Categoría: Procesal

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La importancia del conocimiento del Juez como decisión estratégica.

23.01.2017 Categoría: Mi Práctica diaria, Procesal Sin comentarios
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Imagina que tienes un juicio y cuando llega el turno de presentar tus conclusiones el juez te dice que dispones de cinco minutos, ni uno más, para informar. Supón que aun disponiendo de una buena técnica de interrogatorio, el juez te llama la atención en reiteradas ocasiones debido a la forma «incorrecta» en la que haces las preguntas al testigo. Finalmente, figúrate que al comenzar el juicio el juez adopta una actitud vehemente dirigida a que las partes alcancen una transacción, transmitiéndote que te conviene llegar a un acuerdo porque si no…., y ese «si no» va por tu defensa. En todas estas situaciones, es obvio que el abogado se llevará una sorpresa, a modo de verdadero imprevisto, que podría haber sido evitada de haber actuado con más prevención preocupándose de conocer mínimamente al juez ante el que va a intervenir. Y lo peor es que tal imprevisto puede afectar seriamente las posibilidades de defensa del asunto, lo que nos demuestra la importancia vital que tiene conocer la forma en la que el juez dirige el acto judicial.

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La confrontación entre el abogado y el testigo,  ¿Quién gana?

21.03.2016 Categoría: Mi Práctica diaria, Procesal Comentarios
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La práctica del interrogatorio del testigo, y muy especialmente del contrainterrogatorio,  constituye uno de los mayores retos del abogado durante la práctica del acto del juicio. Ello es lógico, pues interrogar, y muy especialmente al testigo cuya declaración evacuada previamente no favorece nuestro planteamiento requiere un alto grado de preparación de la que, desgraciadamente, carecen la gran parte de los abogados españoles al limitarse su proceso de aprendizaje en las técnicas del interrogatorio a las enseñanzas adquiridas por propia experiencia (bien por observación a otros compañeros o por la propia intervención del abogado en los interrogatorios) Naturalmente, ello no impide que dispongamos de extraordinarios abogados litigantes que dominan esta materia.

A tal dificultad se añade la variedad de testigos a los que puede enfrentarse un abogado como son los testigos falsos (voluntarios o involuntarios), expertos, colaboradores con la justicia, menores, ancianos, testigos hostiles, etc.), diversidad que exige una especial técnica para afrontar el correspondiente interrogatorio.

En este contexto, no es extraño presenciar durante el contrainterrogatorio como el abogado entra en abierta discusión, polémica o conflicto con el interrogado, situación ésta que a todas luces constituye un grave error por parte de aquel que, como veremos, provocará una sustancial merma del efecto que pretende su interrogatorio.

Pero, ¿en qué consiste tal conducta de entrar en conflicto con el testigo?

Básicamente, nos encontramos ante una actitud que puede adquirir variadas formas:

-          Empleo de agresividad a la hora de dirigirse al testigo, elevando exageradamente el tono de voz, tratándolo con rudeza o desconsideración.

-          Uso del sarcasmo para la realización de las preguntas o para comentar las respuestas ofrecidas por el testigo.

-          Tono ofensivo (degradar, ridiculizar o insultar) para con el testigo.

-           Entrar en discusión con el testigo sobre el objeto de la respuesta, convirtiendo el interrogatorio en una disputa entre ambos.

-          Amedrantar o intimidar al testigo con amenazas de acciones posteriores o de la advertencia de cualquier perjuicio como consecuencia del testimonio que están prestando.

En todos estos supuestos, es común en el abogado una pérdida de compostura y serenidad la hora de interrogar, ausencia que se materializa en nerviosismo, excitación, agresividad y cierta desconcentración.

Centrada la cuestión, es hora de que analicemos las causas por las que esta conducta constituye uno de los errores más importantes de todo contrainterrogatorio.

En primer lugar, un abogado que pierda la calma durante esta fase verá aminorada la fuerza persuasiva de su defensa, ya que esta actitud se percibe por el juez como un modo de encubrir las debilidades derivadas de una falta de preparación del interrogatorio. Efectivamente, caer en conductas agresivas basadas en la confrontación y la embestida al testigo transmite generalmente carencias en los recursos disponibles del abogado para encarar este trámite, tratando a través de una especie de imposición verbal, obtener su propósito.

En segundo lugar, todo interrogatorio requiere de fluidez y espontaneidad en su desarrollo, es decir, sin interrupciones que provoquen la pérdida del hilo conductor del mismo; para ello es fundamental que el testigo se encuentre tranquilo y calmado. Por lo tanto, un enfrentamiento va a dificultad enormemente esa fluidez, tanto si el testigo se pone nervioso como si se mantiene calmado.

Esto último conviene explicarlo con más detalle.

Si el testigo entra en la confrontación, qué duda cabe que se habrán perdido las opciones de extraer algo positivo del contrainterrogatorio. De hecho, toda reacción a un ataque frontal va normalmente asociada a una posición del testigo caracterizada por mantener lo ya declarado en el examen directo previo, es decir, se enrocará en su testimonio anterior con más intensidad, minimizándose así las opciones de extraer algo provechoso del interrogatorio. Por el contrario, si el testigo mantiene la calma y responde sin alterarse conseguirá que su declaración sea más creíble y, al tiempo, propiciará que la capacidad persuasiva del abogado se aminore proporcionalmente.

En tercer lugar, entrar en agria discusión con el testigo provoca, ineludiblemente, una falta de atención y concentración del abogado en la propia estrategia del interrogatorio, ya que al encontrarse en una situación en la que se pierde la serenidad, el foco de atención se reduce notablemente. No es la primera vez en las que tras una contienda de este tipo puede observarse como el abogado necesita tiempo para recuperar el curso del interrogatorio (más aun ante la llamada al orden del juez)

Finalmente, no podemos olvidar que estas situaciones también afectan a los jueces o magistrados que presencian el contrainterrogatorio, pues su atención también se verá alterada y con ello el efecto persuasivo del interrogatorio. Igualmente, el juez percibe al testigo como la parte más débil del contrainterrogatorio, por lo que no verá favorablemente cualquier ataque procedente de quien dispone de una posición más privilegiada, lo que podrá derivar en una llamada de atención al letrado con los consiguientes efectos perturbadores para el curso del contrainterrogatorio.

Consecuencia de todo lo anterior, hemos de apuntar que en caso de enfrentarnos  a un testigo retador, provocador, sarcástico, etc., es decir, ante un testigo que busca la confrontación, el abogado deberá mantener la calma en todo momento, sirviéndose, en su caso, del auxilio del juez para advertir al testigo de tal conducta. Jamás deberá el abogado perder la calma en estos casos, pues como anticipamos, si consigue mantener la compostura, será el testimonio del testigo el que perderá su eficacia persuasiva.

Naturalmente, el contrainterrogatorio no va reñido con una actitud seria, sólida y segura, que transmita autoridad y cierta tensión al interrogado. Incluso, en ocasiones, se permiten excepciones como el caso de abordar un interrogatorio del un testigo que sabemos que está mintiendo voluntariamente y además disponemos de datos que nos permitan demostrar que el relato es falso; en tales casos, entiendo que se permite al abogado la licencia de recargar las tintas en la forma de dirigirse al testigo, pero siempre sin faltar al respeto. Hay que ser duro con el testimonio pero no necesariamente con el testigo.

En conclusión, el abogado deberá enfocar todo interrogatorio alejado del terreno de la confrontación, empleando una actitud serena, empática, conciliadora y atenta, lo que le permitirá avanzar de forma fluida, es decir, sin polémicas innecesarias, con la vista puesta en el objetivo estratégico que nos hayamos propuesto con el contrainterrogatorio.

 

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¿Qué esperamos los abogados de los jueces?

Despacho 1-122

Las relaciones entre abogados y jueces se manifiestan mediante el ejercicio de la función de defensa realizada ante los juzgados y tribunales, interactuando con los jueces a través de la comunicación escrita (mediante los escritos rectores del procedimiento, demanda y contestación, y otros escritos interlocutorios, recursos, etc.) u oral (cuando intervienen en actos judiciales orales como las vistas, audiencias previas, declaraciones de testigos, imputados, etc.)

Teniendo en cuenta que la interacción principal y más intensa se produce en los actos judiciales orales, vamos a realizar una serie de consideraciones prácticas sobre la conducta modélica que debe seguir el órgano judicial durante la intervención del abogado, materia ésta fundamental, ya que la escucha atenta y con interés del tribunal es esencial para un desarrollo del juicio con todas las garantías del justiciable.

Los abogados esperamos del juez el siguiente proceder:

1º.- Que el juez escuche su informe de forma atenta, con interés, pero impasible, sin muestras de aprobación ni de desagrado.

2º.- Que sepa decidir el momento oportuno para agilizar el desarrollo de las vistas, llamando la atención del abogado o de la parte que en sus intervenciones se separen notoriamente de las cuestiones que se debatan, instándoles a evitar divagaciones innecesarias (tanto en el informe como en los interrogatorios).

3º.-Que transmita a las partes confianza a través de un conocimiento pormenorizado del asunto que se examina, facilitando con ello la convicción del orador de que el mensaje llegará con claridad al destinatario.

4º.- El juez deberá de velar en ser respetuoso con la libertad de defensa.

5º.- Igualmente, deberá ser celoso guardián de la dignidad, de la gravedad y del orden en la sala.

Por el contrario, el juez deberá evitar caer en una serie de conductas perjudiciales para el desarrollo de las vistas, y muy especialmente para la conveniente recepción del mensaje oratorio. En este punto glosaremos algunas ideas recogidas por LLORCA ORTEGA en un libro homenaje al El alma de la toga en relación con actos que desvíen la atención del informe.

1º.- Los jueces deberán abstenerse de hablar entre si durante los informes.

2º.- Deberán abstenerse de despachar con el personal auxiliar asuntos que pueden -y deben- esperar otro momento;

3º.- Abstenerse de hacer entrega o recibir documentos o papeles ajenos a la vista;

4º.- De leer, salvo que se trate de comprobar algún extremo de las diligencias; de escribir salvo que tenga por finalidad recoger algún razonamiento de interés para el fallo o tomar nota de la jurisprudencia alegada;

5º.- Respetar la intervención de las partes, no invadiendo con la suya los papeles de las mismas.

6º.- Dejar de prestar la atención debida al informe, al considerar que los mismos hechos han servido para resolver otro procedimiento del que ya conoció.

7º.- Abstenerse de realizar muestras de aprobación o desagrado durante el informe de una parte, y menos aun, mirar furtivamente a una de las partes indicando cansancio o disgusto por la intervención de la otra parte.

8º.- Evitar interrumpir el informe de una de las partes, salvo por razones muy excepcionales, máxime cuando antes de comenzar el mismo pueden realizarse las prevenciones necesarias a las partes.

Para concluir, me gustaría reflexionar sobre la necesidad de que los abogados y jueces mantengan unas relaciones de respeto mutuo, cordialidad y confianza. Ello es absolutamente fundamental para el funcionamiento del sistema democrático y para el cumplimiento de las funciones que ambas profesiones tienen encomendadas. Abogados y jueces se encuentran día a día, como operadores jurídicos, colaborando con sus respectivas tareas al fortalecimiento de nuestra Administración de Justicia. Así, el abogado pide, solicita, apela, mientras que el juez falla, planos éstos que no excluyen la necesaria colaboración que debe presidir sus relaciones. Por lo tanto, el clima de concordia y respeto mutuo debe ser el contexto normal de las relaciones entre abogados y jueces precisamente para que cada cual cumpla la misión que legalmente les corresponde, lo que conducirá inevitablemente a que los derechos de los ciudadanos disfruten de la necesaria tutela judicial con plenitud de defensa[1].

No hemos de olvidar que, como representa la igualdad de altura de los estrados de las salas de vista o el uso de la toga, jueces y abogados se encuentran en un plano de igualdad, no habiendo superiores ni inferiores: simplemente son distintos[2]. La función del abogado tiene una paralela e inseparable importancia y trascendencia a la judicial. No en balde, constitucionalmente, la defensa constituye un derecho fundamental, sin el que no es posible una plena eficacia del principio de tutela judicial efectiva. Por ello, el papel de la Abogacía requiere una posición que en ningún momento se sitúe en un plano de supeditación o inferioridad, con consecuencias negativas en cuanto a la consideración y al reconocimiento que legalmente le corresponden.

En definitiva, concordia, respeto mutuo, colaboración y, sobre todo, conocimiento y una adecuada recíproca valoración de la función que ambas magistraturas (si, digo magistraturas) tienen reconocida en nuestra Constitución.

 

[1] DEL MORAL GARCIA, ANTONIO. La Abogacía vista desde el otro lado. Revista Abogados, noviembre 2012.

[2] MARTINEZ DEL VAL, Abogacía y Abogados. Edit. Bosch.

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¿Puede reunirse el abogado con el testigo antes del juicio?

29.02.2016 Categoría: Mi Práctica diaria, Procesal Comentarios
Despacho 1-149

Hace unos días en un juicio oral pude observar como un compañero al interrogar a un testigo le preguntaba ¿Se ha reunido Vd. con su abogado antes del juicio?; a lo que el testigo respondió que sí. El abogado que interrogaba hizo un ademán con ambas manos expresando su perplejidad a la vez que miraba al juez como llamando su atención; el juez, sin inmutarse, pidió al letrado que continuara con el interrogatorio, mientras el otro letrado quedaba completamente azorado…

En esta ocasión, parece que el juez no le dio mayor importancia al contacto previo entre abogado y testigo, si bien me consta, por haberlo presenciado en otras ocasiones, que dichas interacciones no son del agrado de muchos jueces y que para muchos abogados parece una cuestión tabú.

Sin embargo, como veremos a continuación, no hay nada extraño en dichas reuniones, siendo absolutamente necesarias siempre y cuando se lleven a cabo de forma ética y respetando las reglas de juego del proceso y, por supuesto, la integridad del testimonio del testigo.

Efectivamente, la intervención en un juicio oral sin conocer a los testigos que van a declarar constituye una verdadera irresponsabilidad por parte del abogado, no cabiendo excusa, incluso en el caso de que el testigo sea propuesto por la otra parte. Por lo tanto, la toma de las medidas adecuadas para conocer a los testigos es un deber básico para la adecuada preparación y defensa del caso.

Respecto a los testigos propuestos por nuestra parte, es conveniente mantener una entrevista (acompañado de nuestro cliente) previa a su elección como testigo y, en su caso, otra con carácter previa a su intervención procesal.

En la primera entrevista, debemos fijarnos el objetivo de si el testigo será útil para la defensa del caso. Para ello, teniendo ya algunas referencias que nos habrá suministrado nuestro cliente podremos plantearnos los parámetros mínimos para que podamos contar con su testimonio. Lo primero que debe hacerse es, una vez nos lo han presentado, transmitirle seguridad y confianza, adelantándole cual es la razón de la entrevista y que, en todo caso y en todo momento se le pide su testimonio basado en la verdad de lo que haya podido conocer. Esto hay que decirlo con delicadeza (para evitar que pueda ofenderse por poner en duda su honestidad), pero estimo que hay que dejar muy claro que jamás se le va a solicitar o insinuar que dé un testimonio inveraz.

Una vez que hemos decidido proponerlo como testigo, y antes del acto del juicio, es fundamental mantener otra entrevista con el testigo en la que repasaremos su testimonio, reunión que deberá llevarse a cabo en fechas muy aproximadas al día de la vista, ya que de este modo es más fácil que el testigo tenga la información fresca y, en consecuencia, sea más fácil la exposición de un testimonio claro y sin fisuras.

En esta segunda reunión, es importante transmitir una serie de prevenciones al testigo, entre las que destacamos las siguientes:

1º.- Si es la primera vez que asiste al juicio, se le explicará como es el interior de una sala de vistas con detalle del lugar que ocupan cada uno de los intervinientes. Esto es muy importante, pues el testigo gana con ello confianza y evitamos que se encuentre nervioso el día del juicio.

2º.- Hay que exponerle en qué momento lo van a llamar, donde deberá permanecer hasta que se produzca dicha llamada y, finalmente, el orden de los interrogatorios (las generales de la ley; su abogado, después el contrario e incluso advertirle de la posibilidad de que el juez también lo interrogue), e incluso la duración aproximada del juicio sin olvidar el más que posible retraso en el comienzo del mismo.

3º.- Se le detallarán las cuestiones que, relacionadas con los hechos, serán objeto de interrogatorio y las que, probablemente, podrá preguntarle la otra parte. De esta forma, el testigo irá focalizando los elementos esenciales de su declaración y disponiendo de la información más sistematizada.

4º.- Explicarle las opciones que tiene de pedir que se le repitan las preguntas si no las entiende; solicitar al juez que si puede aclarar algo, etc.

5º.- Deberá exponerse a la parte o al testigo las normas de comportamiento esenciales durante el acto del juicio, tales como la prohibición de no mirar al abogado que lo ha propuesto pidiéndole «consejo», no discutir con quienes intervienen en el interrogatorio, asistir arreglado y con buena presencia, etc.

Para concluir, hemos de insistir en que estas entrevistas no constituyen ningún adoctrinamiento del testigo, sino de exponerle lo que va a ocurrir en el acto del juicio al amparo de un testimonio veraz y fidedigno. Como afirma Juan de Dios Camacho, «se trata de contarle lo que va a pasar. Preparar y ensayar éticamente con mi testigo no es ilegal, el no hacerlo es una irresponsabilidad».

En cuanto a los testigos de la otra parte, deberemos obtener toda la información posible, primero a través de los autos (motivo de su proposición en la audiencia previa en materia civil o declaración en las diligencias previas en lo penal) y a través de nuestro cliente, quien probablemente nos podrá suministrar datos para poder intuir cual será su testimonio. En su caso, y si es necesario, pueden hacerse gestiones para tratar de conocer los móviles o intereses del testigo, si se sospecha del mismo. Esta labor, muy habitual en los países anglosajones, debe realizarse a cabo cuando existan claras sospechas de enfrentarnos a un testimonio inveraz o interesado. De esta forma, no sólo podremos tacharlo, sino que prepararemos nuestro interrogatorio jugando con el factor sorpresa.

Y para concluir, recordar al letrado que hizo la pregunta al testigo que desde tiempos inmemoriales las reuniones con los testigos se han producido como algo normal y que, si hace un poco de memoria, no tendrá que hacer gran esfuerzo para recordar cuándo fue la última vez que se reunió con un testigo…

 

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El Abogado litigante, el mejor procesalista.

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¿Qué ocurre cuando no comparece al acto del juicio el letrado de la otra parte o la propia parte?; ¿Qué puedes hacer cuando no comparece un testigo vital para tu defensa?; ¿Sabes en qué consiste la incomunicación del testigo?; ¿Sabías que puedes pedir al juez que la parte contraria salga de la sala mientras declara la otra parte?; ¿Sabes cómo impugnar las preguntas al testigo y cuáles son las causas que fundamentan dicha impugnación?; ¿Sabes cuándo protestar para preservar tus derechos en segunda instancia? ¿Qué haces cuando la otra parte renuncia a una prueba en el acto del juicio? ¿Sabes cómo deben responder los testigos a las preguntas o como preguntar al testigo a través del juez cuando ha concluido tu turno?; ¿Sabes plantear un careo entre testigos o entre testigos y una parte?

¿Has dudado en la respuesta a alguna de estas preguntas? Si es así, debes concienciarte de la necesidad de dominar los aspectos procesales del juicio, es decir, las normas que regulan el funcionamiento y práctica de los actos que se producen en las diversas fases del mismo. Y cuando hablo de dominar, me refiero a un control absoluto y pormenorizado de dichas reglas.

Me explico; el abogado litigante tiene que disponer de una capacidad técnica, es decir, de un conocimiento profundo del derecho (ley, doctrina y jurisprudencia) que va a aplicarse al caso. Sin embargo, ello no es suficiente para intervenir profesionalmente en el acto del juicio, pues para ello es fundamental que dominemos las reglas procesales que van a tener incidencia en el mismo (comparecencias, interrogatorios, periciales, impugnaciones, recursos, protestas y un largo etcétera) De hecho, una deficiente preparación procesal puede suponer tanto la merma de oportunidades de defensa como intervenciones poco afortunadas que motiven llamadas de atención por el juez y la consiguiente pérdida de concentración (cuantas veces hemos presenciado como un letrado realizaba preguntas de forma incorrecta y el juez le interrumpía continuamente hasta que, desmoralizado, el letrado abandonó el interrogatorio)

Si se me permite el símil, imaginemos a un futbolista o un árbitro, ambos con unas extraordinarias dotes técnicas y físicas que, bien por escasa práctica o por falta de atención, desconocen las reglas de juego al dedillo. En el primer caso el jugador perjudicará a su equipo con decisiones contrarias al reglamento e incluso correrá el riesgo de ser expulsado. En el segundo, el control del partido se perderá, sin perjuicio de la adopción de decisiones injustas que desvirtuarán la competición. Por lo tanto, en el desarrollo de toda actividad profesional, y más en situaciones en las que hay en juego intereses contradictorios, es esencial no solo que las reglas estén claras, sino que quienes intervienen dominen a la perfección las mismas para actuar obteniendo el máximo partido de las mismas sin vulnerarlas.

