interrogatorios Archive

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¿Qué orden debo seguir al interrogar al testigo? ¿Cronológico o temático?

mazo-reloj

Un capítulo de enorme interés a la hora de preparar el interrogatorio del testigo lo constituye el orden que voy a seguir al organizar las preguntas, o lo que es lo mismo, cómo se va a exponer la información que los testigos irán suministrando a través de su narración.

Para abordar esta cuestión hemos de tener en cuenta la modalidad de interrogatorio que vayamos a realizar, pues las diferencias serán sustanciales si nos enfrentamos a un interrogatorio directo o a un contrainterrogatorio[i].

Interrogatorio directo.

Tratándose del interrogatorio directo, la mayoría de los expertos recomiendan la secuenciación del mismo a través del orden cronológico, es decir, mediante una narración que siga un orden temporal de los hechos conocidos por el testigo.

El fundamento de la estructuración cronológica del relato encuentra su fundamento en que a través de la cronología organizamos nuestros pensamientos, pues es la forma habitual en la que las personas nos comunicamos, estando más que demostrado que a través de un relato cronológico la información que recibimos se procesa más fácilmente que si se tratara de una exposición no cronológica y aleatoria.

De esta forma, a través del orden cronológico el juez accederá a una información clara con suma facilidad, lo que auxiliará,…

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¿Son los testigos realmente imparciales?

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La LEC, al igual que la LECrim, no ofrece en su articulado una definición del testigo, si bien a través de sus artículos 360 y 361 nos suministra algunas de las características del mismo:

Artículo 360 Contenido de la prueba

Las partes podrán solicitar que declaren como testigos las personas que tengan noticia de hechos controvertidos relativos a lo que sea objeto del juicio.

Artículo 361 Idoneidad para ser testigos

Podrán ser testigos todas las personas, salvo las que se hallen permanentemente privadas de razón o del uso de sentidos respecto de hechos sobre los que únicamente quepa tener conocimiento por dichos sentidos.

Los menores de catorce años podrán declarar como testigos si, a juicio del tribunal, poseen el discernimiento necesario para conocer y para declarar verazmente.”

Esta ausencia conceptual ha motivado que las definiciones existentes sean de origen jurisprudencial. En tal sentido, encontramos muy apropiadas las siguientes, que nos sirven para conceptuar esta figura cualquiera que sea el orden jurisdiccional:

“testigo es la persona física que, sin ser parte en el proceso, es llamada a declarar, según su experiencia personal, acerca de la existencia y naturaleza de los hechos conocidos con anterioridad al proceso, bien por haberlos presenciado como testigo directo, bien por haber tenido noticia de ellos por otros medios como testigo de referencia” (STS de 20 de mayo de 2008)

“…Testigo es tercero, es decir, una persona ajena al proceso, que aporta al mismo, declarando sobre ello, unos hechos que ha presenciado (visto u oído), o que le han contado(SAP de Madrid de 19 de abril de 2006)

Partiendo de las definiciones anteriores y teniendo en consideración la normativa reguladora de la prueba testifical, podemos destacar como características que configuran al testigo las siguientes:

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La brevedad, el manjar predilecto de los jueces.

31.10.2016 Categoría: Mi Práctica diaria, Oratoria 1 Comentario
Despacho 1-122

Te escribo tan largo porque no he tenido más tiempo de escribir más corto. Dicho Popular.

Entre las cualidades de la oratoria forense se encuentra la brevedad, una virtud fácil de destacar como adorno del buen orador pero verdaderamente difícil de practicar en el foro. Con todo, en los tiempos que corren, la brevedad es más necesaria que nunca, especialmente a la hora de interrogar e informar ante los juzgados y tribunales.

En su obra más célebre El Alma de la Toga,  don Ángel Ossorio, citando a un magistrado viejo que aconsejaba a un abogado joven  nos dice “que la brevedad es el manjar predilecto de los jueces. Si hablas poco te darán la razón aunque no la tengas… y a veces, aunque la tengas”, sentencia ésta que se complementa a las mil maravillas con la frase de Mirabeu “la brevedad es la pasión de los jueces”.

Ciertamente, los jueces y magistrados, por razón de los endémicos problemas de nuestra Administración de Justicia  se ven en la necesidad de prestar atención a interrogatorios e informes orales ininterrumpidamente durante horas, escuchando historias, argumentaciones y, como dice Ossorio, divagaciones en algunos casos idénticas, situación ésta que conduce en muchos casos a un cansancio y agotamiento,que se antojan contrarios a lo que la reflexión forense aconseja.

¿Es lógico pues pensar que si los letrados sabemos dominar y aprovechar esta cualidad oratoria no se prestará una mayor atención a nuestras intervenciones?

La respuesta a esta cuestión es lógicamente afirmativa, pues si la finalidad del interrogatorio e informe es enteramente persuasiva, para que nuestro mensaje llegue al auditorio será necesario mantener la atención del juez y esto sólo se consigue de forma que nuestra exposición sea clara, concreta y concisa, o lo que es lo mismo, que sea breve[1].

Pero con independencia de las razones de saturación que merma la atención de los jueces, la brevedad es siempre recomendable para el abogado pues su intervención siguiendo las reglas de la concisión va a suponer, como señala Ossorio, condensar, achicar y extractar antecedentes y argumentos, escatimando palabras y vivificando la oración a expensas de sus dimensiones, acción que si bien requerirá un extraordinario esfuerzo y trabajo al abogado, éste tendrá su recompensa en la potenciación y mejora de una habilidad esencial no sólo en estrados, sino en el ejercicio de cualquiera de las múltiples tareas que desarrolla el abogado fuera de los juzgados.

¿Y cómo podemos conseguir ser breves?

En mi opinión, durante el interrogatorio, dominando el empleo de las diversas modalidades de preguntas en función del tipo de interrogatorio y testigo, y siguiendo una estrategia clara en la que los objetivos, organización y secuenciación del interrogatorio estén previamente determinados, sin olvidar prescindir de la tan perjudicial lectura de las preguntas. Sólo de esta forma, se evitarán rodeos, repeticiones y disquisiciones inútiles para alcanzar los objetivos del mismo.

Respecto del informe oral, llegaremos a la brevedad siguiendo las siguientes reglas:

-          Trasladando al juez los problemas de hecho y los problemas jurídicos debatidos;

-          Evitando tratar puntos superfluos o de escaso interés para el asunto

-          Evitando de reproducir documentos o argumentos que constan en autos y que el juez puede constatar fácilmente;

-          Resumiendo la valoración de la prueba practicada en varias ideas y,

-          Si es posible, no agotando al máximo el tiempo preestablecido (por nosotros), siendo incluso más conveniente para la eficacia del informe parar cuando el juez se encuentre interesado por el alegato antes que cuando haya perdido interés.

Ahora bien, la brevedad no puede identificarse con una limitación temporal de nuestra intervención (tan de moda en estos tiempos), pues el abogado debe disponer de libertad paraexponer su informe, ya que toda restricción puede suponer una verdadera merma al derecho de defensa. Ahora bien, para ello tendremos que exponerlo con la máxima concisión, siempre con una duración proporcional a la complejidad del asunto, tratando de aplicar todas y cada una de las reglas que harán que aquél sea objeto de verdadera atención por el juez.

Concluyo con otra cita muy apropiada del maestro Ossorio:

Recuérdese la diferencia de cubicación entre una viña y el vino que se obtiene de ella. Proporción semejante debe haber entre el contenido de un pleito y su defensa oral.

 

[1] Lógicamente, pueden darse situaciones excepcionales en los que la falta de atención el juez no deriva del cansancio de la agenda judicial, materia en la que no vamos a entrar y que no es objeto de este post.

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¡Señoría, impugno la pregunta!

abogado-juicio[1]

El artículo 369 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, dedicado a la impugnación de la admisión de las preguntas y protesta contra su inadmisión, dispone: 1. En el acto mismo del interrogatorio, las partes distintas de quien haya formulado la pregunta podrán impugnar su admisión y hacer notar las valoraciones y calificaciones que estimen improcedentes y que, a su juicio, debieran tenerse por no realizadas. 2. La parte que se muestre disconforme con la inadmisión de preguntas, podrá manifestarlo así y pedir que conste en acta su protesta. A través de dicho precepto de la vigente LEC se incluyó como novedad en nuestra normativa procesal la posibilidad de impugnar durante el acto del juicio la pertinencia de las preguntas que el juez admita, disposición que hemos de poner en conexión con los artículos que regulan la inadmisibilidad de las preguntas en los interrogatorios, a saber:

 

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