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La brevedad, el manjar predilecto de los jueces.

31.10.2016 Categoría: Mi Práctica diaria, Oratoria 1 Comentario
Despacho 1-122

Te escribo tan largo porque no he tenido más tiempo de escribir más corto. Dicho Popular.

Entre las cualidades de la oratoria forense se encuentra la brevedad, una virtud fácil de destacar como adorno del buen orador pero verdaderamente difícil de practicar en el foro. Con todo, en los tiempos que corren, la brevedad es más necesaria que nunca, especialmente a la hora de interrogar e informar ante los juzgados y tribunales.

En su obra más célebre El Alma de la Toga,  don Ángel Ossorio, citando a un magistrado viejo que aconsejaba a un abogado joven  nos dice “que la brevedad es el manjar predilecto de los jueces. Si hablas poco te darán la razón aunque no la tengas… y a veces, aunque la tengas”, sentencia ésta que se complementa a las mil maravillas con la frase de Mirabeu “la brevedad es la pasión de los jueces”.

Ciertamente, los jueces y magistrados, por razón de los endémicos problemas de nuestra Administración de Justicia  se ven en la necesidad de prestar atención a interrogatorios e informes orales ininterrumpidamente durante horas, escuchando historias, argumentaciones y, como dice Ossorio, divagaciones en algunos casos idénticas, situación ésta que conduce en muchos casos a un cansancio y agotamiento,que se antojan contrarios a lo que la reflexión forense aconseja.

¿Es lógico pues pensar que si los letrados sabemos dominar y aprovechar esta cualidad oratoria no se prestará una mayor atención a nuestras intervenciones?

La respuesta a esta cuestión es lógicamente afirmativa, pues si la finalidad del interrogatorio e informe es enteramente persuasiva, para que nuestro mensaje llegue al auditorio será necesario mantener la atención del juez y esto sólo se consigue de forma que nuestra exposición sea clara, concreta y concisa, o lo que es lo mismo, que sea breve[1].

Pero con independencia de las razones de saturación que merma la atención de los jueces, la brevedad es siempre recomendable para el abogado pues su intervención siguiendo las reglas de la concisión va a suponer, como señala Ossorio, condensar, achicar y extractar antecedentes y argumentos, escatimando palabras y vivificando la oración a expensas de sus dimensiones, acción que si bien requerirá un extraordinario esfuerzo y trabajo al abogado, éste tendrá su recompensa en la potenciación y mejora de una habilidad esencial no sólo en estrados, sino en el ejercicio de cualquiera de las múltiples tareas que desarrolla el abogado fuera de los juzgados.

¿Y cómo podemos conseguir ser breves?

En mi opinión, durante el interrogatorio, dominando el empleo de las diversas modalidades de preguntas en función del tipo de interrogatorio y testigo, y siguiendo una estrategia clara en la que los objetivos, organización y secuenciación del interrogatorio estén previamente determinados, sin olvidar prescindir de la tan perjudicial lectura de las preguntas. Sólo de esta forma, se evitarán rodeos, repeticiones y disquisiciones inútiles para alcanzar los objetivos del mismo.

Respecto del informe oral, llegaremos a la brevedad siguiendo las siguientes reglas:

-          Trasladando al juez los problemas de hecho y los problemas jurídicos debatidos;

-          Evitando tratar puntos superfluos o de escaso interés para el asunto

-          Evitando de reproducir documentos o argumentos que constan en autos y que el juez puede constatar fácilmente;

-          Resumiendo la valoración de la prueba practicada en varias ideas y,

-          Si es posible, no agotando al máximo el tiempo preestablecido (por nosotros), siendo incluso más conveniente para la eficacia del informe parar cuando el juez se encuentre interesado por el alegato antes que cuando haya perdido interés.

Ahora bien, la brevedad no puede identificarse con una limitación temporal de nuestra intervención (tan de moda en estos tiempos), pues el abogado debe disponer de libertad paraexponer su informe, ya que toda restricción puede suponer una verdadera merma al derecho de defensa. Ahora bien, para ello tendremos que exponerlo con la máxima concisión, siempre con una duración proporcional a la complejidad del asunto, tratando de aplicar todas y cada una de las reglas que harán que aquél sea objeto de verdadera atención por el juez.

Concluyo con otra cita muy apropiada del maestro Ossorio:

Recuérdese la diferencia de cubicación entre una viña y el vino que se obtiene de ella. Proporción semejante debe haber entre el contenido de un pleito y su defensa oral.

 

[1] Lógicamente, pueden darse situaciones excepcionales en los que la falta de atención el juez no deriva del cansancio de la agenda judicial, materia en la que no vamos a entrar y que no es objeto de este post.

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Los medios de defensa del abogado ante sanciones y correcciones impuestas en juicio.

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Partiendo de la premisa de que tanto el abogado como el juez están obligados a actuar en los juzgados y tribunales con buena fe, lealtad y respeto, lo cierto es que en ocasiones pueden producirse momentos de tensión entre ambos, escenarios éstos que pueden requerir del abogado el empleo de los procesales a su alcance para la defensa de sus derechos profesionales. Por lo tanto, es de vital importancia que éste los conozca y sepa cuándo y cómo utilizarlos.

Con estos antecedentes, es objeto del presente post examinar los diversos medios remedios legales de los que disponemos los abogados, sin entrar en consideración alguna sobre las causas que dan lugar a estas situaciones.

Expuesto lo anterior, pasamos a examinar los siguientes aspectos:

1º.- Autocontrol como respuesta.

Siempre que se produzca una fase de tensión entre juez y abogado y sea cual sea la situación que la origine, el abogado debe ser ante todo prudente, muy racional y responsable de sus actos,

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¿Es importante para los jueces el informe o alegato final del abogado?

14.03.2016 Categoría: Mi Práctica diaria Comentarios
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Hablar de la importancia del informe forense conduce inevitablemente a reflexionar sobre la creencia, en la que participan muchos letrados, de que el informe oral es un trámite que tiene escasa utilidad y relevancia, ya que, según dicho parecer, tras la práctica de la prueba en el acto del juicio oral los jueces ya tienen decidido el sentido del fallo. Ante esta tesitura, señalan que poco van a aportar las conclusiones o argumentos del letrado para cambiar dicha decisión. En cuanto a los informes que pudieran evacuarse en segunda instancia o casación, la misma opinión reside en que al estar toda la prueba practicada, valorada y argumentada por el juez de primera instancia, constando además los escritos de parte recurriendo u oponiéndose, los magistrados pueden formarse una opinión definitiva sin necesidad de escuchar informe alguno. De hecho, en los supuestos de apelación y casación, son precisamente los magistrados quienes son poco propicios a acordar la celebración de vistas, lo que da a entender el escaso valor que le dan en dicha instancia.

En mi opinión, basada en mi propia experiencia y en lo que he podido conocer a través de conversaciones con jueces, el informe oral es un trámite procesal de enorme importancia que siempre es considerado por éstos a la hora de adoptar una resolución. Trataré de explicar esta conclusión con detalle.

El informe oral constituye un trámite en el que las partes valoran las pruebas practicadas y plantean sus argumentaciones jurídicas a la vista de dicha valoración, se antoja más que necesario para fundamentar, de hecho y de derecho la pretensión de cada parte con el fin de que el juez se ilustre a fin de adoptar una u otra tesis. Es decir, con este trámite contradictorio, se facilitan al Juez los datos esenciales de la problemática del pleito, fáctica y jurídica, alcanzando éste con mayor facilidad la comprensión que le llevará a la resolución del caso ¿No es esto ya suficiente para considerar la importancia del informe?

Por otro lado, en mi práctica profesional (y en la de muchos de mis compañeros), he podido constatar que los jueces escuchan con interés los alegatos de los abogados y fiscales, manifestando con sus actos de comunicación no verbal un verdadero interés por el contenido de nuestras alegaciones. La mirada con atención e interés, la toma de notas cuando se cita algún argumento clave (que luego se ve reflejado en la sentencia), los gestos faciales considerando un determinado planteamiento, son indicios claros de la importancia del informe. Lógicamente, de todo hay en la viña del Señor, y en alguna que otra ocasión he tenido una experiencia frustrante a la hora de informar. He vivido desde el repaso por el Juez de autos correspondientes a los juicios posteriores hasta manifestaciones no verbales, muestra descarada de un evidente aburrimiento ante el informe de ambos letrados. Sin embargo, han sido situaciones excepcionales.

En mi opinión, la clave de la eficacia del informe reside en la necesidad de que éste siga una serie de pautas que lo hagan verdaderamente atractivo, en el sentido de estar dotado de los elementos necesarios para que la posible convicción que haya podido alcanzar el juez se vea confirmada o sea reconsiderada tras el informe.

No podemos olvidar que los jueces están saturados de pleitos y escuchar cada día numerosos informes orales , pesando además sobre ellos una enorme carga de trabajo, lo que los hace probablemente poco proclives a escuchar con la necesaria atención un informe oral en el que no concurran elementos como la brevedad, concisión, orden, claridad, valoración de la prueba y ordenada argumentación, etc. Por el contrario, de concurrir los mismos, estoy convencido de que el informe oral será de extraordinario valor para el juez al llamar su atención e interés y, en consecuencia, una herramienta eficaz para el abogado (este tema se desarrolla en el post http://www.legaltoday.com/blogs/gestion-del-despacho/blog-manual-interno-de-gestion/como-deberia-ser-el-informe-oral-para-persuadir-al-juez)

Por todo lo anterior, creo que el informe oral es clave para la defensa del caso encomendado, puesto que bien planteado, constituye la última oportunidad del abogado para convencer y persuadir al juez, quien a través de un buen informe, verá confirmado su posicionamiento tras la práctica de la prueba o, en otro caso, descubrirá nuevas vías que lo lleven hasta una conclusión diferente.

Para concluir, no estaría de más que hiciéramos examen de conciencia y valoráramos cómo exponemos el informe para, así, poder trabajar en mejorar nuestras destrezas, pues de este modo creceremos profesionalmente y, además, contribuiremos a la mejora de la Administración de Justicia.

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¿Qué esperamos los abogados de los jueces?

Despacho 1-122

Las relaciones entre abogados y jueces se manifiestan mediante el ejercicio de la función de defensa realizada ante los juzgados y tribunales, interactuando con los jueces a través de la comunicación escrita (mediante los escritos rectores del procedimiento, demanda y contestación, y otros escritos interlocutorios, recursos, etc.) u oral (cuando intervienen en actos judiciales orales como las vistas, audiencias previas, declaraciones de testigos, imputados, etc.)

Teniendo en cuenta que la interacción principal y más intensa se produce en los actos judiciales orales, vamos a realizar una serie de consideraciones prácticas sobre la conducta modélica que debe seguir el órgano judicial durante la intervención del abogado, materia ésta fundamental, ya que la escucha atenta y con interés del tribunal es esencial para un desarrollo del juicio con todas las garantías del justiciable.

Los abogados esperamos del juez el siguiente proceder:

1º.- Que el juez escuche su informe de forma atenta, con interés, pero impasible, sin muestras de aprobación ni de desagrado.

2º.- Que sepa decidir el momento oportuno para agilizar el desarrollo de las vistas, llamando la atención del abogado o de la parte que en sus intervenciones se separen notoriamente de las cuestiones que se debatan, instándoles a evitar divagaciones innecesarias (tanto en el informe como en los interrogatorios).

3º.-Que transmita a las partes confianza a través de un conocimiento pormenorizado del asunto que se examina, facilitando con ello la convicción del orador de que el mensaje llegará con claridad al destinatario.

4º.- El juez deberá de velar en ser respetuoso con la libertad de defensa.

5º.- Igualmente, deberá ser celoso guardián de la dignidad, de la gravedad y del orden en la sala.

Por el contrario, el juez deberá evitar caer en una serie de conductas perjudiciales para el desarrollo de las vistas, y muy especialmente para la conveniente recepción del mensaje oratorio. En este punto glosaremos algunas ideas recogidas por LLORCA ORTEGA en un libro homenaje al El alma de la toga en relación con actos que desvíen la atención del informe.

1º.- Los jueces deberán abstenerse de hablar entre si durante los informes.

2º.- Deberán abstenerse de despachar con el personal auxiliar asuntos que pueden -y deben- esperar otro momento;

3º.- Abstenerse de hacer entrega o recibir documentos o papeles ajenos a la vista;

4º.- De leer, salvo que se trate de comprobar algún extremo de las diligencias; de escribir salvo que tenga por finalidad recoger algún razonamiento de interés para el fallo o tomar nota de la jurisprudencia alegada;

5º.- Respetar la intervención de las partes, no invadiendo con la suya los papeles de las mismas.

6º.- Dejar de prestar la atención debida al informe, al considerar que los mismos hechos han servido para resolver otro procedimiento del que ya conoció.

7º.- Abstenerse de realizar muestras de aprobación o desagrado durante el informe de una parte, y menos aun, mirar furtivamente a una de las partes indicando cansancio o disgusto por la intervención de la otra parte.

8º.- Evitar interrumpir el informe de una de las partes, salvo por razones muy excepcionales, máxime cuando antes de comenzar el mismo pueden realizarse las prevenciones necesarias a las partes.

Para concluir, me gustaría reflexionar sobre la necesidad de que los abogados y jueces mantengan unas relaciones de respeto mutuo, cordialidad y confianza. Ello es absolutamente fundamental para el funcionamiento del sistema democrático y para el cumplimiento de las funciones que ambas profesiones tienen encomendadas. Abogados y jueces se encuentran día a día, como operadores jurídicos, colaborando con sus respectivas tareas al fortalecimiento de nuestra Administración de Justicia. Así, el abogado pide, solicita, apela, mientras que el juez falla, planos éstos que no excluyen la necesaria colaboración que debe presidir sus relaciones. Por lo tanto, el clima de concordia y respeto mutuo debe ser el contexto normal de las relaciones entre abogados y jueces precisamente para que cada cual cumpla la misión que legalmente les corresponde, lo que conducirá inevitablemente a que los derechos de los ciudadanos disfruten de la necesaria tutela judicial con plenitud de defensa[1].

No hemos de olvidar que, como representa la igualdad de altura de los estrados de las salas de vista o el uso de la toga, jueces y abogados se encuentran en un plano de igualdad, no habiendo superiores ni inferiores: simplemente son distintos[2]. La función del abogado tiene una paralela e inseparable importancia y trascendencia a la judicial. No en balde, constitucionalmente, la defensa constituye un derecho fundamental, sin el que no es posible una plena eficacia del principio de tutela judicial efectiva. Por ello, el papel de la Abogacía requiere una posición que en ningún momento se sitúe en un plano de supeditación o inferioridad, con consecuencias negativas en cuanto a la consideración y al reconocimiento que legalmente le corresponden.

En definitiva, concordia, respeto mutuo, colaboración y, sobre todo, conocimiento y una adecuada recíproca valoración de la función que ambas magistraturas (si, digo magistraturas) tienen reconocida en nuestra Constitución.

 

[1] DEL MORAL GARCIA, ANTONIO. La Abogacía vista desde el otro lado. Revista Abogados, noviembre 2012.

[2] MARTINEZ DEL VAL, Abogacía y Abogados. Edit. Bosch.

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¿Qué debemos saber los abogados sobre la valoración de la prueba pericial?

21.12.2015 Categoría: Mi Práctica diaria, Procesal Comentarios
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Hoy nos hacemos eco en nuestro blog de una interesante sentencia (AP de Almería de 27 de febrero de 2015, siendo Ponente el Magistrado don Laureano Francisco Martínez Clemente) cuyo conocimiento alcancé estudiando un asunto sobre servidumbre de medianera. Lo interesante del texto de la misma reside en que en su fundamentación jurídica se hace un exhaustivo examen de la prueba pericial en el orden civil y del proceso que se sigue por los jueces a la hora de valorar esta prueba.

Por ello, a continuación, y como necesario complemento del reciente post que publicamos sobre el interrogatorio del perito (http://oscarleon.es/consejos-para-el-interrogatorio-del-perito-por-el-abogado-litigante/)paso a reproducir las consideraciones más relevantes de la sentencia en cuanto a la función de la prueba pericial, los criterios que rigen su proceso de valoración, y otras cuestiones de interés.

La función de la prueba pericial es la de auxiliar al Juzgador en determinados aspectos relativos a una ciencia o arte, en cuanto los peritos, al tener conocimientos especializados, son llamados al proceso para aportar la máximas de experiencia que el Juzgador no posee o puede no poseer, y, para facilitar la percepción y la apreciación de los hechos objeto del debate. De ahí que el art. 348 de la vigente Ley de Enjuiciamiento Civil disponga que “el tribunal valorará los dictámenes periciales según las reglas de la sana critica ” y ello por cuanto la prueba pericial no es un medio probatorio ” stricto sensu “, dado su carácter auxiliar, que va dirigido a proporcionar al Juzgador conocimiento que éste no posee. Y en segundo lugar, porque los resultados de los dictámenes efectuados por los peritos no vinculan al Juez ni constituyen un medio legal de prueba sino que el Juzgador debe valorar dichos informes según las reglas de la sana critica, es decir, con criterios lógicos racionales, valorando el contenido del dictamen y no únicamente su resultado, en función de los demás medios de prueba o del objeto del proceso, a fin de dilucidar los hechos controvertidos, pudiendo el Juez optar por el más conveniente de los varios informes aportados o emitidos, si los hubiere, debiendo entenderse como normas de sana critica aquéllas coincidentes con los del natural raciocinio humano ( STS 6-10-1992 y 20-11-1993 ).

Por otro lado debe señalarse y en cuanto a la prueba pericial se refiere que tal y como señala el T.S. 1ª 16 marzo 1.999: “…La valoración de la prueba pericial debe realizarse teniendo en cuenta los siguientes criterios

a)      la prueba de peritos es de libre apreciación, no tasada valorable por el juzgador según su prudente criterio, sin que existan reglas preestablecidas que rijan su estimación, por lo que no puede invocarse en casación infracción de precepto alguno en tal sentido y

b)      las reglas de la sana crítica no están codificadas, han de ser entendidas como las más elementales directrices de la lógica humana y por ello es extraordinario que pueda revisarse la prueba pericial en casación, sólo impugnarse en el recurso extraordinario la valoración realizada si la misma es contraria en sus conclusiones a la racionalidad o conculca las más elementales directrices de la lógica. Así debe señalarse que no existiendo normas legales sobre la sana crítica y por tanto hay que atender a criterios lógico racionales, valorando el contenido del dictamen y no específicamente y únicamente su resultado en función de los demás medios de prueba o del objeto del proceso a fin de dilucidar los hechos controvertidos … “.

Aplicando estas reglas, el Tribunal, al valorar la prueba por medio de dictamen de peritos, deberá ponderar, entre otras, las siguientes cuestiones:

1º Los razonamientos que contengan los dictámenes, y los que se hayan vertido en el acto del juicio o vista en el interrogatorio de los peritos, pudiendo no aceptar el resultado de un dictamen o aceptarlo, o incluso aceptar el resultado de un dictamen por estar mejor fundamentado que otro: STS 10 de febrero de 1.994 .

2º Deberá, también, tener en cuenta el tribunal las conclusiones conformes y mayoritarias que resulten, tanto de los dictámenes emitidos por peritos designados por las partes, como de los dictámenes emitidos por peritos designados por el tribunal, motivando su decisión cuando no esté de acuerdo con las conclusiones mayoritarias de los dictámenes: STS 4 de diciembre de 1.989 .

3º Otro factor a ponderar por el tribunal deberá ser el examen de las operaciones periciales que se hayan llevado a cabo por los peritos que hayan intervenido en el proceso, los medios o instrumentos empleados y los datos en los que se sustenten sus dictámenes: STS 28 de enero de 1.995.

4º También deberá ponderar el tribunal, al valorar los dictámenes, la competencia profesional de los peritos que los hayan emitido, así como todas las circunstancias que hagan presumir su objetividad, lo que le puede llevar, en el sistema de la nueva L.E.C. a que se dé más crédito a los dictámenes de los peritos designados por el tribunal que a los aportados por las partes: STS 31 de marzo de 1.997.

 

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Invitación a conferencia en el Colegio de Abogados de Sevilla.

15.10.2015 Categoría: actualidad Comentarios
Óscar León: La autoformación del abogado: una apuesta segura

Estimados amigos, os adjunto invitación para la conferencia que daremos en el Colegio de Abogados de Sevilla el próximo jueves 22, y en la que trataremos por vez primera una serie de aspectos emocionales de la profesión que preocupan al colectivo de abogados. Se aportarán soluciones y alguna que otra herramienta.

Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla
c/ Chapineros, nº 6
41004 – Sevilla
Sevilla, 15/10/15

El próximo jueves 22 de Octubre dentro de la Serie “Taller de Gestión Despacho de Abogados” que suele organizar este Ilustre Colegio, se expondrá el tema “¿CÓMO GESTIONAR CON ÉXITO LAS INTERFERENCIAS EMOCIONALES DEL DIA A DIA DEL ABOGADO?” .

Lugar: Salón de Actos del Icas. C/Chapineros, 6
Hora: 20,00 horas.

Intervienen:

Óscar Fernández León, Abogado
Álvaro Fernández León, Economista y Especialista en Descodificación Natural.
Entrada libre hasta completar aforo

SÍNTESIS

Partiendo del contexto en el que intervenimos los abogados, la conferencia analizará las diversas interrelaciones que mantienen los abogados con clientes, jueces, funcionarios, otros abogados, etc., y las emociones negativas más habituales resultantes de dichas situaciones, y ello con especial examen de los mecanismos de respuesta más comunes que empleamos y de las herramientas que disponemos y que podemos emplear para superar dichos conflictos y así disfrutar de una profesión más eficaz, eficiente y, sobre todo, más satisfactoria.
En definitiva, el objetivo es ayudar a los abogados a que se conozcan y sepan que posibilidades tienen de mejorar su calidad de vida profesional.

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Elogio a la laboriosidad del Abogado.

8.06.2015 Categoría: Mi Práctica diaria Sin comentarios
LeonOlarte: Abogado, no juzgues a tu cliente

María, inclinada ante varios manuales de jurisprudencia que cubren por completo su mesa de trabajo y con la opinión legal a medio concluir, se da un respiro y, cansada, comprueba que se ha quedado sola en el despacho un día más; Rafael, encerrado en su oficina, gesticula graciosamente y recita a media voz, una vez más, su informe oral, comprobando que aún queda mucho que hacer para tenerlo dominado; Sara, molesta por el alto tono de la conversación telefónica que emplean algunos pasajeros del AVE, vuelve a centrarse en su ipad, analizando los puntos clave de la negociación que va a llevar a cabo en Barcelona; y Gerardo, ante su primera intervención en el Tribunal Supremo, espera impaciente y nervioso en la puerta de la Sala de Vistas, temeroso de que pueda quedarse en blanco y olvidar algunos de los puntos clave de su casación.

María, Rafael, Sara y Gerardo personalizan un día cualquiera en la vida de un abogado, una jornada en la que llevan a cabo algo que han hecho antes y que, a buen seguro, seguirán haciendo mañana de una u otra forma. Todos están aplicándose al trabajo, esforzándose por dar lo mejor de sí mismos para alcanzar sus objetivos profesionales.

Si bien el trabajo duro que desarrollamos los abogados pueden pasarse por alto por los clientes (lo que se hace extensivo a amigos y familiares), nosotros somos plenamente conscientes del esfuerzo que representa la defensa de sus intereses. Efectivamente, los clientes, cuando nos ven en acción (bien sea en un juicio, negociación o cualquier otra intervención en defensa de sus intereses), ni se plantean el trabajo que hay detrás de nuestra intervención, como tampoco se imaginan nuestros desvelos y la preocupación legítima que sufrimos por su asunto, legítima, pues somos conscientes de que a pesar de darlo todo, es posible que no recibamos nada.

Si, los abogados tenemos que ser laboriosos, no solo porque nuestra actividad conlleve necesariamente la realización de un trabajo, sino porque la laboriosidad entraña un plus sobre el mero cumplimiento de una obligación, transformándose en un verdadero valor o virtud, a través del cual el profesional realiza su actividad con esmero, centrado en el detalle, y orientado a la consecución del mejor resultado posible atendiendo a las circunstancias. De este modo, a través de la aplicación constante al trabajo dando lo mejor de sí mismo, el abogado crece, progresa y se transforma día a día.

Y si en otras actividades la laboriosidad puede ser menos ilusionante, en el caso de la práctica de la abogacía, el trabajo constante, serio, ordenado y finalista constituye el mejor motor para el crecimiento profesional basado en la excelencia del trabajo cotidiano, pues todos sabemos que no hay dos casos iguales, que cada cliente es diferente como lo es cada juez que resuelve el caso…Tantos matices, tantas situaciones y emociones en juego, hacen que nuestra aplicación al trabajo, constituya un silencioso reto ilusionante en el que siempre aprendemos algo, y ello a pesar de la espada de Damocles de una sentencia desfavorable, que siempre estará acechando a pesar de nuestra confianza y optimismo en nuestra defensa.

De hecho, tan es así que la laboriosidad nos premia no solo con la satisfacción del trabajo bien hecho, sino que, además, nos inculca habilidades esenciales para nuestra maduración profesional:

- Nos hace más constantes, tenaces y persistentes.
- Desarrollamos nuestra paciencia.
- Somos más resistentes al fracaso y más tolerantes a la frustración.
- Actuamos con una perspectiva a medio y largo plazo desterrando las conductas cortoplacistas que buscan la gratificación inmediata.
- Concedemos al trabajo un pleno sentido humano.
- Aprendemos a vivir con la renuncia, sabedores de que el esfuerzo merecerá la pena.

Pero, ojo, todo abogado, y muy especialmente los jóvenes abogados, deben evitar caer en conductas extremas relacionadas con el trabajo tales como la pereza o la adicción al trabajo. A través de la primera, el profesional ni se esfuerza ni dedica su tiempo al trabajo, perdiendo progresivamente su capacidad de entrega, lo que para un abogado es condena segura que se cumplirá a los pocos meses de comenzar el ejercicio profesional (Jaime Balmes decía con acierto que “un hombre con pereza es como un reloj sin cuerda”) Mediante la segunda, el abogado, dedicando todo su tiempo y esfuerzo al trabajo, se arriesga a perder no solo su capacidad laboral por el desgaste en la salud que tal conducta conlleva, sino que se verá rápidamente afectada su vida personal y familiar.

Por todo ello, aunque los clientes, amigos y familiares no puedan percibir adecuadamente nuestra laboriosidad, los abogados tenemos que darnos cuenta, y enorgullecernos del tesoro que, sin saberlo, encontramos cada día a través de nuestro trabajo, como encontraron la fortuna los hijos de aquel labrador del cuento de Esopo con el que aprovecho para despedirme…

El labrador, a punto de morir, quería que sus hijos tuvieran experiencia de agricultura. Un día los llamó a su lado y les dijo “Hijos míos, en una de mis viñas hay guardado un tesoro” Éstos, después de morir el padre, tomaron las rejas y layas y excavaron todo el labrantío, pero no encontraron el tesoro; en cambio, la viña les dio una cosecha excelente.

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Ejercer como abogado: un examen continuo.

23.02.2015 Categoría: Mi Práctica diaria Comentarios
Óscar León: La hoja de encargo y el abogado: todo ventajas

A veces vuelvo la mirada y descubro que mi ejercicio profesional ha sido un constante examen. Aunque no haya sido de forma explícita, lo cierto es que los jueces, clientes, compañeros de profesión, etc… me han estado sometiendo durante todos estos años a constantes exámenes sobre mis cualidades en los que, tras vivir determinadas experiencias, me he sentido suspendido o aprobado. Lógicamente, nunca me han entregado las calificaciones finales, pero mi capacidad de autoevaluación me ha permitido alcanzar una aproximación sobre la nota obtenida, lo que me ha ayudado luchar por mejorar como abogado.

Esta es una idea que los abogados, especialmente los más jóvenes, no deben olvidar. Cuando salimos de la Facultad, superamos las pruebas correspondientes, nos colegiamos, y comienzan los verdaderos exámenes ¿Te frustrabas cuando te suspendía el profesor de derecho civil inmerecidamente? Pues te frustrarás más cuando después de haber preparado un asunto a conciencia y tras una extraordinaria defensa en juicio, verás como tu acción declarativa de dominio es desestimada por el Juez ¿Te sonreías sorprendido cuando aprobaste aquel examen de derecho penal que no tenías preparado? Alucinarás cuando te llegue la resolución por la que el caso del acusado de estafa, en el que tenías nulas esperanzas, ha concluido con un fallo absolutorio.

Otro tanto ocurrirá con los clientes, esas personas de las que tanto dependes, quienes no se limitarán a evaluar tus conocimientos, pues ya presuponen que los tienes, pero que te observarán, analizarán y juzgarán por todas tus cualidades humanas, alcanzando a veces un veredicto que llevará aparejada el envenenamiento de la relación o, en el peor de los casos, la ruptura de la misma. Y qué decir, de los abogados contrarios; éstos, para hacer bien su trabajo, estarán siempre pendientes de cualquier señal que les ilustre sobre tus carencias técnicas, falta de habilidades personales o los condicionantes del caso que te vayan a impedir actuar en una u otra dirección.

¡Bienvenido al mundo real!

Sin embargo, esta escuela de la vida es de extraordinario valor para los abogados, pues a través de sus enseñanzas tenemos la oportunidad de crecer y mejorar continuamente como personas y como profesionales. En este escenario, los suspensos puntuales que nos ofrezcan las situaciones o las personas, nos espabilarán y sacarán de nuestra rutina, obligándonos a adoptar nuevos conceptos, ideas o estrategias que facilitarán nuestro crecimiento y por supuesto afinaran nuestro ingenio.

Por tanto, considero que el plantearse la abogacía como un examen permanente es bueno para el abogado, pues ello le ayudará a enfrentarse a los embates del destino con cierto optimismo, en el convencimiento de que los eventuales fracasos (que no lo dudes, surgirán durante esta larga travesía), servirán como piedra de toque para evaluarnos y así mejorar en el futuro.

¿Y qué necesitamos como compañeros en este largo viaje? Pues mucha autoconciencia, que nos permitirá sentarnos a evaluarnos; una gran dosis de tolerancia a la frustración, a fin de superar rápidamente las situaciones desagradables y no deseadas; y, cómo no, mucha humildad para evitar negar los propios errores o buscar excusas y culpables para no asumir nuestra responsabilidad, pues el cambio solo se produce desde la propia aceptación.

Y concluyo con un regalo que te hago; una cita de Ed Lond, el fundador de la compañía Polaroid: “Un error es un acontecimiento cuyos beneficios todavía no se han convertido en una ventaja” Reflexiona sobre ella, y ya verás como te ayudará a superar los próximos exámenes.

PROXIMO POST: El jueves, en legaltoday hablaremos sobre las recetas para el fracaso del abogado, diez consejos de expertos en negocios y desarrollo personal que te servirán de referente en los momentos difíciles.

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