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Cuando el lenguaje del abogado refuerza o debilita el alegato.

17.04.2017 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Sin comentarios

“La lengua es un arma sin hueso atrapada entre los dientes“ Buda.

Refiere Enrique Martínez Lozano en su libro “Crisis, crecimiento y despertar de la existencia” sobre un experimento en el que a un grupo de personas se le pidió que observara una serie de palabras de tipo negativo que se les iban proyectando tales como imposible, complejo, insuperable, peligroso, desagradable, atemorizador; a continuación se les tomó una muestra de saliva. Poco después, se modificaron las palabras por estas otras: posible, superable, accesible, capaz, valioso, y se les volvió a tomar la muestra. Los resultados fueron notables: en el primer ejercicio el grupo presentó un marcado aumento de cortisol (hormona del estrés), mientras que en el segundo se produjo  un descenso.

Una de las conclusiones del ensayo afirma que el lenguaje no solo describe, sino que además crea realidades, pues afecta a nuestras emociones y a nuestro estado de ánimo, de modo que un mensaje plagado de palabras con una connotación negativa no serán bien acogidas por el receptor y viceversa (y de eso saben muy bien en publicidad). Lo más sorprendente es que esta no es una cuestión de nuestra parte consciente, sino que es nuestro inconsciente el que, a partir del lenguaje, genera unas emociones positivas o negativas. No hemos de olvidar que las palabras que conforman el lenguaje son una fuerza; son el poder del que disponemos para expresar y comunicar lo que pensamos, lo que sentimos. En definitiva, son la expresión de nuestra intención en cada momento en que las pronunciamos.

Todo lo anterior nos lleva a la importancia que puede tener la selección de las palabras que vayamos a emplear en nuestro informe oral, valor que radicará en la forma en la que el juez, destinatario único del mismo, lo percibirá.

Pero, vayamos por partes.

Dentro de la fase argumentativa del informe oral pueden distinguirse dos partes bien definidas: la argumentación de nuestra propuesta de defensa y la refutación de la contraria (ésta última puede ser anticipada si informamos antes, o posterior, si lo hacemos al final). Lógicamente, a través de la argumentación el abogado trata de persuadir al juez de la bondad de sus argumentos, mientras que durante la refutación, se tratará de restar valor a los argumentos de contrario.

Por lo tanto, en un contexto en el que el abogado trata de persuadir al juez de la conveniencia de su propuesta, es lógico pensar que si le hacemos llegar nuestro mensaje de una forma agradable, favorable, suave, es decir, empleando palabras que refuercen el mensaje y le den un impacto positivo, este será recibido probablemente con más atención e interés (ya decía Quintiliano que “el ánimo abraza mejor lo que oye con gusto”). Por el contrario, si lo que tratamos es de transmitir la inconveniencia de determinados argumentos, qué duda cabe que si lo hacemos en un contexto verbal preñado de expresiones desagradables, negativas y que debiliten el mensaje (el mensaje refutado, claro está), habremos conseguido, con independencia de la argumentación, crear un contexto poco propicio para la recepción del mensaje.

Partiendo de lo anterior, proponemos que a la hora de elaborar el informe oral, cuando nos dediquemos a preparar las dos partes de la argumentación, seleccionemos claramente el lenguaje que vamos a emplear, distinguiendo entre argumentación y refutación, práctica ésta que estimo no es nada difícil, pues el trabajo se limitará a incluir algunos sustantivos, verbos, adverbios o locuciones en el lugar clave que corresponda. De esta forma, dispondremos de un informe estratégicamente diseñado para impactar en uno u otro sentido, en función de las palabras empleadas.

A modo de ejemplo, y para nuestra argumentación, podríamos usar las siguientes palabras:

–          Claro, preciso, coherente, uniforme, acreditado, probado, demostrado, objetivo, recto, directo, fácil, sencillo, comprensible, lógico, entendible, conciso, verdad, certeza, argumentado, honesto, fiel, razonado, solvente, favorable, lineal, ordenado, previsible, concatenado, conclusión, centrado, justicia, ecuanimidad, equidad, neutralidad, probidad, rectitud, conciencia.

Y para la refutación, estas otras:

–          Oscuro, tergiversado, entramado, incoherencia, deslavazado, disperso, subjetivo, parcial, sinuoso, inveraz, interesado, falto de…, huérfano, carente de…, carencia, omisión, olvido, adornado, hojarasca, sin fondo o contenido, improvisado, desacreditado, difícil, complejo, ilógico, incomprensible, falacia, infiel, desfavorable, perdido, retórico, hostil, injusticia, atropello, abuso, componenda, sinrazón, podría ser, creo que, pienso que…podría decirse que…

Para concluir, hemos de realizar una precisión. El uso del lenguaje que hemos examinado tiene una exclusiva finalidad estratégica en el contexto de la exposición de nuestros argumentos y refutación de los contrarios; ahora bien, en modo alguno ello puede autorizar el empleo en sala de un lenguaje para insultar, culpar, reprochar, etc., o un lenguaje desagradable, arrogante, tosco, sarcástico, irónico, etc., pues en tales casos estaremos siendo irrespetuosos frente al compañero, la parte contraria y frente al propio juez, lo cual es deontológicamente inadmisible, sin perjuicio de que este lo verá como muestra de pocos recursos o de escasa preparación.

De lo que se trata en definitiva es de atacar la argumentación adversa desacreditándola o debilitándola respetando a la persona y al profesional.

 

 

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¿Qué hacer cuando el cliente prescinde de los servicios de su abogado?

La pérdida de un cliente como consecuencia de su decisión de cambiar de abogado es otro de los “malos momentos” de nuestra profesión. Si bien es algo infrecuente, no es nada extraño que un abogado con amplia experiencia haya vivido tal situación y, como es lógico y natural, ésta constituye una vivencia muy incómoda y frustrante.

Para analizar esta incidencia, hemos de partir de la base de que el cliente está facultado para cesar a su abogado en cualquier momento de la relación profesional, cese que encuentra su fundamento en la confianza, elemento esencial del contrato de arrendamiento de servicios que nos une al cliente, pues la pérdida de ésta (que está siempre en el fondo de tal decisión) quiebra completamente la relación, haciendo imposible su pervivencia. Precisamente, por idéntica razón el abogado se encuentra igualmente facultado no sólo para no aceptar un encargo del cliente, sino para cesar en cualquier momento en su prestación del servicio.

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Un cliente no hace a un despacho

20.10.2016 Categoría: Blog, Marketing y tecnología Sin comentarios

Todos los despachos tenemos a un cliente importante (llamémosle VIP), es decir, un cliente que por la aportación que realiza al despacho (especialmente en facturación) es esencial para el desarrollo de nuestra actividad. Generalmente, ese cliente VIP no es el único, ya que todo despacho que se precie mantiene una cartera de otros clientes, aunque podríamos considerarlos “satélites” del cliente VIP.

Disfrutar de la confianza de este tipo de clientes es muy conveniente, si bien la experiencia nos informa que una excesiva dedicación de los recursos del despacho a los mismos puede concluir en una verdadera catástrofe para nuestra organización.

Dos las razones que avalan esta afirmación

 

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Las estipulaciones económicas de la hoja de encargo.

17.10.2016 Categoría: Blog, Gestión de despacho Comentarios

La Hoja de Encargo es el documento por el que el abogado y el cliente materializan la relación contractual de arrendamiento de servicios y, por tanto, el documento en el que se determinan las condiciones esenciales del encargo tales como el objeto de los servicios contratados, su duración, los honorarios y forma de pago, tratamiento de dietas y suplidos, intervención de otros profesionales, etc. No obstante, a nadie escapa que una de las razones claves para la suscripción de la hoja de encargo la constituye la precisa regulación de los aspectos económicos de la relación.

Sobre esta base, hoy, haciendo abstracción del resto del contenido habitual de la hoja de encargo, vamos a destacar (con ejemplos prácticos) aquellas estipulaciones con marcado carácter económico que deben incluirse en toda hoja de encargo.

1.- Honorarios Profesionales: Este puede considerarse el apartado fundamental del presupuesto. A través del mismo, se detallan, conforme a los baremos o criterios seguidos por nuestro despacho, los honorarios profesionales en función tanto de los servicios a prestar (demanda, recurso de apelación, etc.) como de las fases en las que esta prestación se realiza (primera o segunda instancia, etc.).

HONORARIOS PROFESIONALES

 La cantidad que se solicita por esta Firma de Abogados para proceder a aceptar el asunto y asumir la dirección jurídica del mismo  es la siguiente:

 HONORARIOS JUICIO EN PRIMERA INSTANCIA.

 En cuanto a los honorarios de abogado la norma aplicable sería la establecida en la Regla Norma  __ del Baremo Orientador del Despacho partiendo de una base minutable equivalente al valor real de la cuantía del procedimiento judicial, es decir, ______.

Aplicando la escala de minutación de las Normas Orientadoras del despacho la minuta resultante sería de_________.

Total honorarios profesionales de primera instancia: __________

FORMA DE DISTRIBUCIÓN DE LOS HONORARIOS EN PRIMERA INSTANCIA.

 1.- Con el encargo del asunto  (50 %) ………………….____ más IVA

 2.- A los tres meses de la aceptación del presupuesto (25 %)………………….____ más IVA

 3.- A los seis meses de la aceptación del presupuesto ( 25 %)………………….____ más IVA

 HONORARIOS JUICIO SEGUNDA INSTANCIA.

 En cuanto a los honorarios de abogado la norma aplicable sería la establecida en la Regla Norma  __ del Baremo Orientador del despacho (50 % de la cuantía correspondiente a la primera instancia).

 En el caso de que la sentencia sea recurrida por alguna de las partes (segunda instancia en la Audiencia Provincial) el despacho percibirá como honorarios profesionales la cantidad de coincidiendo con la interposición del recurso de apelación.

Total honorarios profesionales de segunda instancia: __________

 2.-Previsión de una posible transacción: Resulta muy interesante incluir una estipulación que incluya el importe de nuestros honorarios para el supuesto de que las partes alcancen una transacción durante el procedimiento. No es de extrañar que tras la demanda y contestación, las partes puedan alcanzar un acuerdo en el que se barajen sumas de dinero. En tal caso, será preciso disponer de una estipulación que regule dicha eventualidad:

PREVISIÓN DE POSIBLE TRANSACCIÓN.

En el supuesto de que el presente procedimiento concluya en cualquiera de sus fases con una transacción por la que se de fin al mismo, el abogado retendrá para sí el importe total de los honorarios ya percibidos con anterioridad a la transacción, más una suma equivalente al X % de la suma final objeto de la transacción.

3.- Costas Judiciales: Dado que es habitual que se facture al cliente una cantidad inferior a la resultante de la aplicación de los Baremos (bien a través de bonificaciones o porque los honorarios del despacho sean inferiores al mismo) es recomendable pactar para el caso de imposición de las costas procesales al contrario, que el importe abonado por el cliente al abogado será recuperado por el cliente con cargo a la liquidación de costas, quedando el exceso de honorarios liquidados a favor del abogado.

 TRATAMIENTO DE LAS COSTAS DEL JUICIO

En el supuesto que el resultado del procedimiento sea favorable al cliente, y la parte contraria resultase condenada al pago de las costas procesales, una vez tasadas estas, ambas partes acuerdan que hecho efectivo el importe de dichas costas (correspondientes a honorarios de letrado), el cliente percibirá con cargo a las mismas el importe que hubiera satisfecho a su abogado en cumplimiento del presente contrato, recuperando por tanto el coste económico realizado en su abogado.  Es cuanto a la suma que exceda desde lo percibido por el cliente con cargo a las costas hasta el importe total tasado, dicho importe corresponderá al abogado en concepto de honorarios profesionales.

A tal efecto, el cliente autoriza al abogado tanto para que cobre directamente el importe de las costas una vez tasadas (importe que recibirá el tratamiento de fondos de cliente) como para que se haga con cargo a dichos fondos autopago de los honorarios señalados en el párrafo precedente, obligándose a entregar el importe restante al cliente.

4.- Suplidos: En nuestro presupuesto no debe faltar una regulación de los suplidos (especialmente en aquellos casos que sabemos que el desplazamiento y la pernoctación serán probables). De no hacerse constar dicha prevención, difícilmente serán satisfechos cuando se soliciten.

DIETAS Y SUPLIDOS

En caso de que fuera necesario incurrir en algún gasto o efectuar algún desplazamiento a más de 25 kilómetros de la ciudad de ____ mientras se prestan nuestros servicios, dichos gastos (transporte, estancia, gastos, etc.) deberán ser reembolsados por el cliente de acuerdo con el gasto efectuado (informando previamente para que pueda decidir si incurre en ellos o no). Sin embargo, cuando sea necesario, nuestra firma prefiere que en relación a transporte y estancia sea el propio cliente quien efectúe las reservas y proporcione los billetes.

Los gastos correspondientes a otros profesionales (procuradores, peritos, notarios, etc.) y cualquier gasto que exceda de la intervención del profesional y sea necesario para el desenvolvimiento del caso y realizado con la autorización del cliente, será con cargo a éste.

5.- Autorización para imputación de pagos:Acorde con lo dispuesto en el artículo 20.2 del CDAE, el abogado solo podrá detraer sus honorarios de las sumas de dinero del cliente que estén en su posesión cuando conste consentimiento expreso del cliente. Por ello, es fundamental disponer de una estipulación que autorice dicha detracción.

 IMPUTACIÓN DE PAGOS

 El cliente autoriza al Letrado a aplicar las cantidades que perciba en concepto de provisión de fondos, o de terceros por cuenta o en interés del cliente por cualquier concepto al pago de la minuta procedente de éste u otros encargos profesionales, o a provisión de fondos para honorarios y suplidos de éste u otros encargos profesionales, todo ello de conformidad con lo dispuesto en el artículo 20 del CDAE)

 6.- Petición de aceptación y primer pago de honorarios: El presupuesto concluye con una petición formal de que se proceda al pago de la provisión para inicial la relación contractual. A tal efecto se le indicará la suma exacta de los honorarios (IVA incluido) que debe ser satisfecha al despacho para considerarse aprobado el presupuesto y con el fin de facilitar el pago debemos indicar una cuenta corriente del despacho. Para concluir, deberá solicitarse la aceptación expresa del presupuesto mediante su firma y envío al despacho.

En consecuencia, caso de aceptarse el presupuesto, rogamos nos lo envíen debidamente firmado por fax o correo electrónico. Igualmente, para comenzar con nuestra intervención profesional, rogamos ingresen en la cuenta abajo indicada el importe de ______ (IVA incluido)  por encargo del asunto.

 Como conclusión, hemos de significar la importancia de estas estipulaciones en todas las hojas de encargo que suscribamos. En la medida en que regulemos todos los posibles supuestos económicos menos incidencias tendremos en esta área tan delicada.

 

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¿Debo anticipar las debilidades de mi caso cuando informo e interrogo?

Cuando los abogados intervenimos en juicio en primer lugar, tanto al interrogar como al informar, solemos plantearnos el dilema de si conviene o no anticipar nuestras debilidades a través del interrogatorio (debilidades del testigo) o del informe oral (argumentos adversos). El problema de tal controversia radica en que adelantar las debilidades es una cuestión delicada, ya que si las oculto, pueden aparecer con más fuerza a través del letrado adverso; por el contrario, de hacerlo, estaríamos jugando verdaderamente con fuego.

¿Qué hacer pues?

En mi opinión, cuando el testigo adolece de alguna debilidad que pudiera perjudicar su credibilidad o la de su testimonio es conveniente sacarla a relucir a través del propio interrogatorio directo, de forma que nos anticipamos a que el abogado adverso lo haga durante el contrainterrogatorio y perjudique el testimonio ofrecido inicialmente. Imaginemos que nuestro cliente tiene antecedentes penales, es alcohólico, drogadicto, etc. y dichas circunstancias pueden influir en su credibilidad.

 

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¿Qué errores cometemos los abogados a la hora de informar en juicio?

No es difícil encontrar a compañeros que consideran que el informe oral tiene escaso valor; el argumento que suelen emplear se centra en  que al comenzar su exposición el juez ya tiene tomada su decisión sobre el asunto enjuiciado, por lo que escaso interés va a prestar al mismo.

Sin embargo, me resisto a aceptar esta opinión, puesto que si bien todos los abogados hemos vivido situaciones de patente falta de atención del juez cuando informamos, lo cierto es que un informe oral bien elaborado y planteado puede y debe surtir efectos persuasivos, cuya manifestación, en el mejor de los casos,  será la confirmación de la tesis que sostiene el juez o la aportación de elementos de prueba o jurídicos inicialmente no considerados por éste (llegándose en este caso incluso, en ocasiones, a variar el sentido del fallo previsto) Si no fuera así ¿Qué sentido tendría la preeminencia que la oralidad tiene en nuestro ordenamiento? ¿Para qué se habría regulado el informe oral dotándolo de un contenido de tanto valor? Y lo más importante, ¿Por qué quienes intervenimos en sala hemos comprobado que un buen informe puede coadyuvar a la obtención de un buen resultado?

Partiendo de esta idea, en éste y en el próximo post vamos a destacar aquellos errores que solemos cometer los abogados al informar, todo ello con la finalidad de reflexionar a fin de alcanzar vías de mejora y perfeccionamiento en un trámite procesal de tanta importancia.

1º.- Informar pensando que el informe no tiene valor alguno para el juez.

Primer y más grave error. Si informamos con esta idea en mente, lo haremos sin transmitir un verdadero interés por lo que está diciendo, lo que se expresará mediante el empleo del lenguaje verbal y analógico muy débil, sin mostrar energía y vitalidad en la intervención. De este modo, si el orador no muestra ilusión e interés, no dude que el juez tampoco lo hará. Pero es que, a mayor abundamiento, un informe expuesto por alguien que no cree en el mismo, será un informe escasamente preparado y que adolecerá de todos los errores que veremos a continuación. Es algo así como la profecía autocumplida…

2º.- La falta de preparación del informe oral, es decir, falta de tiempo, dedicación e interés a en planificación, estudio y preparación.

Todo informe requiere un tiempo para la preparación  a través del adecuado estudio y planificación del contenido del mismo. Sin dicha preparación, sin duda se producirán numerosos errores en su exposición oral (que analizaremos a continuación), pues es obvio que un trámite procesal dirigido a la crítica de la prueba practicada y a la reconsideración de las tesis jurídicas de las partes,  va a requerir un estudio y preparación concienzuda que nos permita realizar una exposición solvente y, especialmente, persuasiva.

3º.- La falta de estructuración del informe oral.

El empleo de una estructura en la elaboración del informe oral nos ayudará a cumplir con la finalidad persuasiva del mismo y ello debido a que al dotarse de orden y coherencia a través de diversas partes perfectamente ensambladas, lograremos los objetivos persuasivos propios del mismo. Un informe sin estructura difícilmente logrará transmitir una noción de orden, unidad y coherencia en las ideas principales del alegato o facilitar al juez la retención de los argumentos principales. Es más, un informe no estructurado carece de flexibilidad y, llegado el caso (limitación de tiempo del informe), difícilmente podrá el abogado decidir que partes del discurso puede suprimir en beneficio de las más importantes.

4º.- La falta de orden en la exposición.

Consecuencia inherente a todo informe no estructurado, la falta de orden puede producirse incluso en el caso de que aquél se estructure, si bien las ideas en cada apartado se exponen de forma desordenada y anárquica: hechos, pruebas y argumentos pueden relacionarse de forma desacertada, alejándonos de criterios de importancia, impacto, etc. Por lo tanto, toda estructura requiere de orden en las ideas si no queremos realizar un informe al que no se preste atención e interés.

5º.- La exposición de un informe con una duración excesiva.

Si bien la legislación procesal no establece limitación temporal alguna para el informe estableciendo una duración máxima, tampoco existen unas reglas generales sobre su extensión, si bien actualmente puede afirmarse que en el foro español la tendencia camina inevitablemente hacía la brevedad y concisión, principios éstos que deberán aplicarse en función de factores tan variados como la importancia y la naturaleza del asunto, las circunstancias del caso concreto, el desarrollo de la práctica de la prueba, el número de litigantes, etc., si bien será la experiencia del orador la que deberá establecer la medida adecuada.

Ahora bien, sin perjuicio de que la brevedad en la exposición del alegato está bien vista por los jueces, estimamos que la duración máxima de un informe debe rondar los diez minutos, siendo esta duración suficiente para una exposición completa del asunto con la concreción necesaria, pues no hemos de olvidar que la finalidad del informe es enteramente persuasiva, lo que supone que para que nuestro mensaje llegue a nuestro auditorio será necesario que sea claro, concreto y conciso, lo que solamente puede conseguirse manteniendo la atención del juez y, claro está, por las leyes de la atención, ésta no puede mantenerse durante demasiado tiempo.

6º.- La lectura del informe oral en sala.

No es extraño ver a abogados que exponen su informe oral a través de su lectura. Ello es poco recomendable ya que la lectura afecta a aspectos de tanta importancia como la entonación, la elevada densidad de ideas que transmitimos, la falta de espontaneidad y flexibilidad del mismo (imaginemos que el juez nos pide abreviar o nos reduce el tiempo de exposición) y, por supuesto, la falta de confianza y seguridad que se transmite al juez. Para evitar esta clara desventaja, es necesario exponer el informe siguiendo las ideas recogidas en un guión (que naturalmente seguirá el orden y estructura propia del informe), ideas que se irán desarrollando de forma espontánea sobre la base de los conceptos recogidos en el mismo y que, por ley de la asociación, irán viniendo a nuestra mente con relativa facilidad, todo ello sin menoscabo de la lectura puntual de alguna cita jurisprudencial, fecha o dígito.

En el próximo post abordaremos nuevas situaciones cuya constatación y corrección podrán ayudarnos a realizar un informe más eficaz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La estrategia del silencio en juicio (el uso eficaz de las pausas)

29.09.2016 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Comentarios

 

El empleo del silencio constituye una extraordinaria herramienta durante el proceso de comunicación del abogado en sala, bien interrogando, bien informando o, incluso, durante la comunicación secundaria que inevitablemente se produce durante todo acto judicial.

Un empleo adecuado del silencio (o de las pausas) durante el juicio nos ayudará a obtener importantes beneficios:

  • Las pausas aportan claridad al lenguaje.
  • Permiten enfatizar los puntos principales, de modo que calen hondo en el auditorio.
  • Establecen un espacio de dialogo en el que recogemos y analizamos la información, lo que nos permitirá, previa su elaboración, transmitirla al interlocutor.
  • Procuran al comunicador y al auditorio un descanso imprescindible para garantizar la necesaria atención.

Conocidas sus bondades, veamos el empleo práctico de las mismas a través del examen de las diversas técnicas en sala:

 

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Los medios de defensa del abogado ante sanciones y correcciones impuestas en juicio.

15.09.2016 Categoría: Blog, Mi profesión Sin comentarios

Partiendo de la premisa de que tanto el abogado como el juez están obligados a actuar en los juzgados y tribunales con buena fe, lealtad y respeto, lo cierto es que en ocasiones pueden producirse momentos de tensión entre ambos, escenarios éstos que pueden requerir del abogado el empleo de los procesales a su alcance para la defensa de sus derechos profesionales. Por lo tanto, es de vital importancia que éste los conozca y sepa cuándo y cómo utilizarlos.

Con estos antecedentes, es objeto del presente post examinar los diversos medios remedios legales de los que disponemos los abogados, sin entrar en consideración alguna sobre las causas que dan lugar a estas situaciones.

Expuesto lo anterior, pasamos a examinar los siguientes aspectos:

1º.- Autocontrol como respuesta.

Siempre que se produzca una fase de tensión entre juez y abogado y sea cual sea la situación que la origine, el abogado debe ser ante todo prudente, muy racional y responsable de sus actos,

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Cuando la Justicia te da una lección.

12.09.2016 Categoría: Blog, Mi profesión Comentarios

La semana pasada vivimos una experiencia en el despacho muy parecida a otra que experimenté hace muchos años y que dio lugar a que escribiera un post en el que recreaba aquella situación. Concretamente,  un compañero esperaba una sentencia tras la celebración del juicio el pasado mes de julio, acto del que salió muy frustrado por diversas circunstancias y que apuntaban a una previsible sentencia desfavorable. Sin embargo, contra todo pronóstico, la resolución ha sido positiva, similitud ésta que me ha hecho volver a publicar el texto de aquel post, quizás desconocido para nuevos lectores, y que en su día se publicó bajo el título de “Un justo revolcón”

Sin más preámbulos, ahí va el cuento que espero os haga reflexionar…

“Mi cliente C, un amigo, abogado mercantilista que administraba y participaba una sociedad que denominaremos S, se presentó en el despacho con una demanda de desahucio por precario dirigida contra su empresa en relación con una extensa finca rústica que ésta venía explotando en la sierra. Como consecuencia de diversos pactos verbales con la propiedad, la sociedad S explotaba la finca a título de administración desde hacía veinte años y ahora se veía demandada por precario.

El asunto no debía ser complicado, pensé.

Tras recopilar numerosa documentación vinculada directa e indirectamente a la explotación, enfoqué el asunto partiendo de la base de que la doctrina de la cuestión compleja, que como sabemos prima la necesidad de acudir al ordinario que corresponda, cuando se declare que el contrato que vincula a las partes es de naturaleza atípica y compleja.

Una vez preparado el asunto con sumo cuidado, el día del juicio partí acompañado de mi cliente con una voluminosa carpeta de documentos perfectamente ordenados y numerados, sobre aspectos de la explotación agrícola, ganadera, de caza, etc. que a buen seguro – pensaba – nos ayudarían a salir airosos de la situación.

Ya en el Juzgado, observé, como me había anticipado el cliente, los viejos antagonismos que reflejaban las fugaces miradas de los contendientes,  situación cuyo malestar se agudizaba con los escasos doce metros cuadrados de la oscura sala en la que esperábamos nuestro turno.

Por fin, en el estrado todo discurrió perfectamente hasta la práctica de la prueba. La Jueza, ante el gran volumen de documentación que pretendíamos aportar y sobre todo ante las continuas y hábiles – para su defensa – interrupciones del letrado contrario censurando que en un precario tratara de aportar tan numerosa documentación, decidió finalmente admitir sólo un documento de cuantos había aportado, no considerando necesaria el resto de la documentación.

Impugné la decisión y protesté.

A partir de ese momento, los interrogatorios y las testificales se me antojaron vacíos y de exclusiva utilidad al contrario, quien, viéndome sin armas para defender una acción basada en la complejidad de la relación contractual, rezumaba en los interrogatorios la motivación y seguridad que yo iba perdiendo por segundos. Llegados al informe, hice lo que pude, pero siendo consciente de que carecía de los pilares suficientes para sustentar mi alegato. De hecho, mi informe me sonaba literalmente a “hueco” tal y como seguramente sonó en toda la Sala.

Al concluir el juicio, y mientras introducía aquel inmenso expediente en el portafolios, miré de soslayo al letrado contrario y, descorazonado, comprobé como cruzaba una fugaz mirada de satisfacción con su cliente.

El regreso a casa en coche fue más triste si cabe. C, conocedor de estas lides, entendió lo que había ocurrido, pero, qué duda cabe que estaba más afectado que yo ante una segura derrota que ambos confesamos esperar a tenor de cómo se habían desarrollado los acontecimientos. Quien haya vivido alguna vez el regreso de un mal juicio acompañado de su cliente sabe lo que digo.

En la soledad de mi despacho, pasé dos o tres días muy afectado con lo ocurrido. Había puesto mucho empeño e ilusión en el asunto. Tenía muy clara la línea de defensa y veía injusto que a través de un precario, la propiedad consiguiera deshacerse de la sociedad S tras veinte años de explotación de la finca. De hecho, tal era mi frustración, que me vino una de esas crisis que todo abogado ha tenido alguna vez y  que le empuja a pensar en dejarlo todo, hasta que la madera de la que estamos hechos nos hace olvidar y continuar con nuestro trabajo enfrentando nuevos retos.

El caso es que finalmente me olvide del asunto y esperé lo inevitable.

Y he aquí que dos semanas después llegó la sentencia: desestimatoria y con costas. ¡La Juez había acogido la cuestión compleja en base al contenido del único documento que admitió como prueba documental!

Ni que decir tiene que viví durante un par de días en una nube. Feliz por la satisfacción y alegría de C; feliz porque nos habían dado la razón en base a nuestros argumentos; y feliz, paradójicamente, porque la Justicia me había dado un revolcón… un justo revolcón.

Me gustaría concluir con una cita de Piero Calamandrei, de su Libro Elogio de los Jueces por un Abogado2, cita que al leerla me sugirió contar esta anécdota, (salvando naturalmente las distancias entre uno y otro caso y algunas consideraciones de la cita que no vienen a cuento).

“Estas defendiendo un pleito importante, uno de aquellos pleitos, no raros en lo civil, en el que de su resolución depende la vida de un hombre, la felicidad de una familia.

 Estás convencido de que tu cliente tiene razón: no sólo según las leyes, sino también según la conciencia moral, que tiene más valor que las leyes. Sabes que deberías vencer si en el mundo existiese justicia…; pero estás lleno de temores y de sospechas: tu adversario es más sabio, más elocuente, tiene más autoridad que tú. Sus escritos están redactados con un arte refinado que tú no posees. Sabes que es amigo personal del presidente, que los magistrados lo consideran un maestro; sabes que el contrario alardea de influencias irresistibles. Además el día de la vista, tienes la absoluta sensación de haber hablado mal, de haber olvidado los mejores argumentos, de haber aburrido a la Sala, que, por el contrario, escuchaba sonriente la brillante oración de tu contrario. Estás abatido y desalentado; presientes una derrota inevitable; te repites, con amargor de boca, que no debe esperarse nada de los jueces… Y, por el contrario, cuando conoces la sentencia recibes la inesperada noticia de que la victoria es tuya; a pesar de tu inferioridad, de la elocuencia del adversario, de la temida amistad y de las alardeadas protecciones. Estos son los días de fiesta del abogado: cuando se da cuenta de que, contra todos los medios del arte y de la intriga, vale más, modesta y oscuramente, tener razón”.

 

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