inteligencia emocional Archive

standard

El abogado emocionalmente inteligente ha llegado para quedarse.

21.11.2016 Categoría: Mi Práctica diaria Sin comentarios
SLIDERhome_1

Imaginaros a una abogada en su despacho, cobijada por una tenue luz que se disipa entre documentos, libros y revistas con los que está preparando el juicio señalado para el día siguiente. Su rostro refleja tranquilidad y concentración absoluta; no hay nadie en el despacho, razón por la que se ha quedado más tarde, evitando así el alboroto diario que, en otro caso, la distraería.

Ahora, dejamos a la abogada seguir con su preparación y pensaremos en la respuesta a la siguiente pregunta ¿Le basta a nuestra compañera con su capacidad de reflexión, análisis y raciocinio para llevar a cabo la labor que está realizando?

Ahora situada en otro escenario, el de las inmediaciones de una sala de vistas, la encontramos calmando su cliente, quien va a declarar como parte, pues se encuentra algo nervioso; más tarde, la observamos sentada en el estrado y recibiendo una advertencia del juez debido a la forma en la que está realizando las preguntas durante el interrogatorio. Su rostro refleja indignación ante una llamada de atención que considera injusta; finalmente, la vemos al salir del juzgado, algo excitada, dando explicaciones a su cliente, que no comprende, y por eso le preocupa la actitud del juez durante el juicio y las repercusiones que ello pueda tener en su asunto.

Nuevamente, nos planteamos la respuesta a la siguiente pregunta ¿Le basta a nuestra compañera con su capacidad de reflexión, análisis y raciocinio para llevar a con éxito cabo su labor en sala?

A la primera cuestión, es lógico responder que si, pues ciertamente, en la calma del despacho la capacidad intelectual de la abogada es suficiente para prepararse adecuadamente para el juicio. Sin embargo, en el segundo escenario, la respuesta se antoja negativa, pues es muy difícil gestionar estas situaciones sin considerar a  un componente que asoma en todas ellas: la emoción.

Efectivamente, la profesión de abogado es una de las actividades en las que las emociones están más presentes. De ello no cabe duda, pues la relación del abogado con su cliente, impregnada de pasión y condicionado por un problema que le afecta seriamente es un manantial de emociones; las relaciones con los compañeros de profesión, especialmente los “adversarios”, quienes introducen constantemente el factor emocional en sus formas de comunicación o comportamiento; las conductas, comportamientos y reacciones de los jueces cuando interactúan con nosotros; el propio liderazgo que el abogado desempeña con sus colegas y colaboradores en su despacho,…, todas, constituyen interacciones en las que la emoción juega un papel esencial.

Por ello, los abogados estamos inevitablemente obligados a aprender técnicas que nos permitan gestionar correctamente nuestras emociones, pues si durante dichas interacciones las gestionan adecuadamente acorde con sus objetivos profesionales, serán más propensos a alcanzar el éxito, entendiéndose éste como el logro y crecimiento profesional.

Para ello, los abogados contamos con las técnicas para extraer y desarrollar nuestra inteligencia emocional, que, siguiendo a Daniel Goleman, podemos definirla comola capacidad de reconocer, aceptar y canalizar nuestras emociones para dirigir nuestras conductas a objetivos deseados, lograrlo y compartirlo con los demás.Por lo tanto, de lo que se trata con la inteligencia emocional es de disponer dehabilidades que nos permitan reconocer, comprender, emplear y gestionar las emociones tanto para resolver problemas como para regular nuestro comportamiento, lo que se consigue a través del trabajo personal en cuatro áreas que, siguiendo diversas investigaciones del campo de la neurociencia y de la psicología, incrementarán no solo nuestras funciones intelectuales, sino que darán acceso otras habilidades de notable importancia.

Destacamos dichas áreas:

Conciencia de uno mismo: Capacidad del individuo de comprensión de las emociones, los puntos fuertes, las debilidades, las necesidades y los impulsos de uno mismo.

Autoregulación: Capacidad de controlar y canalizar de forma útil las emociones, los puntos fuertes, las debilidades, las necesidades y los impulsos de uno mismo.

Empatía: Capacidad de sentir o percibir lo que otra persona sentiría si estuviera en la misma situación vivida por esa persona, es decir, es una capacidad que nos ayuda a comprender los sentimientos de los otros, facilitando también la comprensión de los motivos de su comportamiento

 Habilidades interpersonales: Facultad que tenemos de gestionar las relaciones con los demás, con la particularidad de dirigirse a la obtención de un objetivo determinado, precisamente porque quienes ostentan esta capacidad (generalmente personas muy empáticas) son conscientes de que para lograr ese objetivo no pueden conseguirlo de forma individual.

Creo por tanto, que en la medida en que vayamos familiarizándonos con la inteligencia emocional, mejoraremos exponencialmente tanto en nuestra vida doméstica como profesional y, además, humanizaremos nuestra actividad.

¿Alguien da más?

Para concluir, y por si queréis comenzar a introduciros e esta materia os dejo varios enlaces de posts en los que he tratado el tema con más detalle:

http://oscarleon.es/inteligencia-emocional-y-abogados-cuando-las-emociones-suman/

http://oscarleon.es/el-autocontrol-segundo-pilar-de-la-inteligencia-emocional-del-abogado/

http://oscarleon.es/los-cuatro-pilares-de-la-inteligencia-emocional-del-abogado-la-autoconciencia/

http://oscarleon.es/seamos-mas-empaticos-seamos-mejores-abogados/

http://oscarleon.es/al-abogado-le-erosionan-las-emociones/

 

 

 

 

 

standard

El autocontrol, segundo pilar de la inteligencia emocional del abogado

6.11.2014 Categoría: Nuestra profesión Sin comentarios
Óscar León: El autocontrol, segundo pilar de la inteligencia emocional del abogado

Si la autoconciencia (primer pilar de la inteligencia emocional que tratamos en nuestro último post) se corresponde con la capacidad del individuo de comprender las emociones, los puntos fuertes, las debilidades, las necesidades y los impulsos de uno mismo, la autogestión, siguiendo a Daniel Goleman (psicólogo estadounidense, que adquirió fama mundial a partir de la publicación de su libro Emotional Intelligence en 1995) representa la capacidad de controlarlos y canalizarlos de forma útil. Por lo tanto, a través de la primera, comprendemos y reconocemos lo que ocurre en nuestro interior; por la segunda, gestionamos dichas emociones de forma adecuada.

Continuar leyendo en LegalToday.com
standard

Los cuatro pilares de la inteligencia emocional del abogado: la autoconciencia

30.10.2014 Categoría: Nuestra profesión Sin comentarios
Óscar León: Los cuatro pilares de la inteligencia emocional del abogado: la autoconciencia

La autoconciencia, primer componente de la inteligencia emocional, puede definirse como la capacidad del individuo de comprensión de las emociones, los puntos fuertes, las debilidades, las necesidades y los impulsos de uno mismo. Es por tanto el componente sobre el que se construyen las restantes capacidades de la inteligencia emocional ya que ésta se produce una vez la información afectiva entra en nuestro sistema perceptivo.

Acorde con los trabajos desarrollados por Daniel Goleman (cuyos planteamientos nos orientarán a lo largo de este post) la autoconciencia, basada en el aforismo “conócete a ti mismo”, está íntimamente relacionada con el grado de vigilancia o estado de alerta del sujeto que le permite disponer de una conciencia exacta de lo que nos está pasando (en el cuerpo) o está sintiendo (en la mente), y coincide con la participación del individuo en los acontecimientos y la información del ambiente que le rodea.

Continuar leyendo en LegalToday.com
standard

Inteligencia emocional y abogados: cuando las emociones suman

12.09.2014 Categoría: Nuestra profesión Comentarios
Óscar León: Inteligencia emocional y abogados: cuando las emociones suman

Los abogados se han caracterizado secularmente por un dominio del conocimiento técnico jurídico, por lo que la capacidad de estudio y análisis ha sido esencial en su desarrollo profesional. Tan es así, que el abogado tradicional ha despreciado, si no marginado, todo lo relativo a la gestión de las emociones.

¿Para qué me sirven las emociones, se preguntaba? ¿No es suficiente que resuelva el asunto empleando al máximo mis conocimientos técnico-jurídicos?  ¿Qué me importa lo que sienta el cliente?, ¡bastante tengo con hacer mi trabajo! En este contexto, la prioridad absoluta del abogado ha sido el caso/encargo y no el cliente, de manera que las habilidades intelectuales (hard skills) ha prevalecido en demérito de las habilidades emocionales (soft skills). Es más, al lidiar con emociones negativas (lo cual es habitual en nuestra profesión), se las ha considerado un mal menor que hay que soportar.

Continuar leyendo en LegalToday.com

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies