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¿Es la única finalidad del informe oral persuadir y convencer al juez?

14.09.2017 Categoría: Oratoria Comentarios
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Mucho se discute sobre la eficacia del informe oral en sala, es decir, sobre el grado de influencia que puede tener sobre la decisión del juez, tema en el que las posturas se encuentran enfrentadas tanto entre los abogados como entre los propios jueces.  No obstante, no va a ser objeto de este post examinar dicha controversia (de la que ya nos ocupamos en el post ¿Es importante para los jueces el informe o alegato final del abogado?), sino que hoy nos vamos a centrar en otros efectos beneficiosos que tiene la elaboración de un buen informe oral para el abogado.

Si bien podemos preguntarnos ¿qué otra finalidad puede tener preparar un  buen informe oral que no sea persuadir y convencer al juez?, lo cierto es que un alegato bien preparado, o lo que es lo mismo, bien estudiado, fundamentado y dotado de una estructura y orden que garantice la claridad, concisión brevedad y flexibilidad necesarias para su exposición en juicio, puede generar otros beneficios “colaterales” para el profesional.

Entre estos beneficios, podemos encontrar los siguientes:

  • Dispondremos de una mejor y más completa comprensión de todos los elementos del pleito o la causa antes de la celebración del juicio.
  • Obtendremos una información privilegiada que nos permitirá evaluar con más garantías las opciones de negociación o conciliación en sala.
  • Plantearemos y ejecutaremos con mayor solvencia la práctica de la prueba de interrogatorios y periciales durante el juicio.
  • Al analizar profundamente el contenido de las alegaciones de la otra parte, poseeremos una mayor capacidad de refutación (especialmente cuando el contrario nos preceda en la palabra).
  • Ante un eventual recurso contra la resolución que se dicte, el estudio y preparación del informe oral nos suministrará una información muy valiosa para “armar” la impugnación.
  • Finalmente, contribuiremos a ir creando una reputación ante los jueces de buen abogado.

A la vista de los beneficios que lleva aparejada una buena preparación del informe oral, es esencial que el abogado durante esta fase sea impecable, es decir, que trabajemos nuestro alegato con plena involucración e identificación con independencia del resultado previsible del litigio, lo que ya, en sí mismo, es un resultado extremadamente valioso para nuestro crecimiento y maestría profesional.

Concluyendo: la preparación exhaustiva del informe oral es fundamental, no solo para persuadir y convencer a nuestro auditorio, sino para garantizar al abogado una excelente preparación para el desenvolvimiento de las diversas fases del juicio, incrementar nuestras habilidades de litigación y generar credibilidad en sala, lo que nos lleva a que, sea cual sea nuestra creencia sobre la virtualidad del mismo de cara al juez, nuestro alegato debe ser siempre preparado a conciencia.

Sea cual sea la confianza del abogado en la influencia del informe oral sobre el juez, prepararlo adecuadamente le aportará numerosos beneficios colaterales.

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La narración de los hechos o el pálpito que da vida al alegato.

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La narración es la parte del informe oral en la que exponemos de forma ordenada los hechos no controvertidos y los controvertidos que consideramos han quedado probados, y sobre los que ha de recaer el fallo de la resolución judicial. Por lo tanto, a través de la narración, instruimos al juez en la noticia de los hechos del pleito o la causa.

La narración constituye una fase de suma importancia en la división del informe oral, ya que de los hechos que queden probados va a depender el sentido del fallo judicial, por lo que es obvio que durante la narración la atención del tribunal estará concentrada en nuestra exposición, lo que exige el respeto a una serie de principios que han de gobernar esta fase del discurso forense:

1º.- La narración de los hechos, o lo que es lo mismo, el relato objeto de la narración ha de quedar separada de las valoraciones y de los argumentos jurídicos, pues tiempo habrá para hacerlo durante la argumentación. En esta fase nos limitaremos por tanto a narrar hechos, hechos que desde nuestra perspectiva, constituyen la base fáctica de nuestra pretensión y de nuestros argumentos.

2º.- La expresión debe ser firme, categórica,

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Cuando el lenguaje del abogado refuerza o debilita el alegato.

17.04.2017 Categoría: Mi Práctica diaria, Oratoria Sin comentarios
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“La lengua es un arma sin hueso atrapada entre los dientes“ Buda.

Refiere Enrique Martínez Lozano en su libro “Crisis, crecimiento y despertar de la existencia” sobre un experimento en el que a un grupo de personas se le pidió que observara una serie de palabras de tipo negativo que se les iban proyectando tales como imposible, complejo, insuperable, peligroso, desagradable, atemorizador; a continuación se les tomó una muestra de saliva. Poco después, se modificaron las palabras por estas otras: posible, superable, accesible, capaz, valioso, y se les volvió a tomar la muestra. Los resultados fueron notables: en el primer ejercicio el grupo presentó un marcado aumento de cortisol (hormona del estrés), mientras que en el segundo se produjo  un descenso.

Una de las conclusiones del ensayo afirma que el lenguaje no solo describe, sino que además crea realidades, pues afecta a nuestras emociones y a nuestro estado de ánimo, de modo que un mensaje plagado de palabras con una connotación negativa no serán bien acogidas por el receptor y viceversa (y de eso saben muy bien en publicidad). Lo más sorprendente es que esta no es una cuestión de nuestra parte consciente, sino que es nuestro inconsciente el que, a partir del lenguaje, genera unas emociones positivas o negativas. No hemos de olvidar que las palabras que conforman el lenguaje son una fuerza; son el poder del que disponemos para expresar y comunicar lo que pensamos, lo que sentimos. En definitiva, son la expresión de nuestra intención en cada momento en que las pronunciamos.

Todo lo anterior nos lleva a la importancia que puede tener la selección de las palabras que vayamos a emplear en nuestro informe oral, valor que radicará en la forma en la que el juez, destinatario único del mismo, lo percibirá.

Pero, vayamos por partes.

Dentro de la fase argumentativa del informe oral pueden distinguirse dos partes bien definidas: la argumentación de nuestra propuesta de defensa y la refutación de la contraria (ésta última puede ser anticipada si informamos antes, o posterior, si lo hacemos al final). Lógicamente, a través de la argumentación el abogado trata de persuadir al juez de la bondad de sus argumentos, mientras que durante la refutación, se tratará de restar valor a los argumentos de contrario.

Por lo tanto, en un contexto en el que el abogado trata de persuadir al juez de la conveniencia de su propuesta, es lógico pensar que si le hacemos llegar nuestro mensaje de una forma agradable, favorable, suave, es decir, empleando palabras que refuercen el mensaje y le den un impacto positivo, este será recibido probablemente con más atención e interés (ya decía Quintiliano que “el ánimo abraza mejor lo que oye con gusto”). Por el contrario, si lo que tratamos es de transmitir la inconveniencia de determinados argumentos, qué duda cabe que si lo hacemos en un contexto verbal preñado de expresiones desagradables, negativas y que debiliten el mensaje (el mensaje refutado, claro está), habremos conseguido, con independencia de la argumentación, crear un contexto poco propicio para la recepción del mensaje.

Partiendo de lo anterior, proponemos que a la hora de elaborar el informe oral, cuando nos dediquemos a preparar las dos partes de la argumentación, seleccionemos claramente el lenguaje que vamos a emplear, distinguiendo entre argumentación y refutación, práctica ésta que estimo no es nada difícil, pues el trabajo se limitará a incluir algunos sustantivos, verbos, adverbios o locuciones en el lugar clave que corresponda. De esta forma, dispondremos de un informe estratégicamente diseñado para impactar en uno u otro sentido, en función de las palabras empleadas.

A modo de ejemplo, y para nuestra argumentación, podríamos usar las siguientes palabras:

-          Claro, preciso, coherente, uniforme, acreditado, probado, demostrado, objetivo, recto, directo, fácil, sencillo, comprensible, lógico, entendible, conciso, verdad, certeza, argumentado, honesto, fiel, razonado, solvente, favorable, lineal, ordenado, previsible, concatenado, conclusión, centrado, justicia, ecuanimidad, equidad, neutralidad, probidad, rectitud, conciencia.

Y para la refutación, estas otras:

-          Oscuro, tergiversado, entramado, incoherencia, deslavazado, disperso, subjetivo, parcial, sinuoso, inveraz, interesado, falto de…, huérfano, carente de…, carencia, omisión, olvido, adornado, hojarasca, sin fondo o contenido, improvisado, desacreditado, difícil, complejo, ilógico, incomprensible, falacia, infiel, desfavorable, perdido, retórico, hostil, injusticia, atropello, abuso, componenda, sinrazón, podría ser, creo que, pienso que…podría decirse que…

Para concluir, hemos de realizar una precisión. El uso del lenguaje que hemos examinado tiene una exclusiva finalidad estratégica en el contexto de la exposición de nuestros argumentos y refutación de los contrarios; ahora bien, en modo alguno ello puede autorizar el empleo en sala de un lenguaje para insultar, culpar, reprochar, etc., o un lenguaje desagradable, arrogante, tosco, sarcástico, irónico, etc., pues en tales casos estaremos siendo irrespetuosos frente al compañero, la parte contraria y frente al propio juez, lo cual es deontológicamente inadmisible, sin perjuicio de que este lo verá como muestra de pocos recursos o de escasa preparación.

De lo que se trata en definitiva es de atacar la argumentación adversa desacreditándola o debilitándola respetando a la persona y al profesional.

 

 

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¿ Cómo expongo mi informe/alegato final en juicio? ¿Leído, de memoria, improvisado?

11.01.2016 Categoría: Mi Práctica diaria, Oratoria Comentarios
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Siguiendo a ARTURO MAJADA, podemos definir el informe oral como la alegación oral de fiscales y abogados, con la finalidad de persuadir al órgano jurisdiccional en interés a la parte a quien dirigen o representan, y realizada en derecho con carácter total o parcial sobre un determinado asunto, ante el Tribunal competente para fallarlo u otro distinto, en audiencia pública o sin ella.

Ni que decir tiene que el informe constituye una pieza esencial del procedimiento oral, y todo lo relativo a su preparación, organización, estudio y exposición adquiere una relevancia extraordinaria para el abogado. Por ello, en el post de hoy vamos a centraros en el momento de la exposición oral ante el órgano judicial, examinando de forma crítica las tres opciones más manejadas a la hora de exponer verbalmente el alegato: memorizando la totalidad del contenido del texto, leyendo el texto completo del informe y, finalmente, exponerlo con la ayuda de un guión con las principales ideas.

La memorización completa del discurso palabra por palabra para su posterior exposición en presencia del auditorio  es un procedimiento que se utilizaba antaño, cuando el sistema educativo era propicio al empleo de memoria para el aprendizaje de los contenidos. Sin embargo, a pesar de que algunos letrados siguen utilizándolo, hoy en día, está más que demostrado el riesgo que entraña tal sistema para el abogado.

Entre los inconvenientes de dicho sistema podemos considerar los siguientes:

1º.- Una vez aprendido de memoria el discurso y durante la fase de su exposición oral, la circunstancia nada improbable de que debido al nerviosismo nos quedemos en blanco, puede provocar un auténtico desastre ya que la rigidez de la estructura del discurso así aprendido va a hacer prácticamente imposible que podamos reorientar el curso del mismo. En definitiva, cuando nos quedemos en blanco, no sabremos cómo continuar con la exposición.

2º.- El aprendizaje del alegato va a exigir una dedicación en tiempo elevadísima, ya que a nadie escapa que la memorización de un discurso, por muy breve que sea, requiere una proporción altísima de tiempo para su preparación.

3º.- Ineludiblemente, la entonación del discurso se verá afectada, ya que la exposición de un discurso memorizado es enemiga de la naturalidad, y ésta, es fiel a la entonación del discurso. Por ello, el riesgo de que el abogado concluya empleando una entonación monocorde o artificial es considerable, lo que repercutirá negativamente en la atención al alegato por el auditorio.

La segunda opción consistiría en la lectura íntegra del informe, procedimiento éste no aconsejable por la práctica forense, y que perjudica notablemente la transmisión del mensaje. Veamos a continuación las razones:

1ª.- La lectura del informe va a afectar indudablemente a la entonación del mismo. Hay que ser un verdadero artista para completar la exposición de un informe leído dando a cada frase la entonación adecuada. Si a ello añadimos que el lenguaje no verbal va a brillar por su ausencia, las posibilidades de tener éxito en la entonación del mismo son prácticamente nulas.

2ª.- No es lo mismo un texto preparado para ser leído que para ser expuesto verbalmente. La diferencia estriba en que el texto escrito comprende una densidad de ideas muy elevada, las cuales, durante el proceso de exposición (que se hace solo una vez, al contrario de la lectura de un texto) serán difícilmente comprensibles o, quizás mejor dicho, asimilables por el auditorio.

3º.- Al igual que en el caso de la memorización, pueden darse circunstancias que motiven que el juez nos conceda un plazo de exposición inferior al previsto o que durante la misma, nos interrumpa y nos solicite que abreviemos. En estos casos, salvo que esté contemplada esta opción, puede producirse una situación bastante compleja para el abogado, ya que ante un discurso leído, careceremos de la espontaneidad que nos da la exposición oral no leída para decidir el rumbo que deberá seguir el discurso, lo que podrá provocar situaciones indeseables.

4º.- Finalmente, la tradición forense desaconseja este procedimiento, estando mal considerado por los jueces que no solo ven en el mismo una falta de confianza y seguridad en el abogado, sino que encuentran verdaderas dificultades para seguir con atención un discurso de esta naturaleza, acostumbrados a otro tipo de intervenciones forenses no leídas.

Finalmente, el procedimiento más aceptado consiste en la exposición del informe oral de palabra, sin lectura de texto alguno, y sin menoscabo de la lectura puntual de alguna cita jurisprudencial, fecha o dígito.

Este proceso parte de la base de una vez elaborado el informe escrito, redactaremos otro a modo de guión o resumen del anterior en el que únicamente recojamos la identificación de los argumentos, hechos o pruebas. A continuación, leeremos detenidamente el informe hasta que nos familiaricemos con el mismo, lo que nos permitirá no solo alcanzar un conocimiento completo de su contenido, sino igualmente corregir aquellos detalles y matices que probablemente consideremos merecen un cambio. Prestando la máxima atención al texto se memorizarán las ideas y conceptos fundamentales del mismo que ya se encuentran recogidas en el guión. Familiarizados con el informe, es hora de trabajar con el guión. La mera enunciación de los conceptos básicos nos permitirá exponer, sin necesidad de lectura, las ideas esenciales del mismo, exposición que podrá realizarse verbalizándolo hasta que los conceptos queden perfectamente anclados en nuestra memoria.

Llegado el juicio, expondremos el informe siguiendo las ideas recogidas en nuestro guión (que naturalmente seguirá el orden y estructura propia del informe), que se irán desarrollando de forma espontánea sobre la base de las ideas y conceptos del informe que, por ley de la asociación, irán viniendo a nuestra mente con relativa facilidad.  Finalmente, para asentar las ideas de forma definitiva en nuestra memoria siempre es conveniente realizar un trabajo de repaso detenido el día previo y horas antes del juicio, ya que la cercanía de nuestra intervención reforzará el asentamiento de los conceptos.

En definitiva, este procedimiento, que es por el que optamos tiene las siguientes ventajas:

1º.- El esfuerzo memorístico es muy reducido en comparación con el aprendizaje completo del texto, lo que se dedica en comprensión se reduce en memorización.

2º.- El informe será más flexible, pudiendo adaptarse su exposición a los imprevistos que surjan, lo que supone una mayor espontaneidad del mismo.

3º.- La entonación y naturalidad de la exposición se encuentra plenamente garantizada.

4º.- De esta forma, podremos sacar partido al necesario empleo de la comunicación no verbal para transmitir nuestro mensaje.

4º.- Finalmente, esta forma de exposición es la mejor para atraer la atención del auditorio y lograr el efecto persuasivo.

En definitiva, por consejo de la tradición y por eficacia, el mejor método para que el abogado pueda convencer y persuadir al auditorio lo constituye la exposición del informe oral no memorizado ni leído, sino expuesto verbalmente, siguiendo un guión escrito el que nos facilite el rumbo de nuestra exposición y aquellos datos cuya lectura sea conveniente para evitar errores de memoria.

Concluir señalando que jamás se debe improvisar un informe oral.

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