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La preparación del testigo antes del juicio.

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Diario La Ley, Nº 3, Sección Legal Management, Editorial Wolters Kluwer

LA LEY 1364/2017

Jurisprudencia comentada
Ir a Jurisprudencia TS, Sala Segunda, de lo Penal, S 249/2008, 20 May. 2008 (Rec. 10983/2007)
Ir a Jurisprudencia APM, Sección 10ª, S 276/2006, 19 Abr. 2006 (Rec. 486/2005)
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Resumen

Materia tabú donde las haya, la preparación del testigo de parte por el abogado constituye una actuación delicada y la mayoría de las veces sospechosa, pues en la misma confluyen imparcialidad del primero y parcialidad del segundo. Sin embargo, como desarrollamos en la presente colaboración, una actuación profesional ética y honesta del abogado, alejada de todo adoctrinamiento o tergiversación de los hechos, no está reñida con la puesta en práctica de una estrategia esencial para que el juicio se desarrolle dentro de unos cauces fluidos. De hecho, la experiencia no engaña, y de toda la vida los abogados se han reunido con los testigos de parte para conocer su versión de los hechos y preparar la declaración. Lo contrario, sería una verdadera irresponsabilidad.

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¿En qué consiste la autoridad del abogado en sala?

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Entre las diversas acepciones del término autoridad, el diccionario de la Real Academia de la Lengua recoge la siguiente: modo de hacer una cosa o de comportarse que manifiesta una gran seguridad o confianza en quien lo realiza. Esta acepción será la que hoy tomaremos prestada para abordar una de las cualidades esenciales que todo letrado debe alcanzar para convertirse en un buen abogado litigante.

La autoridad en sala se encuentra íntimamente relacionada con la habilidad que debe manifestar el abogado a fin de transmitir seguridad al conducirse durante todas las fases de la vista; solvencia, demostrando su conocimiento sin fisuras de los hechos y el derecho aplicable; experiencia, manejándose con fluidez ante cualquier incidencia o imprevisto; y personalidad emitiendo un halo de confianza capaz de influir activamente en los distintos actores que intervienen en sala.

Disponer y disfrutar de autoridad es un valor que se proyecta al exterior y que constituye la percepción de cuantos interactúan con el abogado durante el juicio, percepción que tendrá siempre un sentido favorable. Así, un abogado que transmita autoridad, no solo recibirá mayor atención del juez durante sus intervenciones en el interrogatorio y trámite de conclusiones, sino que mantendrá el control de los testigos y peritos durante el desarrollo de la prueba, evitando de esta forma conductas y actitudes que puedan interferir su desarrollo, como el caso de respuestas ambiguas, desabridas, irrespetuosas, provocadoras, tan habituales en muchos interrogatorios. 

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La importancia del conocimiento del Juez como decisión estratégica.

23.01.2017 Categoría: Mi Práctica diaria, Procesal Sin comentarios
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Imagina que tienes un juicio y cuando llega el turno de presentar tus conclusiones el juez te dice que dispones de cinco minutos, ni uno más, para informar. Supón que aun disponiendo de una buena técnica de interrogatorio, el juez te llama la atención en reiteradas ocasiones debido a la forma «incorrecta» en la que haces las preguntas al testigo. Finalmente, figúrate que al comenzar el juicio el juez adopta una actitud vehemente dirigida a que las partes alcancen una transacción, transmitiéndote que te conviene llegar a un acuerdo porque si no…., y ese «si no» va por tu defensa. En todas estas situaciones, es obvio que el abogado se llevará una sorpresa, a modo de verdadero imprevisto, que podría haber sido evitada de haber actuado con más prevención preocupándose de conocer mínimamente al juez ante el que va a intervenir. Y lo peor es que tal imprevisto puede afectar seriamente las posibilidades de defensa del asunto, lo que nos demuestra la importancia vital que tiene conocer la forma en la que el juez dirige el acto judicial.

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¡Este juicio está ganado! (esta vez lo dice el cliente)

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Recientemente leí una sentencia dictada por una Audiencia Provincial que resolvía sobre un litigio en el que se abordaba la resolución de un contrato defectuosamente cumplido,  disputa en la que el demandado (el cliente) invocaba en su reconvención la mala praxis del actor (su abogado). Curiosamente, entre las múltiples infracciones denunciadas había una que llamó mi atención y que paso a transcribir literalmente:

  • Desde el principio indicó la actora que el asunto estaba ganado, creando una falsa impresión a la demandada acerca de este hecho.

Lejos de entrar en el análisis de la resolución, hoy me gustaría dedicar este post a la problemática que se suscita cuando se plantea por el cliente, y no por el abogado, la tan dogmática y peligrosa afirmación que da título a este post.

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La improvisación “preparada” del abogado en sala.

14.11.2016 Categoría: Mi Práctica diaria, Oratoria Comentarios
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La improvisación viene siendo entendida como hacer algo que no estaba previsto o preparado, llevado de la acción del momento, es decir, un hacer de pronto, sin estudio ni preparación alguna, y haciendo uso de los medios que en ese momento tenemos a mano. Este concepto es plenamente aplicable a la intervención del abogado en sala, ya que en el foro siempre se podrán producir situaciones que le exijan intervenir acuciado por las circunstancias del momento, sin tener preparada previamente su forma de actuación. La razón de esta situación es obvia: lo que puede acaecer en el desarrollo de las vistas no depende de nosotros, y existen múltiples factores que, debidamente conjugados, pueden derivar en situaciones no previstas. Estas situaciones son las que, incluso para el orador más experimentado, generan el estado de expectación y tensión previa al juicio, puesto que nunca sabemos a ciencia cierta que nos vamos a encontrar en una vista. De hecho, cuando tengo que asistir a una audiencia previa o a un juicio, a pesar de que trato de tener controlados todos los detalles y los posibles imprevistos, siempre me queda la preocupación de que algo puede fallar ante cualquier petición o sugerencia de un tercero.

Y, curiosamente ¡siempre falla algo!

Sin embargo, tal y como está concebida la oratoria forense, considero que la improvisación debe tener escasa cabida durante nuestra intervención, ya que la preparación por parte del orador del asunto en el que va a intervenir y el conocimiento exacto de las reglas procesales, no deben dejar lugar a margen alguno para imprevistos, o mejor dicho, para reaccionar sin capacidad de respuesta ante un imprevisto. Por lo tanto la regla más importante a seguir no es otra que el estudio y la preparación exhaustiva del caso, no solo para alejar toda opción de fracaso ante un imprevisto, sino igualmente para saber responder con soltura y solvencia ante cualquier evento inesperado.

No hemos de olvidar que, como afirma MAJADA[1], la intervención del orador en sala constituye una “improvisación preparada”, en la que el orador conoce las líneas esenciales de su argumentación, y durante su intervención va a realizar los interrogatorios y a desarrollar su alegato ya preparado anteriormente exponiendo dichos pensamientos. Con el conocimiento sólido de la materia procesal y de fondo del asunto dispondrá de las herramientas adecuadas para salir airoso y con solvencia, momento éste en el que se demuestra la experiencia y valía del orador, quien ante cualquier circunstancia espontánea, sabrá cómo reaccionar con soltura, transmitiendo así una imagen de poderío y solidez que repercutirá favorablemente en el auditorio.

Con estos antecedentes, vamos a examinar algunos de los imprevistos que pueden producirse en sala y la posible respuesta del orador.

1ª.- La interrupción por el juez al letrado durante la exposición oral del informe para realizarle una advertencia (que abrevie la exposición, que le queda tanto tiempo, que se está saliendo de la cuestión, etc.).

En estos casos, ante este proceder que entiendo sólo puede ser realizado en circunstancias notoriamente excepcionales, el orador debe mantener la calma y, ante el posible desorden de ideas que se producirá durante la interrupción, tomarse sus segundos para reorganizar la exposición y continuarla con las adaptaciones sugeridas. Lo que no puede hacer el orador bajo ningún concepto es permitir que el desconcierto le venza y concluir la exposición obviando el resto de la argumentación o resumirla de tal modo que nada importante se diga. Naturalmente, la regla más adecuada es llevar preparado el informe acorde con las circunstancias del auditorio, tiempo y lugar que ya hemos analizado.

Este proceder debe aplicarse a los supuestos en los que el juez nos interrumpa durante un interrogatorio con alguna advertencia sobre el modo de formularse el mismo.

2º.- Interrupción del adversario durante nuestra exposición.

Esta situación, que nunca he presenciado pero que si me ha sido referida, es absolutamente improcedente y ante tal conducta, hemos de actuar con la calma y sosiego apuntada en el número 1º precedente y tras la interrupción, veremos cómo el Juez se ocupará de adoptar las medidas correspondientes ante tal proceder o, en su caso, deberemos pedir al Juez que adopte dichas medidas mediante la admonición oportuna al contrario.

3º.- Interrupción del adversario mientras interrogamos.

Está opción, contemplada en la ley procesal, puede, en ocasiones, emplearse de forma abusiva por el contrario. En tal caso, ante la misma y la respuesta del juez a la misma, informaremos a éste de nuestra discrepancia con dicho proceder y con el uso abusivo que se estuviera realizando de adverso.

4º.- Apercibimiento de retirada de la palabra.

Ante tales supuestos, que he tenido ocasión de presenciar, la primera recomendación es evitar que esto ocurra, puesto que cuando se llega a tal extremo, es más que probable que nuestra conducta procesal haya sido desafortunada en algún aspecto. De darse el caso, se impone la cordura y deberemos pedir disculpas al tribunal, y continuaremos nuestra intervención corrigiendo aquellos actos que hayan provocado la admonición.

5º.- Durante nuestro informe el juez mantiene una conversación con algún oficial que acaba de acceder a sala para comunicarle algún extremo.

Dejando de lado aquellas situaciones en las que ante un tribunal los magistrados se comunican entre sí (pues es probable que estén comentando nuestro informe), cuando el orador está informando y entra un funcionario en sala y comenta algo al juez que dura más tiempo del conveniente, se impone suspender el curso del discurso a la espera de que la conversación concluya salvo que, ante dicha pasada, el juez nos indique que continuemos. Ello es natural, ya que si consideramos (siempre con sentido común) que el juez no va a poder escuchar nuestro alegato, carece de sentido que sigamos transmitiendo nuestro mensaje a un destinatario momentáneamente inexistente.

6º.- Interrupción del público o del testigo.

En los supuestos en los que alguien del público increpe al orador o incluso un testigo se enfrente al mismo, la solución vendrá dada por el juez, quien realizará la advertencia oportuna a los mismos. En otro caso, seremos nosotros los que, a través del juez o presidencia, le expongamos la situación y solicitemos la adopción de alguna medida para que la vista transcurra por sus cauces normales.

Concluir señalando que siempre dispondremos del uso de la palabra para dejar constancia de nuestra protesta por lo sucedido, caso de que, a nuestro juicio no se haya actuado correctamente por el juez para la solución de estas situaciones, remedio que debe suplir en todo caso la pérdida de los papeles que puede producirse ante una reacción desafortunada.

 

 

[1] Técnica del informe ante Juzgados y Tribunales. Arturo Majada. Editorial Bosch.

 

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¿Debo anticipar las debilidades de mi caso cuando informo e interrogo?

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Cuando los abogados intervenimos en juicio en primer lugar, tanto al interrogar como al informar, solemos plantearnos el dilema de si conviene o no anticipar nuestras debilidades a través del interrogatorio (debilidades del testigo) o del informe oral (argumentos adversos). El problema de tal controversia radica en que adelantar las debilidades es una cuestión delicada, ya que si las oculto, pueden aparecer con más fuerza a través del letrado adverso; por el contrario, de hacerlo, estaríamos jugando verdaderamente con fuego.

¿Qué hacer pues?

En mi opinión, cuando el testigo adolece de alguna debilidad que pudiera perjudicar su credibilidad o la de su testimonio es conveniente sacarla a relucir a través del propio interrogatorio directo, de forma que nos anticipamos a que el abogado adverso lo haga durante el contrainterrogatorio y perjudique el testimonio ofrecido inicialmente. Imaginemos que nuestro cliente tiene antecedentes penales, es alcohólico, drogadicto, etc. y dichas circunstancias pueden influir en su credibilidad.

 

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¿Qué errores cometemos los abogados a la hora de informar en juicio?

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No es difícil encontrar a compañeros que consideran que el informe oral tiene escaso valor; el argumento que suelen emplear se centra en  que al comenzar su exposición el juez ya tiene tomada su decisión sobre el asunto enjuiciado, por lo que escaso interés va a prestar al mismo.

Sin embargo, me resisto a aceptar esta opinión, puesto que si bien todos los abogados hemos vivido situaciones de patente falta de atención del juez cuando informamos, lo cierto es que un informe oral bien elaborado y planteado puede y debe surtir efectos persuasivos, cuya manifestación, en el mejor de los casos,  será la confirmación de la tesis que sostiene el juez o la aportación de elementos de prueba o jurídicos inicialmente no considerados por éste (llegándose en este caso incluso, en ocasiones, a variar el sentido del fallo previsto) Si no fuera así ¿Qué sentido tendría la preeminencia que la oralidad tiene en nuestro ordenamiento? ¿Para qué se habría regulado el informe oral dotándolo de un contenido de tanto valor? Y lo más importante, ¿Por qué quienes intervenimos en sala hemos comprobado que un buen informe puede coadyuvar a la obtención de un buen resultado?

Partiendo de esta idea, en éste y en el próximo post vamos a destacar aquellos errores que solemos cometer los abogados al informar, todo ello con la finalidad de reflexionar a fin de alcanzar vías de mejora y perfeccionamiento en un trámite procesal de tanta importancia.

1º.- Informar pensando que el informe no tiene valor alguno para el juez.

Primer y más grave error. Si informamos con esta idea en mente, lo haremos sin transmitir un verdadero interés por lo que está diciendo, lo que se expresará mediante el empleo del lenguaje verbal y analógico muy débil, sin mostrar energía y vitalidad en la intervención. De este modo, si el orador no muestra ilusión e interés, no dude que el juez tampoco lo hará. Pero es que, a mayor abundamiento, un informe expuesto por alguien que no cree en el mismo, será un informe escasamente preparado y que adolecerá de todos los errores que veremos a continuación. Es algo así como la profecía autocumplida…

2º.- La falta de preparación del informe oral, es decir, falta de tiempo, dedicación e interés a en planificación, estudio y preparación.

Todo informe requiere un tiempo para la preparación  a través del adecuado estudio y planificación del contenido del mismo. Sin dicha preparación, sin duda se producirán numerosos errores en su exposición oral (que analizaremos a continuación), pues es obvio que un trámite procesal dirigido a la crítica de la prueba practicada y a la reconsideración de las tesis jurídicas de las partes,  va a requerir un estudio y preparación concienzuda que nos permita realizar una exposición solvente y, especialmente, persuasiva.

3º.- La falta de estructuración del informe oral.

El empleo de una estructura en la elaboración del informe oral nos ayudará a cumplir con la finalidad persuasiva del mismo y ello debido a que al dotarse de orden y coherencia a través de diversas partes perfectamente ensambladas, lograremos los objetivos persuasivos propios del mismo. Un informe sin estructura difícilmente logrará transmitir una noción de orden, unidad y coherencia en las ideas principales del alegato o facilitar al juez la retención de los argumentos principales. Es más, un informe no estructurado carece de flexibilidad y, llegado el caso (limitación de tiempo del informe), difícilmente podrá el abogado decidir que partes del discurso puede suprimir en beneficio de las más importantes.

4º.- La falta de orden en la exposición.

Consecuencia inherente a todo informe no estructurado, la falta de orden puede producirse incluso en el caso de que aquél se estructure, si bien las ideas en cada apartado se exponen de forma desordenada y anárquica: hechos, pruebas y argumentos pueden relacionarse de forma desacertada, alejándonos de criterios de importancia, impacto, etc. Por lo tanto, toda estructura requiere de orden en las ideas si no queremos realizar un informe al que no se preste atención e interés.

5º.- La exposición de un informe con una duración excesiva.

Si bien la legislación procesal no establece limitación temporal alguna para el informe estableciendo una duración máxima, tampoco existen unas reglas generales sobre su extensión, si bien actualmente puede afirmarse que en el foro español la tendencia camina inevitablemente hacía la brevedad y concisión, principios éstos que deberán aplicarse en función de factores tan variados como la importancia y la naturaleza del asunto, las circunstancias del caso concreto, el desarrollo de la práctica de la prueba, el número de litigantes, etc., si bien será la experiencia del orador la que deberá establecer la medida adecuada.

Ahora bien, sin perjuicio de que la brevedad en la exposición del alegato está bien vista por los jueces, estimamos que la duración máxima de un informe debe rondar los diez minutos, siendo esta duración suficiente para una exposición completa del asunto con la concreción necesaria, pues no hemos de olvidar que la finalidad del informe es enteramente persuasiva, lo que supone que para que nuestro mensaje llegue a nuestro auditorio será necesario que sea claro, concreto y conciso, lo que solamente puede conseguirse manteniendo la atención del juez y, claro está, por las leyes de la atención, ésta no puede mantenerse durante demasiado tiempo.

6º.- La lectura del informe oral en sala.

No es extraño ver a abogados que exponen su informe oral a través de su lectura. Ello es poco recomendable ya que la lectura afecta a aspectos de tanta importancia como la entonación, la elevada densidad de ideas que transmitimos, la falta de espontaneidad y flexibilidad del mismo (imaginemos que el juez nos pide abreviar o nos reduce el tiempo de exposición) y, por supuesto, la falta de confianza y seguridad que se transmite al juez. Para evitar esta clara desventaja, es necesario exponer el informe siguiendo las ideas recogidas en un guión (que naturalmente seguirá el orden y estructura propia del informe), ideas que se irán desarrollando de forma espontánea sobre la base de los conceptos recogidos en el mismo y que, por ley de la asociación, irán viniendo a nuestra mente con relativa facilidad, todo ello sin menoscabo de la lectura puntual de alguna cita jurisprudencial, fecha o dígito.

En el próximo post abordaremos nuevas situaciones cuya constatación y corrección podrán ayudarnos a realizar un informe más eficaz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Los medios de defensa del abogado ante sanciones y correcciones impuestas en juicio.

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Partiendo de la premisa de que tanto el abogado como el juez están obligados a actuar en los juzgados y tribunales con buena fe, lealtad y respeto, lo cierto es que en ocasiones pueden producirse momentos de tensión entre ambos, escenarios éstos que pueden requerir del abogado el empleo de los procesales a su alcance para la defensa de sus derechos profesionales. Por lo tanto, es de vital importancia que éste los conozca y sepa cuándo y cómo utilizarlos.

Con estos antecedentes, es objeto del presente post examinar los diversos medios remedios legales de los que disponemos los abogados, sin entrar en consideración alguna sobre las causas que dan lugar a estas situaciones.

Expuesto lo anterior, pasamos a examinar los siguientes aspectos:

1º.- Autocontrol como respuesta.

Siempre que se produzca una fase de tensión entre juez y abogado y sea cual sea la situación que la origine, el abogado debe ser ante todo prudente, muy racional y responsable de sus actos,

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Cómo planificar una audiencia previa y el juicio sin sobresaltos (contiene cronogramas)

21.07.2016 Categoría: Procesal 1 Comentario
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El presente post tiene como objeto trasladar al abogado la importancia de gestionar la preparación de la audiencia previa y el juicio como si de un proyecto se tratase. A tal efecto se adjuntan dos cronogramas que hemos elaborado para proyectar la audiencia previa y el juicio y que esperamos faciliten la labor de preparación de estos actos judiciales.

Sustancialmente, un proyecto es un resultado con el que nos hemos comprometido y que requiere más de una acción para su cumplimiento. Los proyectos se caracterizan por disponer de un objetivo final, una meta hacía la que enfocar nuestro trabajo y una serie de acciones concretas y tangibles a lo largo del tiempo  a través de las cuales nos vamos acercando a nuestro objetivo.  Visto así, qué duda cabe que los abogados estamos proyectando, desarrollando y concluyendo proyectos continuamente. Muchos son los ejemplos que nos pueden auxiliar para comprender esta idea: un encargo del cliente (judicial o extrajudicial), la organización de los expedientes o el archivo; la creación de un proceso de gestión del conocimiento; un plan de marketing, etc., todos absolutamente todos son ejemplos de proyectos.

 

 

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