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Quince máximas para controlar el contrainterrogatorio.

Óscar Fernández León: Oratoria y pedagogía procesal

Óscar FERNÁNDEZ LEÓN

Abogado

Diario La Ley, Nº 6, Sección Legal Management, 17 de Abril de 2017, Editorial Wolters Kluwer

LA LEY 3886/2017

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Resumen

El contrainterrogatorio, o interrogatorio que realiza el abogado al testigo que sostiene una versión contraria a la línea de defensa del interrogador, constituye una práctica forense compleja y, en ocasiones, frustrante. Debido a la predisposición del testigo a mantener su verdad, que coincide con la de la parte que lo ha propuesto, verá al abogado que lo contrainterroga con desconfianza, temor y hostilidad, por lo que esta modalidad de interrogatorio será todo menos segura, predecible, relajada o fácil. Este escenario ha sido terreno fértil para la elaboración de un conjunto de máximas destinadas a facilitar al abogado contrainterrogador unas reglas estratégicas que le faciliten la ejecución del interrogatorio con visos de alcanzar el éxito o, al menos, no ver perjudicada su credibilidad en esta fase tan transcendente.

INTRODUCCIÓN

El interrogatorio del testigo suele dividirse en dos partes bien diferenciadas: el interrogatorio directo y el contrainterrogatorio. A través del primero, el abogado interroga al testigo propuesto por él o a un testigo cuyo testimonio favorezca a su defensa del caso. Por el contrario, el contrainterrogatorio es el que lleva a cabo el abogado al testigo que ya ha depuesto en el interrogatorio directo.

En el interrogatorio directo, el abogado dispone de absoluta seguridad de lo que el testigo responderá y, por lo tanto, su interrogatorio se dirigirá a confirmar la credibilidad del testigo y su relato de los hechos. Por el contrario, en los casos del contrainterrogatorio, el abogado puede tener una amplia certeza de lo que el testigo va a responder, bien porque tiene constancia efectiva de ello (especialmente a través del interrogatorio directo que le precede) o porque la lógica hace presumir que la respuesta será en tal sentido; no obstante, a pesar de toda prevención, el riesgo de que un contrainterrogatorio mal preparado pueda perjudicar nuestra defensa siempre es altísimo.

La presente colaboración tiene por objeto examinar las máximas o reglas del contrainterrogatorio que la práctica del foro nos ha ido dejando con el transcurso de los años y que, bien empleadas por el abogado, pueden ayudarnos a realizar un contrainterrogatorio verdaderamente estratégico.

 

I. SÓLO SE PROCEDE A INTERROGAR CUANDO SE TIENE UN OBJETIVO RELEVANTE Y ALCANZABLE

El interrogatorio, acorde con su fin estratégico, solo procede…

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En juicio, a veces la mejor pregunta es la que no se hace

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Una de las deficiencias más acusadas que se observan durante el interrogatorio realizado a una parte, testigo o perito, radica en que las preguntas formuladas no aportan nada a la línea de defensa de quien interroga.

En ocasiones, estas preguntas superan el control de legalidad, aunque a efectos del interrogatorio resultan inocuas e intrascendentes en su conjunto y contexto; en otras ocasiones, se enfrentarán a la interpelación más que justificada del juez:

Sr. Letrado, esa pregunta ya ha sido respondida anteriormente.

Abogado, esa pregunta es impertinente.

Sr. Letrado, concrete su pregunta.

Alguna pregunta más Sr. Letrado…

Esta práctica trae su causa en una defectuosa preparación del interrogatorio, falta que, a su vez, deriva de la ausencia de un objetivo claro y preciso a la hora de abordar todo interrogatorio. Unido a lo anterior, encontramos una costumbre bastante perniciosa, por la cual el abogado se siente “obligado” a interrogar y no dejar pasar la ocasión sin intervenir (quizás en la confianza de poder obtener algún resultado, lo que los anglosajones denominan ir de fishing expedition o porque el cliente, presente en el juicio, no ha sido advertido de la posibilidad estratégica de no preguntar).

Sin embargo, podemos afirmar que dicha práctica es contraproducente y perniciosa para la defensa, afirmación que se resume perfectamente en el dicho “A veces, la mejor pregunta es la que no se hace”. Y si éste no queda claro, hay otro más elocuente: “No existen malas respuestas, sino malas preguntas”.

