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El oscuro oficinista, otra forma de ejercer

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En un post reciente abordamos la figura del abogado de laboratorio, aquel que desarrolla la mayor parte de su actividad profesional desde el despacho. Rodeado de sus probetas, matraces y tubos de ensayo (expedientes, libros, programas y  software) disfruta enormemente estudiando y resolviendo asuntos desde la seguridad y calidez que le ofrecen las cuatro paredes en las que habita.

Dentro de esta categoría, distinguíamos al que consciente y voluntariamente adquiere esta cualidad temporalmente, bien por la necesidad de trabajar concentrado durante determinadas fases, bien por necesitarlo tras un periodo de mucha actividad, aunque en ningún caso renunciando a la salida al exterior y, en segundo lugar, el que se siente abogado de laboratorio perpetuo, y con igual consciencia y voluntariedad se apega a su torre de cristal evitando en la medida de lo posible cualquier contacto con el exterior.

Hoy vamos a profundizar en esta última variedad al que denominaremos “el oscuro oficinista”.

El oscuro oficinista, es aquel abogado que sobrevive en el encierro del despacho de forma perenne, alejado voluntariamente…

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¿Te consideras un abogado de laboratorio?

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El abogado de laboratorio es aquel que dedica la mayor parte de su actividad profesional al ejercicio de la abogacía desde su despacho profesional. Rodeado de sus probetas, matraces y tubos de ensayo (expedientes, libros, programas y  software) disfruta enormemente estudiando y resolviendo asuntos desde la seguridad y calidez que le ofrecen las cuatro paredes de su despacho. Quitarse la figurada bata blanca y salir al exterior para asistir a juicio o resolver alguna diligencia se antoja un verdadero tormento para este profesional, pues la calle es un escenario poco atrayente y demasiado complejo[1][2].

Si bien la anterior definición puede resultar inicialmente negativa, hemos de tener en consideración que hay dos clases de abogado de laboratorio: en primer lugar el que consciente y voluntariamente adquiere esta cualidad temporalmente, bien por la necesidad de trabajar concentrado durante determinadas fases, bien por necesitarlo tras un periodo de mucha actividad, pero que en ningún caso renuncia a la salida al exterior y, en segundo lugar, el que se siente abogado de laboratorio perpetuo, y con igual consciencia y voluntariedad se apega a su torre de cristal evitando en la medida de lo posible cualquier contacto con el exterior.

Visto el concepto y su clasificación, qué duda cabe que, con la mano en el corazón, hemos de reconocer que en más de una ocasión nos hemos sentido abogados de laboratorio, aunque fuera por un corto espacio de tiempo, lo cual, insisto, no es contraproducente, excepto que la tendencia circunstancial se convierta en costumbre y ésta en hábito. De hecho, para qué lo vamos a negar, durante esos periodos asociados a la concentración y tranquilidad, el abogado disfruta enormemente.

Y, podemos preguntarnos, ¿Por qué es perjudicial ser un abogado de laboratorio perpetuo?

En primer lugar, cuando salimos del despacho y dedicamos una parte importante de nuestra profesión a interactuar con las personas que  guardan una relación con nuestra actividad como son los abogados, clientes, personal de la oficina judicial, notarios, registradores, funcionarios, etc., realizamos contactos que nos permitirán obtener numerosos beneficios:

- Dispondremos de información de primera mano, actual y fiable, sobre asuntos de nuestro interés, lo que facilitará una adecuada toma de decisiones.

- No perderemos la perspectiva profesional de lo que «se cuece» en la calle.

- Nuestro liderazgo se verá reforzado ante nuestros compañeros y empleados, ya que éste no se limitará al conocimiento teórico, sino también al práctico, es decir, sabremos cómo funcionan las cosas ahí fuera tanto o mejor que ellos.

- No sólo fidelizaremos a nuestros clientes, sino que el contacto informal puede llevarnos a la consecución de nuevos clientes y encargos profesionales.

- Transmitiremos una imagen positiva de compromiso y responsabilidad con lo que hacemos.

- Conoceremos mejor a nuestra competencia.

Y en segundo lugar, como señalaba Henry Bordeaux  al transcribir algunos de los consejos que recibió de Daudet: “Las leyes, los códigos no deben ofrecer ningún interés, Se aprende a leer con imágenes y se aprende la vida con hechos. Figuraos siempre hombres y debates entre los hombres. Los códigos no existen en sí mismos. Procure ver y observar. Estudie la importancia de los intereses de la vida humana. La ciencia de la humanidad es la verdadera ciencia” Es decir, el derecho no es la obra del legislador sino el producto constante y espontaneo de los hechos, y éstos, como no podría ser de otra manera, se encuentran en la calle, en la barra de un bar, en un encuentro ocasional o en una conversación provocada por una larga espera…Si queremos estar en contacto con el derecho, no queda otra opción que estar cerca de los hechos, y estos no se encuentran entre las cuatro paredes del despacho, con la excepción de la visita del cliente.

Por lo tanto, aunque la tentación resulte muy alta y la dificultad mayor, el abogado debe evitar en todo punto acomodarse en el confort de su despacho y olvidar la importancia que para nuestro crecimiento profesional supone el salir al exterior e interactuar con las personas y los hechos,  elementos que conforman la esencia de nuestra profesión.

 

[1] Excluimos de este concepto a aquellos abogados cuya actividad se realiza, por razón de su puesto de trabajo o actividad, en su oficina como pueden ser algunos abogados de empresa, técnicos, etc., debiendo entenderse la figura analizada  referida al abogado que actúa de forma liberal y es titular de su propio despacho (unipersonal o compartido con otros letrados).

[2] El término “abogado de laboratorio” me lo sugirió un compañero en Facebook cuya entrada y nombre no he podido encontrar. Desde aquí le muestro mi agradecimiento por su acierto.

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¡Quiero que sea usted el abogado que lleve mi asunto!

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Los servicios profesionales están revestidos de un carácter personal, estrechamente vinculado al profesional que presta el servicio, no sólo porque a éste le corresponde desplegar la experiencia y capacidades necesarias para desarrollar el mismo, sino porque constituye el elemento esencial para obtener y mantener la confianza del cliente, máxime cuando la prestación del servicio jurídico requiere una colaboración estrecha entre ambos, de modo que aspectos como el conocimiento del asunto y de sus pormenores, establecer la estrategia y, finalmente, prestar el servicio, son elementos en los que el cliente se encuentra plenamente implicado con su abogado.

Por ello, al constituir la inseparabilidad del abogado y del servicio que presta un elemento clave de la relación profesional, el cliente tiende a exigir la personalización del servicio, de modo que cuando se dirige a un despacho en busca de un determinado profesional, será éste y no otro, quien, a sus ojos, deberá llevar el asunto.

Sin embargo, este escenario, que se ha perpetuado durante siglos, lleva años en proceso de cambio.

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¿Qué ocurre cuando varios abogados se embarcan en un proyecto común?

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“Donde hay una empresa de éxito alguien tomo alguna Vez una decisión valiente” (Peter Drucker)

Hoy me gustaría compartir con vosotros la experiencia de un grupo de cinco abogados y amigos de Madrid que han decidido dar un nuevo rumbo a sus profesiones a través de una de las formas más efectivas de evolución y crecimiento: la asociación de abogados para la creación de un nuevo despacho.

La pasada semana tuve la oportunidad de visitarlos en sus nuevas instalaciones en la calle Goya y pude disfrutar de la ilusión desplegada por todos sus componentes mientras deambulaban de un lado a otro en el tráfago de sus actividades diarias; todo era alegría y satisfacción por lo conseguido tras más de un año de reuniones y encuentros en busca del logro de un proyecto común ahora materializado. El olor a recién pintado, el nuevo mobiliario, la estética de los nuevos despachos, los expedientes pendientes de archivar y hasta el color de las cortinas aun por encargar, y sobre todo, el rostro de felicidad de los compañeros; sencillamente, se respiraba un aire fresco y positivo.

Sentados en el office del despacho tomando café hablamos de los retos que tenían por delante y los proyectos a emprender (nuevos clientes, formación, gerencia, etc.) y percibía el cambio tan importante que estos abogados habían introducido en sus vidas, tanto personal como profesional, pues todos habían dejado atrás su práctica profesional para incorporarse a un equipo en el que habían depositado sus esperanzas de vivir y compartir el compromiso de ser abogados, lo cual no solo es signo de valentía, sino de responsabilidad y deseo de cambio, crecimiento y evolución.

Cuando me despedí de ellos, me fui con la sensación de que iban a tener éxito en su nueva andadura. Y creo que no me equivocaré.

Traigo este ejemplo, pues en los tiempos en los que vive la profesión, especialmente los pequeños despachos, la solución de asociarse y crear otros de una mayor dimensión puede ser una medida acertada, pues sumando personalidades, habilidades y especialidades puede producirse una transformación que lleve al profesional independiente a vivir la abogacía desde una perspectiva antes impensable. Naturalmente, la decisión debe ser meditada y estudiada como lo han hecho nuestros amigos, pero si finalmente cuaja un proyecto de esta naturaleza y se produce la anhelada unión, qué duda cabe que las posibilidades de crecer y mejorar se presentarán de forma inmediata: nuevos compañeros que nos ayudarán a conocer a nuevos clientes a través de una nueva organización dotada de nuevos proyectos y una nueva forma de trabajar.

Todo es novedad, y la novedad es evolución.

De hecho, aprovechando esta experiencia, me gustaría resaltar los beneficios de todo equipo de trabajo, y que son plenamente aplicables al supuesto de un despacho de nueva creación:

1ª.- Complementariedad: Esta se produce cuando habilidades únicas se combinan y emplean de forma efectiva, ya que las personas que integran un equipo disponen de diferentes habilidades tanto personales como profesionales. El empleo de dichas habilidades conjuntamente nos permite aprovechar lo mejor de cada uno para el desarrollo del proyecto, lo que garantiza excelentes resultados.

2º.- Coordinación: El equipo de trabajo es todo lo contrario a una suma de aportaciones individuales sin criterio ni control. Un equipo tiene que estar coordinado y organizado para la obtención del objetivo común.

3º.- Creatividad: Partiendo de lo expuesto anteriormente, un mayor número de habilidades hace que el equipo sea más creativo, puesto que generará ideas y planteamientos novedosos, lo que influirá en la obtención de nuevas perspectivas de trabajo y, con ello, de mejores resultados.

4º.- Motivación: El trabajar en común para lograr un concreto objetivo genera un entusiasmo y energía que influye directamente en la satisfacción del equipo y en su motivación para alcanzar el éxito.

5º.- Eficiencia y mayor capacidad de respuesta: El trabajo en equipo facilita la conclusión de los encargos en un menor espacio de tiempo, ya que la posibilidad de coordinar las actividades que integran el proyecto dividiendo las tareas, permitirá una rapidez de respuesta que difícilmente encontremos en el supuesto de trabajar aisladamente.

6º.- Confianza: Los equipos facilitan las relaciones y contribuyen a crear la unidad del grupo. Una vez superadas las primeras diferencias, y alcanzada la necesaria coordinación, los equipos suelen generar un alto grado de camaradería debido a que todos confían en el buen hacer de sus compañeros, y buscarán lo mejor de sí mismos para la consecución de los objetivos del grupo. Si el equipo está bien coordinado, nacerán buenas relaciones, lo que a su vez desarrollará un alto sentido de responsabilidad de sus miembros.

Concluyendo: esta es la modesta historia de ABOGADOS LASARIAS , una firma que acaba de nacer y por lo que he podido constatar ya es grande. Vosotros, Esther, Betsabé, Francisco, Fernando y Antonio, habéis comenzado la tarea.

Mucha Suerte!!

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¿Cómo reducir los factores incontrolables que influyen en el trabajo del abogado?

23.10.2015 Categoría: Prensa Sin comentarios
Óscar León: El abogado y la adversidad, condenados a entenderse

Una de las cuestiones más importantes que se plantean durante la interacción entre abogados y clientes reside en el desconocimiento que éstos disponen del servicio que prestamos, y con ello no me refiero a nuestra capacidad técnica (que el cliente da por supuesta), sino a todos los factores del entorno del profesional que van a influir en el desarrollo y conclusión del encargo realizado.

Tal es el desconocimiento, que no deja de ser habitual que el cliente responsabilice al abogado de las numerosas incidencias que se producen durante el curso del encargo, y más aun a la conclusión de éste, especialmente cuando el resultado se aparta de sus expectativas iniciales.

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Mi despacho ya contribuye al pro bono legal. ¿Por qué no te animas?

9.10.2015 Categoría: Clientes, Mi Práctica diaria Comentarios
Óscar León: Abogado, implícate con tu cliente, pero no demasiado…

Todos los despachos de abogados podemos contribuir a la práctica del denominado voluntariado jurídico a través de la prestación de servicios legales pro bono. Esta afirmación, si bien puede resultar aventurada, ciertamente no lo es, puesto que la asistencia jurídica pro bono es una práctica a mi juicio fácil de implementar y de ejecutar por todos los miembros de la organización. Y afirmo esto porque la experiencia pro bono que hemos desarrollado en el despacho en el que presto mis servicios, LEONOLARTE ABOGADOS, ha sido sencilla y, sobre todo, gratificante.

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Me voy del despacho y me llevo a los clientes

Óscar León: Un día en la vida… de un abogado

Tradicionalmente la relación despacho-cliente se ha caracterizado por la nota de la primacía del individuo, o lo que es lo mismo, la dependencia del cliente de un determinado profesional de la organización que disponía de la experiencia, especialización y habilidad para llevar sus asuntos, de manera que los despachos tradicionales atraían a sus clientes con su principal activo: un determinado profesional, conocido por su nombre y apellidos, que podría satisfacer las necesidades del cliente, ganar su confianza, fidelizarlos y retenerlos.

Dicho de otro modo, el abogado se identificaba con el despacho.

De esta forma, cuando el profesional que mantenía la relación con determinados clientes dejaba el despacho era seguido por toda una cohorte de clientes que sentían la necesidad de que ese concreto profesional continuara llevándole sus asuntos, quedando la organización privada de la experiencia del profesional y de la correspondiente proporción de clientes, ¡todo un desastre!…para el despacho, claro.

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¿Qué eres, líder o manager de tu despacho?

Óscar León: Abogado joven: ponte las pilas

 

Todo despacho, como organización empresarial, debe ser gestionado en aspectos tales como recursos humanos, financieros, de marketing y atención al cliente, comunicación, organización, formación, etc., con el fin de alcanzar la eficiencia, productividad y por ende la competitividad del negocio, lo que requerirá que esté dotado de una dirección para conseguir efectiva y eficientemente los objetivos de la misma.

De lo anterior podemos concluir que los despachos necesitan de directivos, cuestión ésta que lleva aparejada una serie de consideraciones de notable interés, si bien en el presente post vamos a tratar sobre una de las más importantes: la dicotomía líder o manager que encierra todo cargo directivo de un despacho de abogados, pues el directivo del despacho, que en la gran mayoría de los despachos españoles será uno de los abogados de la firma, deberá conocer los diversos roles que puede desarrollar como tal.

http://www.legaltoday.com/blogs/gestion-del-despacho/blog-manual-interno-de-gestion/que-eres-en-tu-despacho-lider-o-manager?voto=5

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Cuando el abogado identifica, gestiona y excede las expectativas del cliente, ya tiene la mitad del caso ganado.

6.07.2015 Categoría: Mi Práctica diaria Sin comentarios
Óscar León: ¿Qué prevenciones debe tomar el abogado al firmar un pacto de ‘cuota litis’?

Las expectativas, que pueden definirse como la esperanza de realizar o conseguir algo o la posibilidad de que algo suceda, constituyen un elemento esencial de la relación abogado-cliente, estando estrechamente vinculadas al nivel de satisfacción que éste puede alcanzar como consecuencia de la prestación de nuestros servicios.

La satisfacción del cliente y el papel de las expectativas.

Para un adecuado conocimiento de las mismas, es conveniente realizar una primera aproximación a los elementos que confluyen en la creación de la satisfacción del cliente, lo que nos ayudará a comprender su sentido e importancia.

La satisfacción del cliente puede representarse a través de la siguiente fórmula:

Nivel de Satisfacción = Rendimiento Percibido – Expectativas

Donde el rendimiento percibido es el resultado o valor que el cliente percibe que recibió tras la prestación del servicio. Este rendimiento depende del punto de vista exclusivo del cliente, o lo que es lo mismo, de su percepción personal del resultado del servicio

Las expectativas, ya definidas anteriormente, serán son las “esperanzas” que los clientes tienen por conseguir algo. En su fijación confluye tanto el prestador del servicio como el cliente.

Finalmente, la satisfacción es la evaluación que realiza el cliente respecto de un producto o servicio, en términos de si ese producto o servicio respondió sus necesidades y expectativas. Esta evaluación se manifiesta en diversos niveles, que pueden ser:

- Insatisfacción: Se produce cuando el desempeño percibido del producto no alcanza las expectativas del cliente (posible pérdida del cliente)

- Satisfacción: Se produce cuando el desempeño percibido del producto coincide con las expectativas del cliente (posible lealtad, pero condicionada a que otro competidor ofrezca algo mejor)

- Complacencia: Se produce cuando el desempeño percibido excede a las expectativas del cliente (lealtad incondicional)

Consecuencia de lo expuesto, las expectativas juegan un papel esencial en la satisfacción del cliente, pues la adecuada fijación de las mismas, contribuirá notablemente a que quien presta el servicio pueda no solo alcanzar la satisfacción del cliente, sino incluso exceder las expectativas creadas, y conseguir la lealtad del cliente a nuestra marca.

Las expectativas del cliente en los despachos de abogados.

Las expectativas del cliente de los despachos de abogados pueden identificarse con los servicios que aquel espera recibir y el resultado que pretende alcanzar con nuestra contratación. Por ello, las expectativas de cada cliente son completamente diferentes ya que en su creación han contribuido numerosos factores de muy diverso origen, teniendo un marcado carácter subjetivo. Igualmente, no siempre la expectativa está completamente formada desde el principio (caso de aquellos clientes que nunca han recibido los servicios de un abogado), sino que se establece tras los primeros contactos. Finalmente, es posible que a medida que se interactúa con el cliente, las expectativas puedan ir variando.

El proceso de fijación de las expectativas.

Dado que los clientes tienen configuradas inicialmente unas determinadas expectativas, que suelen caracterizarse por la subjetividad y falta de acomodo con la realidad, es fundamental que al principio de la relación los abogados, en compañía de nuestros clientes, fijemos con claridad dichas expectativas de forma realista. Para ello, será necesario que escuchemos con mucha atención a nuestros clientes (identificación de las expectativas), para, en la medida de lo posible contribuir a la correcta concreción de las mismas (gestión de las expectativas) evitando que la relación profesional comience viciada a resultas de unas perspectivas alejadas de la realidad y de nuestra verdadera capacidad de respuesta profesional.

Veamos estas dos fases:

Identificación de las expectativas: En esta fase es fundamental escuchar al cliente sabiendo que ya comparece con unas primeras expectativas, probablemente poco realistas sobre el desenvolvimiento del servicio y su resultado. Concretamente, las expectativas del cliente estarán formadas por diversos elementos vinculados al servicio tales como:

- El servicio a recibir y el resultado del mismo.
- La forma en la que se presta.
- Su coste.
- Los riesgos que conlleva.

Sobre la base de los factores y a fin de conocer las expectativas, el abogado tundra que realizar numerosas preguntas destinadas a indagar lo que busca realmente el cliente con la intervención del abogado. Dichas preguntas deberán orientarse igualmente a aspectos que sabemos van a incidir en la percepción del cliente sobre nuestro trabajo como la frecuencia de nuestra comunicación con el cliente, la disponibilidad, accesibilidad y capacidad de respuesta, antiguas experiencias de servicios jurídicos, el conocimiento sobre el funcionamiento de un procedimiento judicial (en su caso), y por supuesto, el tema de los honorarios profesionales.

Evidentemente, esto no puede constituir un interrogatorio artificial sobre estas cuestiones puntuales, sino que el abogado, durante el primer contacto, deberá manejar la conversación en orden a alcanzar una idea general sobre dichos aspectos.
Concluida esta fase, el abogado debe tener una información clara de las expectativas de origen del cliente.

Gestionar las expectativas: Una vez identificadas las expectativas, el abogado, a través de su experiencia, modelará las mismas para hacerlas más realistas.

Por tanto, la gestión de las expectativas no es más que una reflexión que el abogado realizará en compañía del cliente analizando las distintas alternativas de acción, mostrándole los riesgos que pueden aparecer en el camino, y aconsejando y sugiriendo el mejor curso de acción.

Pero la gestión de expectativas no acaba aquí, pues en la generación de expectativas participan elementos como la forma en la que vamos a prestar el servicio y la existencia de factores ajenos al abogado que puede influir en el resultado de nuestro trabajo.

Consecuencia de ello, a la hora de gestionar las expectativas, el abogado tendrá que es familiarizar al cliente con los procedimientos y normas de trabajo del despacho (horarios de visita, de llamada, comunicación abogado-cliente, accesibilidad, capacidad de respuesta,) lo cual contribuirá enormemente a que desde el principio se eviten malentendidos. Otro aspecto esencial es la materia de honorarios, el establecer desde el principio el coste del servicio y la forma de pago es esencial para dotar a la relación de transparencia y previsibilidad.

Finalmente, es fundamental que el abogado exponga al cliente otras cuestiones que pasamos a detallar:

- La influencia y dependencia que el funcionamiento de los órganos judiciales puede tener sobre el tiempo probable de consecución de los resultados y exposición de la influencia de factores ajenos en dicho cómputo.

- La intervención de otros profesionales.

- Las etapas procesales por el que va a atravesar el asunto.

- El riesgo de la imposición de costas y las consecuencias de ello.

De este modo, gestionando las expectativas y contribuyendo por tanto a su generación, conseguiremos situar la relación abogado-cliente en un punto de partida idóneo para lograr la satisfacción final de éste.

Exceder en las expectativas del cliente.

Sin embargo, está demostrado que cuando conseguimos exceder las expectativas de los clientes los resultados son ciertamente prometedores, puesto que con ello se logra la lealtad del cliente y la fidelidad a la marca. Este factor es muy importante, pues sin requerir une esfuerzo adicional, los abogados podemos y debemos realizar las acciones que nos permitan superar el nivel de satisfacción para alcanzar el compromiso del cliente con la firma. Tener pequeños detalles con el cliente como invitarlos a almorzar para hablar de su empresa, visitarlos a conocer su negocio, convocarlos a seminarios personalizados, preocuparse por su situación personal, etc…constituyen pequeños pasos que, entre otros muchos, pueden hacer que, paralelamente al desarrollo de nuestro trabajo, consigamos fortalecer el vínculo y con ello superar sus expectativas iniciales.

En definitiva, exceder en las expectativas es la esencia del servicio al cliente.

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Consejos para organizar el despacho durante las vacaciones

Óscar León: Presentación de Mi Blog

Las vacaciones deben durar sólo el tiempo suficiente para que el jefe te extrañe, y no el tiempo suficiente para que él descubra lo bien que le va sin ti. Jacob Morton 

Por fin llega el periodo vacacional para los abogados, que como todos sabemos, suele coincidir con el periodo en el que la actividad de nuestros Juzgados y Tribunales se reduce considerablemente y con ello nuestra intervención profesional. Es el momento de descansar y reponer fuerzas ante el próximo ejercicio que se encuentra a la vuelta de la esquina.

Efectivamente, las vacaciones constituyen una respuesta obligada al natural desgaste que el trabajo produce, con el fin de obtener la recuperación física y psíquica del profesional o trabajador, por lo que constituye un derecho íntimamente vinculado a su disfrute durante el correspondiente periodo. Dicho de otra forma: las vacaciones son para disfrutarlas y no para seguir trabajando. Sin embargo, a nadie se escapa que somos profesionales liberales y que estamos obligados a dar servicio a nuestros clientes quienes, en situaciones excepcionales, pueden requerir nuestra atención inmediata en cualquier momento del año, verdad ésta que no podemos obviar aunque sean nuestras vacaciones, máxime si el abogado forma parte de un pequeño despacho.

El presente post pretende ofrecer algunas ideas a los miembros de pequeños despachos de abogados que, ante el periodo vacacional de agosto, se encuentran ante la siempre difícil decisión de organizar el procedimiento de trabajo a seguir durante un mes en el que tradicionalmente hay escasa actividad (al menos como regla general).

Dicho esto, hemos de destacar que los pequeñas firmas suelen adoptar en este periodo una de las siguientes medidas:

a) El cierre completo del despacho, o

b) El mantenimiento del despacho abierto, con un horario reducido y el establecimiento de un turno entre los abogados para que uno de ellos asista al despacho durante periodos que van desde la semana a quince días.

Ambas opciones son plausibles y normalmente estarán basadas en la experiencia del despacho en años precedentes, por lo que no hay razón para estimar que una u otra medida es mejor. Aquí es fundamental la cultura de servicio del despacho y, como digo, los antecedentes de la práctica durante otros periodos vacacionales.

Pues bien, centrados en la primera de las opciones (cierre completo del despacho), a continuación vamos a ofrecer una serie de consejos para tratar de conseguir el adecuado equilibrio entre vacaciones y trabajos excepcionales.

1º.- Lo primero que hemos de hacer es concienciarnos de que las vacaciones nos ofrecen una posibilidad de descanso excepcional que no se volverá a repetir durante todo el año. Por lo tanto, la idea que debe orientarnos en todo momento es la de procurar a toda costa descansar, relajarse y pasarlo bien con nuestros familiares y amigos.

2º.- Antes de irnos de vacaciones hay que informar por escrito a todos los clientes (bastará un e mail) sobre la situación de cierre temporal del despacho durante este periodo, si bien se le ofrecerá la opción de contactar con nosotros en situaciones excepcionales en las que se requieran nuestros servicios. Aquí hay que distinguir a los clientes y, en algunos casos, matizar el contenido del correo, puesto que todos sabemos que el significado de “situaciones excepcionales” puede variar de un cliente a otro. En definitiva, lo que nosotros queremos trasladar es que sea un caso de “vida o muerte” para entendernos mejor.

3º.- Si el cliente llama durante vacaciones (lo que supone que es una situación excepcional) es mejor que deje el mensaje en el buzón de voz. De esta forma podremos filtrarlo y podremos comprobar con alivio, que el propio cliente a veces se excusa y da a entender que no es urgente y que da por hecho que estamos descansando. En el resto de los casos, podemos hacernos una idea del problema que se nos va a plantear. Una vez que devolvamos la llamada, indagaremos sobre el problema y trataremos de resolverlo in situ o darle las instrucciones oportunas. Caso de que tengamos que desplazarnos hay dos opciones:

• No está de más disponer de la ayuda de otro compañero en la misma localidad con el que podamos contar durante el periodo de vacaciones para asistir al cliente si necesita de nuestra intervención y así evitaríamos desplazarnos en algunos supuestos.

• Si el asunto es inevitable e inaplazable (detención, juicio rápido, operación contractual de suma importancia) solo nos cabe asistir, pues de lo contrario el riesgo de pérdida del cliente es muy elevado (salvo, claro está que tomemos la decisión de no ir con las consecuencias correspondientes). No obstante, siempre cabe localizar a un compañero para que lo asista (opción ésta muy viable)

En definitiva, se trata de cumplir con lo que le hemos informado previamente en nuestra comunicación, si bien considero que la ruptura de las vacaciones debe ser EXCEPCIONAL, debiendo prevalecer en este caso el ocio sobre el negocio, por lo que la adopción de medidas destinadas a garantizar esta prevalencia será esencial para asegurarnos un verdadero disfrute de nuestras vacaciones.

Y ahora, al que le toque, ¡a descansar!

Suerte y felices vacaciones.

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