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¿Mis recelos con el cliente?… Hace años que han quedado colgados en la sala de togas.

25.09.2017 Categoría: Blog, Mi profesión Comentarios

Hoy os traigo un párrafo del libro de John Mortimer, The Anti-social Behaviour of Horace Rumpole, en el que el barrister[1] (Horace Rumpole), responde a diversas preguntas de un juez durante una entrevista realizada en un proceso de nombramiento como Queen´s Counsel[2].

Lo llamativo de este párrafo reside en que el contenido del interrogatorio contiene las preguntas y respuestas a los grandes tópicos sobre la intervención y moral del abogado cuando defiende a personas que son consideradas socialmente de dudosa reputación, siendo las respuestas brillantes y llenas de sentido, razón ésta por las que me he permitido traducirlas y transcribirlas en el post.

Las reflexiones tenéis que hacerlas vosotros; los temas (defender a “inocentes o culpables”, no juzgar al cliente, el deber de defensa del abogado, la conciencia del abogado al defender, el papel del abogado en el sistema judicial, etc.) quedan sobre la mesa, como un suculento aperitivo…

Sin más preámbulos aquí tenéis el texto:

–          “Recientemente Vd. ha llevado la defensa de Mr Dennis Timson. ¿Lo conoce bien?

 –          Con el paso de los años, bastante bien.

 –          ¿Podría ser descrito como un delincuente habitual?

 –          De la misma forma en la que yo podría ser descrito como un defensor habitual.

 –          Él dijo que Vd. es un excelente abogado.

 –          Eso fue muy amable por su parte.

 –          Y no le importaba si era inocente o culpable, Vd., de cualquier forma, haría un buen trabajo, ¿no es cierto?

 –          Desde luego.

 –          Entonces, ¿Vd. defiende a personas que  sabe que son culpables?

 –          Lo desconozco. No es asunto mío. Eso es misión del juez y del jurado. Pero si Mr. Timson, o cualquier otro, me cuenta un relato consistente con su inocencia, es mi deber defenderle.

 –          ¿Incluso si Vd. no lo cree (el relato)?

 –          Yo suspendo mi incredulidad. Mi recelo ha quedado colgado en la sala de togas desde hace años. Mi trabajo es defender el caso de mi cliente de la mejor forma posible. El Fiscal hace lo mismo y entonces el jurado escoge a quien de los dos creer. Esto es nuestro sistema judicial. Y parece funcionar de forma más justa que cualquier otra forma de juicio criminal, si quiere mi opinión.

 –          ¿Parece que Vd. ha defendido a gente bastante horrible?

 –          Cuanto más horribles sean, en mayor medida necesitan ser defendidos.

 –          ¿Entonces la moral no cuenta para Vd.?

 –         Sí que lo hace. La moralidad de hacer que nuestro gran sistema judicial funcione: la moral de proteger la presunción de inocencia.

 –          ¿Entonces, Vd. nunca juzga a sus clientes?

 –          Desde luego que no. Ya le dije que juzgar no es mi trabajo. Soy como un médico (la gente viene a mí con problemas y yo estoy aquí para solventarlos de la forma menos dolorosa posible. Y sería un médico muy peculiar si solamente curara a gente sana.

 Seguro que lo has disfrutado. Ahora, aun siendo su procedencia de un sistema judicial diferente al nuestro (el anglosajón, aun con muchas zonas comunes), te toca reflexionar y, en la medida de lo posible, extraer conclusiones del texto que te ayuden a posicionarte en esta materia tan fácil, y, a la vez, tan compleja.

(puedes completar el tema leyendo el post publicado en este blog ¿Por qué defiende a ese criminal? http://oscarleon.es/?s=criminal

 

 

 

 

[1] Barrister es una de las dos categorías de abogados de nivel superior que existen en Inglaterra, Escocia y otros países de la tradición del Common Law. Su función principal, pero no exclusiva, es representar como mandatario a los litigantes ante los tribunales. En este sentido, el trabajo del barrister corresponde en los países que se rigen por el sistema continental, a demandar o alegar ante los tribunales de justicia. Sin perjuicio de lo anterior, esta profesión puede tratarse desde la especialización en temas determinados, así como la prestación de consejos en ciertas áreas con sus clientes (Wikipedia)

[2] Los Barristers pueden alcanzar, por nombramiento real, la categoría de Queen´s Counsel, cargo honorífico que le otorga ciertos privilegios en el desarrollo de su función.

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El abogado es el escudo del inocente y la espada del culpable.

5.05.2016 Categoría: Blog, Mi profesión Sin comentarios

Esta preciosa frase, cuyo autor desconozco, la leí hace muchos y desde entonces se me ha quedado grabada en la mente. La verdad es que la filosofía que recoge en tan pocas palabras es ingente, pues de alguna forma condensa el espíritu del abogado penalista, y por extensión, el de toda la abogacía.

De hecho, esta frase me ha sido de mucha utilidad ante las clásicas discusiones con amigos o familiares sobre el trabajo que desarrollamos defendiendo a personas que, según el interlocutor, “son culpables” En estos casos, sirviéndome de la frase les explico que el ordenamiento jurídico establece un sistema judicial en el que toda persona, que es inocente mientras no se demuestre lo contrario, tiene derecho a defenderse a través de un abogado, y, siendo realmente responsable o no del delito por el que se le juzga, el abogado debe emplear, en el ejercicio del derecho de defensa,  todas sus capacidades y habilidades al servicio del cliente, que como explica la frase se dirigirá a una lucha denodada para alcanzar el resultado más ventajoso, lo que se ilustra metafóricamente con el empleo del escudo o la espada.

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