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La narración de los hechos o el pálpito que da vida al alegato.

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La narración es la parte del informe oral en la que exponemos de forma ordenada los hechos no controvertidos y los controvertidos que consideramos han quedado probados, y sobre los que ha de recaer el fallo de la resolución judicial. Por lo tanto, a través de la narración, instruimos al juez en la noticia de los hechos del pleito o la causa.

La narración constituye una fase de suma importancia en la división del informe oral, ya que de los hechos que queden probados va a depender el sentido del fallo judicial, por lo que es obvio que durante la narración la atención del tribunal estará concentrada en nuestra exposición, lo que exige el respeto a una serie de principios que han de gobernar esta fase del discurso forense:

1º.- La narración de los hechos, o lo que es lo mismo, el relato objeto de la narración ha de quedar separada de las valoraciones y de los argumentos jurídicos, pues tiempo habrá para hacerlo durante la argumentación. En esta fase nos limitaremos por tanto a narrar hechos, hechos que desde nuestra perspectiva, constituyen la base fáctica de nuestra pretensión y de nuestros argumentos.

2º.- La expresión debe ser firme, categórica,

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Señor Letrado, tiene quince segundos para ir concluyendo su informe.

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Hoy nos hacemos eco de una sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Madrid de fecha 12 de julio de 2016, que aborda un tema de notable trascendencia en la práctica forense de jueces y abogados: la exposición del informe oral y la íntima vinculación del mismo con el derecho a la tutela judicial efectiva. A la vista de los hechos y fundamentos de la citada resolución, el presente post se dividirá en dos partes bien distintas: una primera, en la que resumiremos el contenido y conclusiones que aporta la sentencia; y, otra, en la que realizaremos algunas reflexiones sobre la materia.

Contenido y conclusiones de la sentencia.

Partiendo de los hechos recogidos en la propia resolución (constatados a través de la grabación del acto de una vista) se constata cómo la Juez de instancia, tras diez minutos de informe del Letrado de la defensa le requiere para que vaya finalizando su informe, y transcurrido un minuto le conmina a que finalice su informe en quince segundos que es cuando efectivamente le interrumpe definitivamente, dando como razón para dicha interrupción y finalización el que un informe oral no puede durar más tiempo que la celebración de la prueba, por lo que la Juzgadora de instancia da por terminado el juicio oral.

A resultas de esta decisión, el letrado de la defensa quedó sin poder desarrollar tres de las cuatro infracciones por las que su cliente era acusado por el Ministerio Fiscal, el delito de negativa a someterse a las pruebas de alcoholemia, el delito de atentado y un delito leve de lesiones, habiendo invertido diez minutos en desarrollar su exposición respecto del delito contra la seguridad del tráfico consistente en la conducción de bebidas alcohólicas.

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El abogado en sala y los errores de emisión del alegato.

30.01.2017 Categoría: Mi Práctica diaria, Oratoria Sin comentarios
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En ocasiones, la exposición del informe oral no alcanza su objetivo debido a que se producen errores o defectos de emisión por parte del abogado. En caso de que esto ocurra, es obligación de todo abogado detenerse a considerar cuál es la causa de tales deficiencias para así adoptar las medidas de corrección oportunas.

En este contexto, la emisión propiamente dicha se produce en el momento en el que el abogado interviene en el acto del juicio oral, es decir, cuando toma la palabra para informar. Teniendo en cuenta que el emisor codifica y transmite el mensaje a través del canal más adecuado con el fin de que el receptor lo entienda, los fallos de emisión se producirán cuando aquel no consiga una codificación o transmisión adecuada del mensaje, lo cual podrá producirse en las siguientes situaciones y por las siguientes causas:

1ª.- El abogado expone su informe con notable desconocimiento del objeto del litigio, con escasa argumentación jurídica y carente de contenido o profundidad.

Este error deriva de una falta de estudio del caso, pues es premisa indudable para el abogado conocer todos los pormenores del mismo con el fin de plantear una adecuada actividad probatoria que sustente nuestra argumentación, pues el conocimiento de las reglas oratorias no puede suplir la carencia de conocimientos del asunto, imprescindibles para realizar una defensa eficaz empleando las habilidades oratorias.

Esta situación suele producirse normalmente por un exceso de confianza, ya que creemos que conociendo los aspectos que consideramos más relevantes del caso lograremos suplir con nuestra experiencia las lagunas de nuestra falta de estudio, situación que difícilmente se produce ya que la propia preparación del otro letrado descubre todas nuestras carencias, sin olvidar la experiencia del juez en detectar una incorrecta preparación. Otra razón es asistir a un juicio sin preparación debido a que un compañero nos ha pasado el caso el día anterior y no hemos dispuesto del tiempo suficiente para su estudio. Finalmente, puede deberse a una acumulación de trabajo (especialmente de diversos juicios) que nos impiden dedicar al asunto el tiempo necesario.

En otras ocasiones, si bien el informe se construye adecuadamente en cuanto a su argumentación, se observa una falta absoluta de sustancia jurídica. En estos casos nos encontramos ante la falta de los conocimientos jurídicos aplicables al caso, lo que supone que cuando se ha trabajado el asunto nos hemos detenido poco en el estudio de la norma positiva, la doctrina de los autores y de la jurisprudencia y sentencias de los Tribunales. Ni que decir tiene que si el abogado no dispone de un sólido y profundo conocimiento jurídico, de poco le valdrá su elocuencia y locuacidad para convencer y persuadir a su auditorio, caracterizado por su competencia técnica y profesional.

¿Soluciones? Una exquisita preparación y evitar situaciones que coadyuven a una exposición inadecuada mediante la delegación a tiempo, petición de suspensión en caso de situaciones graves y, sobre todo, nunca confiarse.

2ª.- El abogado parece poco organizado en su exposición, siendo complejo para el auditorio la compresión de su argumentación.

La exposición de un argumento poco organizado e incoherente deriva de la falta de aplicación de las reglas oratorias establecidas para la estructuración del informe. En ocasiones, el abogado expone su informe siguiendo el método que siempre ha seguido y que, a su criterio, le ha funcionado en mayor o menor medida. Sin embargo, la experiencia que nos suministran las reglas oratorias aconseja que para que el abogado cumpla con su objetivo persuasivo, es necesario que el informe se transmita de forma ordenada y coherente a través de la oportuna división. Ello es así debido a que las distintas partes en las que se estructura el informe cumplen una función específica: conmovemos y atraemos la atención del auditorio a través del exordio; transmitimos la noción de orden de nuestro discurso mediante la división; con la narración exponemos los hechos que sustentan nuestra pretensión; a través de la argumentación y refutación examinamos la prueba de los hechos narrados y argumentamos nuestra tesis y refutamos; finalmente, con el epílogo concluimos resumiendo las ideas principales de nuestra defensa.

Para concluir este apartado nos permitimos reproducir los beneficios que proporciona un informe bien estructurado:

- Orden y coherencia en la exposición.
- Sintetización de las ideas principales de nuestro alegato.
- Facilidad para retener las ideas principales y exponerlas oralmente.
- Concede a la exposición una idea de unidad.
- La división aporta flexibilidad al informe, permitiendo, en algunos casos, la supresión de determinadas partes.

3º.- El abogado está nervioso y transmite al juez y al abogado contrario sensación de inseguridad y falta de confianza.

Cuando se produce esta situación, o bien nos encontramos ante un abogado novel que realiza una de sus primeras intervenciones en el foro, o ante un abogado experimentado cuya emoción oratoria supera el límite de lo aconsejable. En este último caso nos podemos encontrar ante una falta de estudio del asunto, la actuación en una jurisdicción desconocida, etc.En definitiva, el abogado está siendo presa del denominado temor escénico.

En estos supuestos, muy frecuentes en la actividad forense, el error del abogado consiste en desconocer o, en su caso, no aplicar las técnicas y habilidades establecidas para reducir o eliminar dicha sensación de temor. Si se es abogado novel, se podrá mitigar de alguna forma dicha sensación aplicando estas técnicas; si se es abogado experimentado, aquel podrá mantenerse a unos niveles aconsejables o incluso eliminarse.

En tal sentido, no podemos olvidar que, en cierta medida, el nerviosismo que se siente antes de intervenir en el foro puede aportarnos sus beneficios, ya que un estado determinado de estrés nos aportará la tensión necesaria para afrontar el juicio, manteniéndonos despiertos y alerta y focalizados en nuestra tarea, evitando con ello distracciones o exceso de confianza.

Dicho esto, a continuación señalamos los remedios existentes para luchar frente al temor escénico:

- Conocimiento profundo del asunto objeto del litigio y preparación a fondo del informe oral y de su exposición.
- Ser consciente de la probabilidad de que sufriremos un estado de temor escénico o emoción oratoria.
- Conocer las posibles situaciones que tememos y cuya evocación nos provoca temor (interrupción del juez durante nuestro informe o interrogatorio; interrupciones del abogado contrario durante el interrogatorio; retraso en el comienzo del juicio; posible limitación de tiempo en el informe o en los interrogatorios; ausencia de alguna parte o testigo). Conociendo lo que puede ocurrir, estaremos más prevenidos.
- Estar concentrados en el objetivo que pretendemos conseguir con nuestro alegato.
- Aprender de memoria las primeras y últimas frases del informe.
- Realizar ejercicios fisiológicos como respiraciones lentas y profundas.
- Beber agua antes de comenzar el juicio.

4º.- La información contenida en el informe se expresa de forma incorrecta y de modo escasamente comprensible.

En ocasiones puede ocurrir que el abogado se exprese incorrectamente empleando el lenguaje oral de forma deficiente. Fallos sintácticos, semánticos, un léxico inadecuado, escaso o incorrecto uso de las figuras literarias, etc. pueden causar un informe si no inteligible, si escasamente atractivo y condenado al inmediato olvido por el auditorio.

Si bien esta situación no es muy habitual que se produzca (pues un abogado que padezca este error va a transitar por serias dificultades), el único remedio existente es corregir las causas que le han llevado a tal situación: falta de lectura y de práctica en la expresión oral, siendo incluso aconsejable asistir a algunas clases de oratoria para conocer sus errores y corregirlos debidamente.

5º.- El abogado se muestra al auditorio aburrido en su expresión, monótono y pesado.

Este error puede deberse a dos causas: empleo deficiente de la voz o estilo forense inadecuado.

Efectivamente, si tenemos en consideración que el alegato forense tiene una finalidad estrictamente persuasiva, es obvio que carece de sentido exponerlo sin preocuparnos de hacerlo más comprensible, elocuente e incluso atractivo al auditorio. Para ello, el abogado dispone de las reglas paralingüísticas del empleo de la voz, tales como el uso de la entonación, el ritmo, las pausas y silencios, etc. para conformar el discurso y adaptarlo al mensaje que pretendamos transmitir en cada momento. Igualmente, si el abogado desconoce las reglas del estilo forense y el empleo del mismo en sus distintas modalidades, es más que probable que se limite a realizar un discurso adaptado a sus propias necesidades (a lo que él pretenda transmitir sin otra consideración) y no a las del foro en las que actúa.

Por tanto, para evitar caer en este error es preciso que el abogado, a la hora de preparar su discurso se preocupe por practicarlo empleando el uso de los recursos paralingüísticos apropiados, sin olvidar el respetar en todo momento las normas y reglas del estilo forense y ser fiel al estilo que proceda en función del objetivo del discurso. Como elementos esenciales del estilo forense hemos de destacar la claridad, sencillez, brevedad, naturalidad y precisión, todo ello en un contexto que invita al respeto, decoro y buenas formas.

6º.- En ocasiones, el abogado no gesticula o su gesto se contradice con su expresión oral.

En ocasiones, podemos observar como un abogado al exponer su informe se mantiene rígido como una estatua y permanece en esa posición sin acompañar su discurso con gesto alguno. En otras, si bien de forma excepcional, podemos comprobar cómo no existe coherencia entre lo que el abogado dice a través de su informe y lo que nos transmite su rostro y cuerpo.

En ambos casos nos encontramos ante una desatención absoluta por el abogado de las reglas del lenguaje no verbal, lenguaje cuya importancia en la comunicación no verbal radica en que a través de ésta el abogado complementa el contenido del mensaje con una serie de «informaciones» que ayudarán al auditorio a comprender aspectos relativos a sentimientos y emociones de todo tipo que no solo pueden ayudar o no a persuadir al auditorio, sino que van a ser valoradas por el auditorio para la toma de la decisión final.

Por todo ello, el abogado debe ocuparse de aprender las habilidades y reglas del lenguaje no verbal y conocer el efecto que estas producen en cuanto a la comprensión y atención que recibirá su alegato. Además, por añadidura, dispondrá de una valiosísima información para conocer múltiples detalles asociados al comportamiento de las personas que componen el auditorio.

En definitiva, tras cada experiencia en sala, el abogado debe evaluar cómo ha emitido su informe y, en su caso, cuales son los aspectos a mejorar, pues solo de esa forma iremos creciendo y depurando nuestro estilo en un trance de tanta importancia como exponer en sala.

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La brevedad, el manjar predilecto de los jueces.

31.10.2016 Categoría: Mi Práctica diaria, Oratoria 1 Comentario
Despacho 1-122

Te escribo tan largo porque no he tenido más tiempo de escribir más corto. Dicho Popular.

Entre las cualidades de la oratoria forense se encuentra la brevedad, una virtud fácil de destacar como adorno del buen orador pero verdaderamente difícil de practicar en el foro. Con todo, en los tiempos que corren, la brevedad es más necesaria que nunca, especialmente a la hora de interrogar e informar ante los juzgados y tribunales.

En su obra más célebre El Alma de la Toga,  don Ángel Ossorio, citando a un magistrado viejo que aconsejaba a un abogado joven  nos dice “que la brevedad es el manjar predilecto de los jueces. Si hablas poco te darán la razón aunque no la tengas… y a veces, aunque la tengas”, sentencia ésta que se complementa a las mil maravillas con la frase de Mirabeu “la brevedad es la pasión de los jueces”.

Ciertamente, los jueces y magistrados, por razón de los endémicos problemas de nuestra Administración de Justicia  se ven en la necesidad de prestar atención a interrogatorios e informes orales ininterrumpidamente durante horas, escuchando historias, argumentaciones y, como dice Ossorio, divagaciones en algunos casos idénticas, situación ésta que conduce en muchos casos a un cansancio y agotamiento,que se antojan contrarios a lo que la reflexión forense aconseja.

¿Es lógico pues pensar que si los letrados sabemos dominar y aprovechar esta cualidad oratoria no se prestará una mayor atención a nuestras intervenciones?

La respuesta a esta cuestión es lógicamente afirmativa, pues si la finalidad del interrogatorio e informe es enteramente persuasiva, para que nuestro mensaje llegue al auditorio será necesario mantener la atención del juez y esto sólo se consigue de forma que nuestra exposición sea clara, concreta y concisa, o lo que es lo mismo, que sea breve[1].

Pero con independencia de las razones de saturación que merma la atención de los jueces, la brevedad es siempre recomendable para el abogado pues su intervención siguiendo las reglas de la concisión va a suponer, como señala Ossorio, condensar, achicar y extractar antecedentes y argumentos, escatimando palabras y vivificando la oración a expensas de sus dimensiones, acción que si bien requerirá un extraordinario esfuerzo y trabajo al abogado, éste tendrá su recompensa en la potenciación y mejora de una habilidad esencial no sólo en estrados, sino en el ejercicio de cualquiera de las múltiples tareas que desarrolla el abogado fuera de los juzgados.

¿Y cómo podemos conseguir ser breves?

En mi opinión, durante el interrogatorio, dominando el empleo de las diversas modalidades de preguntas en función del tipo de interrogatorio y testigo, y siguiendo una estrategia clara en la que los objetivos, organización y secuenciación del interrogatorio estén previamente determinados, sin olvidar prescindir de la tan perjudicial lectura de las preguntas. Sólo de esta forma, se evitarán rodeos, repeticiones y disquisiciones inútiles para alcanzar los objetivos del mismo.

Respecto del informe oral, llegaremos a la brevedad siguiendo las siguientes reglas:

-          Trasladando al juez los problemas de hecho y los problemas jurídicos debatidos;

-          Evitando tratar puntos superfluos o de escaso interés para el asunto

-          Evitando de reproducir documentos o argumentos que constan en autos y que el juez puede constatar fácilmente;

-          Resumiendo la valoración de la prueba practicada en varias ideas y,

-          Si es posible, no agotando al máximo el tiempo preestablecido (por nosotros), siendo incluso más conveniente para la eficacia del informe parar cuando el juez se encuentre interesado por el alegato antes que cuando haya perdido interés.

Ahora bien, la brevedad no puede identificarse con una limitación temporal de nuestra intervención (tan de moda en estos tiempos), pues el abogado debe disponer de libertad paraexponer su informe, ya que toda restricción puede suponer una verdadera merma al derecho de defensa. Ahora bien, para ello tendremos que exponerlo con la máxima concisión, siempre con una duración proporcional a la complejidad del asunto, tratando de aplicar todas y cada una de las reglas que harán que aquél sea objeto de verdadera atención por el juez.

Concluyo con otra cita muy apropiada del maestro Ossorio:

Recuérdese la diferencia de cubicación entre una viña y el vino que se obtiene de ella. Proporción semejante debe haber entre el contenido de un pleito y su defensa oral.

 

[1] Lógicamente, pueden darse situaciones excepcionales en los que la falta de atención el juez no deriva del cansancio de la agenda judicial, materia en la que no vamos a entrar y que no es objeto de este post.

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¿Qué errores cometemos los abogados a la hora de informar en juicio?

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No es difícil encontrar a compañeros que consideran que el informe oral tiene escaso valor; el argumento que suelen emplear se centra en  que al comenzar su exposición el juez ya tiene tomada su decisión sobre el asunto enjuiciado, por lo que escaso interés va a prestar al mismo.

Sin embargo, me resisto a aceptar esta opinión, puesto que si bien todos los abogados hemos vivido situaciones de patente falta de atención del juez cuando informamos, lo cierto es que un informe oral bien elaborado y planteado puede y debe surtir efectos persuasivos, cuya manifestación, en el mejor de los casos,  será la confirmación de la tesis que sostiene el juez o la aportación de elementos de prueba o jurídicos inicialmente no considerados por éste (llegándose en este caso incluso, en ocasiones, a variar el sentido del fallo previsto) Si no fuera así ¿Qué sentido tendría la preeminencia que la oralidad tiene en nuestro ordenamiento? ¿Para qué se habría regulado el informe oral dotándolo de un contenido de tanto valor? Y lo más importante, ¿Por qué quienes intervenimos en sala hemos comprobado que un buen informe puede coadyuvar a la obtención de un buen resultado?

Partiendo de esta idea, en éste y en el próximo post vamos a destacar aquellos errores que solemos cometer los abogados al informar, todo ello con la finalidad de reflexionar a fin de alcanzar vías de mejora y perfeccionamiento en un trámite procesal de tanta importancia.

1º.- Informar pensando que el informe no tiene valor alguno para el juez.

Primer y más grave error. Si informamos con esta idea en mente, lo haremos sin transmitir un verdadero interés por lo que está diciendo, lo que se expresará mediante el empleo del lenguaje verbal y analógico muy débil, sin mostrar energía y vitalidad en la intervención. De este modo, si el orador no muestra ilusión e interés, no dude que el juez tampoco lo hará. Pero es que, a mayor abundamiento, un informe expuesto por alguien que no cree en el mismo, será un informe escasamente preparado y que adolecerá de todos los errores que veremos a continuación. Es algo así como la profecía autocumplida…

2º.- La falta de preparación del informe oral, es decir, falta de tiempo, dedicación e interés a en planificación, estudio y preparación.

Todo informe requiere un tiempo para la preparación  a través del adecuado estudio y planificación del contenido del mismo. Sin dicha preparación, sin duda se producirán numerosos errores en su exposición oral (que analizaremos a continuación), pues es obvio que un trámite procesal dirigido a la crítica de la prueba practicada y a la reconsideración de las tesis jurídicas de las partes,  va a requerir un estudio y preparación concienzuda que nos permita realizar una exposición solvente y, especialmente, persuasiva.

3º.- La falta de estructuración del informe oral.

El empleo de una estructura en la elaboración del informe oral nos ayudará a cumplir con la finalidad persuasiva del mismo y ello debido a que al dotarse de orden y coherencia a través de diversas partes perfectamente ensambladas, lograremos los objetivos persuasivos propios del mismo. Un informe sin estructura difícilmente logrará transmitir una noción de orden, unidad y coherencia en las ideas principales del alegato o facilitar al juez la retención de los argumentos principales. Es más, un informe no estructurado carece de flexibilidad y, llegado el caso (limitación de tiempo del informe), difícilmente podrá el abogado decidir que partes del discurso puede suprimir en beneficio de las más importantes.

4º.- La falta de orden en la exposición.

Consecuencia inherente a todo informe no estructurado, la falta de orden puede producirse incluso en el caso de que aquél se estructure, si bien las ideas en cada apartado se exponen de forma desordenada y anárquica: hechos, pruebas y argumentos pueden relacionarse de forma desacertada, alejándonos de criterios de importancia, impacto, etc. Por lo tanto, toda estructura requiere de orden en las ideas si no queremos realizar un informe al que no se preste atención e interés.

5º.- La exposición de un informe con una duración excesiva.

Si bien la legislación procesal no establece limitación temporal alguna para el informe estableciendo una duración máxima, tampoco existen unas reglas generales sobre su extensión, si bien actualmente puede afirmarse que en el foro español la tendencia camina inevitablemente hacía la brevedad y concisión, principios éstos que deberán aplicarse en función de factores tan variados como la importancia y la naturaleza del asunto, las circunstancias del caso concreto, el desarrollo de la práctica de la prueba, el número de litigantes, etc., si bien será la experiencia del orador la que deberá establecer la medida adecuada.

Ahora bien, sin perjuicio de que la brevedad en la exposición del alegato está bien vista por los jueces, estimamos que la duración máxima de un informe debe rondar los diez minutos, siendo esta duración suficiente para una exposición completa del asunto con la concreción necesaria, pues no hemos de olvidar que la finalidad del informe es enteramente persuasiva, lo que supone que para que nuestro mensaje llegue a nuestro auditorio será necesario que sea claro, concreto y conciso, lo que solamente puede conseguirse manteniendo la atención del juez y, claro está, por las leyes de la atención, ésta no puede mantenerse durante demasiado tiempo.

6º.- La lectura del informe oral en sala.

No es extraño ver a abogados que exponen su informe oral a través de su lectura. Ello es poco recomendable ya que la lectura afecta a aspectos de tanta importancia como la entonación, la elevada densidad de ideas que transmitimos, la falta de espontaneidad y flexibilidad del mismo (imaginemos que el juez nos pide abreviar o nos reduce el tiempo de exposición) y, por supuesto, la falta de confianza y seguridad que se transmite al juez. Para evitar esta clara desventaja, es necesario exponer el informe siguiendo las ideas recogidas en un guión (que naturalmente seguirá el orden y estructura propia del informe), ideas que se irán desarrollando de forma espontánea sobre la base de los conceptos recogidos en el mismo y que, por ley de la asociación, irán viniendo a nuestra mente con relativa facilidad, todo ello sin menoscabo de la lectura puntual de alguna cita jurisprudencial, fecha o dígito.

En el próximo post abordaremos nuevas situaciones cuya constatación y corrección podrán ayudarnos a realizar un informe más eficaz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¿Es importante para los jueces el informe o alegato final del abogado?

14.03.2016 Categoría: Mi Práctica diaria Comentarios
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Hablar de la importancia del informe forense conduce inevitablemente a reflexionar sobre la creencia, en la que participan muchos letrados, de que el informe oral es un trámite que tiene escasa utilidad y relevancia, ya que, según dicho parecer, tras la práctica de la prueba en el acto del juicio oral los jueces ya tienen decidido el sentido del fallo. Ante esta tesitura, señalan que poco van a aportar las conclusiones o argumentos del letrado para cambiar dicha decisión. En cuanto a los informes que pudieran evacuarse en segunda instancia o casación, la misma opinión reside en que al estar toda la prueba practicada, valorada y argumentada por el juez de primera instancia, constando además los escritos de parte recurriendo u oponiéndose, los magistrados pueden formarse una opinión definitiva sin necesidad de escuchar informe alguno. De hecho, en los supuestos de apelación y casación, son precisamente los magistrados quienes son poco propicios a acordar la celebración de vistas, lo que da a entender el escaso valor que le dan en dicha instancia.

En mi opinión, basada en mi propia experiencia y en lo que he podido conocer a través de conversaciones con jueces, el informe oral es un trámite procesal de enorme importancia que siempre es considerado por éstos a la hora de adoptar una resolución. Trataré de explicar esta conclusión con detalle.

El informe oral constituye un trámite en el que las partes valoran las pruebas practicadas y plantean sus argumentaciones jurídicas a la vista de dicha valoración, se antoja más que necesario para fundamentar, de hecho y de derecho la pretensión de cada parte con el fin de que el juez se ilustre a fin de adoptar una u otra tesis. Es decir, con este trámite contradictorio, se facilitan al Juez los datos esenciales de la problemática del pleito, fáctica y jurídica, alcanzando éste con mayor facilidad la comprensión que le llevará a la resolución del caso ¿No es esto ya suficiente para considerar la importancia del informe?

Por otro lado, en mi práctica profesional (y en la de muchos de mis compañeros), he podido constatar que los jueces escuchan con interés los alegatos de los abogados y fiscales, manifestando con sus actos de comunicación no verbal un verdadero interés por el contenido de nuestras alegaciones. La mirada con atención e interés, la toma de notas cuando se cita algún argumento clave (que luego se ve reflejado en la sentencia), los gestos faciales considerando un determinado planteamiento, son indicios claros de la importancia del informe. Lógicamente, de todo hay en la viña del Señor, y en alguna que otra ocasión he tenido una experiencia frustrante a la hora de informar. He vivido desde el repaso por el Juez de autos correspondientes a los juicios posteriores hasta manifestaciones no verbales, muestra descarada de un evidente aburrimiento ante el informe de ambos letrados. Sin embargo, han sido situaciones excepcionales.

En mi opinión, la clave de la eficacia del informe reside en la necesidad de que éste siga una serie de pautas que lo hagan verdaderamente atractivo, en el sentido de estar dotado de los elementos necesarios para que la posible convicción que haya podido alcanzar el juez se vea confirmada o sea reconsiderada tras el informe.

No podemos olvidar que los jueces están saturados de pleitos y escuchar cada día numerosos informes orales , pesando además sobre ellos una enorme carga de trabajo, lo que los hace probablemente poco proclives a escuchar con la necesaria atención un informe oral en el que no concurran elementos como la brevedad, concisión, orden, claridad, valoración de la prueba y ordenada argumentación, etc. Por el contrario, de concurrir los mismos, estoy convencido de que el informe oral será de extraordinario valor para el juez al llamar su atención e interés y, en consecuencia, una herramienta eficaz para el abogado (este tema se desarrolla en el post http://www.legaltoday.com/blogs/gestion-del-despacho/blog-manual-interno-de-gestion/como-deberia-ser-el-informe-oral-para-persuadir-al-juez)

Por todo lo anterior, creo que el informe oral es clave para la defensa del caso encomendado, puesto que bien planteado, constituye la última oportunidad del abogado para convencer y persuadir al juez, quien a través de un buen informe, verá confirmado su posicionamiento tras la práctica de la prueba o, en otro caso, descubrirá nuevas vías que lo lleven hasta una conclusión diferente.

Para concluir, no estaría de más que hiciéramos examen de conciencia y valoráramos cómo exponemos el informe para, así, poder trabajar en mejorar nuestras destrezas, pues de este modo creceremos profesionalmente y, además, contribuiremos a la mejora de la Administración de Justicia.

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¿Cómo puede el abogado refutar los argumentos adversos?

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En nuestro anterior post examinamos la primera fase de la argumentación del informe oral, llamada igualmente “argumentación”. Hoy vamos a tratar sobre la segunda fase del proceso argumentativo, más conocida como la refutación. Con su análisis, dispondremos de un conocimiento completo de este proceso, esencial en la elaboración y ejecución del alegato del abogado.

Refutar, palabra procedente del verbo latino refutare, viene a significar rechazar, destruir o desbaratar, definiéndose en nuestro diccionario como contradecir impugnar con argumentos o razones lo que otros dicen, por lo que la refutación supone primero, una negación u objeción, para, posteriormente, pasar a esgrimir las razones que justifican dicha oposición.

Centrados en nuestra profesión, a través de la refutación, el abogado demuestra que los razonamientos y pruebas empleados por su adversario para sustentar su pretensión son inciertos, inaplicables, improcedentes o inútiles.

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¿Cómo puede el abogado elaborar la argumentacion del informe oral?

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Tras un detenido estudio del asunto, la preparación del informe constituye un ejercicio de reflexión estratégica, ya que cuando encaramos esta fase debemos sopesar todo el material estudiado con el fin de plantear la estrategia más acorde con nuestras pretensiones. Ya sabemos cuáles son los hechos; incluso disponemos de una idea aproximada de cómo se va a desarrollar la prueba; también sabemos las normas jurídicas, doctrina y jurisprudencia aplicables al caso.

Con estos antecedentes, en el post de hoy vamos a examinar con detalle una opción para la elaboración del informe oral en lo que atañe a la argumentación, o lo que es lo mismo,  la fase en la que los abogados fundamentan las ideas centrales de su discurso a través de un ordenado examen crítico de las pruebas y la aplicación de la ley, doctrina y jurisprudencia, con el fin de sostener la validez de los hechos que se hicieron durante la fase de la narración, todo ello con el fin de persuadir y convencer al auditorio.

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¿Cómo debe actuar el abogado con el público asistente al juicio?

17.04.2015 Categoría: Nuestra profesión Sin comentarios
Óscar León: ¿Cómo debe actuar el abogado con el público asistente al juicio?

El papel del público en el acto del juicio es completamente secundario,pues ya sabemos que el mensaje del abogado se dirige fundamentalmente a los jueces, que son a quienes tiene que convencer o persuadir.

No obstante, como imperativo de garantía procesal, aquel tiene una función de acercamiento de la Justicia al ciudadano y a los medios de comunicación, sirviendo de control a la actuación de quienes intervienen en el foro de forma activa: el juez, el abogado y el fiscal, control social que es necesario para la transparencia y comprensión de la impartición de Justicia así como del cumplimiento de sus deberes por quienes intervienen en la misma.

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