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¿Debe el juez interrogar al testigo antes que los abogados?

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No es infrecuente que durante el desarrollo del juicio el juez proceda a interrogar a algún testigo solicitándole información aclaratoria sobre los hechos que han sido objeto de su declaración. En otras ocasiones, menos frecuentes, el juez, antes que los letrados hayan comenzado con el interrogatorio, realiza una batería de preguntas al testigo para, a continuación, invitar a aquéllos a comenzar con el interrogatorio. Esta última situación, objeto de examen en este post, es vista con cierto recelo por parte de los abogados, quienes ven en esta actuación del juez una pérdida del sentido y finalidad la propia prueba testifical.

Pero antes de examinar dicho proceder, es necesario realizar algunas consideraciones sobre la intervención judicial durante la práctica de la prueba testifical.

Dispone el artículo 372.2 de la LEC que “con la finalidad de obtener aclaraciones y adiciones, también podrá el tribunal interrogar al testigo”[1]. Esta facultad, integrada en la facultad directiva del juez deberá ejercitarse con suma prudencia y en perfecta coherencia con los principios dispositivo (las partes puedan disponer de las materias objeto del proceso) y de aportación de parte, recogido en los artículos 216 y 282 de LEC, preceptos que transcribimos a continuación:

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¿Debo anticipar las debilidades de mi caso cuando informo e interrogo?

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Cuando los abogados intervenimos en juicio en primer lugar, tanto al interrogar como al informar, solemos plantearnos el dilema de si conviene o no anticipar nuestras debilidades a través del interrogatorio (debilidades del testigo) o del informe oral (argumentos adversos). El problema de tal controversia radica en que adelantar las debilidades es una cuestión delicada, ya que si las oculto, pueden aparecer con más fuerza a través del letrado adverso; por el contrario, de hacerlo, estaríamos jugando verdaderamente con fuego.

¿Qué hacer pues?

En mi opinión, cuando el testigo adolece de alguna debilidad que pudiera perjudicar su credibilidad o la de su testimonio es conveniente sacarla a relucir a través del propio interrogatorio directo, de forma que nos anticipamos a que el abogado adverso lo haga durante el contrainterrogatorio y perjudique el testimonio ofrecido inicialmente. Imaginemos que nuestro cliente tiene antecedentes penales, es alcohólico, drogadicto, etc. y dichas circunstancias pueden influir en su credibilidad.

 

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Repetir las preguntas al testigo, ¿Estrategia o infracción?

Óscar León: ¿Somos los abogados duros de oído?

Repetir las preguntas que ya han sido realizadas constituye generalmente un error de notable importancia en todo interrogatorio, sea directo o cruzado. Ello es lógico, puesto que si ya hemos efectuado dicha pregunta y ya ha sido respondida, nos guste o no la respuesta, el volver a realizarla inmediatamente va a suponer la llamada de atención del juez o la impugnación de la pregunta por capciosa por el letrado contrario. Igualmente, repetir las preguntas demuestra falta de preparación o falta de atención y concentración, situaciones que conducirán a la percepción en el juez de falta de credibilidad del abogado que interroga.

Las preguntas repetitivas son por tanto aquellas preguntas que, realizadas más de una vez durante el interrogatorio, versan sobre una materia que ya ha sido respondida por el testigo.

Estas preguntas pueden tener un origen voluntario, es decir, que el interrogador es plenamente consciente de la repetición o involuntario, en cuyo caso y como anticipamos, es un error a la hora de interrogar.

Centrándonos en el primero de los supuestos, la pregunta repetitiva estaría prohibida cuando el interrogador, a través de la repetición, pretende lograr alguna inconsistencia en la declaración del testigo respecto a lo ya declarado. En este caso la pregunta sería potencialmente capciosa, dado que lo que se pretende es inducir a error respecto a lo ya declarado anteriormente.

 P.- ¿Dónde se encontraba usted sobre las 22,30 horas?

R.- Sentado en el interior del bar junto a la ventana.

P.- ¿Estaba sentado para ver si se aproximaba María?

R.- No.

P.- ¿Pero usted sabía que María podía venir?

R.- Claro, yo …

P.- Entonces, ¿no estaba pendiente de la llegada de María junto a la ventana?

R.- Ya le he dicho que no.

Ahora bien, teniendo en cuenta que el interrogatorio consiste en la reformulación de la versión ya expuesta en el interrogatorio directo, y que la única forma de hacerlo es a través de las preguntas del contrainterrogatorio, entendemos que las preguntas podrán repetirse las veces que sean necesarias en el caso de que el testigo trate de evadir la respuesta a la misma. Es decir, puedo repetir mi pregunta siempre y cuando la misma no haya sido respondida explícitamente y sin rodeos.

Veamos un ejemplo en el que el testigo se niega a responder a una pregunta de respuesta sencilla.

P.- ¿Sr. López golpeo Luis a María?

R.- Bueno, yo sé que algunas veces discutían.

En estos casos el primer consejo es no perder la calma e insistir hasta que el testigo responda a la pregunta, siendo desaconsejable rendirse a la primera y continuar con otras preguntas.  Por ello, sin perder el control y de forma educada se le informará sobre su obligación de responder a la pregunta:

P.- Sí, lo entiendo, pero no ha respondido a mi pregunta, lo que quiero saber es si Luis golpeó a María.

Imaginemos que el testigo insiste en no responder claramente y nos contesta lo siguiente:

R.- Ya, ya, pero lo que quiero explicarle es que como todas las parejas, a veces tienen sus rifi-rafes y, ya se sabe…

Nuevamente, y esta vez con una expresión más seria y una entonación más segura habría que insistir:

P.- No está Vd. respondiendo a mi pregunta, por favor, contésteme si o no si presencio como Luis golpeo a María.

Si tras un par de intentos el testigo sigue en las mismas y no responde afirmando, negando o diciendo que lo desconoce, es hora de pedir el auxilio judicial y exponer al juez (si no ha intervenido ya de motu proprio) que el testigo no está respondiendo a la pregunta y que se solicita se le conmine a responder.

No veo aconsejable, durante la fase en la que estamos interactuando con el testigo, interrumpir su respuesta evasiva, puesto que a la vista de nuestras llamadas de atención, el propio testigo está perdiendo credibilidad al evadir una respuesta a una pregunta clara y precisa, perdiendo la imparcialidad que se le presume.

En definitiva, obtener la respuesta solicitada es un derecho de quien contrainterroga, y ante esta eventualidad, hemos de mantener la calma, ser respetuosos con el testigo, e insistir demandando la respuesta solicitada para, caso de ser negada, solicitar el auxilio del juez.

Finalmente, hay supuestos en los que la reiteración de la pregunta tiene como objeto llamar la atención  al juez sobre una respuesta ya ofrecida anteriormente y que, por cuestiones de mayor impacto, se procede a su reiteración. En tales casos, dependiendo de cómo se formulen, la información podrá ingresar en el juicio sin objeción por el juez.

P.- Por lo tanto, ¿usted vio como Luis cogió del coche un bate de béisbol?

R.- Sí.

P.- ¿Está usted seguro de lo que sacó del coche fue un bate de béisbol?

R.- Sí, estoy seguro.

En definitiva, en el universo del interrogatorio, hasta la repetición de las preguntas, fuera de la prohibición existente, puede incluso alcanzar un sentido estratégico.

 

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¿Cómo controlar al testigo durante el interrogatorio?

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Hablar del control del testigo durante el contrainterrogatorio viene referido a la actuación del abogado que interroga, dirigida a evitar que el testigo evada la respuesta a las concretas preguntas de las que va a ser objeto, bien porque no responda de forma específica a la pregunta o porque trate de fundamentar y justificar cada extremo del que es objeto de interrogatorio. Por lo tanto, controlar al testigo supone que éste responda con la máxima concreción a las preguntas que se le realicen durante el contrainterrogatorio.

No es fácil controlar el desarrollo del contrainterrogatorio, pues nos vamos a enfrentar a un testigo que ya ha aportado su versión de los hechos durante el interrogatorio directo[1], y que está siendo sometido a una revisión de su versión (y lo sabe), por lo que es natural esperar que trate de reiterar y fundamentar la misma durante el contrainterrogatorio.

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Cómo adaptar el interrogatorio en función del testigo y su testimonio

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Una de las reglas esenciales del buen interrogatorio parte de la base de la necesidad de disponer de un buen conocimiento del sujeto a interrogar y de la impresión o efecto psicológico que su testimonio haya causado o vaya a causar en los jueces. La razón de dicho principio reside en que la estrategia que vayamos a emplear durante el interrogatorio (incluso en la propia renuncia a interrogar) va a estar condicionada por diversos factores asociados a la persona del testigo y a cómo es percibido su testimonio por el juez.

Efectivamente, todo abogado sabe que no existe un testigo ni un testimonio cuyas circunstancias sean iguales, pues en aquel influirán factores tan dispares como el conocimiento de los hechos (presenciales o referenciales); su conocimientos técnicos; su tendencia a dar un testimonio imparcial o parcial; su faceta de colaborador de la Justicia; la intención o falta de ella de decir la verdad; su experiencia testificando; su desventaja a la hora de testificar: menores, personas ancianas, discapacitados, etc.

 

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Claves del contrainterrogatorio a un testigo hostil

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Contrainterrogatorio es el interrogatorio que realiza el abogado o el fiscal al testigo que sostiene una versión de los hechos contraria a los intereses de quien interroga. Esta modalidad es la típica que se emplea frente a un testigo hostil, o, aquel que realiza la acusación al acusado o la defensa a la víctima.

A continuación, y partiendo de dicha conceptuación, vamos a exponer diez claves para la preparación y ejecución de un contrainterrogatorio eficaz:

1.- Conocimiento del caso: Todo interrogatorio va precedido de un exquisito conocimiento de los antecedentes del caso y del papel que juega el testigo y su testimonio en la historia de aquel. De lo contrario, el interrogatorio estará condenado al fracaso. En el supuesto del contrainterrogatorio, con más motivo, puesto que el riesgo de encontrarnos ante un testimonio hostil es elevadísimo.

2.- Preparación: Al igual que en el contrainterrogatorio, es esencial la adecuada planificación del contrainterrogatorio, excluyendo así la improvisación y ausencia de un plan trazado, pues de lo contrario el interrogatorio quedará condenado al fracaso. Por preparación se entiende la elaboración de una estrategia en la que se establezca el objetivo, preguntas, secuenciación, ritmo, lenguaje verbal y no verbal, etc., recursos que nos permitirán ejecutar el interrogatorio con solvencia y seguridad.

3.- Objetivo: Los objetivos esenciales del contrainterrogatorio son la limitación de daños o limitación de los efectos negativos derivados del interrogatorio directo, el ataque a la credibilidad del testigo y desmontar relato para invalidar la declaración.

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Abogado, no preguntes al testigo si no conoces la respuesta.

25.04.2016 Categoría: Mi Práctica diaria, Oratoria Comentarios
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De las reglas que presiden el interrogatorio, y muy especialmente el denominado contrainterrogatorio, la que titula este post es una de las más citadas y no por ello mejor comprendida. Y ello es así, dado que siendo el fin último del interrogatorio la búsqueda de la verdad, puede producir cierto rechazo, especialmente en el profano, considerar que cuando el abogado interroga ya conoce las respuestas del testigo.

Para la más fácil comprensión de esta cuestión hemos de partir de la idea de que el interrogatorio del testigo suele dividirse en dos partes bien diferenciadas: el interrogatorio directo y el contrainterrogatorio. A través del primero, el abogado interroga al testigo propuesto por él o a un testigo cuyo testimonio favorezca a su defensa del caso. Por el contrario, el contrainterrogatorio es el que lleva a cabo el abogado al testigo que ya ha depuesto en el interrogatorio directo, siendo por tanto  un interrogatorio realizado “a cara de perro” frente a un testigo que con su testimonio podría perjudicar su defensa.

En el interrogatorio directo, el abogado dispone de absoluta seguridad de lo que el testigo responderá, y por lo tanto, su interrogatorio se dirigirá a confirmar la credibilidad del testigo y su relato de los hechos. Es un interrogatorio cómodo para el abogado, pues está interrogando a “su testigo”. Por el contrario, en los casos del contrainterrogatorio, el abogado puede tener una amplia certeza de lo que el testigo va a responder, bien porque tiene constancia efectiva de ello (especialmente a través del interrogatorio directo que le precede) o porque la lógica y el sentido común hacen presumir que la respuesta será en tal sentido. No obstante, en el contrainterrogatorio no siempre el abogado las tiene todas consigo.

Sentadas estas bases y refiriéndonos exclusivamente al contrainterrogatorio, la regla que examinamos debe ser relacionada con otro elemento de notable trascendencia: su preparación por el abogado.

Efectivamente, un contrainterrogatorio bien preparado por el abogado supone que dispondrá de toda la información del testigo y de aquellos hechos que pueden ser falseados o tergiversados en su declaración (bien negando o afirmando su realidad) En estos casos, si el abogado ha preparado bien el interrogatorio, podrá arriesgarse a preguntar al testigo sobre cualquier cuestión, ya que conociendo la respuesta correcta a la pregunta crucial, puede mantener el control de la situación, tanto si corrobora la expectativa como si se aparta de la respuesta válida. En todo caso, el margen de maniobra del abogado se mantiene invariable pudiendo extraer partido favorable del contrainterrogatorio. No obstante, es posible que haya hechos que desconozca o no esté seguro de ellos, por lo que sobre los mismos no deberá realizar pregunta alguna si la respuesta puede ser crucial para su defensa.

Por lo tanto, la regla que examinamos podría sintetizarse de la siguiente forma:

No formular preguntas cruciales si no disponemos de datos que de algún modo hagan previsibles las respuestas, es decir, no realizar preguntas de importancia cuya respuesta no conozcamos o no podamos prever por pura lógica.

Pues bien, en el supuesto de que durante el interrogatorio el abogado decidiera a realizar una pregunta cuya respuesta ni conoce ni presume, es posible que la respuesta del testigo, al no estar prevista en nuestra estrategia argumental, pueda resultar completamente sorpresiva y contraria a los intereses de aquel, echando por tierra la totalidad de lo obtenido.

Podemos ilustrar la aplicación de esta regla en un ejemplo que nos da Carofiglio a través de la transcripción de un interrogatorio real.

Concretamente, un abogado ponía en duda la declaración de un inspector de policía que, de paisano, había visto a unos presuntos homicidas a las 19.54 hs pasar por determinada avenida (minutos antes de que se cometiera el crimen por el que estaban siendo juzgados) El abogado, tratando de desacreditar al inspector, interrogó de la siguiente forma:

-          Abogado: El particular en el que estoy interesado es este otro: en cómo se explica que haya podido usted especificar con semejante precisión esa hora, las 19.54, que –que casualidad- cuadra perfectamente con la hipótesis de la acusación…

-          Testigo: Lo anoté

-          Abogado: ¿Qué quiere decir?

-          Testigo: Verá, abogado, yo siempre llevo encima una pequeña agenda. Cuando observo alguna cosa de interés, la anota aquí, y siempre que tomo nota de algo, también apunto la hora.

-          Abogado: En tal caso, asegura que lleva la agenda encima, en este momento…

-          Testigo: Sí

-          Abogado: Y puesto que los hechos son de este año, aún se podrá localizar la anotación.

-          Testigo: Claro.

-          Abogado: ¿Podemos ver esa agenda?

-          Testigo: Claro.

(El Presidente hace constar en acta que el testigo muestra una pequeña agenda de bolsillo; queda registrado en acta que se procede a examinar la página correspondiente el día 5 de marzo, constando……., hora: 19.54)

Es obvio que el error se produce debido a un mal interrogatorio del abogado, quien desconocía a ciencia cierta si el testigo decía o no la verdad, arriesgándose a realizar una pregunta crucial cuando lo mejor hubiera sido no insistir en dicha cuestión.

Concluir señalando que las causas de vulnerar esta regla residen fundamentalmente en una falta de preparación del interrogatorio o en una pérdida de control del abogado durante el mismo, ya que solo es achacable a ello el que se deslice un error de tal naturaleza cuando el caso se encontraba debidamente preparado.

 

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La confrontación entre el abogado y el testigo,  ¿Quién gana?

21.03.2016 Categoría: Mi Práctica diaria, Procesal Comentarios
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La práctica del interrogatorio del testigo, y muy especialmente del contrainterrogatorio,  constituye uno de los mayores retos del abogado durante la práctica del acto del juicio. Ello es lógico, pues interrogar, y muy especialmente al testigo cuya declaración evacuada previamente no favorece nuestro planteamiento requiere un alto grado de preparación de la que, desgraciadamente, carecen la gran parte de los abogados españoles al limitarse su proceso de aprendizaje en las técnicas del interrogatorio a las enseñanzas adquiridas por propia experiencia (bien por observación a otros compañeros o por la propia intervención del abogado en los interrogatorios) Naturalmente, ello no impide que dispongamos de extraordinarios abogados litigantes que dominan esta materia.

A tal dificultad se añade la variedad de testigos a los que puede enfrentarse un abogado como son los testigos falsos (voluntarios o involuntarios), expertos, colaboradores con la justicia, menores, ancianos, testigos hostiles, etc.), diversidad que exige una especial técnica para afrontar el correspondiente interrogatorio.

En este contexto, no es extraño presenciar durante el contrainterrogatorio como el abogado entra en abierta discusión, polémica o conflicto con el interrogado, situación ésta que a todas luces constituye un grave error por parte de aquel que, como veremos, provocará una sustancial merma del efecto que pretende su interrogatorio.

Pero, ¿en qué consiste tal conducta de entrar en conflicto con el testigo?

Básicamente, nos encontramos ante una actitud que puede adquirir variadas formas:

-          Empleo de agresividad a la hora de dirigirse al testigo, elevando exageradamente el tono de voz, tratándolo con rudeza o desconsideración.

-          Uso del sarcasmo para la realización de las preguntas o para comentar las respuestas ofrecidas por el testigo.

-          Tono ofensivo (degradar, ridiculizar o insultar) para con el testigo.

-           Entrar en discusión con el testigo sobre el objeto de la respuesta, convirtiendo el interrogatorio en una disputa entre ambos.

-          Amedrantar o intimidar al testigo con amenazas de acciones posteriores o de la advertencia de cualquier perjuicio como consecuencia del testimonio que están prestando.

En todos estos supuestos, es común en el abogado una pérdida de compostura y serenidad la hora de interrogar, ausencia que se materializa en nerviosismo, excitación, agresividad y cierta desconcentración.

Centrada la cuestión, es hora de que analicemos las causas por las que esta conducta constituye uno de los errores más importantes de todo contrainterrogatorio.

En primer lugar, un abogado que pierda la calma durante esta fase verá aminorada la fuerza persuasiva de su defensa, ya que esta actitud se percibe por el juez como un modo de encubrir las debilidades derivadas de una falta de preparación del interrogatorio. Efectivamente, caer en conductas agresivas basadas en la confrontación y la embestida al testigo transmite generalmente carencias en los recursos disponibles del abogado para encarar este trámite, tratando a través de una especie de imposición verbal, obtener su propósito.

En segundo lugar, todo interrogatorio requiere de fluidez y espontaneidad en su desarrollo, es decir, sin interrupciones que provoquen la pérdida del hilo conductor del mismo; para ello es fundamental que el testigo se encuentre tranquilo y calmado. Por lo tanto, un enfrentamiento va a dificultad enormemente esa fluidez, tanto si el testigo se pone nervioso como si se mantiene calmado.

Esto último conviene explicarlo con más detalle.

Si el testigo entra en la confrontación, qué duda cabe que se habrán perdido las opciones de extraer algo positivo del contrainterrogatorio. De hecho, toda reacción a un ataque frontal va normalmente asociada a una posición del testigo caracterizada por mantener lo ya declarado en el examen directo previo, es decir, se enrocará en su testimonio anterior con más intensidad, minimizándose así las opciones de extraer algo provechoso del interrogatorio. Por el contrario, si el testigo mantiene la calma y responde sin alterarse conseguirá que su declaración sea más creíble y, al tiempo, propiciará que la capacidad persuasiva del abogado se aminore proporcionalmente.

En tercer lugar, entrar en agria discusión con el testigo provoca, ineludiblemente, una falta de atención y concentración del abogado en la propia estrategia del interrogatorio, ya que al encontrarse en una situación en la que se pierde la serenidad, el foco de atención se reduce notablemente. No es la primera vez en las que tras una contienda de este tipo puede observarse como el abogado necesita tiempo para recuperar el curso del interrogatorio (más aun ante la llamada al orden del juez)

Finalmente, no podemos olvidar que estas situaciones también afectan a los jueces o magistrados que presencian el contrainterrogatorio, pues su atención también se verá alterada y con ello el efecto persuasivo del interrogatorio. Igualmente, el juez percibe al testigo como la parte más débil del contrainterrogatorio, por lo que no verá favorablemente cualquier ataque procedente de quien dispone de una posición más privilegiada, lo que podrá derivar en una llamada de atención al letrado con los consiguientes efectos perturbadores para el curso del contrainterrogatorio.

Consecuencia de todo lo anterior, hemos de apuntar que en caso de enfrentarnos  a un testigo retador, provocador, sarcástico, etc., es decir, ante un testigo que busca la confrontación, el abogado deberá mantener la calma en todo momento, sirviéndose, en su caso, del auxilio del juez para advertir al testigo de tal conducta. Jamás deberá el abogado perder la calma en estos casos, pues como anticipamos, si consigue mantener la compostura, será el testimonio del testigo el que perderá su eficacia persuasiva.

Naturalmente, el contrainterrogatorio no va reñido con una actitud seria, sólida y segura, que transmita autoridad y cierta tensión al interrogado. Incluso, en ocasiones, se permiten excepciones como el caso de abordar un interrogatorio del un testigo que sabemos que está mintiendo voluntariamente y además disponemos de datos que nos permitan demostrar que el relato es falso; en tales casos, entiendo que se permite al abogado la licencia de recargar las tintas en la forma de dirigirse al testigo, pero siempre sin faltar al respeto. Hay que ser duro con el testimonio pero no necesariamente con el testigo.

En conclusión, el abogado deberá enfocar todo interrogatorio alejado del terreno de la confrontación, empleando una actitud serena, empática, conciliadora y atenta, lo que le permitirá avanzar de forma fluida, es decir, sin polémicas innecesarias, con la vista puesta en el objetivo estratégico que nos hayamos propuesto con el contrainterrogatorio.

 

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¿Puede reunirse el abogado con el testigo antes del juicio?

29.02.2016 Categoría: Mi Práctica diaria, Procesal Comentarios
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Hace unos días en un juicio oral pude observar como un compañero al interrogar a un testigo le preguntaba ¿Se ha reunido Vd. con su abogado antes del juicio?; a lo que el testigo respondió que sí. El abogado que interrogaba hizo un ademán con ambas manos expresando su perplejidad a la vez que miraba al juez como llamando su atención; el juez, sin inmutarse, pidió al letrado que continuara con el interrogatorio, mientras el otro letrado quedaba completamente azorado…

En esta ocasión, parece que el juez no le dio mayor importancia al contacto previo entre abogado y testigo, si bien me consta, por haberlo presenciado en otras ocasiones, que dichas interacciones no son del agrado de muchos jueces y que para muchos abogados parece una cuestión tabú.

Sin embargo, como veremos a continuación, no hay nada extraño en dichas reuniones, siendo absolutamente necesarias siempre y cuando se lleven a cabo de forma ética y respetando las reglas de juego del proceso y, por supuesto, la integridad del testimonio del testigo.

Efectivamente, la intervención en un juicio oral sin conocer a los testigos que van a declarar constituye una verdadera irresponsabilidad por parte del abogado, no cabiendo excusa, incluso en el caso de que el testigo sea propuesto por la otra parte. Por lo tanto, la toma de las medidas adecuadas para conocer a los testigos es un deber básico para la adecuada preparación y defensa del caso.

Respecto a los testigos propuestos por nuestra parte, es conveniente mantener una entrevista (acompañado de nuestro cliente) previa a su elección como testigo y, en su caso, otra con carácter previa a su intervención procesal.

En la primera entrevista, debemos fijarnos el objetivo de si el testigo será útil para la defensa del caso. Para ello, teniendo ya algunas referencias que nos habrá suministrado nuestro cliente podremos plantearnos los parámetros mínimos para que podamos contar con su testimonio. Lo primero que debe hacerse es, una vez nos lo han presentado, transmitirle seguridad y confianza, adelantándole cual es la razón de la entrevista y que, en todo caso y en todo momento se le pide su testimonio basado en la verdad de lo que haya podido conocer. Esto hay que decirlo con delicadeza (para evitar que pueda ofenderse por poner en duda su honestidad), pero estimo que hay que dejar muy claro que jamás se le va a solicitar o insinuar que dé un testimonio inveraz.

Una vez que hemos decidido proponerlo como testigo, y antes del acto del juicio, es fundamental mantener otra entrevista con el testigo en la que repasaremos su testimonio, reunión que deberá llevarse a cabo en fechas muy aproximadas al día de la vista, ya que de este modo es más fácil que el testigo tenga la información fresca y, en consecuencia, sea más fácil la exposición de un testimonio claro y sin fisuras.

En esta segunda reunión, es importante transmitir una serie de prevenciones al testigo, entre las que destacamos las siguientes:

1º.- Si es la primera vez que asiste al juicio, se le explicará como es el interior de una sala de vistas con detalle del lugar que ocupan cada uno de los intervinientes. Esto es muy importante, pues el testigo gana con ello confianza y evitamos que se encuentre nervioso el día del juicio.

2º.- Hay que exponerle en qué momento lo van a llamar, donde deberá permanecer hasta que se produzca dicha llamada y, finalmente, el orden de los interrogatorios (las generales de la ley; su abogado, después el contrario e incluso advertirle de la posibilidad de que el juez también lo interrogue), e incluso la duración aproximada del juicio sin olvidar el más que posible retraso en el comienzo del mismo.

3º.- Se le detallarán las cuestiones que, relacionadas con los hechos, serán objeto de interrogatorio y las que, probablemente, podrá preguntarle la otra parte. De esta forma, el testigo irá focalizando los elementos esenciales de su declaración y disponiendo de la información más sistematizada.

4º.- Explicarle las opciones que tiene de pedir que se le repitan las preguntas si no las entiende; solicitar al juez que si puede aclarar algo, etc.

5º.- Deberá exponerse a la parte o al testigo las normas de comportamiento esenciales durante el acto del juicio, tales como la prohibición de no mirar al abogado que lo ha propuesto pidiéndole «consejo», no discutir con quienes intervienen en el interrogatorio, asistir arreglado y con buena presencia, etc.

Para concluir, hemos de insistir en que estas entrevistas no constituyen ningún adoctrinamiento del testigo, sino de exponerle lo que va a ocurrir en el acto del juicio al amparo de un testimonio veraz y fidedigno. Como afirma Juan de Dios Camacho, «se trata de contarle lo que va a pasar. Preparar y ensayar éticamente con mi testigo no es ilegal, el no hacerlo es una irresponsabilidad».

En cuanto a los testigos de la otra parte, deberemos obtener toda la información posible, primero a través de los autos (motivo de su proposición en la audiencia previa en materia civil o declaración en las diligencias previas en lo penal) y a través de nuestro cliente, quien probablemente nos podrá suministrar datos para poder intuir cual será su testimonio. En su caso, y si es necesario, pueden hacerse gestiones para tratar de conocer los móviles o intereses del testigo, si se sospecha del mismo. Esta labor, muy habitual en los países anglosajones, debe realizarse a cabo cuando existan claras sospechas de enfrentarnos a un testimonio inveraz o interesado. De esta forma, no sólo podremos tacharlo, sino que prepararemos nuestro interrogatorio jugando con el factor sorpresa.

Y para concluir, recordar al letrado que hizo la pregunta al testigo que desde tiempos inmemoriales las reuniones con los testigos se han producido como algo normal y que, si hace un poco de memoria, no tendrá que hacer gran esfuerzo para recordar cuándo fue la última vez que se reunió con un testigo…

 

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El abogado y las reglas psicológicas del testimonio del testigo

Despacho 1-149

La psicología tiene mucho que decir en el campo jurídico, y más aún en el campo probatorio, ya que se trata del conocimiento de la conducta y comportamiento que el ser humano sigue al realizar determinadas acciones vinculadas a su participación en juicio. Se habla de psicología de los jueces a la hora de elaborar una sentencia, del fiscal, del acusado, y como no, del testigo y de la crítica de su testimonio (antes de recabar su testimonio, durante el interrogatorio y post interrogatorio).

En el presente post nos vamos a centrar en un aspecto de la psicología judicial sumamente interesante: los errores comunes al evaluar un testimonio y los factores que influyen en la credibilidad del testigo[1].

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