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¿Debe el juez interrogar al testigo antes que los abogados?

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No es infrecuente que durante el desarrollo del juicio el juez proceda a interrogar a algún testigo solicitándole información aclaratoria sobre los hechos que han sido objeto de su declaración. En otras ocasiones, menos frecuentes, el juez, antes que los letrados hayan comenzado con el interrogatorio, realiza una batería de preguntas al testigo para, a continuación, invitar a aquéllos a comenzar con el interrogatorio. Esta última situación, objeto de examen en este post, es vista con cierto recelo por parte de los abogados, quienes ven en esta actuación del juez una pérdida del sentido y finalidad la propia prueba testifical.

Pero antes de examinar dicho proceder, es necesario realizar algunas consideraciones sobre la intervención judicial durante la práctica de la prueba testifical.

Dispone el artículo 372.2 de la LEC que “con la finalidad de obtener aclaraciones y adiciones, también podrá el tribunal interrogar al testigo”[1]. Esta facultad, integrada en la facultad directiva del juez deberá ejercitarse con suma prudencia y en perfecta coherencia con los principios dispositivo (las partes puedan disponer de las materias objeto del proceso) y de aportación de parte, recogido en los artículos 216 y 282 de LEC, preceptos que transcribimos a continuación:

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¿Debo anticipar las debilidades de mi caso cuando informo e interrogo?

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Cuando los abogados intervenimos en juicio en primer lugar, tanto al interrogar como al informar, solemos plantearnos el dilema de si conviene o no anticipar nuestras debilidades a través del interrogatorio (debilidades del testigo) o del informe oral (argumentos adversos). El problema de tal controversia radica en que adelantar las debilidades es una cuestión delicada, ya que si las oculto, pueden aparecer con más fuerza a través del letrado adverso; por el contrario, de hacerlo, estaríamos jugando verdaderamente con fuego.

¿Qué hacer pues?

En mi opinión, cuando el testigo adolece de alguna debilidad que pudiera perjudicar su credibilidad o la de su testimonio es conveniente sacarla a relucir a través del propio interrogatorio directo, de forma que nos anticipamos a que el abogado adverso lo haga durante el contrainterrogatorio y perjudique el testimonio ofrecido inicialmente. Imaginemos que nuestro cliente tiene antecedentes penales, es alcohólico, drogadicto, etc. y dichas circunstancias pueden influir en su credibilidad.

 

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Repetir las preguntas al testigo, ¿Estrategia o infracción?

Óscar León: ¿Somos los abogados duros de oído?

Repetir las preguntas que ya han sido realizadas constituye generalmente un error de notable importancia en todo interrogatorio, sea directo o cruzado. Ello es lógico, puesto que si ya hemos efectuado dicha pregunta y ya ha sido respondida, nos guste o no la respuesta, el volver a realizarla inmediatamente va a suponer la llamada de atención del juez o la impugnación de la pregunta por capciosa por el letrado contrario. Igualmente, repetir las preguntas demuestra falta de preparación o falta de atención y concentración, situaciones que conducirán a la percepción en el juez de falta de credibilidad del abogado que interroga.

Las preguntas repetitivas son por tanto aquellas preguntas que, realizadas más de una vez durante el interrogatorio, versan sobre una materia que ya ha sido respondida por el testigo.

Estas preguntas pueden tener un origen voluntario, es decir, que el interrogador es plenamente consciente de la repetición o involuntario, en cuyo caso y como anticipamos, es un error a la hora de interrogar.

Centrándonos en el primero de los supuestos, la pregunta repetitiva estaría prohibida cuando el interrogador, a través de la repetición, pretende lograr alguna inconsistencia en la declaración del testigo respecto a lo ya declarado. En este caso la pregunta sería potencialmente capciosa, dado que lo que se pretende es inducir a error respecto a lo ya declarado anteriormente.

 P.- ¿Dónde se encontraba usted sobre las 22,30 horas?

R.- Sentado en el interior del bar junto a la ventana.

P.- ¿Estaba sentado para ver si se aproximaba María?

R.- No.

P.- ¿Pero usted sabía que María podía venir?

R.- Claro, yo …

P.- Entonces, ¿no estaba pendiente de la llegada de María junto a la ventana?

R.- Ya le he dicho que no.

Ahora bien, teniendo en cuenta que el interrogatorio consiste en la reformulación de la versión ya expuesta en el interrogatorio directo, y que la única forma de hacerlo es a través de las preguntas del contrainterrogatorio, entendemos que las preguntas podrán repetirse las veces que sean necesarias en el caso de que el testigo trate de evadir la respuesta a la misma. Es decir, puedo repetir mi pregunta siempre y cuando la misma no haya sido respondida explícitamente y sin rodeos.

Veamos un ejemplo en el que el testigo se niega a responder a una pregunta de respuesta sencilla.

P.- ¿Sr. López golpeo Luis a María?

R.- Bueno, yo sé que algunas veces discutían.

En estos casos el primer consejo es no perder la calma e insistir hasta que el testigo responda a la pregunta, siendo desaconsejable rendirse a la primera y continuar con otras preguntas.  Por ello, sin perder el control y de forma educada se le informará sobre su obligación de responder a la pregunta:

P.- Sí, lo entiendo, pero no ha respondido a mi pregunta, lo que quiero saber es si Luis golpeó a María.

Imaginemos que el testigo insiste en no responder claramente y nos contesta lo siguiente:

R.- Ya, ya, pero lo que quiero explicarle es que como todas las parejas, a veces tienen sus rifi-rafes y, ya se sabe…

Nuevamente, y esta vez con una expresión más seria y una entonación más segura habría que insistir:

P.- No está Vd. respondiendo a mi pregunta, por favor, contésteme si o no si presencio como Luis golpeo a María.

Si tras un par de intentos el testigo sigue en las mismas y no responde afirmando, negando o diciendo que lo desconoce, es hora de pedir el auxilio judicial y exponer al juez (si no ha intervenido ya de motu proprio) que el testigo no está respondiendo a la pregunta y que se solicita se le conmine a responder.

No veo aconsejable, durante la fase en la que estamos interactuando con el testigo, interrumpir su respuesta evasiva, puesto que a la vista de nuestras llamadas de atención, el propio testigo está perdiendo credibilidad al evadir una respuesta a una pregunta clara y precisa, perdiendo la imparcialidad que se le presume.

En definitiva, obtener la respuesta solicitada es un derecho de quien contrainterroga, y ante esta eventualidad, hemos de mantener la calma, ser respetuosos con el testigo, e insistir demandando la respuesta solicitada para, caso de ser negada, solicitar el auxilio del juez.

Finalmente, hay supuestos en los que la reiteración de la pregunta tiene como objeto llamar la atención  al juez sobre una respuesta ya ofrecida anteriormente y que, por cuestiones de mayor impacto, se procede a su reiteración. En tales casos, dependiendo de cómo se formulen, la información podrá ingresar en el juicio sin objeción por el juez.

P.- Por lo tanto, ¿usted vio como Luis cogió del coche un bate de béisbol?

R.- Sí.

P.- ¿Está usted seguro de lo que sacó del coche fue un bate de béisbol?

R.- Sí, estoy seguro.

En definitiva, en el universo del interrogatorio, hasta la repetición de las preguntas, fuera de la prohibición existente, puede incluso alcanzar un sentido estratégico.

 

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¿Cómo controlar al testigo durante el interrogatorio?

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Hablar del control del testigo durante el contrainterrogatorio viene referido a la actuación del abogado que interroga, dirigida a evitar que el testigo evada la respuesta a las concretas preguntas de las que va a ser objeto, bien porque no responda de forma específica a la pregunta o porque trate de fundamentar y justificar cada extremo del que es objeto de interrogatorio. Por lo tanto, controlar al testigo supone que éste responda con la máxima concreción a las preguntas que se le realicen durante el contrainterrogatorio.

No es fácil controlar el desarrollo del contrainterrogatorio, pues nos vamos a enfrentar a un testigo que ya ha aportado su versión de los hechos durante el interrogatorio directo[1], y que está siendo sometido a una revisión de su versión (y lo sabe), por lo que es natural esperar que trate de reiterar y fundamentar la misma durante el contrainterrogatorio.

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¿Debe el abogado leer las preguntas durante el interrogatorio?

29.08.2016 Categoría: Mi Práctica diaria, Oratoria Sin comentarios
areasPRACTICAS

Aprovecho para enviaros un cariñoso saludo y daros la bienvenida una vez concluidas las vacaciones estivales (aunque me consta que más de uno lleva trabajando desde hace días).  Para mí, vuelve a ser un verdadero placer estar con vosotros y aportar mi granito de arena, si es posible, para mejorar las habilidades de nuestra profesión y, de este modo, contribuir a que seamos mejores abogados.

Hoy trataremos un tema que considero muy interesante y práctico, y que puede ayudarnos a ser más eficaces en el juicio oral y que aborda una práctica profesional que puede  mejorarse sustancialmente: la forma de realizar las preguntas durante el interrogatorio.

No es nada extraño encontrar en una sala de vistas a más de un abogado realizando los  interrogatorios mediante la lectura sucesiva de preguntas escritas. Sin embargo, si bien  esta práctica es en cierto sentido lógica, pues ofrece aparentemente más seguridad al profesional, creemos que puede ser altamente nociva y desaconsejable para la realización de un interrogatorio eficaz, y muy especialmente para el contrainterrogatorio.

Ciertamente, el elaborar por escrito un listado de preguntas ordenadas constituye un elemento que ayuda al abogado a la mejor preparación y planificación del interrogatorio, pues indudablemente supone un análisis y reflexión profunda de los términos en los que debe realizarse la prueba. Sin embargo, estos beneficios desaparecen cuando pasamos a la fase de ejecución del contrainterrogatorio, y por mucha seguridad que pueda darnos el llevar nuestras preguntas escritas, lo cierto es que los inconvenientes que se derivan de tal práctica aconsejan el cambio de estrategia.

Veamos de forma sintetizada los inconvenientes de leer las preguntas durante el contrainterrogatorio:

1º.- Al estar concentrados en la lista de preguntas (concretamente de la próxima pregunta) dejamos de estar pendientes de la respuesta del testigo, lo que va a motivar no solo que descuidemos el hilo conductor del interrogatorio, sino que perdamos oportunidades para introducir aclaraciones o concretar aspectos confusos o poco concretos o incluso para enfatizar informaciones esenciales.

2º.- Se merma nuestra capacidad para intervenir con plena concentración ante cualquier imprevisto (denegación de una pregunta, planteamiento de una impugnación de preguntas, respuesta agresiva de un testigo,  etc.)

3º.- Igualmente, ante cualquier imprevisto el abogado tendrá dificultades para reposicionarse y continuar el interrogatorio en el orden y ritmo previsto.

4º.- Nuestra intervención pierde espontaneidad y frescura, lo que puede incidir en la atención que el juez esté prestando al interrogatorio.

5º.- El ritmo y la velocidad, que deben ser rápidos durante el interrogatorio, se verán afectados pues es muy difícil llevar el ritmo y a la vez estar pendientes de las preguntas. Además, inevitablemente se generarán entre pregunta y pregunta pausas y silencios nada recomendables durante el contrainterrogatorio.

6º.- Consecuencia de lo anterior, el testigo, que debe estar controlado por el abogado, se sitúa en una fase de comodidad en la que el pasa a mantener el control del contrainterrogatorio, sintiéndose más seguro.

Ante esta situación, considero que lo más apropiado para llevar a cabo el interrogatorio es, una vez estudiado el caso a conciencia, (lo cual es imprescindible) elaborar una ficha por cada testigo que nos facilite la práctica del contrainterrogatorio en función de las necesidades y exigencias del mismo. Esta ficha podría incluir los siguientes datos:

Objetivos: Nos referimos con ello al objetivo que se trata de obtener con el interrogatorio de este testigo.

Temas: Puntos esenciales y concretos de los hechos sobre los que girará el contrainterrogatorio.

Líneas del contrainterrogatorio: Hechos relevantes que pretendemos probar expresado a través de un específico y concreto mensaje fáctico que se pretende enviar al juez respecto de una prueba o de un tema en particular. Cada objetivo y tema están compuestos por una o varias líneas de contrainterrogatorio.

Preguntas: Serán las preguntas con las que gestionaremos las líneas de contrainterrogatorio que disponemos. Estas preguntas no deben de estar determinadas en formato pregunta, bastando el tema básico de cada pregunta a fin de ser transformado como pregunta durante el juicio y en función de las circunstancias concurrentes.

Evidencias: Pruebas de referencia que puedan servirnos para confrontar las respuestas del testigo y apoyar nuestras afirmaciones. Nos referimos con ello a cualquier prueba como declaraciones previas del acusado, la víctima, el propio testigo, pruebas documentales, etc. Estas evidencias son claves para un buen contrainterrogatorio pues afianzan la seguridad que se requiere para el éxito del mismo.

Veamos un ejemplo de FICHA DE PLANIFICACION DEL CONTRAINTERROGATORIO DEL TESTIGO.

Objetivo 1.- Desacreditar al testigo.

                Tema 1: La parcialidad del testigo.

                               Líneas de contrainterrogatorio:

                                               1ª.- El testigo por sus relaciones profesionales y de amistad pretende beneficiar al acusado.

                                               Preguntas: Su actividad, tiempo que lleva trabajando en el bar con el acusado, posible amistad, indagar sobre el aprecio que tiene al acusado, razones para ayudarlo en juicio, grado de confianza sobre el mismo, consecuencias de la condena para su empleo.

                                                               Evidencias: Declaración sumario, declaración interrogatorio directo y testifical de Juan y Rocío, testigos más creíbles.

Objetivo 2.- Desacreditar el testimonio.

                Tema 1: Las apreciaciones sexistas del testigo.

Líneas de contrainterrogatorio:

1ª.-  Su testimonio está basado en apreciaciones personales sexistas.

               Preguntas: indagar en lo que el testigo entiende por “ser una chica provocativa”, extraer sus perjuicios, comparar con otras chicas que van al bar vestidas igual, demostrar su falta de imparcialidad juzgando a la víctima de forma diferente a otras chicas.

                           Evidencias: Reglas de la experiencia, sentido común,

                Tema 2: La capacidad de percepción auditiva del testigo.

                               Líneas de contrainterrogatorio:

                                               1ª.- El testigo no pudo escuchar la conversación que mantuvieron en el bar el acusado y la victima.

                                                               Preguntas: situación en la que se encontraba el testigo y la que se encontraba el acusado y la víctima, distancia, gente en el local, ruidos, imposibilidad de escuchar una conversación, que estaba haciendo el testigo, dificultad de la tarea, no puede hacer dos cosas a la vez.

                                                                              Evidencias: Medición del local, cálculo de la gente que había en el bar a esa hora, conocer sus tareas, interrogatorio del acusado, interrogatorio directo del testigo y de Juan y Rocío. Falta de credibilidad. Falta de coherencia interna y experiencia común.

                                Tema 3: Falsedad en la declaración sobre lo que ocurrió cuando el acusado regreso al bar.

                                   Líneas de contrainterrogatorio

                                               1ª.- El testigo miente sobre la conducta del acusado cuando regreso al bar.

                                                               Preguntas: indagar en lo que ocurrió cuando regreso al bar el acusado, que explique el estado físico del acusado ¿nervioso, asustado?, posible subida a otras dependencias para cambiarse y hacer desaparecer rastros de semen.

                                                                              Evidencias: Contradicción con la declaración de Juan y Roció (que se realizará antes de la suya)  personas conocidas en la zona y de buena fe demostrada (testigos más creíbles)

 

Por lo tanto, a través de esta planificación, dispondremos de una información valiosísima para, durante el interrogatorio, ir efectuando las preguntas que correspondan a cada objetivo, tema y línea de interrogatorio, sabiendo además la cobertura probatoria de la que disponemos.

Esto no es improvisación, y todo lo más será improvisación preparada, pues he tenido ocasión de practicarlo (cambiando mi anterior proceder) y si bien al principio puede costar algo de trabajo, las preguntas vienen solas y, a demás, en un contexto en el que se consigue mantener el ritmo del interrogatorio.

Si no lo haces ya, ¿Por qué no lo pruebas?…

 

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Cómo adaptar el interrogatorio en función del testigo y su testimonio

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Una de las reglas esenciales del buen interrogatorio parte de la base de la necesidad de disponer de un buen conocimiento del sujeto a interrogar y de la impresión o efecto psicológico que su testimonio haya causado o vaya a causar en los jueces. La razón de dicho principio reside en que la estrategia que vayamos a emplear durante el interrogatorio (incluso en la propia renuncia a interrogar) va a estar condicionada por diversos factores asociados a la persona del testigo y a cómo es percibido su testimonio por el juez.

Efectivamente, todo abogado sabe que no existe un testigo ni un testimonio cuyas circunstancias sean iguales, pues en aquel influirán factores tan dispares como el conocimiento de los hechos (presenciales o referenciales); su conocimientos técnicos; su tendencia a dar un testimonio imparcial o parcial; su faceta de colaborador de la Justicia; la intención o falta de ella de decir la verdad; su experiencia testificando; su desventaja a la hora de testificar: menores, personas ancianas, discapacitados, etc.

 

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Claves del contrainterrogatorio a un testigo hostil

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Contrainterrogatorio es el interrogatorio que realiza el abogado o el fiscal al testigo que sostiene una versión de los hechos contraria a los intereses de quien interroga. Esta modalidad es la típica que se emplea frente a un testigo hostil, o, aquel que realiza la acusación al acusado o la defensa a la víctima.

A continuación, y partiendo de dicha conceptuación, vamos a exponer diez claves para la preparación y ejecución de un contrainterrogatorio eficaz:

1.- Conocimiento del caso: Todo interrogatorio va precedido de un exquisito conocimiento de los antecedentes del caso y del papel que juega el testigo y su testimonio en la historia de aquel. De lo contrario, el interrogatorio estará condenado al fracaso. En el supuesto del contrainterrogatorio, con más motivo, puesto que el riesgo de encontrarnos ante un testimonio hostil es elevadísimo.

2.- Preparación: Al igual que en el contrainterrogatorio, es esencial la adecuada planificación del contrainterrogatorio, excluyendo así la improvisación y ausencia de un plan trazado, pues de lo contrario el interrogatorio quedará condenado al fracaso. Por preparación se entiende la elaboración de una estrategia en la que se establezca el objetivo, preguntas, secuenciación, ritmo, lenguaje verbal y no verbal, etc., recursos que nos permitirán ejecutar el interrogatorio con solvencia y seguridad.

3.- Objetivo: Los objetivos esenciales del contrainterrogatorio son la limitación de daños o limitación de los efectos negativos derivados del interrogatorio directo, el ataque a la credibilidad del testigo y desmontar relato para invalidar la declaración.

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En el interrogatorio, una vez te has anotado el tanto, ¡Por Dios, no sigas!

13.06.2016 Categoría: Mi Práctica diaria, Oratoria Comentarios
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Una de las reglas esenciales de todo contrainterrogatorio[2] es la que establece que el abogado debe cesar en su interrogatorio una vez que ha obtenido el objetivo que perseguía. Esta norma, de sencilla exposición, suele ser incumplida por muchos compañeros, lo que suele conducir a desastrosas consecuencias en el curso del interrogatorio.

Para conocer mejor el alcance de la misma es preciso partir de la base de otras dos reglas que constituyen su fundamento:

1ª.- Solo contrainterrogue con un objetivo claro y preciso.

2º.- No proceda a efectuar un contrainterrogatorio si no existen perspectivas de obtener un resultado útil, es decir, cuando no hay nada que ganar en términos probatorios.

Estas reglas nos enseñan que antes de proceder al contrainterrogatorio hemos de disponer de un objetivo claro (limitación de daños o limitación de los efectos negativos derivados del interrogatorio directo; ataque a la credibilidad del testigo; o ataque al testimonio desmontando el relato para invalidar la declaración), y solo en el supuesto de que a través del interrogatorio podamos alcanzarlo estaremos facultados para proceder al mismo. Por el contrario, incluso en el caso de disponer de un objetivo claro, si las circunstancias limitan ampliamente las perspectivas de conseguir algún resultado, hemos de desechar la práctica del interrogatorio.

Aclarado este punto, y una vez tomada la decisión de contrainterrogar (al disponer de un objetivo definido y de una perspectiva de conseguir un resultado favorable) , el abogado deberá tener en su mente la necesidad de aplicar la regla que hoy analizamos, es decir, una vez que somos conscientes de que se ha conseguido el objetivo hemos de cesar de interrogar, cese que se refiere a la conclusión del contrainterrogatorio en su totalidad, o respecto a determinada temática para continuar interrogando sobre otros extremos.

La razón es obvia: si persistimos en nuestro interrogatorio tras haber alcanzado nuestro objetivo y la máxima ventaja psicológica, el testigo , consciente de su error, puede escapar realizando aclaraciones, matizaciones, introduciendo así nuevos datos que reduzcan o eliminen la consistencia de lo anteriormente expuesto o situando lo declarado en un contexto diferente.

Pongamos un ejemplo que nos da Carofiglio a través de la transcripción de un interrogatorio real:  

Abogado: Así pues, ¿afirma usted que mi cliente le arrancó la oreja al ofendido?

Testigo: Sí

Abogado: ¿A qué distancia de la pelea se encontraba usted?

Testigo: A unos veinte metros, o puede que algo más.

Abogado: ¿Qué hora era, más o menos?

Testigo: Las nueve de la noche.

Abogado: Y ustedes estaban fuera, en el aparcamiento del supermercado, ¿es  exacto?.

Testigo: Sí, exacto.

Abogado: ¿El aparcamiento estaba iluminado?

Testigo: No mucho.

Abogado: ¿Podemos decir que sucedió todo medio a oscuras?

Testigo: Pues sí, algo así, vamos, que no había mucha luz.

Abogado: En tal caso, permítame usted recapitular: los hechos ocurrieron a las nueve de la noche, en un aparcamiento mal iluminado, y usted se encontraba a más de veinte metros del lugar preciso donde se estaba desarrollando la pelea. ¿Es exacto?

Testigo: Exacto

Abogado: ¿Y pretende usted hacernos creer que en esas condiciones le fue posible ver cómo mi cliente le arrancaba a su adversario un pedacito de la oreja?

Testigo: Pero es que yo no lo vi arrancárselo…

Abogado: Entonces, ¿cómo sostiene usted que…?

Testigo: … yo lo que vi fue cómo luego lo escupía.

En el caso examinado, el abogado había logrado el objetivo de desacreditar el testimonio del testigo sobre la base de las condiciones de percepción, climáticas y atmosféricas justo cuando el el testigo dijo “Exacto”. Es en ese momento cuando debió dar por terminado el interrogatorio. Sin embargo, a pesar de ello, continúa y el testigo clarifica su testimonio, indicando que lo que vio es como escupía el pedazo de oreja.

Los grandes enemigos de esta regla lo constituyen los comentarios sarcásticos, la ironía, extraer conclusiones o valoraciones, que no son más que muestras de una arrogancia mal entendida de exaltar nuestro triunfo ante el testigo. Los estadounidenses añaden la conducta conocida como guild the lily o recrearse haciendo nuevas preguntas que no aportan nada al interrogador pero que facilitan el escape del testigo.

Por ello, el mejor consejo en este caso es tener muy clara esta regla en mente y, con modestia, cesar el interrogatorio o como indicaba el famoso abogado litigante Max Steuer “When you have scored your point on cross-examination, for heaven´s sake, quit! (En el interrogatorio, una vez que te has anotado el tanto, por Dios, no sigas)

Complemento de esta regla, en los casos en los que se da por terminado el interrogatorio, es importante expresar el “No hay más preguntas” empleando un lenguaje verbal y no verbal que evidencie que se ha alcanzado el objetivo pretendido. En los casos en los que hemos de continuar con el interrogatorio sobre otros temas, lo más conveniente y eficaz es crear un silencio forzado, más extenso de lo habitual, a fin de que la respuesta favorable a nuestros objetivos quede en el aire y sea percibida en toda su extensión por el juez y, en su caso, el jurado.

 

 

 

[1] Max Syuer, citado por P.M: Brown en The Art of Questioning; Thirty maxims of cross-examination. New York 1987.

[2] Contrainterrogatorio es aquel al que somete una parte procesal al interrogado que mantiene una versión de la historia contraria a los intereses de quien interroga

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