preguntas Archive

standard

En juicio, a veces la mejor pregunta es la que no se hace

Una de las deficiencias más acusadas que se observan durante el interrogatorio realizado a una parte, testigo o perito, radica en que las preguntas formuladas no aportan nada a la línea de defensa de quien interroga.

En ocasiones, estas preguntas superan el control de legalidad, aunque a efectos del interrogatorio resultan inocuas e intrascendentes en su conjunto y contexto; en otras ocasiones, se enfrentarán a la interpelación más que justificada del juez:

Sr. Letrado, esa pregunta ya ha sido respondida anteriormente.

Abogado, esa pregunta es impertinente.

Sr. Letrado, concrete su pregunta.

Alguna pregunta más Sr. Letrado…

Esta práctica trae su causa en una defectuosa preparación del interrogatorio, falta que, a su vez, deriva de la ausencia de un objetivo claro y preciso a la hora de abordar todo interrogatorio. Unido a lo anterior, encontramos una costumbre bastante perniciosa, por la cual el abogado se siente “obligado” a interrogar y no dejar pasar la ocasión sin intervenir (quizás en la confianza de poder obtener algún resultado, lo que los anglosajones denominan ir de fishing expedition o porque el cliente, presente en el juicio, no ha sido advertido de la posibilidad estratégica de no preguntar).

Sin embargo, podemos afirmar que dicha práctica es contraproducente y perniciosa para la defensa, afirmación que se resume perfectamente en el dicho “A veces, la mejor pregunta es la que no se hace”. Y si éste no queda claro, hay otro más elocuente: “No existen malas respuestas, sino malas preguntas”.

Continuar leyendo en LegalToday.com
standard

Las siete preguntas que nunca harás en un interrogatorio

3.11.2016 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Comentarios

Litigar constituye una actividad esencialmente estratégica, ya que durante el juicio el abogado deberá lograr transmitir al tribunal que su versión es la más fidedigna con los hechos y ajustada al derecho aplicable, ofreciendo así una prueba que refuerce esa versión mediante un relato coherente, claro y creíble. Para ello, el abogado, a través del interrogatorio deberá saber cómo extraer de los testigos la información necesaria y estructurarla de manera que los jueces puedan resolver la controversia adecuadamente. En este contexto, las preguntas del interrogatorio juegan un papel esencial, pues un empleo apropiado de las mismas es la llave para poder desarrollar dicha estrategia con éxito.

Partiendo de esta idea, hoy vamos a dedicar nuestro post a analizar siete supuestos de preguntas realizadas con falta de una proyección estratégica, lo cual puede ayudarnos a ir descubriendo la importancia del empleo de técnicas de litigación en el marco del interrogatorio.

1ª.- La pregunta del interrogatorio que nunca debiste hacer: El interrogatorio, acorde con su fin estratégico, solo procede cuando se tiene un objetivo que desde el punto de vista probatorio resulta relevante y que, en la práctica, tiene visos de ser alcanzable. Por lo tanto, antes de tomar la decisión de interrogar hemos de fijar nuestro objetivo y evaluar las posibilidades de lograrlo. Únicamente en el caso de que sea posible alcanzarlo, entraremos a interrogar; de lo contrario, es preferible mantenerse en silencio. De esta forma evitaremos la realización de un interrogatorio absurdo desde una perspectiva estratégica y propenso a disminuir la credibilidad de nuestra línea de defensa ante el juez. A veces, la mejor pregunta es la que no se hace.

Continuar leyendo en LegalToday.com
standard

Repetir las preguntas al testigo, ¿Estrategia o infracción?

26.09.2016 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Comentarios
Óscar León: ¿Somos los abogados duros de oído?

Repetir las preguntas que ya han sido realizadas constituye generalmente un error de notable importancia en todo interrogatorio, sea directo o cruzado. Ello es lógico, puesto que si ya hemos efectuado dicha pregunta y ya ha sido respondida, nos guste o no la respuesta, el volver a realizarla inmediatamente va a suponer la llamada de atención del juez o la impugnación de la pregunta por capciosa por el letrado contrario. Igualmente, repetir las preguntas demuestra falta de preparación o falta de atención y concentración, situaciones que conducirán a la percepción en el juez de falta de credibilidad del abogado que interroga.

Las preguntas repetitivas son por tanto aquellas preguntas que, realizadas más de una vez durante el interrogatorio, versan sobre una materia que ya ha sido respondida por el testigo.

Estas preguntas pueden tener un origen voluntario, es decir, que el interrogador es plenamente consciente de la repetición o involuntario, en cuyo caso y como anticipamos, es un error a la hora de interrogar.

Centrándonos en el primero de los supuestos, la pregunta repetitiva estaría prohibida cuando el interrogador, a través de la repetición, pretende lograr alguna inconsistencia en la declaración del testigo respecto a lo ya declarado. En este caso la pregunta sería potencialmente capciosa, dado que lo que se pretende es inducir a error respecto a lo ya declarado anteriormente.

 P.- ¿Dónde se encontraba usted sobre las 22,30 horas?

R.- Sentado en el interior del bar junto a la ventana.

P.- ¿Estaba sentado para ver si se aproximaba María?

R.- No.

P.- ¿Pero usted sabía que María podía venir?

R.- Claro, yo …

P.- Entonces, ¿no estaba pendiente de la llegada de María junto a la ventana?

R.- Ya le he dicho que no.

Ahora bien, teniendo en cuenta que el interrogatorio consiste en la reformulación de la versión ya expuesta en el interrogatorio directo, y que la única forma de hacerlo es a través de las preguntas del contrainterrogatorio, entendemos que las preguntas podrán repetirse las veces que sean necesarias en el caso de que el testigo trate de evadir la respuesta a la misma. Es decir, puedo repetir mi pregunta siempre y cuando la misma no haya sido respondida explícitamente y sin rodeos.

Veamos un ejemplo en el que el testigo se niega a responder a una pregunta de respuesta sencilla.

P.- ¿Sr. López golpeo Luis a María?

R.- Bueno, yo sé que algunas veces discutían.

En estos casos el primer consejo es no perder la calma e insistir hasta que el testigo responda a la pregunta, siendo desaconsejable rendirse a la primera y continuar con otras preguntas.  Por ello, sin perder el control y de forma educada se le informará sobre su obligación de responder a la pregunta:

P.- Sí, lo entiendo, pero no ha respondido a mi pregunta, lo que quiero saber es si Luis golpeó a María.

Imaginemos que el testigo insiste en no responder claramente y nos contesta lo siguiente:

R.- Ya, ya, pero lo que quiero explicarle es que como todas las parejas, a veces tienen sus rifi-rafes y, ya se sabe…

Nuevamente, y esta vez con una expresión más seria y una entonación más segura habría que insistir:

P.- No está Vd. respondiendo a mi pregunta, por favor, contésteme si o no si presencio como Luis golpeo a María.

Si tras un par de intentos el testigo sigue en las mismas y no responde afirmando, negando o diciendo que lo desconoce, es hora de pedir el auxilio judicial y exponer al juez (si no ha intervenido ya de motu proprio) que el testigo no está respondiendo a la pregunta y que se solicita se le conmine a responder.

No veo aconsejable, durante la fase en la que estamos interactuando con el testigo, interrumpir su respuesta evasiva, puesto que a la vista de nuestras llamadas de atención, el propio testigo está perdiendo credibilidad al evadir una respuesta a una pregunta clara y precisa, perdiendo la imparcialidad que se le presume.

En definitiva, obtener la respuesta solicitada es un derecho de quien contrainterroga, y ante esta eventualidad, hemos de mantener la calma, ser respetuosos con el testigo, e insistir demandando la respuesta solicitada para, caso de ser negada, solicitar el auxilio del juez.

Finalmente, hay supuestos en los que la reiteración de la pregunta tiene como objeto llamar la atención  al juez sobre una respuesta ya ofrecida anteriormente y que, por cuestiones de mayor impacto, se procede a su reiteración. En tales casos, dependiendo de cómo se formulen, la información podrá ingresar en el juicio sin objeción por el juez.

P.- Por lo tanto, ¿usted vio como Luis cogió del coche un bate de béisbol?

R.- Sí.

P.- ¿Está usted seguro de lo que sacó del coche fue un bate de béisbol?

R.- Sí, estoy seguro.

En definitiva, en el universo del interrogatorio, hasta la repetición de las preguntas, fuera de la prohibición existente, puede incluso alcanzar un sentido estratégico.

 

standard

¿Debe el abogado leer las preguntas durante el interrogatorio?

29.08.2016 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Sin comentarios

Aprovecho para enviaros un cariñoso saludo y daros la bienvenida una vez concluidas las vacaciones estivales (aunque me consta que más de uno lleva trabajando desde hace días).  Para mí, vuelve a ser un verdadero placer estar con vosotros y aportar mi granito de arena, si es posible, para mejorar las habilidades de nuestra profesión y, de este modo, contribuir a que seamos mejores abogados.

Hoy trataremos un tema que considero muy interesante y práctico, y que puede ayudarnos a ser más eficaces en el juicio oral y que aborda una práctica profesional que puede  mejorarse sustancialmente: la forma de realizar las preguntas durante el interrogatorio.

No es nada extraño encontrar en una sala de vistas a más de un abogado realizando los  interrogatorios mediante la lectura sucesiva de preguntas escritas. Sin embargo, si bien  esta práctica es en cierto sentido lógica, pues ofrece aparentemente más seguridad al profesional, creemos que puede ser altamente nociva y desaconsejable para la realización de un interrogatorio eficaz, y muy especialmente para el contrainterrogatorio.

Ciertamente, el elaborar por escrito un listado de preguntas ordenadas constituye un elemento que ayuda al abogado a la mejor preparación y planificación del interrogatorio, pues indudablemente supone un análisis y reflexión profunda de los términos en los que debe realizarse la prueba. Sin embargo, estos beneficios desaparecen cuando pasamos a la fase de ejecución del contrainterrogatorio, y por mucha seguridad que pueda darnos el llevar nuestras preguntas escritas, lo cierto es que los inconvenientes que se derivan de tal práctica aconsejan el cambio de estrategia.

Veamos de forma sintetizada los inconvenientes de leer las preguntas durante el contrainterrogatorio:

1º.- Al estar concentrados en la lista de preguntas (concretamente de la próxima pregunta) dejamos de estar pendientes de la respuesta del testigo, lo que va a motivar no solo que descuidemos el hilo conductor del interrogatorio, sino que perdamos oportunidades para introducir aclaraciones o concretar aspectos confusos o poco concretos o incluso para enfatizar informaciones esenciales.

2º.- Se merma nuestra capacidad para intervenir con plena concentración ante cualquier imprevisto (denegación de una pregunta, planteamiento de una impugnación de preguntas, respuesta agresiva de un testigo,  etc.)

3º.- Igualmente, ante cualquier imprevisto el abogado tendrá dificultades para reposicionarse y continuar el interrogatorio en el orden y ritmo previsto.

4º.- Nuestra intervención pierde espontaneidad y frescura, lo que puede incidir en la atención que el juez esté prestando al interrogatorio.

5º.- El ritmo y la velocidad, que deben ser rápidos durante el interrogatorio, se verán afectados pues es muy difícil llevar el ritmo y a la vez estar pendientes de las preguntas. Además, inevitablemente se generarán entre pregunta y pregunta pausas y silencios nada recomendables durante el contrainterrogatorio.

6º.- Consecuencia de lo anterior, el testigo, que debe estar controlado por el abogado, se sitúa en una fase de comodidad en la que el pasa a mantener el control del contrainterrogatorio, sintiéndose más seguro.

Ante esta situación, considero que lo más apropiado para llevar a cabo el interrogatorio es, una vez estudiado el caso a conciencia, (lo cual es imprescindible) elaborar una ficha por cada testigo que nos facilite la práctica del contrainterrogatorio en función de las necesidades y exigencias del mismo. Esta ficha podría incluir los siguientes datos:

Objetivos: Nos referimos con ello al objetivo que se trata de obtener con el interrogatorio de este testigo.

Temas: Puntos esenciales y concretos de los hechos sobre los que girará el contrainterrogatorio.

Líneas del contrainterrogatorio: Hechos relevantes que pretendemos probar expresado a través de un específico y concreto mensaje fáctico que se pretende enviar al juez respecto de una prueba o de un tema en particular. Cada objetivo y tema están compuestos por una o varias líneas de contrainterrogatorio.

Preguntas: Serán las preguntas con las que gestionaremos las líneas de contrainterrogatorio que disponemos. Estas preguntas no deben de estar determinadas en formato pregunta, bastando el tema básico de cada pregunta a fin de ser transformado como pregunta durante el juicio y en función de las circunstancias concurrentes.

Evidencias: Pruebas de referencia que puedan servirnos para confrontar las respuestas del testigo y apoyar nuestras afirmaciones. Nos referimos con ello a cualquier prueba como declaraciones previas del acusado, la víctima, el propio testigo, pruebas documentales, etc. Estas evidencias son claves para un buen contrainterrogatorio pues afianzan la seguridad que se requiere para el éxito del mismo.

Veamos un ejemplo de FICHA DE PLANIFICACION DEL CONTRAINTERROGATORIO DEL TESTIGO.

Objetivo 1.- Desacreditar al testigo.

                Tema 1: La parcialidad del testigo.

                               Líneas de contrainterrogatorio:

                                               1ª.- El testigo por sus relaciones profesionales y de amistad pretende beneficiar al acusado.

                                               Preguntas: Su actividad, tiempo que lleva trabajando en el bar con el acusado, posible amistad, indagar sobre el aprecio que tiene al acusado, razones para ayudarlo en juicio, grado de confianza sobre el mismo, consecuencias de la condena para su empleo.

                                                               Evidencias: Declaración sumario, declaración interrogatorio directo y testifical de Juan y Rocío, testigos más creíbles.

Objetivo 2.- Desacreditar el testimonio.

                Tema 1: Las apreciaciones sexistas del testigo.

Líneas de contrainterrogatorio:

1ª.-  Su testimonio está basado en apreciaciones personales sexistas.

               Preguntas: indagar en lo que el testigo entiende por “ser una chica provocativa”, extraer sus perjuicios, comparar con otras chicas que van al bar vestidas igual, demostrar su falta de imparcialidad juzgando a la víctima de forma diferente a otras chicas.

                           Evidencias: Reglas de la experiencia, sentido común,

                Tema 2: La capacidad de percepción auditiva del testigo.

                               Líneas de contrainterrogatorio:

                                               1ª.- El testigo no pudo escuchar la conversación que mantuvieron en el bar el acusado y la victima.

                                                               Preguntas: situación en la que se encontraba el testigo y la que se encontraba el acusado y la víctima, distancia, gente en el local, ruidos, imposibilidad de escuchar una conversación, que estaba haciendo el testigo, dificultad de la tarea, no puede hacer dos cosas a la vez.

                                                                              Evidencias: Medición del local, cálculo de la gente que había en el bar a esa hora, conocer sus tareas, interrogatorio del acusado, interrogatorio directo del testigo y de Juan y Rocío. Falta de credibilidad. Falta de coherencia interna y experiencia común.

                                Tema 3: Falsedad en la declaración sobre lo que ocurrió cuando el acusado regreso al bar.

                                   Líneas de contrainterrogatorio

                                               1ª.- El testigo miente sobre la conducta del acusado cuando regreso al bar.

                                                               Preguntas: indagar en lo que ocurrió cuando regreso al bar el acusado, que explique el estado físico del acusado ¿nervioso, asustado?, posible subida a otras dependencias para cambiarse y hacer desaparecer rastros de semen.

                                                                              Evidencias: Contradicción con la declaración de Juan y Roció (que se realizará antes de la suya)  personas conocidas en la zona y de buena fe demostrada (testigos más creíbles)

 

Por lo tanto, a través de esta planificación, dispondremos de una información valiosísima para, durante el interrogatorio, ir efectuando las preguntas que correspondan a cada objetivo, tema y línea de interrogatorio, sabiendo además la cobertura probatoria de la que disponemos.

Esto no es improvisación, y todo lo más será improvisación preparada, pues he tenido ocasión de practicarlo (cambiando mi anterior proceder) y si bien al principio puede costar algo de trabajo, las preguntas vienen solas y, a demás, en un contexto en el que se consigue mantener el ritmo del interrogatorio.

Si no lo haces ya, ¿Por qué no lo pruebas?…

 

standard

En el interrogatorio, una vez te has anotado el tanto, ¡Por Dios, no sigas!

13.06.2016 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Comentarios

Una de las reglas esenciales de todo contrainterrogatorio[2] es la que establece que el abogado debe cesar en su interrogatorio una vez que ha obtenido el objetivo que perseguía. Esta norma, de sencilla exposición, suele ser incumplida por muchos compañeros, lo que suele conducir a desastrosas consecuencias en el curso del interrogatorio.

Para conocer mejor el alcance de la misma es preciso partir de la base de otras dos reglas que constituyen su fundamento:

1ª.- Solo contrainterrogue con un objetivo claro y preciso.

2º.- No proceda a efectuar un contrainterrogatorio si no existen perspectivas de obtener un resultado útil, es decir, cuando no hay nada que ganar en términos probatorios.

Estas reglas nos enseñan que antes de proceder al contrainterrogatorio hemos de disponer de un objetivo claro (limitación de daños o limitación de los efectos negativos derivados del interrogatorio directo; ataque a la credibilidad del testigo; o ataque al testimonio desmontando el relato para invalidar la declaración), y solo en el supuesto de que a través del interrogatorio podamos alcanzarlo estaremos facultados para proceder al mismo. Por el contrario, incluso en el caso de disponer de un objetivo claro, si las circunstancias limitan ampliamente las perspectivas de conseguir algún resultado, hemos de desechar la práctica del interrogatorio.

Aclarado este punto, y una vez tomada la decisión de contrainterrogar (al disponer de un objetivo definido y de una perspectiva de conseguir un resultado favorable) , el abogado deberá tener en su mente la necesidad de aplicar la regla que hoy analizamos, es decir, una vez que somos conscientes de que se ha conseguido el objetivo hemos de cesar de interrogar, cese que se refiere a la conclusión del contrainterrogatorio en su totalidad, o respecto a determinada temática para continuar interrogando sobre otros extremos.

La razón es obvia: si persistimos en nuestro interrogatorio tras haber alcanzado nuestro objetivo y la máxima ventaja psicológica, el testigo , consciente de su error, puede escapar realizando aclaraciones, matizaciones, introduciendo así nuevos datos que reduzcan o eliminen la consistencia de lo anteriormente expuesto o situando lo declarado en un contexto diferente.

Pongamos un ejemplo que nos da Carofiglio a través de la transcripción de un interrogatorio real:  

Abogado: Así pues, ¿afirma usted que mi cliente le arrancó la oreja al ofendido?

Testigo: Sí

Abogado: ¿A qué distancia de la pelea se encontraba usted?

Testigo: A unos veinte metros, o puede que algo más.

Abogado: ¿Qué hora era, más o menos?

Testigo: Las nueve de la noche.

Abogado: Y ustedes estaban fuera, en el aparcamiento del supermercado, ¿es  exacto?.

Testigo: Sí, exacto.

Abogado: ¿El aparcamiento estaba iluminado?

Testigo: No mucho.

Abogado: ¿Podemos decir que sucedió todo medio a oscuras?

Testigo: Pues sí, algo así, vamos, que no había mucha luz.

Abogado: En tal caso, permítame usted recapitular: los hechos ocurrieron a las nueve de la noche, en un aparcamiento mal iluminado, y usted se encontraba a más de veinte metros del lugar preciso donde se estaba desarrollando la pelea. ¿Es exacto?

Testigo: Exacto

Abogado: ¿Y pretende usted hacernos creer que en esas condiciones le fue posible ver cómo mi cliente le arrancaba a su adversario un pedacito de la oreja?

Testigo: Pero es que yo no lo vi arrancárselo…

Abogado: Entonces, ¿cómo sostiene usted que…?

Testigo: … yo lo que vi fue cómo luego lo escupía.

En el caso examinado, el abogado había logrado el objetivo de desacreditar el testimonio del testigo sobre la base de las condiciones de percepción, climáticas y atmosféricas justo cuando el el testigo dijo “Exacto”. Es en ese momento cuando debió dar por terminado el interrogatorio. Sin embargo, a pesar de ello, continúa y el testigo clarifica su testimonio, indicando que lo que vio es como escupía el pedazo de oreja.

Los grandes enemigos de esta regla lo constituyen los comentarios sarcásticos, la ironía, extraer conclusiones o valoraciones, que no son más que muestras de una arrogancia mal entendida de exaltar nuestro triunfo ante el testigo. Los estadounidenses añaden la conducta conocida como guild the lily o recrearse haciendo nuevas preguntas que no aportan nada al interrogador pero que facilitan el escape del testigo.

Por ello, el mejor consejo en este caso es tener muy clara esta regla en mente y, con modestia, cesar el interrogatorio o como indicaba el famoso abogado litigante Max Steuer “When you have scored your point on cross-examination, for heaven´s sake, quit! (En el interrogatorio, una vez que te has anotado el tanto, por Dios, no sigas)

Complemento de esta regla, en los casos en los que se da por terminado el interrogatorio, es importante expresar el “No hay más preguntas” empleando un lenguaje verbal y no verbal que evidencie que se ha alcanzado el objetivo pretendido. En los casos en los que hemos de continuar con el interrogatorio sobre otros temas, lo más conveniente y eficaz es crear un silencio forzado, más extenso de lo habitual, a fin de que la respuesta favorable a nuestros objetivos quede en el aire y sea percibida en toda su extensión por el juez y, en su caso, el jurado.

 

 

 

[1] Max Syuer, citado por P.M: Brown en The Art of Questioning; Thirty maxims of cross-examination. New York 1987.

[2] Contrainterrogatorio es aquel al que somete una parte procesal al interrogado que mantiene una versión de la historia contraria a los intereses de quien interroga

standard

¿Cómo debe el abogado interrogar a un testigo hostil?

30.11.2015 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Comentarios
Óscar León: Presentación de Mi Blog

 

Durante un juicio, en un pequeño pueblo, el abogado acusador llamó al estrado a su primer testigo, una mujer de avanzada edad. El abogado se acercó y le preguntó, Sra. Sánchez, ¿sabe quien soy?

Ella respondió: – Si, lo conozco Sr. Garcia, lo conozco desde que era un niño y francamente le digo que usted resultó ser una gran decepción para sus padres. Siempre miente, cree saber de todo, es muy prepotente, abusivo, engaña a su esposa y lo peor de todo, manipula a las personas. Se cree el mejor de todos, cuando en realidad no es usted nadie. Si, lo conozco.

El abogado estaba perplejo. Sin saber exactamente que hacer. Apuntando hacia el fondo de la sala le preguntó a la Sra. Sánchez: – ¿Conoce al abogado de la defensa?

Nuevamente ella respondió:  – Claro que sí. Yo también conozco al Sr. Pérez desde que era un niño. Él es flojo y medio marica, y tiene un problema con la bebida. No puede tener una relación normal con nadie y es el peor abogado del estado. Sin mencionar que engaño a su esposa con tres putas diferentes. Una de ellas era la esposa suya. ¿Recuerda? si, yo conozco al Sr. García. Su mamá tampoco está orgullosa de él.

El abogado de la defensa casi cae muerto.

Entonces el juez llama a los dos abogados para que se acerquen al estrado y les dice:  – Si alguno de ustedes, le pregunta a esta vieja si me conoce a mí, lo mando a la silla eléctrica

 Como podéis imaginaros hoy vamos a hablar de esos testigos a los que podemos denominar “hostiles” y que podrían definirse como aquellos que al dar testimonio suelen perjudicar con sus respuestas el caso de la parte cuyo letrado está interrogando. Concretando aun más, y centrándonos en el orden judicial en el que declaran, el testigo hostil civil sería aquel que se identifica materialmente con el interés de la parte contraria a la que lo interroga; por el contrario, en el orden penal, no es necesaria dicha identificación, sino que bastaría con la alta probabilidad de perjudicar el caso a la que nos hemos referido anteriormente.

Hesbert Benavente (cuyos trabajos han sido considerados en este post) identifica al testigo hostil con testigos menores de edad o adultos con nivel de inteligencia o grado de instrucción bajo y cuyo perjuicio al caso suele venir porque sus condiciones personales no son compatibles con la dinámica de un interrogatorio, costándoles contestar los interrogantes con el nivel de respuesta que se espera. No obstante, y dados los objetivos de este post, no vamos a referirnos a este testigo sino al anteriormente referido al que igualmente podríamos haber denominado adverso, contrario,  etc.

Lo cierto es que cuando nos enfrentamos a un interrogatorio frente a un testigo hostil son muchas las dudas y preocupaciones que nos asaltan, ya que, no cabe duda que el resultado de la práctica de dicha prueba puede resultar perjudicial para los intereses de nuestro cliente y, por lo tanto, hemos de hilar muy fino para extraer algo positivo de esta situación.

En este contexto, vamos a dedicar el post a indicar someramente algunas ideas que pueden ayudarnos a realizar un interrogatorio eficaz cuando nos enfrentemos a esta clase de testigo.

1ª.- Tener clara nuestra finalidad: Cuando vamos a llevar a cabo el interrogatorio de un testigo hostil hemos de tener claro nuestro doble objetivo: poner en duda la credibilidad del mismo y tratar de que reconozca aspectos positivos de nuestro caso y negativos del contrario.

2º.- Atacar la credibilidad del testigo: En abogado, a través de su interrogatorio, deberá de atacar la credibilidad personal del testigo o, en su caso,  de su testimonio. El objetivo en este caso será cuestionar la información suministrada por el testigo a fin de minar la confianza que su testimonio puede ofrecer al juez. De lo que se trata es de decirle al juez “no confíe en la información suministrada por este testigo pues no es creíble” Para ello, habremos de cuestionar la percepción del testigo a la hora de constatar los hechos a los que se refiere en su testimonio apelando a las circunstancias concurrentes (defectos sensoriales de percepción, circunstancias externas concurrentes) y, cómo no, aquellos hechos que conozcamos que han poco creíble, per se, el testimonio del testigo (relaciones con la otra parte, testimonios precedentes, condena por perjurio, etc.)

3º.- Búsqueda y evidencia de contradicciones: Es fundamental encontrar las contradicciones del testimonio del testigo, especialmente si ha declarado anteriormente o si han declarado otros testigos, pues de este modo podremos incidir en aquellos extremos que el testigo oculta o tergiversa.

4º.- Anarquía controlada: En estos supuestos, y dado que el testimonio del testigo tiene zonas oscuras (especialmente si ya ha declarado anteriormente), en lugar de realizar un interrogatorio cronológico de los hechos, es más conveniente centrarnos en aquellos aspectos sobre los que hemos de incidir, existiendo plena libertad para pasar de unos a otros, de forma que el testigo tenga que ocuparse de resolver aquellos aspectos inconsistentes de su declaración sin darle opción de controlar el interrogatorio.

5º.- No enfrentarnos nunca con el testigo: Los testigos deben ser tratados con respeto durante el interrogatorio, pues éste debe realizarse con fluidez y un enfrentamiento u hostilidad innecesaria entre abogado y testigo no conduce absolutamente a nada. La razón de ello reside en que el testigo debe estar tranquilo, para que a través del interrogatorio podamos indagar más fácilmente hasta obtener nuestro propósito. Por tanto, entrar en una discusión o enfrentamiento verbal con el testigo solo consigue perjudicarnos, pues nos aleja de la atención y concentración que nos exige esta prueba. Obviamente, ello no impide que en determinadas circunstancias deban (y creo que es bueno), producirse situaciones de tensión entre el abogado y el testigo que ayudarán a desenmascararlo. No obstante, nunca se debe perder el respeto.

6º.- Controlar el lenguaje corporal: Si al testigo se le transmite seguridad, solvencia  y confianza por parte del letrado que interroga, qué duda cabe que, caso de estar ocultando la verdad, le será más difícil llevar dicho objetivo a cabo, pues se sentirá más intimidado durante el interrogatorio. Por ello, hay que controlar la postura (erguida), la mirada (manteniendo el contacto visual), las manos (enfatizando, exigiendo, etc.), el rostro (serio, contrariado, etc.), emplear adecuadamente los silencios, etc.

7º.- Manejar adecuadamente el lenguaje verbal: A la exigencia universal de no utilizar tecnicismos, el testigo hostil requiere una escucha atenta y una intervención activa por el abogado a la hora de preguntar, reformular, repetir o replantear la pregunta en la inteligencia de que así el testigo podrá mostrar sus propias contradicciones.

8º.- Empleo de las preguntas: Las denominadas preguntas abiertas son aquellas orientadas a recibir respuestas amplias,destinadas a conocer circunstancias generales, estados de ánimo, sensaciones y opiniones del testigo. Como su nombre indica, la pregunta abierta recibirá una respuesta abierta del testigo, que dispondrá de plena libertad y margen para generar la respuesta. Normalmente se inician a través de un pronombre, adjetivo o adverbio (quien, que cual, cuanto, donde, etc.) Las preguntas cerradas son aquellas que esperan una respuesta que confirme o niegue el contenido ínsito en las mismas.Por lotanto, respuestas puntuales, concretas, y específicas. Estas preguntas se caracterizan porque el interrogador suministra mucha información relevante al testigo a través de la pregunta, requiriendo su admisión o rechazo.

Si bien no hay reglas específicas,al comienzo de la declaración es conveniente hacer preguntas orientativas de carácter general con el fin de ir ilustrando al auditorio sobre el papel del testigo en los hechos. Estas preguntas, con clara respuesta narrativa, permitirán al testigo abrirse, hasta el momento en el que se vaya entrando en preguntas más cerradas y concretas que requerirán respuestas más específicas o de detalle.Las preguntas cerradas deben ser la prioridad en la declaración del testigo hostil.

9ª.- Dar el ritmo adecuado al interrogatorio: Un ritmo rápido ayuda a interrogar a un testigo impidiéndole pensar demasiado para buscar una salida mientras que un ritmo lento y pausado permitirá que el testigo se explaye para ganar confianza. Ritmo lento equivale a sosiego y tranquilidad para el testigo; ritmo rápido supone mayor tensión y exigencia. El testigo hostil requerirá una combinación de ritmos, si bien, cuando se trate de atacar las contradicciones o falsedades, tendremos que emplear el ritmo rápido.

10ª.- No preguntar si no sabemos lo que va a responder: Obviamente, cuando vamos a interrogar a un testigo hostil, sabemos perfectamente antes de comenzar el interrogatorio lo que va a aceptar o lo que va a rechazar. No obstante, si llega un punto en el que se plantea una pregunta cuya respuesta no prevemos, no debemos entrar en este terreno minado, pues la respuesta (especialmente en el orden civil) puede ser devastadora. En estos casos, como dicen los ingleses, no es bueno ir de fishing expedition a lanzar la caña por si pican.

En definitiva, la conclusión más importante que podemos extraer de este post es que en materia de interrogatorio de los testigos, y muy especialmente cuando nos encontramos ante testigos hostiles, hemos de emplear una estrategia bien definida para la mayor eficacia de nuestra intervención.

standard

Lo que el abogado no debe hacer durante el interrogatorio del testigo.

10.11.2015 Categoría: Blog, Litigación y oratoria Comentarios
Óscar León: ¿Cómo debe actuar el abogado con el público asistente al juicio?

 

El interrogatorio de testigos constituye materia de esencial conocimiento y dominio por parte del abogado litigante sea cual sea el orden jurisdiccional en el que intervenga. Tan es así, que un interrogatorio mal planteado o deficientemente practicado puede acarrear consecuencias desastrosas para la defensa del caso.

Dada su importancia, en anteriores posts ya hemos tratado profusamente esta materia ( ¿Alguna otra pregunta señor letrado? http://oscarleon.es/alguna-otra-pregunta-senor-letrado/ Consejos para un interrogatorio eficaz http://www.legaltoday.com/blogs/gestion-del-despacho/blog-manual-interno-de-gestion/consejos-para-un-interrogatorio-eficaz ), por lo que hoy vamos a centrarnos en una perspectiva diferente del interrogatorio de testigos; concretamente, nos ocuparemos de aquellos errores que el abogado no debe cometer mientras se lleva a cabo tan importante medio de prueba. De esta forma, la información de este post no solo nos servirá de llamada de atención, sino que reforzaremos el conocimiento de los principios que deben orientar dicha práctica.

Expondremos dichos errores a modo de decálogo:

1.- Realizar el interrogatorio de forma desordenada: La práctica común aconseja realizar el mismo siguiendo un orden cronológico, ya que esta es la forma en la que todos, incluido el juez, estamos acostumbrados a escuchar las narraciones de los hechos, lo que facilitará la atención de éste y le permitirá que se grabe con más facilidad  en su memoria la resultancia del interrogatorio. No obstante, en ocasiones, hay excepciones y puede alterarse el orden para aprovechar el elemento sorpresa o llamar la atención sobre alguna cuestión importante. Ahora bien, lo que no puede hacerse es practicar el interrogatorio sin un orden claro, cambiando de hechos o circunstancias de forma arbitraria o pasando de uno a otro tema sin solución de continuidad. De esta forma, que constituye una evidencia clara de nuestra falta de preparación, solo conseguiremos reducir la atención del juez quien perderá todo interés en el interrogatorio.

2.- Leer las preguntas del interrogatorio: Es práctica común del abogado preparar el interrogatorio elaborando las preguntas en una lista escrita para facilitar su organización y estudio, lista que durante la práctica del interrogatorio se convierte en un guión bien estudiado que nos ayudará al mejor desarrollo del mismo, pues podremos revisarlo en los momentos en los que el testigo esté respondiendo, lo que nos permitirá a su vez mantener la línea del interrogatorio con más facilidad. Ahora bien, interrogar a los testigos leyendo literalmente las preguntas, y especialmente al testigo de contrario, resulta harto incomodo, pues el interrogatorio se vuelve artificial y poco fluido, lo que redunda en su eficacia: el testigo tiene tiempo de pensar, se siente confiado y seguro porque ve que no preguntamos espontáneamente y llega a pensar que no estamos preparados; el juez se aburre y empieza a perder la atención necesaria, etc.

3.- Interrogar sin ritmo: Todo interrogatorio tiene sus ritmos. Un ritmo rápido ayuda a interrogar a un testigo impidiéndole pensar demasiado para buscar una salida mientras que un ritmo lento y pausado permitirá que el testigo se explaye para ganar confianza. Ritmo lento equivale a sosiego y tranquilidad para el testigo; ritmo rápido supone mayor tensión y exigencia.Sin embargo, en ocasiones el abogado no mantiene el ritmo adecuado haciendo que la prueba pierda la tensión requerida, llegando incluso a producirse la circunstancia de que por culpa de un ritmo inadecuado acaba realzándose un testimonio no deseado o minusvalorándose el que nos interesa.

4.- Ser poco claros y precisos en las preguntas: A la hora de interrogar hemos de centrarnos en los puntos esenciales que nos interesa corroborar o desvirtuar a través de la prueba testifical, y para ello hemos de ser muy precisos, concretos y directos Por lo tanto, hemos de evitar preguntar sobre cuestiones poco relevantes que no aporten nada a la resolución del caso o ser poco concretos. Ciertamente, habrá fases en las que debamos emplear las preguntas generales y abiertas para nuestro propósito, pero esto no tiene que significar que nos estamos alejando de nuestro objetivo, sino todo lo contrario, en estos casos lo que hacemos es dirigir el interrogatorio estratégicamente al lugar que nos interesa.

5º.- Enfrentarse con un testigo: Los testigos deben ser tratados con respeto y cordialidad durante el interrogatorio, pues éste debe realizarse con fluidez y un enfrentamiento u hostilidad innecesaria entre abogado y testigo no conduce absolutamente a nada. La razón de ello reside en que el testigo debe estar tranquilo, para que a través del interrogatorio podamos indagar más fácilmente hasta obtener nuestro propósito. Pero, claro, a veces nos encontramos ante un testigo que sabemos no está diciendo la verdad o que, con independencia del signo de su testimonio, está actuando de forma hostil hacia nosotros. En estos casos, entrar en una discusión o enfrentamiento verbal con el testigo solo consigue perjudicarnos, pues nos aleja de la atención y concentración que nos exige esta prueba. Obviamente, ello no impide que en determinadas circunstancias deban, y creo que es bueno, producirse situaciones de tensión entre el abogado y el testigo, que ayudarán a desenmascararlo. No obstante, nunca se debe perder el respeto.

6º.- Formular mal la pregunta: Todo ordenamiento jurídico establece los principios generales sobre la forma en la que deben llevarse a cabo las preguntas, por lo que es obligación de todo abogado conocer a fondo estás reglas y así evitar la desagradable corrección del juez. Sin embargo, en ocasiones se cae en el error de realizar preguntas con valoraciones, calificaciones, etc. o que no guarden relación con el hecho que se está juzgando (impertinentes), que no resulten adecuadas para el esclarecimiento de los hechos controvertidos (inútiles), que inducen al testigo la respuesta que deberá dar a la pregunta (sugestivas), que inducen al testigo a error o a una contestación inexacta, bien sea a través de una pregunta muy larga (normalmente subordinada) que el testigo no entiende correctamente o a través de una pregunta que contenga varias preguntas.

7º.-  Sentirse intimidados ante una llamada de atención del juez: En ocasiones el juez nos llama la atención sobre la forma en la que estamos llevando a cabo el interrogatorio o nos avisa  con el consabido “Tiene Vd. alguna otra pregunta que realizar” En estos casos, si el abogado no está atento y concentrado, puede verse afectado por la llamada del juez y dar por terminado el interrogatorio antes de tiempo, quedando numerosas cuestiones sin precisar. Esto denota una total falta de confianza en el abogado que habrá que corregir, si bien hemos de reconocer que el aviso del juez ya, de por sí, supone que algo no está funcionando correctamente.

8º.- Emplear tecnicismos: Utilizar tecnicismos implica vulnerar la regla de la claridad y precisión que debe prevalecer en todo interrogatorio dada la incapacidad del testigo para entender términos técnicos o  jurídicos. Esto es una norma que no precisa de muchas explicaciones, pues la necesaria fluidez del interrogatorio exige evitar las interrupciones que sin duda se producirán y que perjudicarán el ritmo del mismo.

9ª.- Preguntar al testigo cuando desconocemos la respuesta: En ocasiones, aun teniendo dudas sobre el contenido de la respuesta del testigo, nos embarcamos en la hacer la pregunta y luego la respuesta pues ésta puede ser devastadora para nuestros intereses. Obviamente, esta regla no afecta a aquellas preguntas con las que ya contamos que el testigo de contrario nos va a responder negativamente y que constituyen parte de la estrategia del interrogatorio. Nos estamos refiriendo a aquellas preguntas cuya respuesta en uno u otro sentido puede ser definitiva para el resultado del caso y al hacerla no estamos seguros del sentido de la respuesta.

10º.- Ser reiterativos en la pregunta: A veces, tenemos tanto interés en que el testigo nos responda algo en concreto, que cuando lo ha hecho pero de forma contraria a lo esperado (lo cual a veces ocurre con el testigo que hemos propuesto) seguimos insistiendo una y otra vez, lo que concluirá con una llamada de atención del juez. A veces es mejor parar y volver más tarde introduciendo la cuestión de otra forma, pero lo que no podemos hacer es perder la concentración tratando de forzar lo inevitable.

En definitiva, qué duda cabe que habrá otros errores en los interrogatorios que habremos omitido (y que me gustaría me comentarais), pero los expuestos representan una clara muestra de situaciones que pueden ayudarnos a un mejor desempeño en una prueba tan trascendental como la analizada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies