juez Archive

standard

El juez y la reputación del abogado

16.02.2017 Categoría: Blog, Litigación y oratoria 1 Comentario

“Quizás la cosa más valiosa que un abogado tiene cuando actúa en los tribunales es su reputación. Consigue tres puntos con su imagen de franqueza y sensatez cuando inicia su breve y maravilloso alegato. Si su reputación es mala, no me importa lo que dice o cómo lo dice “es como si tratara de escalar una montaña de cristal con las botas empapadas en aceite””

Esta reflexión, quizás algo exagerada del juez estadounidense Charles D. Breitel, nos servirá de exordio para tratar un tema de notable interés para los abogados que actuamos en sala: la importancia de la reputación que construimos ante los jueces frente a los que intervenimos.

Para ello, hemos de partir de considerar que a medida que transcurren los años de experiencia, los abogados que defienden pleitos y causas suelen intervenir en sala con cierta periodicidad. Esta intervención, y muy especialmente en las ciudades de tamaño medio y pequeño o en los pueblos, conduce inevitablemente a que el juez de turno conozca perfectamente el estilo de los abogados de la localidad y, por tanto, disponga de una impresión sobre los mismos. En ciudades más grandes, y debido al gran número de juzgados y de abogados, probablemente no ocurra igual con todos los abogados que intervienen en juicio, pero aquellos letrados que estén muy especializados en determinada materia, serán sobradamente conocidos por los jueces.

Continuar leyendo en LegalToday.com
standard

¿Debe el juez interrogar al testigo antes que los abogados?

24.11.2016 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Sin comentarios

No es infrecuente que durante el desarrollo del juicio el juez proceda a interrogar a algún testigo solicitándole información aclaratoria sobre los hechos que han sido objeto de su declaración. En otras ocasiones, menos frecuentes, el juez, antes que los letrados hayan comenzado con el interrogatorio, realiza una batería de preguntas al testigo para, a continuación, invitar a aquéllos a comenzar con el interrogatorio. Esta última situación, objeto de examen en este post, es vista con cierto recelo por parte de los abogados, quienes ven en esta actuación del juez una pérdida del sentido y finalidad la propia prueba testifical.

Pero antes de examinar dicho proceder, es necesario realizar algunas consideraciones sobre la intervención judicial durante la práctica de la prueba testifical.

Dispone el artículo 372.2 de la LEC que “con la finalidad de obtener aclaraciones y adiciones, también podrá el tribunal interrogar al testigo”[1]. Esta facultad, integrada en la facultad directiva del juez deberá ejercitarse con suma prudencia y en perfecta coherencia con los principios dispositivo (las partes puedan disponer de las materias objeto del proceso) y de aportación de parte, recogido en los artículos 216 y 282 de LEC, preceptos que transcribimos a continuación:

Continuar leyendo en LegalToday.com
standard

Abogado, ¿conoces al juez que dirigirá el juicio?

11.04.2016 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Sin comentarios

Si quieres cruzar el río a nado no basta con que sepas nadar, sino que deberás conocer cómo es su corriente y profundidad. Pues bien, de forma similar, el abogado, si quiere intervenir en un juicio con eficacia, no basta con que tenga bien estudiado el caso y preparados los interrogatorios y el informe oral, sino que debe conocer la forma en la que el juez dirige dicho acto judicial.

Imagina que tienes un juicio y cuando llega el turno de presentar tus conclusiones el juez te dice que dispones de cinco minutos para informar. Supón que aun disponiendo de una buena técnica de interrogatorio, el juez te llama la atención en reiteradas ocasiones debido a la forma “incorrecta” en la que haces las preguntas al testigo. Finalmente, figúrate que al comenzar el juicio el juez adopta una actitud vehemente dirigida a que las partes alcancen una transacción, transmitiéndote que te conviene llegar a un acuerdo porque si no….

En todas estas situaciones, es obvio que el abogado se llevará una sorpresa, a modo de verdadero imprevisto, que podría haber sido evitada de haber actuado con más prevención preocupándose de conocer mínimamente al juez. Y lo peor es que tal imprevisto puede afectar seriamente las posibilidades de defensa del asunto, lo que nos demuestra la importancia vital que tiene conocer la forma en la que el juez dirige el acto judicial.

Profundizando algo más en el tema, considero que esta necesidad del conocimiento del juez encuentra su fundamento en dos perspectivas complementarias. Una primera, la formal o procesal y otra, la emocional.

Respecto a la primera, nos referimos al conocimiento de determinados aspectos que, vinculados a la forma de actuar del Juez, puede ayudarnos a desarrollar nuestra actividad en cualquier litigio con la máxima eficacia, si bien, dicho conocimiento tendrá que centrarse en aquellos aspectos que puedan tener, directa o indirectamente, alguna repercusión tanto en la preparación del juicio como en el momento de celebración de dicho acto.

A modo de ejemplo, destaco algunos de los factores, entre otros muchos, a tener en consideración en cuanto a la forma de actuar los Jueces en sala durante el juicio:

–          Si el Juez proactivo, en el sentido de que mantiene una comunicación abierta con los letrados durante la celebración o es por el contrario distante y formalista, es decir, que limita sus intervenciones a la conducción del acto procesal dando escasa participación a los letrados.

–          Si conduce el juicio agotando todos y cada uno de los trámites establecidos en la norma procesal o si limita su actuación a algunos de estos, obviando otros.

–          Si es propenso a facilitar una transacción entre las partes al inicio del acto del juicio.

–          Si es flexible en los interrogatorios, en el sentido de permitir a los letrados que entren a fondo en los interrogatorios, interrumpiendo en escasas ocasiones.

–          Si establece limitaciones en cuanto a las diversas modalidades de preguntas que suelen emplearse en un interrogatorio. ¿Cómo aborda y que entiende por preguntas cerradas, sugestivas, capciosas, etc.?

–          Si limita el tiempo de las conclusiones.

–          Si está atento a la exposición de nuestras conclusiones.

En cuanto a la segunda, se centra en que los abogados debemos ser conscientes de que al interactuar con seres humanos, por muy revestidos que se encuentren de facultades forenses excepcionales, éstos tienen en su haber sus experiencias vitales que han generado inevitablemente condicionantes y prejuicios de toda naturaleza, y que van a influir en la forma en la que nos van primero a prejuzgar y, luego, a juzgar.

Ello nos lleva inevitablemente a las emociones,porque todos estos condicionantes están determinados por inclinaciones afectivas y emocionales que determinan el estado de ánimo de las personas en un concreto momento, razón ésta que todo buen abogado debe considerar, ya que en la medida en que sepa establecer un contacto emocional y afectivo con el juez sabrá calibrar su intervención adaptándola al estado de su entorno.

Siendo un poco más concretos, cuando el abogado entre en sala deberá disponer de diversa información que, contrastada con el primer contacto visual con su auditorio,le permitirá conocer el estado anímico reinante, y adaptar su conducta al mismo.Un buen abogado sabrá cuando el juez está cansado porque lleva ya diez juicios antes que el nuestro o porque el juicio precedente ha durado más de dos horas. También sabrá, de un simple vistazo si el juez está de buen humor o contrariado por alguna circunstancia que desconocemos.

Formal o flexible; proactivo o distante, etc. son rasgos de los que participan los jueces, y cuyo conocimiento previo puede ayudarnos a aprovechar mejor nuestro tiempo a la hora de preparar una audiencia previa o un juicio, ya que sabremos exactamente, al menos con una importante certeza, cómo se va a desarrollar el acto procesal y que pasos tendremos que dar evitando incidencias que, en unas ocasiones, provocan malestar (no entregar copias de los documentos a la otra parte) y en otras pueden ser determinantes para el resultado del litigio (un mal interrogatorio o realizar un informe desastroso ante una inesperada limitación del tiempo de conclusiones).

Por lo tanto, nos encontramos ante una cuestión de pura estrategia, en la que el abogado, sabedor de la importancia que para su defensa tiene el conocimiento del juez, se ocupará de conocerlo a fondo antes de su intervención.

¿Y cómo voy a conocer al juez? ¿No tengo ya suficiente con lo complejo que es preparar el asunto como para encima tener que “estudiar” a cada juez con el que tenga que celebrar un juicio?

Pues aparte de las formas tradicionales (preguntar a los procuradores o a otros abogados), en conveniente que los despachos organicen esta información a través de formularios en los que se detallen aquellos aspectos que queremos conocer de los jueces y que serán cumplimentados al terminar el juicio. Estos formularios son de gran utilidad, ya que cada vez que algún abogado tiene un juicio, lo primero que hace es recabar dicha información consultando las notas de los anteriores compañeros.

Para concluir, os paso el enlace de otro post de nuestro blog en el que tratamos las fatales consecuencias de no conocer al juez que dirige un acto judicial: http://oscarleon.es/donde-esta-mi-juez-de-jueces-sustitutos-y-otras-sorpresas/

 

standard

¿Puede reunirse el abogado con el testigo antes del juicio?

29.02.2016 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Comentarios

Hace unos días en un juicio oral pude observar como un compañero al interrogar a un testigo le preguntaba ¿Se ha reunido Vd. con su abogado antes del juicio?; a lo que el testigo respondió que sí. El abogado que interrogaba hizo un ademán con ambas manos expresando su perplejidad a la vez que miraba al juez como llamando su atención; el juez, sin inmutarse, pidió al letrado que continuara con el interrogatorio, mientras el otro letrado quedaba completamente azorado…

En esta ocasión, parece que el juez no le dio mayor importancia al contacto previo entre abogado y testigo, si bien me consta, por haberlo presenciado en otras ocasiones, que dichas interacciones no son del agrado de muchos jueces y que para muchos abogados parece una cuestión tabú.

Sin embargo, como veremos a continuación, no hay nada extraño en dichas reuniones, siendo absolutamente necesarias siempre y cuando se lleven a cabo de forma ética y respetando las reglas de juego del proceso y, por supuesto, la integridad del testimonio del testigo.

Efectivamente, la intervención en un juicio oral sin conocer a los testigos que van a declarar constituye una verdadera irresponsabilidad por parte del abogado, no cabiendo excusa, incluso en el caso de que el testigo sea propuesto por la otra parte. Por lo tanto, la toma de las medidas adecuadas para conocer a los testigos es un deber básico para la adecuada preparación y defensa del caso.

Respecto a los testigos propuestos por nuestra parte, es conveniente mantener una entrevista (acompañado de nuestro cliente) previa a su elección como testigo y, en su caso, otra con carácter previa a su intervención procesal.

En la primera entrevista, debemos fijarnos el objetivo de si el testigo será útil para la defensa del caso. Para ello, teniendo ya algunas referencias que nos habrá suministrado nuestro cliente podremos plantearnos los parámetros mínimos para que podamos contar con su testimonio. Lo primero que debe hacerse es, una vez nos lo han presentado, transmitirle seguridad y confianza, adelantándole cual es la razón de la entrevista y que, en todo caso y en todo momento se le pide su testimonio basado en la verdad de lo que haya podido conocer. Esto hay que decirlo con delicadeza (para evitar que pueda ofenderse por poner en duda su honestidad), pero estimo que hay que dejar muy claro que jamás se le va a solicitar o insinuar que dé un testimonio inveraz.

Una vez que hemos decidido proponerlo como testigo, y antes del acto del juicio, es fundamental mantener otra entrevista con el testigo en la que repasaremos su testimonio, reunión que deberá llevarse a cabo en fechas muy aproximadas al día de la vista, ya que de este modo es más fácil que el testigo tenga la información fresca y, en consecuencia, sea más fácil la exposición de un testimonio claro y sin fisuras.

En esta segunda reunión, es importante transmitir una serie de prevenciones al testigo, entre las que destacamos las siguientes:

1º.- Si es la primera vez que asiste al juicio, se le explicará como es el interior de una sala de vistas con detalle del lugar que ocupan cada uno de los intervinientes. Esto es muy importante, pues el testigo gana con ello confianza y evitamos que se encuentre nervioso el día del juicio.

2º.- Hay que exponerle en qué momento lo van a llamar, donde deberá permanecer hasta que se produzca dicha llamada y, finalmente, el orden de los interrogatorios (las generales de la ley; su abogado, después el contrario e incluso advertirle de la posibilidad de que el juez también lo interrogue), e incluso la duración aproximada del juicio sin olvidar el más que posible retraso en el comienzo del mismo.

3º.- Se le detallarán las cuestiones que, relacionadas con los hechos, serán objeto de interrogatorio y las que, probablemente, podrá preguntarle la otra parte. De esta forma, el testigo irá focalizando los elementos esenciales de su declaración y disponiendo de la información más sistematizada.

4º.- Explicarle las opciones que tiene de pedir que se le repitan las preguntas si no las entiende; solicitar al juez que si puede aclarar algo, etc.

5º.- Deberá exponerse a la parte o al testigo las normas de comportamiento esenciales durante el acto del juicio, tales como la prohibición de no mirar al abogado que lo ha propuesto pidiéndole «consejo», no discutir con quienes intervienen en el interrogatorio, asistir arreglado y con buena presencia, etc.

Para concluir, hemos de insistir en que estas entrevistas no constituyen ningún adoctrinamiento del testigo, sino de exponerle lo que va a ocurrir en el acto del juicio al amparo de un testimonio veraz y fidedigno. Como afirma Juan de Dios Camacho, «se trata de contarle lo que va a pasar. Preparar y ensayar éticamente con mi testigo no es ilegal, el no hacerlo es una irresponsabilidad».

En cuanto a los testigos de la otra parte, deberemos obtener toda la información posible, primero a través de los autos (motivo de su proposición en la audiencia previa en materia civil o declaración en las diligencias previas en lo penal) y a través de nuestro cliente, quien probablemente nos podrá suministrar datos para poder intuir cual será su testimonio. En su caso, y si es necesario, pueden hacerse gestiones para tratar de conocer los móviles o intereses del testigo, si se sospecha del mismo. Esta labor, muy habitual en los países anglosajones, debe realizarse a cabo cuando existan claras sospechas de enfrentarnos a un testimonio inveraz o interesado. De esta forma, no sólo podremos tacharlo, sino que prepararemos nuestro interrogatorio jugando con el factor sorpresa.

Y para concluir, recordar al letrado que hizo la pregunta al testigo que desde tiempos inmemoriales las reuniones con los testigos se han producido como algo normal y que, si hace un poco de memoria, no tendrá que hacer gran esfuerzo para recordar cuándo fue la última vez que se reunió con un testigo…

 

standard

¡Con la venia, solicito la incomunicación de los testigos!

21.01.2016 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Sin comentarios

Una cuestión que por razones estratégicas se plantea al abogado en muchos juicios es la conveniencia de que el testigo que ha declarado permanezca en el interior de la sala para evitar que comunique con los testigos que permanezcan en el exterior, dando por supuesto que un testigo jamás puede escuchar la declaración del testigo precedente.

Estamos hablando de las medidas de incomunicación de los testigos en el juicio oral, las cuales, reguladas en nuestra ley procesal en el artículo 366, presentan una serie de particularidades que demuestran lo voluntarioso del precepto y su mermada eficacia a tenor de las limitaciones materiales de nuestra Administración de Justicia por un lado, y de su naturaleza meramente cautelar o preventiva, lo que impide que su infracción pueda ser considerada como motivo de nulidad de la declaración o de la imposibilidad de declarar de quien infringió la norma de comunicación.

Continuar leyendo en LegalToday.com
standard

¡Abogado, no te enfrentes al Juez!

14.12.2015 Categoría: Blog, Mi profesión Sin comentarios
Óscar León: Presentación de Mi Blog

 

 

Decía Piero Calamandrei con el gracejo que le caracterizaba  que el abogado que defendiendo una causa entra en abierta polémica con el juez, comete la misma imperdonable imprudencia que el alumno que durante el examen discute con el profesor.

 Sabias palabras de las que cada abogado debe sacar sus propias conclusiones…

Ciertamente, no es recomendable, sino que es poco profesional enfrentarse a un juez durante el acto judicial (y obviamente fuera del mismo) Pero ¿qué se entiende por enfrentarse con el juez? Pues, a los efectos de este post, consistiría en entrar en una agria polémica en la cual se genera una discusión subida de tono en el que se pierden las formas y que suele concluir con la adopción por el juez de las correspondientes medidas de apercibimiento e imposición de la correspondiente sanción.

Las causas que pueden producir estás situaciones desagradables podemos encontrarlas en la reacción inicial del abogado ante una palabra o un comentario del juez mal entendido, una actitud injusta del adversario, o cualquier situación que el letrado interprete erróneamente y le lleve a la pérdida de la compostura; igualmente, esta situación puede originarse por la reacción ante una actitud del juez que suponga un grave incumplimiento de su cometido o una actuación que lleve consigo una falta de respeto para el letrado durante su intervención. En el primer supuesto, la causa del enfrentamiento tendrá su razón de ser en el proceder del letrado mientras que en el segundo ésta vendrá determinada por la actitud del juez.

Pero, sea cual sea la causa, nada justifica que el letrado pierda los papeles y responda al estímulo perdiendo la serenidad y buenas formas, o lo que es lo mismo, la compostura, entendiéndose la misma como el actuar con un comportamiento comedido, moderado y discreto en el hablar y actuar, ajustado a las circunstancias de tiempo y lugar. Por lo tanto, su pérdida supone la entrada en conductas indeseadas que se caracterizan por la desproporción en el saber estar, perdiéndose la mesura y decoro exigidos por dichas circunstancias. Decía Calamandrei que “no puede ser un buen abogado quien está siempre a punto de perder la cabeza por una palabra mal entendida, o que ante la villanía del adversario…. La noble pasión del abogado debe ser siempre consciente y razonable; tener tan dominado los nervios, que sepa responder a la ofensa con una sonrisa amable y dar las gracias con una correcta inclinación al presidente autoritario que le priva del uso de la palabra. Está perfectamente demostrado ya que la vociferación no es indicio de energía, y que la repentina violencia no es indicio de verdadero valor; perder la cabeza durante el debate representa casi siempre hacer que el cliente pierda la causa”

 Entonces, os preguntaréis, si soy objeto de una situación injusta en la que incluso percibo que se está faltando el respeto ¿qué he de hacer? ¿sonreír y aguantarme? ¿callarme por el bien del caso y del cliente?

En mi opinión, sea cual sea el “estímulo” y su gravedad, el abogado debe ser ante todo prudente, muy racional y responsable de sus actos, siendo consciente de que un calentón en el acto del juicio puede traerle consecuencias muy desagradables. Por ello,  siempre hay que mantener la calma y, eso sí, transmitir al juez nuestra disconformidad con la situación que nos afecta, empleando para ello los medios de impugnación, protesta o consignación en el acta necesarios para, en su caso, hacer valer nuestros derechos no solo en otras instancias, sino ante un eventual procedimiento disciplinario. Pero ello hay que hacerlo con el máximo autocontrol y sin perder los nervios.

Creo que de esta forma, sea cual sea el origen del problema, si el juez ve a un abogado serio, prudente, respetuoso, y sabedor de sus derechos y de la forma de exponerlos, no solo reconocerá la valía del profesional, sino que además habremos tendido un puente que puede ayudar a que las cosas queden exclusivamente en el marco del proceso judicial de donde nunca debe salir.

Además, esta conducta lleva aparejada otros beneficios como el mantenimiento por el letrado de la atención y concentración (¿cuántas veces tras un incidente de este tipo el abogado pierde el control absoluto del juicio?) y la segura evitación de un proceso sancionador fruto de un enfrentamiento que habremos evitado.

Por lo tanto, que nadie se equivoque, no hablo de esconderse ni de tragar con ruedas de molino; hablo sencillamente de hacer valer nuestros derechos empleando las herramientas procesales de las que disponemos y manteniendo la compostura y el decoro que debe presidir la intervención de un letrado bajo cualquier circunstancia, porque lo difícil no es perder los nervios, eso es lo fácil, lo verdaderamente difícil es mantener el control.

Solo me queda añadir que probablemente algunos compañeros piensen que esto está muy bien, pero que hay que estar en sala para poder comprobar lo complicado que es actuar con prudencia cuando las cosas se complican hasta extremos intolerables. Lo sé y soy consciente de ello, pero este es el camino y no nos queda otra que recorrerlo, paso a paso…

Concluyo con otra perla de Calamandrei: El abogado que creyera atemorizar a los jueces a fuerza de gritos, me recordaría al campesino que, cuando perdía alguna cosa, en lugar de recitar plegarias a san Antonio, abogado de las cosas perdidas, comenzaba a lanzar contra él una serie de blasfemias, y después quería justificar su impío proceder diciendo: —A los santos, para hacer que nos atiendan, no hay que rogarles, sino meterles miedo.

 

 

standard

Cuando el abogado puede perder la compostura en juicio…

24.11.2015 Categoría: Litigación y oratoria Comentarios
Óscar León: Consejos para la preparación del juicio oral (Incluye formulario)

 

Por compostura entendemos el actuar con un comportamiento comedido, moderado y discreto en el hablar y actuar, ajustado a las circunstancias de tiempo y lugar. Por lo tanto, la pérdida de la compostura supone la entrada en conductas indeseadas que se caracterizan por la desproporción en el saber estar, perdiéndose la mesura y decoro exigidos por dichas circunstancias.

La pérdida de compostura del letrado en sala tiene sus consecuencias, pues el juez o el presidente se percatarán rápidamente de la misma y no solo podrá ser objeto de reprobación y llamada al orden, sino que podrá condicionar el resto de nuestra intervención al perderse el buen clima procesal del juicio.

Por ello, el buen abogado litigante debe mantener la atención plena y concentración durante el juicio, centrándose en la defensa del cliente, lo que coadyuvará a la evitación de conductas que pueden perjudicar su línea de defensa.

A fin de ilustrar las mismas, vamos a destacar aquellas conductas que han sido destacadas por los jueces en alguna que otra encuesta, y que podrían incardinarse en la falta de compostura del abogado:

– Sentarse de forma inadecuada o arrellanarse en la butaca. Efectivamente, es muestra de falta de respeto adoptar posturas que manifiestan una actitud de desdén, desinterés, desapego a un acto de tanta trascendencia e importancia

– Jugar con el bolígrafo o con cualquier otro objeto. Esto es algo que los jueces observan y que no es de su agrado. Naturalmente, a veces se manipula un objeto como técnica para concentrarse, pero cuestión distinta es hacerlo ostensiblemente y con el único fin de encontrar distracción en el objeto manipulado, perdiéndola en el contenido del acto judicial

– Comer chicle. Aunque parezca increíble, muchos jueces se quejan de que tal o cual abogado estaba mascando chicle durante el acto del juicio, lo que supone que esto ocurre realmente…

– Sobreactuar. Los actores, cuando sobreactúan, exageran el tono o actitud del personaje que encarnan, realizando con ello una interpretación exagerada y carente de naturalidad. Aplicado a la intervención del abogado en el foro, sobreactuar equivale a exteriorizar en sus intervenciones una actitud exagerada, poco natural, y en consecuencia poco creíble y verosímil, alejando con ello las opciones persuasivas que lo animan

– El tutear a la parte interrogada, testigos o peritos, conducta ésta reprobable pues demuestra descaro y desconsideración.

– Amedrantar o intimidar a la parte, testigos o peritos durante el interrogatorio, con amenazas de acciones posteriores o de la advertencia de cualquier perjuicio como consecuencia del testimonio que están prestando.

– Cuchicheo con compañeros. Ciertamente, es muy habitual ver como durante el acto de la audiencia previa o el juicio oral los abogados  hablan entre ellos sobre algún aspecto el procedimiento o sobre otra cuestión relacionada con algún hecho que está acaeciendo. En mi opinión, salvo que sean para aclarar alguna duda o cuestión de suma importancia, no es recomendable seguir con este proceder, ya que normalmente causa malestar al abogado contrario (sentado en el estrado opuesto) y el juez, que lo ve todo, no es ajeno a dichas conversaciones. Para colmo, en muchas ocasiones, de forma involuntaria, quedan grabadas en el soporte de sonido.

En definitiva, la compostura no puede perderse por el abogado en el acto del juicio, máxime cuando principios inveterados nos exigen formalidad, gravedad, prudencia, sensatez y mesura. Por tanto, en la medida que evitemos aquellas conductas y prioricemos estos principios, el trabajo del abogado litigante será más eficaz, eficiente y productivo.

standard

¿Por qué todo abogado necesita conocer la forma en la que juez dirige el juicio?

16.11.2015 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Sin comentarios
Óscar León: ¿Dónde está mi juez? (de jueces sustitutos y otras sorpresas)

 

Te hago una pregunta ¿Crees que es razonable conocer la forma en la que el juez ante el que tendrás que intervenir dirige el acto judicial (audiencia previa, juicio oral, etc.)? Si la respuesta es afirmativa, continúa leyendo este artículo y si no lo es, te recomiendo encarecidamente que también lo hagas, pues vamos a examinar una de esas cuestiones en la que no todos los abogados reflexionan, pero que a la hora de verdad constituye un principio esencial para la preparación de nuestra intervención ante los tribunales.

Imagina que tienes un juicio y cuando llega el turno de presentar tus conclusiones el juez te dice que dispones de cinco minutos para informar. Supón que aun disponiendo de una buena técnica de interrogatorio, el juez te llama la atención en reiteradas ocasiones debido a la forma “incorrecta” en la que haces las preguntas al testigo. Finalmente, figúrate que al comenzar el juicio el juez adopta una actitud vehemente dirigida a que las partes alcancen una transacción, transmitiéndote que te conviene llegar a un acuerdo porque si no….

En todas estas situaciones, es obvio que el abogado se llevará una sorpresa, a modo de verdadero imprevisto, que podría haber sido evitada de haber actuado con más prevención. Y lo peor es que tal imprevisto puede afectar seriamente las posibilidades de defensa del asunto, lo que nos demuestra la importancia vital que tiene el conocer la forma en la que el juez dirige el acto judicial.

Profundizando algo más en el tema, considero que esta necesidad de conocimiento del juez encuentra su fundamento en dos perspectivas complementarias. Una primera, la formal o procesal y otra, la emocional.

Respecto a la primera, nos referimos al conocimiento de determinados aspectos que, vinculados a la forma de actuar del juez, puede ayudarnos a prestar nuestros servicios profesionales en cualquier litigio con la máxima eficacia, si bien, dicho conocimiento tendrá que centrarse en aquellos aspectos que puedan tener, directa o indirectamente, alguna repercusión tanto en la preparación de la audiencia o del juicio como en el momento de celebración de dichos actos.

A modo de ejemplo, destaco algunos de los factores, entre otros muchos, a tener en consideración en cuanto a la forma de actuar los jueces en sala:

En la audiencia previa.

  • Si el juez proactivo, en el sentido de que mantiene una comunicación abierta con los letrados durante la celebración o es por el contrario distante y formalista, es decir, que limita sus intervenciones a la conducción del acto procesal dando escasa participación a los letrados.
  • Si conduce la audiencia previa agotando todos y cada uno de los trámites establecidos en la LEC o si limita su actuación a algunos de estos, obviando otros.
  • Si es propenso a facilitar una transacción entre las partes durante las dos fases de conciliación de la audiencia previa.

Durante el acto del juicio oral.

  • Si es flexible en los interrogatorios, en el sentido de permitir a los letrados que entren a fondo en los interrogatorios, interrumpiendo en escasas ocasiones.
  • Si limita el tiempo de las conclusiones.
  • Si está atento a la exposición de nuestras conclusiones.

En cuanto a la segunda, se centra en que los abogados debemos ser conscientes de que al interactuar con seres humanos, por muy revestidos que se encuentren de facultades forenses excepcionales, éstos tienen en su haber sus experiencias vitales que han generado inevitablemente condicionantes y prejuicios de toda naturaleza, y que van a influir en la forma en la que nos van primero a prejuzgar y, luego, a juzgar.

Ello nos lleva inevitablemente a las emociones, porque todos estos condicionantes están determinados por inclinaciones afectivas y emocionales que definen el estado de ánimo de las personas en determinado momento, razón ésta que todo buen abogado debe considerar, ya que en la medida en que sepa establecer un contacto emocional y afectivo con el juez o miembros del jurado, sabrá calibrar su intervención adaptándola al estado de su entorno.

Siendo un poco más concretos, cuando el abogado entre en sala deberá disponer de diversa información que, contrastada con el primer contacto visual con su auditorio, le permitirá conocer el estado anímico reinante, y adaptar su conducta al mismo. Un buen abogado sabrá cuando el juez está cansado porque lleva ya diez juicios antes que el nuestro o porque el juicio precedente ha durado más de dos horas. También sabrá, de un simple vistazo si el juez está de buen humor o contrariado por alguna circunstancia que desconocemos.

Formal o flexible; proactivo o distante, etc. son rasgos de los que participan los jueces, y cuyo conocimiento previo puede ayudarnos a aprovechar mejor nuestro tiempo a la hora de preparar una audiencia previa o un juicio, ya que sabremos exactamente, al menos con una importante certeza, cómo se va a desarrollar el acto procesal y que pasos tendremos que dar evitando incidencias que, en unas ocasiones, provocan malestar (no entregar copias de los documentos a la otra parte) y en otras pueden ser determinantes para el resultado del litigio (un mal interrogatorio o realizar un informe desastroso ante una inesperada limitación del tiempo de conclusiones).

