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¿Cómo debe planificarse y ejecutarse el interrogatorio directo para la acreditación del testigo?

29.06.2017 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Comentarios

 

En nuestra colaboración de hoy con legaltoday.com analizamos la forma de llevar a la práctica el interrogatorio del testigo desde la perspectiva del objetivo de la acreditación del mismo, es decir, de resaltar ante el juez aquellas circunstancias personales que lo acreditan como una persona que va a presentar un testimonio creíble y fiable, práctica ésta a veces olvidada, y que constituye la necesaria apertura que debemos realizar al encarar el interrogatorio del testigo que hemos propuesto.

Recordaros que en el blog podéis encontrar numerosos artículos relativos al interrogatorio, bastando que introduzcáis en el buscador la palabra “interrogatorio” para conocer los contenidos.

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¿Es recomendable interrogar a la parte contraria, al perito de la otra parte o al testigo hostil

15.06.2017 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Sin comentarios

En el contexto de la preparación de todo juicio oral los abogados hemos de adoptar una decisión estratégica de primer orden: si vamos a proceder a interrogar a la parte contraria, al perito propuesto de adverso o al testigo hostil. Y  decimos de primer orden, ya que las posibilidades de que el resultado de dichos interrogatorios sea desfavorable a quien interroga es altísimo, pues no cabe la menor duda que nos encontramos ante pruebas en las que participan sujetos cuya declaración es contraria a nuestra pretensión: unos serán sujetos imparciales cuyo interés es completamente opuesto al que defendemos (la parte contraria); otros cuya versión de los hechos es contraria o diferente a la nuestra y que, consciente o inconscientemente, va a ser defendida ante nuestra indagación (el testigo hostil) ; finalmente, aquellos técnicos cuya tesis o planteamiento técnico discrepará de nuestra hipótesis (el perito propuesto de adverso). En estos supuestos, los abogados, sabedores del peligro que acecha…

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¿Qué orden debo seguir al interrogar al testigo? ¿Cronológico o temático?

Un capítulo de enorme interés a la hora de preparar el interrogatorio del testigo lo constituye el orden que voy a seguir al organizar las preguntas, o lo que es lo mismo, cómo se va a exponer la información que los testigos irán suministrando a través de su narración.

Para abordar esta cuestión hemos de tener en cuenta la modalidad de interrogatorio que vayamos a realizar, pues las diferencias serán sustanciales si nos enfrentamos a un interrogatorio directo o a un contrainterrogatorio[i].

Interrogatorio directo.

Tratándose del interrogatorio directo, la mayoría de los expertos recomiendan la secuenciación del mismo a través del orden cronológico, es decir, mediante una narración que siga un orden temporal de los hechos conocidos por el testigo.

El fundamento de la estructuración cronológica del relato encuentra su fundamento en que a través de la cronología organizamos nuestros pensamientos, pues es la forma habitual en la que las personas nos comunicamos, estando más que demostrado que a través de un relato cronológico la información que recibimos se procesa más fácilmente que si se tratara de una exposición no cronológica y aleatoria.

De esta forma, a través del orden cronológico el juez accederá a una información clara con suma facilidad, lo que auxiliará,…

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¿Cómo interrogar atacando la fiabilidad del testimonio del testigo?

La fiabilidad puede entenderse como la confianza o seguridad que proporciona alguien o algo, lo que llevado al testimonio del testigo significa que la evidencia que este proporciona puede ser aceptada como libre de errores. Por lo tanto, la fiabilidad del testimonio es un elemento esencial de todo sistema judicial, pues en la medida que este sea lo más fiable posible, menos errores judiciales se producirán y mayor seguridad y confianza transmitirá dicho sistema a la sociedad.

No obstante, todo testimonio, al depender de un ser humano, puede ser erróneo, no solo de forma voluntaria (cuando el testigo miente) sino de forma involuntaria (errores de percepción), por lo que el abogado al interrogar, y especialmente en la fase de contrainterrogatorio, vendrá obligado a emplear las técnicas oportunas para chequear y someter al debido control la evidencia del testigo, en la búsqueda de errores que permitan eliminar o minimizar la fiabilidad del testimonio.

Es objeto del presente post examinar, siguiendo la exposición de Marcus Stone[1], los errores más comunes que se producen en los testimonios evacuados por los testigos como consecuencia de errores relacionados con el evento observado, entre los que analizaremos el propio evento y las condiciones de observación.

El evento observado.

Grado de exposición: El tiempo de observación de determinado evento puede influir…

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La desacreditación del testigo durante el interrogatorio

27.04.2017 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Sin comentarios

Uno de los objetivos esenciales de todo contrainterrogatorio es la desacreditación del testigo, o lo que es lo mismo, el ataque al crédito personal del mismo como fuente de información en juicio. A través de este objetivo, lo que pretende el abogado es atacar la credibilidad y fiabilidad del testigo para, así, destruir su testimonio directo.

Por lo tanto, si durante el interrogatorio directo, el abogado adverso logró acreditar suficientemente su credibilidad frente a los ojos del juzgador, a contrario sensu, en el contrainterrogatorio lo que el abogado pretende es restar credibilidad a la persona del testigo, sea porque este tiene algún tipo de interés en el proceso, por sus convicciones o antecedentes personales, conductas previas, prejuicios o influencias, entre otros.

No obstante, llama la atención que este objetivo, de tanta importancia, sea escasamente empleado en sala, cuando es frecuente que muchos testigos vengan condicionados a juicio por motivos que originan que sienta el deseo o intención de tergiversar o falsear su testimonio. De hecho, en la mayoría de las ocasiones la actuación del abogado se limita a la observación de la forma de responder a las generales de la ley, cuando, todos sabemos que el testigo suele superar dicha fase con toda naturalidad.

Dos son las líneas clásicas de impugnación del crédito del testigo: el interés y la conducta previa del testigo.

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La narración de los hechos o el pálpito que da vida al alegato.

20.04.2017 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Sin comentarios

La narración es la parte del informe oral en la que exponemos de forma ordenada los hechos no controvertidos y los controvertidos que consideramos han quedado probados, y sobre los que ha de recaer el fallo de la resolución judicial. Por lo tanto, a través de la narración, instruimos al juez en la noticia de los hechos del pleito o la causa.

La narración constituye una fase de suma importancia en la división del informe oral, ya que de los hechos que queden probados va a depender el sentido del fallo judicial, por lo que es obvio que durante la narración la atención del tribunal estará concentrada en nuestra exposición, lo que exige el respeto a una serie de principios que han de gobernar esta fase del discurso forense:

1º.- La narración de los hechos, o lo que es lo mismo, el relato objeto de la narración ha de quedar separada de las valoraciones y de los argumentos jurídicos, pues tiempo habrá para hacerlo durante la argumentación. En esta fase nos limitaremos por tanto a narrar hechos, hechos que desde nuestra perspectiva, constituyen la base fáctica de nuestra pretensión y de nuestros argumentos.

2º.- La expresión debe ser firme, categórica,

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Cuando el lenguaje del abogado refuerza o debilita el alegato.

17.04.2017 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Sin comentarios

“La lengua es un arma sin hueso atrapada entre los dientes“ Buda.

Refiere Enrique Martínez Lozano en su libro “Crisis, crecimiento y despertar de la existencia” sobre un experimento en el que a un grupo de personas se le pidió que observara una serie de palabras de tipo negativo que se les iban proyectando tales como imposible, complejo, insuperable, peligroso, desagradable, atemorizador; a continuación se les tomó una muestra de saliva. Poco después, se modificaron las palabras por estas otras: posible, superable, accesible, capaz, valioso, y se les volvió a tomar la muestra. Los resultados fueron notables: en el primer ejercicio el grupo presentó un marcado aumento de cortisol (hormona del estrés), mientras que en el segundo se produjo  un descenso.

Una de las conclusiones del ensayo afirma que el lenguaje no solo describe, sino que además crea realidades, pues afecta a nuestras emociones y a nuestro estado de ánimo, de modo que un mensaje plagado de palabras con una connotación negativa no serán bien acogidas por el receptor y viceversa (y de eso saben muy bien en publicidad). Lo más sorprendente es que esta no es una cuestión de nuestra parte consciente, sino que es nuestro inconsciente el que, a partir del lenguaje, genera unas emociones positivas o negativas. No hemos de olvidar que las palabras que conforman el lenguaje son una fuerza; son el poder del que disponemos para expresar y comunicar lo que pensamos, lo que sentimos. En definitiva, son la expresión de nuestra intención en cada momento en que las pronunciamos.

Todo lo anterior nos lleva a la importancia que puede tener la selección de las palabras que vayamos a emplear en nuestro informe oral, valor que radicará en la forma en la que el juez, destinatario único del mismo, lo percibirá.

Pero, vayamos por partes.

Dentro de la fase argumentativa del informe oral pueden distinguirse dos partes bien definidas: la argumentación de nuestra propuesta de defensa y la refutación de la contraria (ésta última puede ser anticipada si informamos antes, o posterior, si lo hacemos al final). Lógicamente, a través de la argumentación el abogado trata de persuadir al juez de la bondad de sus argumentos, mientras que durante la refutación, se tratará de restar valor a los argumentos de contrario.

Por lo tanto, en un contexto en el que el abogado trata de persuadir al juez de la conveniencia de su propuesta, es lógico pensar que si le hacemos llegar nuestro mensaje de una forma agradable, favorable, suave, es decir, empleando palabras que refuercen el mensaje y le den un impacto positivo, este será recibido probablemente con más atención e interés (ya decía Quintiliano que “el ánimo abraza mejor lo que oye con gusto”). Por el contrario, si lo que tratamos es de transmitir la inconveniencia de determinados argumentos, qué duda cabe que si lo hacemos en un contexto verbal preñado de expresiones desagradables, negativas y que debiliten el mensaje (el mensaje refutado, claro está), habremos conseguido, con independencia de la argumentación, crear un contexto poco propicio para la recepción del mensaje.

Partiendo de lo anterior, proponemos que a la hora de elaborar el informe oral, cuando nos dediquemos a preparar las dos partes de la argumentación, seleccionemos claramente el lenguaje que vamos a emplear, distinguiendo entre argumentación y refutación, práctica ésta que estimo no es nada difícil, pues el trabajo se limitará a incluir algunos sustantivos, verbos, adverbios o locuciones en el lugar clave que corresponda. De esta forma, dispondremos de un informe estratégicamente diseñado para impactar en uno u otro sentido, en función de las palabras empleadas.

A modo de ejemplo, y para nuestra argumentación, podríamos usar las siguientes palabras:

–          Claro, preciso, coherente, uniforme, acreditado, probado, demostrado, objetivo, recto, directo, fácil, sencillo, comprensible, lógico, entendible, conciso, verdad, certeza, argumentado, honesto, fiel, razonado, solvente, favorable, lineal, ordenado, previsible, concatenado, conclusión, centrado, justicia, ecuanimidad, equidad, neutralidad, probidad, rectitud, conciencia.

Y para la refutación, estas otras:

–          Oscuro, tergiversado, entramado, incoherencia, deslavazado, disperso, subjetivo, parcial, sinuoso, inveraz, interesado, falto de…, huérfano, carente de…, carencia, omisión, olvido, adornado, hojarasca, sin fondo o contenido, improvisado, desacreditado, difícil, complejo, ilógico, incomprensible, falacia, infiel, desfavorable, perdido, retórico, hostil, injusticia, atropello, abuso, componenda, sinrazón, podría ser, creo que, pienso que…podría decirse que…

Para concluir, hemos de realizar una precisión. El uso del lenguaje que hemos examinado tiene una exclusiva finalidad estratégica en el contexto de la exposición de nuestros argumentos y refutación de los contrarios; ahora bien, en modo alguno ello puede autorizar el empleo en sala de un lenguaje para insultar, culpar, reprochar, etc., o un lenguaje desagradable, arrogante, tosco, sarcástico, irónico, etc., pues en tales casos estaremos siendo irrespetuosos frente al compañero, la parte contraria y frente al propio juez, lo cual es deontológicamente inadmisible, sin perjuicio de que este lo verá como muestra de pocos recursos o de escasa preparación.

De lo que se trata en definitiva es de atacar la argumentación adversa desacreditándola o debilitándola respetando a la persona y al profesional.

 

 

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¿Es conveniente citar jurisprudencia durante la exposición del alegato?

30.03.2017 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Sin comentarios

La cita de jurisprudencia por parte del abogado durante la exposición del informe oral no deja de ser una cuestión controvertida. Abona dicha afirmación la existencia de opiniones diversas y, a veces contradictorias, mostradas por jueces y abogados sobre su necesidad, conveniencia y forma de exposición.

Ciertamente, la cuestión no es trivial, pues si examinamos la regulación del informe oral en los diversos órdenes jurisdiccionales, se observa como punto transversal a todas ellas la necesidad de arrojar luz en relación con los hechos y fundamentos jurídicos en los que las partes apoyen sus pretensiones una vez practicadas las pruebas pertinentes, lo que supone lógicamente un razonamiento fundado en argumentos de técnica jurídica en el que deberá emplear la cita a leyes, doctrina y jurisprudencia.[1]

Expuesto lo anterior, y sin entrar a considerar las diversas posiciones anunciadas, será objeto del presente post fijar mi posición en cuanto a cómo debe efectuarse la cita de jurisprudencia durante la exposición del informe oral, dejando también señaladas aquellas formas que considero incorrectas y que, por tanto, no serán bien recibidas por el juez.

Para abordar este tema, lo primero que hemos de resaltar es que todo informe oral, para captar el interés y la atención del juez, debe reunir una serie de características que podrían resumirse en concreción, claridad, brevedad, estructura y una construcción flexible y atractiva, por lo que todo abogado, a la hora de elaborar el informe, debe dar cabida a dichos rasgos distintivos, evitando así introducir elementos que quiebren dicha armonía.

¿Rompe la cita de jurisprudencia dicha armonía?

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