En mi caso, reconozco que soy el primero consciente de mi necesidad de conocer más a fondo las reglas procesales; de hecho, siempre que voy a un juicio repaso antes concienzudamente las normas procesales de interés que pueden salir a relucir en el acto judicial, y curiosamente, siempre encuentro algo muy interesante que, o bien desconocía o no le había prestado suficiente atención, lo cual me da seguridad y tranquilidad para afrontar lo que viene. Para cerrar el círculo, siempre llevó el texto de la ley procesal al juicio.

Por lo tanto, aunque parezca obvio, el abogado litigante debe ocuparse y preocuparse de dominar de forma absoluta las reglas procesales que lo van a acompañar durante el desarrollo del juicio, conocimiento que constituirá un eficaz aliado para la mejor defensa del interés de su cliente y de su propio crecimiento profesional, pues el abogado no solamente ganará en solvencia a la hora de dicha defensa, sino que lo hará en confianza y seguridad, es decir, en autoestima profesional, lo que será de inapreciable ayuda para lidiar con los imprevistos y con el temor escénico que, de alguna forma, todos sufrimos cuando toca ponerse la toga.

Para concluir, unas recomendaciones al respecto:

-          Es esencial realizar bien en el propio despacho como en el exterior formación sobre cuestiones procesales, ya que la tendencia existente es a centrarnos en los aspectos técnico-jurídicos y olvidar estas cuestiones de tanta importancia.

-          Aprovechar la próxima asistencia a un juicio para refrescar en detalle todo lo relativo a las normas procesales que podrán tener incidencia en el caso.

-          Tener siempre las normas procesales muy a mano y, por supuesto, llevarlas en el maletín cuando nos dirijamos al juzgado.

-          Estar muy atentos a las reformas procesales, asimilándolas de forma inmediata.

En definitiva, el abogado litigante debe ser el mejor procesalista.

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¿Qué debemos saber los abogados sobre la valoración de la prueba pericial?

21.12.2015 Categoría: Mi Práctica diaria, Procesal Comentarios
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Hoy nos hacemos eco en nuestro blog de una interesante sentencia (AP de Almería de 27 de febrero de 2015, siendo Ponente el Magistrado don Laureano Francisco Martínez Clemente) cuyo conocimiento alcancé estudiando un asunto sobre servidumbre de medianera. Lo interesante del texto de la misma reside en que en su fundamentación jurídica se hace un exhaustivo examen de la prueba pericial en el orden civil y del proceso que se sigue por los jueces a la hora de valorar esta prueba.

Por ello, a continuación, y como necesario complemento del reciente post que publicamos sobre el interrogatorio del perito (http://oscarleon.es/consejos-para-el-interrogatorio-del-perito-por-el-abogado-litigante/)paso a reproducir las consideraciones más relevantes de la sentencia en cuanto a la función de la prueba pericial, los criterios que rigen su proceso de valoración, y otras cuestiones de interés.

La función de la prueba pericial es la de auxiliar al Juzgador en determinados aspectos relativos a una ciencia o arte, en cuanto los peritos, al tener conocimientos especializados, son llamados al proceso para aportar la máximas de experiencia que el Juzgador no posee o puede no poseer, y, para facilitar la percepción y la apreciación de los hechos objeto del debate. De ahí que el art. 348 de la vigente Ley de Enjuiciamiento Civil disponga que “el tribunal valorará los dictámenes periciales según las reglas de la sana critica ” y ello por cuanto la prueba pericial no es un medio probatorio ” stricto sensu “, dado su carácter auxiliar, que va dirigido a proporcionar al Juzgador conocimiento que éste no posee. Y en segundo lugar, porque los resultados de los dictámenes efectuados por los peritos no vinculan al Juez ni constituyen un medio legal de prueba sino que el Juzgador debe valorar dichos informes según las reglas de la sana critica, es decir, con criterios lógicos racionales, valorando el contenido del dictamen y no únicamente su resultado, en función de los demás medios de prueba o del objeto del proceso, a fin de dilucidar los hechos controvertidos, pudiendo el Juez optar por el más conveniente de los varios informes aportados o emitidos, si los hubiere, debiendo entenderse como normas de sana critica aquéllas coincidentes con los del natural raciocinio humano ( STS 6-10-1992 y 20-11-1993 ).

Por otro lado debe señalarse y en cuanto a la prueba pericial se refiere que tal y como señala el T.S. 1ª 16 marzo 1.999: “…La valoración de la prueba pericial debe realizarse teniendo en cuenta los siguientes criterios

a)      la prueba de peritos es de libre apreciación, no tasada valorable por el juzgador según su prudente criterio, sin que existan reglas preestablecidas que rijan su estimación, por lo que no puede invocarse en casación infracción de precepto alguno en tal sentido y

b)      las reglas de la sana crítica no están codificadas, han de ser entendidas como las más elementales directrices de la lógica humana y por ello es extraordinario que pueda revisarse la prueba pericial en casación, sólo impugnarse en el recurso extraordinario la valoración realizada si la misma es contraria en sus conclusiones a la racionalidad o conculca las más elementales directrices de la lógica. Así debe señalarse que no existiendo normas legales sobre la sana crítica y por tanto hay que atender a criterios lógico racionales, valorando el contenido del dictamen y no específicamente y únicamente su resultado en función de los demás medios de prueba o del objeto del proceso a fin de dilucidar los hechos controvertidos … “.

Aplicando estas reglas, el Tribunal, al valorar la prueba por medio de dictamen de peritos, deberá ponderar, entre otras, las siguientes cuestiones:

1º Los razonamientos que contengan los dictámenes, y los que se hayan vertido en el acto del juicio o vista en el interrogatorio de los peritos, pudiendo no aceptar el resultado de un dictamen o aceptarlo, o incluso aceptar el resultado de un dictamen por estar mejor fundamentado que otro: STS 10 de febrero de 1.994 .

2º Deberá, también, tener en cuenta el tribunal las conclusiones conformes y mayoritarias que resulten, tanto de los dictámenes emitidos por peritos designados por las partes, como de los dictámenes emitidos por peritos designados por el tribunal, motivando su decisión cuando no esté de acuerdo con las conclusiones mayoritarias de los dictámenes: STS 4 de diciembre de 1.989 .

3º Otro factor a ponderar por el tribunal deberá ser el examen de las operaciones periciales que se hayan llevado a cabo por los peritos que hayan intervenido en el proceso, los medios o instrumentos empleados y los datos en los que se sustenten sus dictámenes: STS 28 de enero de 1.995.

4º También deberá ponderar el tribunal, al valorar los dictámenes, la competencia profesional de los peritos que los hayan emitido, así como todas las circunstancias que hagan presumir su objetividad, lo que le puede llevar, en el sistema de la nueva L.E.C. a que se dé más crédito a los dictámenes de los peritos designados por el tribunal que a los aportados por las partes: STS 31 de marzo de 1.997.

 

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Consejos para el interrogatorio del perito por el abogado litigante.

9.12.2015 Categoría: Mi Práctica diaria, Procesal Comentarios
Óscar León: Presentación de Mi Blog

 

La práctica de la prueba de interrogatorio del perito constituye un verdadero reto para el abogado, máxime cuando lo que se está discutiendo en juicio son cuestiones vinculadas a conocimientos especializados sobre una materia determinada, nociones que se concretan en juicios y máximas de experiencia propias de su saber, por lo que el abogado, a menos que tenga un conocimiento especial sobre la materia (lo cual es improbable) tendrá que hacer un esfuerzo suplementario para conocer los aspectos técnicos esenciales de la pericia y así poder desarrollar esta prueba con la máxima eficacia.

A continuación analizaremos la forma de proceder por el abogado litigante en el interrogatorio de nuestro perito y del perito propuesto por la otra parte.

Centrados en el interrogatorio del perito de parte, vamos a examinar algunas reglas que pueden servirnos para orientar el interrogatorio, siempre bajo la premisa insoslayable de que no podemos caer en la tentación, muy habitual, de emplear el interrogatorio para que el perito vuelva a reproducir prácticamente el contenido del informe documental. Esta práctica sólo produce cansancio y hastío al juez, quien ya dispone de dicha información por escrito, por lo que es probable que nos interrumpa advirtiéndonos de que nos centremos en aquellos puntos que no hayan quedado claros o cuya exposición va a conllevar una verdadera labor de auxilio del juez.

Por ello, es aconsejable que el interrogatorio se limite a las siguientes cuestiones:

1ª.- Ratificación del informe por el Perito (en ocasiones, es el propio juez el que solicita al perito la ratificación)

2º.- Experiencia del perito en casos similares y sobre su autoridad científica. A través de estas preguntas tratamos de establecer la credibilidad y legitimación del perito a fin de transmitir al juez confianza en la información técnica que va a suministrar al juez. Las preguntas deben referirse tanto a su actividad académica como sobre el ejercicio práctico de la autoridad sobre la que perita. Caso de haber realizado peritajes similares ante otros juzgados, es recomendable hacerlo constar. Igualmente, a través de estas preguntas trataremos de dejar cerrado el paso a cualquier intento de cuestionar la credibilidad del perito por el letrado adverso cuando le corresponda interrogar.

 3º.- Exposición del método científico utilizado por el perito o metodología empleada. Este aspecto es importante, puesto que de esta forma transmitiremos al juez que el peritaje tiene su origen en unas bases sólidas y científicamente aceptadas. En tal sentido, podremos preguntar por la razón del empleo de esta metodología y sus bondades; por la frecuencia de su empleo en este tipo de controversias; otras metodologías descartadas, etc.

4º.- Aspectos de su informe que resuelven los puntos sobre los que existe una clara controversia y que merecen ser desarrollados oralmente, o lo que es lo mismo, examen de las conclusiones del mismo y de la argumentación que las sostiene. En este punto, es conveniente no caer en la tentación ya anticipada de revisar el dictamen completo, sino que tendremos que limitarnos a los aspectos concretos controvertidos que constituyen la clave del caso debatido. Finalmente, es interesante que las preguntas respeten el orden del propio dictamen, lo que facilitará la labor del juez y del propio perito.

 5º.- Crítica o censura de aspectos de otros informes aportados y que contradigan lo expuesto en su propio informe. En el caso de haberlo solicitado al proponer la prueba, es conveniente que el testigo pueda ayudarnos a rebatir los otros dictámenes aportados, para lo cual podremos seguir el mismo orden anteriormente expuesto.

 En cuanto al perito de la otra parte es muy aconsejable evitar preguntar salvo que sea estrictamente necesario. La razón es obvia: el perito de parte mantendrá una tesis probablemente opuesta a la nuestra, y entrar en un debate con el perito al respecto está perdido de antemano, pues nos enfrentamos ante alguien que domina la materia objeto del interrogatorio, y salvo que seamos unos expertos en el tema, éste siempre sabrá como escapar a nuestras cuestiones de forma solvente y casi siempre en perjuicio de nuestra defensa.

No obstante, si es absolutamente indispensable, pues no preguntarle va a suponer un riesgo alto de una resolución desfavorable, hemos de tener preparado un interrogatorio con la ayuda de nuestro perito. Este procedimiento de trabajo lo he llevado a cabo en numerosas ocasiones, especialmente en procesos sobre defectos constructivos, y puedo asegurar que si estamos bien asesorados por nuestro perito y conocemos la razón de nuestro argumento, el contrario, obligado por su imparcialidad, puede reconocer algún extremo que nos ayude a recuperar nuestras opciones finales.

En relación con el tipo de preguntas que podremos realizar al perito de la otra parte, podemos destacar las siguientes:

 1ª.- Falta de experiencia del perito. Lógicamente, en estos casos lo que se pretende es minar la credibilidad y solvencia del perito ante el Juez, para lo cual habrá que investigar si es realmente experto (académicamente y por experiencia práctica) en estas materias. En todo caso, hay que estar muy seguros de lo que estamos preguntando, pues de desconocer la respuesta, mejor no hacerla.

2º.- Cuestionar la metodología aplicada. Este extremo tendrá que ser corroborado por nuestro perito, y se limitará a supuestos en los que el perito de la otra parte haya empleado una metodología anticuada, sin soporte de la disciplina y normativa correspondiente o completamente errónea. De este modo, podremos cuestionar la validez de las conclusiones de la pericia.

3º.- Deficiente planteamiento del problema que suscita la pericia. En estos casos, la pericial nace de un enfoque erróneo de la cuestión suscitada o deja sin resolver algunas de las cuestiones que sirvieron de base a su proposición. Nuevamente, será nuestro perito quien nos habrá orientado en tal aspecto.

4º.- Conclusiones del dictamen erróneas. En este caso, el resultado de la pericia se interpreta por el perito alejándose de la conclusión técnicamente correcta, es decir, la pericia como tal se ha realizado siguiendo el método adecuado, pero la lectura de los resultados se aparta de las conclusiones que nuestro perito estima correctas. En estos casos, si se vislumbra cierta imparcialidad, hay que sacarla a la luz.

5º.- En el supuesto de que observemos en el perito cierta parcialidad a través del lenguaje verbal y no verbal, y muy especialmente en el tono y contenido de las respuestas, es conveniente emplear técnicas que nos ayuden a resaltar ante el juez esa actitud, claramente alejada de su obligación como perito. De esta forma, cuestionando su imparcialidad, debilitamos el valor de la prueba.

En conclusión, a través del interrogatorio del perito, el abogado debe realizar una labor muy estructurada y precisa en la que la prueba pueda discurrir de forma fluida que nos permita extraer el máximo beneficio en ambos casos.

Si queréis disponer de orientación sobre la preparación del interrogatorio de nuestro perito podéis ver el siguiente enlace de mi blog: http://oscarleon.es/diez-consejos-para-preparar-con-eficacia-la-prueba-pericial/

 

 

 

 

 

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¿Por qué todo abogado necesita conocer la forma en la que juez dirige el juicio?

16.11.2015 Categoría: Mi Práctica diaria, Procesal Sin comentarios
Óscar León: ¿Dónde está mi juez? (de jueces sustitutos y otras sorpresas)

 

Te hago una pregunta ¿Crees que es razonable conocer la forma en la que el juez ante el que tendrás que intervenir dirige el acto judicial (audiencia previa, juicio oral, etc.)? Si la respuesta es afirmativa, continúa leyendo este artículo y si no lo es, te recomiendo encarecidamente que también lo hagas, pues vamos a examinar una de esas cuestiones en la que no todos los abogados reflexionan, pero que a la hora de verdad constituye un principio esencial para la preparación de nuestra intervención ante los tribunales.

Imagina que tienes un juicio y cuando llega el turno de presentar tus conclusiones el juez te dice que dispones de cinco minutos para informar. Supón que aun disponiendo de una buena técnica de interrogatorio, el juez te llama la atención en reiteradas ocasiones debido a la forma “incorrecta” en la que haces las preguntas al testigo. Finalmente, figúrate que al comenzar el juicio el juez adopta una actitud vehemente dirigida a que las partes alcancen una transacción, transmitiéndote que te conviene llegar a un acuerdo porque si no….

En todas estas situaciones, es obvio que el abogado se llevará una sorpresa, a modo de verdadero imprevisto, que podría haber sido evitada de haber actuado con más prevención. Y lo peor es que tal imprevisto puede afectar seriamente las posibilidades de defensa del asunto, lo que nos demuestra la importancia vital que tiene el conocer la forma en la que el juez dirige el acto judicial.

Profundizando algo más en el tema, considero que esta necesidad de conocimiento del juez encuentra su fundamento en dos perspectivas complementarias. Una primera, la formal o procesal y otra, la emocional.

Respecto a la primera, nos referimos al conocimiento de determinados aspectos que, vinculados a la forma de actuar del juez, puede ayudarnos a prestar nuestros servicios profesionales en cualquier litigio con la máxima eficacia, si bien, dicho conocimiento tendrá que centrarse en aquellos aspectos que puedan tener, directa o indirectamente, alguna repercusión tanto en la preparación de la audiencia o del juicio como en el momento de celebración de dichos actos.

A modo de ejemplo, destaco algunos de los factores, entre otros muchos, a tener en consideración en cuanto a la forma de actuar los jueces en sala:

En la audiencia previa.

  • Si el juez proactivo, en el sentido de que mantiene una comunicación abierta con los letrados durante la celebración o es por el contrario distante y formalista, es decir, que limita sus intervenciones a la conducción del acto procesal dando escasa participación a los letrados.
  • Si conduce la audiencia previa agotando todos y cada uno de los trámites establecidos en la LEC o si limita su actuación a algunos de estos, obviando otros.
  • Si es propenso a facilitar una transacción entre las partes durante las dos fases de conciliación de la audiencia previa.

Durante el acto del juicio oral.

  • Si es flexible en los interrogatorios, en el sentido de permitir a los letrados que entren a fondo en los interrogatorios, interrumpiendo en escasas ocasiones.
  • Si limita el tiempo de las conclusiones.
  • Si está atento a la exposición de nuestras conclusiones.

En cuanto a la segunda, se centra en que los abogados debemos ser conscientes de que al interactuar con seres humanos, por muy revestidos que se encuentren de facultades forenses excepcionales, éstos tienen en su haber sus experiencias vitales que han generado inevitablemente condicionantes y prejuicios de toda naturaleza, y que van a influir en la forma en la que nos van primero a prejuzgar y, luego, a juzgar.

Ello nos lleva inevitablemente a las emociones, porque todos estos condicionantes están determinados por inclinaciones afectivas y emocionales que definen el estado de ánimo de las personas en determinado momento, razón ésta que todo buen abogado debe considerar, ya que en la medida en que sepa establecer un contacto emocional y afectivo con el juez o miembros del jurado, sabrá calibrar su intervención adaptándola al estado de su entorno.

Siendo un poco más concretos, cuando el abogado entre en sala deberá disponer de diversa información que, contrastada con el primer contacto visual con su auditorio, le permitirá conocer el estado anímico reinante, y adaptar su conducta al mismo. Un buen abogado sabrá cuando el juez está cansado porque lleva ya diez juicios antes que el nuestro o porque el juicio precedente ha durado más de dos horas. También sabrá, de un simple vistazo si el juez está de buen humor o contrariado por alguna circunstancia que desconocemos.

Formal o flexible; proactivo o distante, etc. son rasgos de los que participan los jueces, y cuyo conocimiento previo puede ayudarnos a aprovechar mejor nuestro tiempo a la hora de preparar una audiencia previa o un juicio, ya que sabremos exactamente, al menos con una importante certeza, cómo se va a desarrollar el acto procesal y que pasos tendremos que dar evitando incidencias que, en unas ocasiones, provocan malestar (no entregar copias de los documentos a la otra parte) y en otras pueden ser determinantes para el resultado del litigio (un mal interrogatorio o realizar un informe desastroso ante una inesperada limitación del tiempo de conclusiones).

Por lo tanto, nos encontramos ante una cuestión de pura estrategia, en la que el abogado, sabedor de la importancia que para su defensa tiene el conocimiento del juez, se ocupará de conocerlo a fondo antes de su intervención.

¿Y cómo voy a conocer al juez? ¿No tengo ya suficiente con lo complejo que es preparar el asunto como para encima tener que “estudiar” a cada juez con el que tenga que celebrar un juicio?

Pues aparte de las formas tradicionales (preguntar a los procuradores o a otros abogados), en nuestro despacho disponemos de unos formularios que hemos elaborado con la finalidad de conocer la forma en la que el juez dirige el acto judicial y que todo abogado debe cumplimentar al terminar el juicio. Estos formularios son de gran utilidad, ya que cada vez que algún compañero tiene un juicio, lo primero que hace es recabar dicha información consultando las notas de los anteriores compañeros.

Antes de que me hagáis la pregunta de rigor, os adelanto que voy a compartir dichos formularios con vosotros. Pinchar el siguiente  enlace y listo!!

FORMULARIOS OSCARLEON PARA DESCARGAR

 

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