Por lo tanto, nos encontramos ante una cuestión de pura estrategia, en la que el abogado, sabedor de la importancia que para su defensa tiene el conocimiento del juez, se ocupará de conocerlo a fondo antes de su intervención.

¿Y cómo voy a conocer al juez? ¿No tengo ya suficiente con lo complejo que es preparar el asunto como para encima tener que “estudiar” a cada juez con el que tenga que celebrar un juicio?

Pues aparte de las formas tradicionales (preguntar a los procuradores o a otros abogados), en nuestro despacho disponemos de unos formularios que hemos elaborado con la finalidad de conocer la forma en la que el juez dirige el acto judicial y que todo abogado debe cumplimentar al terminar el juicio. Estos formularios son de gran utilidad, ya que cada vez que algún compañero tiene un juicio, lo primero que hace es recabar dicha información consultando las notas de los anteriores compañeros.

Antes de que me hagáis la pregunta de rigor, os adelanto que voy a compartir dichos formularios con vosotros. Pinchar el siguiente  enlace y listo!!

FORMULARIOS OSCARLEON PARA DESCARGAR

 

standard

Lo que el abogado no debe hacer durante el interrogatorio del testigo.

10.11.2015 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Comentarios
Óscar León: ¿Cómo debe actuar el abogado con el público asistente al juicio?

 

El interrogatorio de testigos constituye materia de esencial conocimiento y dominio por parte del abogado litigante sea cual sea el orden jurisdiccional en el que intervenga. Tan es así, que un interrogatorio mal planteado o deficientemente practicado puede acarrear consecuencias desastrosas para la defensa del caso.

Dada su importancia, en anteriores posts ya hemos tratado profusamente esta materia ( ¿Alguna otra pregunta señor letrado? http://oscarleon.es/alguna-otra-pregunta-senor-letrado/ Consejos para un interrogatorio eficaz http://www.legaltoday.com/blogs/gestion-del-despacho/blog-manual-interno-de-gestion/consejos-para-un-interrogatorio-eficaz ), por lo que hoy vamos a centrarnos en una perspectiva diferente del interrogatorio de testigos; concretamente, nos ocuparemos de aquellos errores que el abogado no debe cometer mientras se lleva a cabo tan importante medio de prueba. De esta forma, la información de este post no solo nos servirá de llamada de atención, sino que reforzaremos el conocimiento de los principios que deben orientar dicha práctica.

Expondremos dichos errores a modo de decálogo:

1.- Realizar el interrogatorio de forma desordenada: La práctica común aconseja realizar el mismo siguiendo un orden cronológico, ya que esta es la forma en la que todos, incluido el juez, estamos acostumbrados a escuchar las narraciones de los hechos, lo que facilitará la atención de éste y le permitirá que se grabe con más facilidad  en su memoria la resultancia del interrogatorio. No obstante, en ocasiones, hay excepciones y puede alterarse el orden para aprovechar el elemento sorpresa o llamar la atención sobre alguna cuestión importante. Ahora bien, lo que no puede hacerse es practicar el interrogatorio sin un orden claro, cambiando de hechos o circunstancias de forma arbitraria o pasando de uno a otro tema sin solución de continuidad. De esta forma, que constituye una evidencia clara de nuestra falta de preparación, solo conseguiremos reducir la atención del juez quien perderá todo interés en el interrogatorio.

2.- Leer las preguntas del interrogatorio: Es práctica común del abogado preparar el interrogatorio elaborando las preguntas en una lista escrita para facilitar su organización y estudio, lista que durante la práctica del interrogatorio se convierte en un guión bien estudiado que nos ayudará al mejor desarrollo del mismo, pues podremos revisarlo en los momentos en los que el testigo esté respondiendo, lo que nos permitirá a su vez mantener la línea del interrogatorio con más facilidad. Ahora bien, interrogar a los testigos leyendo literalmente las preguntas, y especialmente al testigo de contrario, resulta harto incomodo, pues el interrogatorio se vuelve artificial y poco fluido, lo que redunda en su eficacia: el testigo tiene tiempo de pensar, se siente confiado y seguro porque ve que no preguntamos espontáneamente y llega a pensar que no estamos preparados; el juez se aburre y empieza a perder la atención necesaria, etc.

3.- Interrogar sin ritmo: Todo interrogatorio tiene sus ritmos. Un ritmo rápido ayuda a interrogar a un testigo impidiéndole pensar demasiado para buscar una salida mientras que un ritmo lento y pausado permitirá que el testigo se explaye para ganar confianza. Ritmo lento equivale a sosiego y tranquilidad para el testigo; ritmo rápido supone mayor tensión y exigencia.Sin embargo, en ocasiones el abogado no mantiene el ritmo adecuado haciendo que la prueba pierda la tensión requerida, llegando incluso a producirse la circunstancia de que por culpa de un ritmo inadecuado acaba realzándose un testimonio no deseado o minusvalorándose el que nos interesa.

4.- Ser poco claros y precisos en las preguntas: A la hora de interrogar hemos de centrarnos en los puntos esenciales que nos interesa corroborar o desvirtuar a través de la prueba testifical, y para ello hemos de ser muy precisos, concretos y directos Por lo tanto, hemos de evitar preguntar sobre cuestiones poco relevantes que no aporten nada a la resolución del caso o ser poco concretos. Ciertamente, habrá fases en las que debamos emplear las preguntas generales y abiertas para nuestro propósito, pero esto no tiene que significar que nos estamos alejando de nuestro objetivo, sino todo lo contrario, en estos casos lo que hacemos es dirigir el interrogatorio estratégicamente al lugar que nos interesa.

5º.- Enfrentarse con un testigo: Los testigos deben ser tratados con respeto y cordialidad durante el interrogatorio, pues éste debe realizarse con fluidez y un enfrentamiento u hostilidad innecesaria entre abogado y testigo no conduce absolutamente a nada. La razón de ello reside en que el testigo debe estar tranquilo, para que a través del interrogatorio podamos indagar más fácilmente hasta obtener nuestro propósito. Pero, claro, a veces nos encontramos ante un testigo que sabemos no está diciendo la verdad o que, con independencia del signo de su testimonio, está actuando de forma hostil hacia nosotros. En estos casos, entrar en una discusión o enfrentamiento verbal con el testigo solo consigue perjudicarnos, pues nos aleja de la atención y concentración que nos exige esta prueba. Obviamente, ello no impide que en determinadas circunstancias deban, y creo que es bueno, producirse situaciones de tensión entre el abogado y el testigo, que ayudarán a desenmascararlo. No obstante, nunca se debe perder el respeto.

6º.- Formular mal la pregunta: Todo ordenamiento jurídico establece los principios generales sobre la forma en la que deben llevarse a cabo las preguntas, por lo que es obligación de todo abogado conocer a fondo estás reglas y así evitar la desagradable corrección del juez. Sin embargo, en ocasiones se cae en el error de realizar preguntas con valoraciones, calificaciones, etc. o que no guarden relación con el hecho que se está juzgando (impertinentes), que no resulten adecuadas para el esclarecimiento de los hechos controvertidos (inútiles), que inducen al testigo la respuesta que deberá dar a la pregunta (sugestivas), que inducen al testigo a error o a una contestación inexacta, bien sea a través de una pregunta muy larga (normalmente subordinada) que el testigo no entiende correctamente o a través de una pregunta que contenga varias preguntas.

7º.-  Sentirse intimidados ante una llamada de atención del juez: En ocasiones el juez nos llama la atención sobre la forma en la que estamos llevando a cabo el interrogatorio o nos avisa  con el consabido “Tiene Vd. alguna otra pregunta que realizar” En estos casos, si el abogado no está atento y concentrado, puede verse afectado por la llamada del juez y dar por terminado el interrogatorio antes de tiempo, quedando numerosas cuestiones sin precisar. Esto denota una total falta de confianza en el abogado que habrá que corregir, si bien hemos de reconocer que el aviso del juez ya, de por sí, supone que algo no está funcionando correctamente.

8º.- Emplear tecnicismos: Utilizar tecnicismos implica vulnerar la regla de la claridad y precisión que debe prevalecer en todo interrogatorio dada la incapacidad del testigo para entender términos técnicos o  jurídicos. Esto es una norma que no precisa de muchas explicaciones, pues la necesaria fluidez del interrogatorio exige evitar las interrupciones que sin duda se producirán y que perjudicarán el ritmo del mismo.

9ª.- Preguntar al testigo cuando desconocemos la respuesta: En ocasiones, aun teniendo dudas sobre el contenido de la respuesta del testigo, nos embarcamos en la hacer la pregunta y luego la respuesta pues ésta puede ser devastadora para nuestros intereses. Obviamente, esta regla no afecta a aquellas preguntas con las que ya contamos que el testigo de contrario nos va a responder negativamente y que constituyen parte de la estrategia del interrogatorio. Nos estamos refiriendo a aquellas preguntas cuya respuesta en uno u otro sentido puede ser definitiva para el resultado del caso y al hacerla no estamos seguros del sentido de la respuesta.

10º.- Ser reiterativos en la pregunta: A veces, tenemos tanto interés en que el testigo nos responda algo en concreto, que cuando lo ha hecho pero de forma contraria a lo esperado (lo cual a veces ocurre con el testigo que hemos propuesto) seguimos insistiendo una y otra vez, lo que concluirá con una llamada de atención del juez. A veces es mejor parar y volver más tarde introduciendo la cuestión de otra forma, pero lo que no podemos hacer es perder la concentración tratando de forzar lo inevitable.

En definitiva, qué duda cabe que habrá otros errores en los interrogatorios que habremos omitido (y que me gustaría me comentarais), pero los expuestos representan una clara muestra de situaciones que pueden ayudarnos a un mejor desempeño en una prueba tan trascendental como la analizada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies