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¿Son los testigos realmente imparciales?

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La LEC, al igual que la LECrim, no ofrece en su articulado una definición del testigo, si bien a través de sus artículos 360 y 361 nos suministra algunas de las características del mismo:

Artículo 360 Contenido de la prueba

Las partes podrán solicitar que declaren como testigos las personas que tengan noticia de hechos controvertidos relativos a lo que sea objeto del juicio.

Artículo 361 Idoneidad para ser testigos

Podrán ser testigos todas las personas, salvo las que se hallen permanentemente privadas de razón o del uso de sentidos respecto de hechos sobre los que únicamente quepa tener conocimiento por dichos sentidos.

Los menores de catorce años podrán declarar como testigos si, a juicio del tribunal, poseen el discernimiento necesario para conocer y para declarar verazmente.”

Esta ausencia conceptual ha motivado que las definiciones existentes sean de origen jurisprudencial. En tal sentido, encontramos muy apropiadas las siguientes, que nos sirven para conceptuar esta figura cualquiera que sea el orden jurisdiccional:

“testigo es la persona física que, sin ser parte en el proceso, es llamada a declarar, según su experiencia personal, acerca de la existencia y naturaleza de los hechos conocidos con anterioridad al proceso, bien por haberlos presenciado como testigo directo, bien por haber tenido noticia de ellos por otros medios como testigo de referencia” (STS de 20 de mayo de 2008)

“…Testigo es tercero, es decir, una persona ajena al proceso, que aporta al mismo, declarando sobre ello, unos hechos que ha presenciado (visto u oído), o que le han contado(SAP de Madrid de 19 de abril de 2006)

Partiendo de las definiciones anteriores y teniendo en consideración la normativa reguladora de la prueba testifical, podemos destacar como características que configuran al testigo las siguientes:

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En el interrogatorio, una vez te has anotado el tanto, ¡Por Dios, no sigas!

13.06.2016 Categoría: Mi Práctica diaria, Oratoria Comentarios
abogado-juicio[1]

Una de las reglas esenciales de todo contrainterrogatorio[2] es la que establece que el abogado debe cesar en su interrogatorio una vez que ha obtenido el objetivo que perseguía. Esta norma, de sencilla exposición, suele ser incumplida por muchos compañeros, lo que suele conducir a desastrosas consecuencias en el curso del interrogatorio.

Para conocer mejor el alcance de la misma es preciso partir de la base de otras dos reglas que constituyen su fundamento:

1ª.- Solo contrainterrogue con un objetivo claro y preciso.

2º.- No proceda a efectuar un contrainterrogatorio si no existen perspectivas de obtener un resultado útil, es decir, cuando no hay nada que ganar en términos probatorios.

Estas reglas nos enseñan que antes de proceder al contrainterrogatorio hemos de disponer de un objetivo claro (limitación de daños o limitación de los efectos negativos derivados del interrogatorio directo; ataque a la credibilidad del testigo; o ataque al testimonio desmontando el relato para invalidar la declaración), y solo en el supuesto de que a través del interrogatorio podamos alcanzarlo estaremos facultados para proceder al mismo. Por el contrario, incluso en el caso de disponer de un objetivo claro, si las circunstancias limitan ampliamente las perspectivas de conseguir algún resultado, hemos de desechar la práctica del interrogatorio.

Aclarado este punto, y una vez tomada la decisión de contrainterrogar (al disponer de un objetivo definido y de una perspectiva de conseguir un resultado favorable) , el abogado deberá tener en su mente la necesidad de aplicar la regla que hoy analizamos, es decir, una vez que somos conscientes de que se ha conseguido el objetivo hemos de cesar de interrogar, cese que se refiere a la conclusión del contrainterrogatorio en su totalidad, o respecto a determinada temática para continuar interrogando sobre otros extremos.

La razón es obvia: si persistimos en nuestro interrogatorio tras haber alcanzado nuestro objetivo y la máxima ventaja psicológica, el testigo , consciente de su error, puede escapar realizando aclaraciones, matizaciones, introduciendo así nuevos datos que reduzcan o eliminen la consistencia de lo anteriormente expuesto o situando lo declarado en un contexto diferente.

Pongamos un ejemplo que nos da Carofiglio a través de la transcripción de un interrogatorio real:  

Abogado: Así pues, ¿afirma usted que mi cliente le arrancó la oreja al ofendido?

Testigo: Sí

Abogado: ¿A qué distancia de la pelea se encontraba usted?

Testigo: A unos veinte metros, o puede que algo más.

Abogado: ¿Qué hora era, más o menos?

Testigo: Las nueve de la noche.

Abogado: Y ustedes estaban fuera, en el aparcamiento del supermercado, ¿es  exacto?.

Testigo: Sí, exacto.

Abogado: ¿El aparcamiento estaba iluminado?

Testigo: No mucho.

Abogado: ¿Podemos decir que sucedió todo medio a oscuras?

Testigo: Pues sí, algo así, vamos, que no había mucha luz.

Abogado: En tal caso, permítame usted recapitular: los hechos ocurrieron a las nueve de la noche, en un aparcamiento mal iluminado, y usted se encontraba a más de veinte metros del lugar preciso donde se estaba desarrollando la pelea. ¿Es exacto?

Testigo: Exacto

Abogado: ¿Y pretende usted hacernos creer que en esas condiciones le fue posible ver cómo mi cliente le arrancaba a su adversario un pedacito de la oreja?

Testigo: Pero es que yo no lo vi arrancárselo…

Abogado: Entonces, ¿cómo sostiene usted que…?

Testigo: … yo lo que vi fue cómo luego lo escupía.

En el caso examinado, el abogado había logrado el objetivo de desacreditar el testimonio del testigo sobre la base de las condiciones de percepción, climáticas y atmosféricas justo cuando el el testigo dijo “Exacto”. Es en ese momento cuando debió dar por terminado el interrogatorio. Sin embargo, a pesar de ello, continúa y el testigo clarifica su testimonio, indicando que lo que vio es como escupía el pedazo de oreja.

Los grandes enemigos de esta regla lo constituyen los comentarios sarcásticos, la ironía, extraer conclusiones o valoraciones, que no son más que muestras de una arrogancia mal entendida de exaltar nuestro triunfo ante el testigo. Los estadounidenses añaden la conducta conocida como guild the lily o recrearse haciendo nuevas preguntas que no aportan nada al interrogador pero que facilitan el escape del testigo.

Por ello, el mejor consejo en este caso es tener muy clara esta regla en mente y, con modestia, cesar el interrogatorio o como indicaba el famoso abogado litigante Max Steuer “When you have scored your point on cross-examination, for heaven´s sake, quit! (En el interrogatorio, una vez que te has anotado el tanto, por Dios, no sigas)

Complemento de esta regla, en los casos en los que se da por terminado el interrogatorio, es importante expresar el “No hay más preguntas” empleando un lenguaje verbal y no verbal que evidencie que se ha alcanzado el objetivo pretendido. En los casos en los que hemos de continuar con el interrogatorio sobre otros temas, lo más conveniente y eficaz es crear un silencio forzado, más extenso de lo habitual, a fin de que la respuesta favorable a nuestros objetivos quede en el aire y sea percibida en toda su extensión por el juez y, en su caso, el jurado.

 

 

 

[1] Max Syuer, citado por P.M: Brown en The Art of Questioning; Thirty maxims of cross-examination. New York 1987.

[2] Contrainterrogatorio es aquel al que somete una parte procesal al interrogado que mantiene una versión de la historia contraria a los intereses de quien interroga

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Tom Cruise también se preparaba los interrogatorios de testigos.

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Los momentos culminantes de las películas del género judicial suelen coincidir con el vibrante interrogatorio que realiza el abogado a un testigo hostil, fase que siempre concluye con la desacreditación de éste o de su testimonio gracias a la habilidad e ingenio del profesional. Aparentemente, tan hábil interrogatorio (realizado en varias ocasiones en la gran pantalla por el actor Tom Cruise) deriva de exclusivamente de la destreza de nuestro protagonista, suposición ésta generalizada en los legos en la materia. Sin embargo, los abogados sabemos que tras esa actuación estelar hay una ingente cantidad de horas de análisis, planificación y estudio, es decir, de preparación del interrogatorio.

Efectivamente, un interrogatorio sin preparación se caracteriza por realizarse sin un objetivo determinado, sin planificación previa y a la ligera, sin un esquema argumental preciso, por lo que sus consecuencias pueden ser devastadoras ya que corremos el riesgo, muy probable, de que la posición de la parte contraria se vea reforzada ya que un interrogatorio no preparado suele reforzar la credibilidad del testigo y el contenido de su relato debilitando, en contrapartida, nuestra posición.

Pero, ¿Qué se entiende por preparación de un interrogatorio?

Respondiendo a esta cuestión, preparar el interrogatorio no es más que a acción que se lleva a cabo una vez que, establecido el objetivo del interrogatorio, el abogado o fiscal toman la decisión de interrogar al testigo, acción que se realizará sobre la base de una planificación minuciosa de cómo vamos a llevar a cabo dicho interrogatorio.

Para llevar a cabo la preparación del interrogatorio distinguiremos las siguientes fases:

1ª.- Conocimiento del testigo y de su testimonio.

2º.- Determinación del objetivo a conseguir y toma de decisión sobre la procedencia del interrogatorio.

3º.- Preparación y planificación de la ejecución del testimonio.

A continuación vamos a abordar estas fases teniendo en consideración que las mismas son de obligada aplicación tanto alexamen directo, es decir, al que se realiza en primer lugar por el abogado que ha propuesto el testigo, como al contrainterrogatorio o interrogatorio realizado al testigo propuesto por la otra parte y que ya ha declarado previamente

1ª.- Conocimiento del testigo y de su testimonio.

Para adoptar la decisión de realizar el interrogatorio lo primero que hemos de hacer es decidir si vamos a proceder a interrogar. Para ello es fundamental que conozcamos al testigo y su testimonio y la coherencia de éste con el resto de la información fáctica y probatoria del caso.

El conocimiento del testigo abarcaría la información sobre aquellos elementos que pueden guardar relación directa o indirecta con el caso. Sus antecedentes, relación o vínculos de filiación o amistad con la otra parte, intereses de todo tipo, capacidades físicas, psíquicas, de percepción, participación en los hechos, etc. En definitiva, todo aquello que nos permita situarlo adecuadamente en el marco del procedimiento. Con dicha información, a continuación hay que analizar el testimonio ya prestado en las actuaciones con especial consideración de su integración con el resto del material probatorio, determinándose así la relevancia de su testimonio para nuestros intereses.

Por lo tanto, la toma de las medidas adecuadas para conocer a los testigos es un deber básico para la adecuada preparación y defensa del caso. Realizar una cuidadosa investigación de la persona del testigo y de sus móviles que le llevan a prestar su declaración no solo nos permitirá adaptar nuestro interrogatorio a dicho perfil, sino que es esencial para una efectiva orientación del contrainterrogatorio dando a dicha información el uso más adecuado a tenor de las circunstancias.

2º.- Determinación del objetivo a conseguir y toma de decisión sobre la procedencia del interrogatorio.

A continuación, hemos de aplicar la regla que establece que sólo se procede a interrogar cuando se tiene un objetivo que desde el punto de vista probatorio resulta relevante y que, en la práctica, tiene visos de ser alcanzable.

Dicho esto ¿Cuáles son los objetivos de todo interrogatorio? Veámoslos:

En el Interrogatorio directo:

a)      Favorecer la credibilidad del testigo.

b)      Persuadir al juez de la veracidad del testimonio.

En el Contrainterrogatorio:

c)       Limitación de daños o limitación de los efectos negativos derivados del interrogatorio directo. A través del mismo se pretende reducir la relevancia y logros que se hayan podido alcanzar en el interrogatorio directo, restándole importancia al mismo.

d)      Ataque al testigo: A través del mismo, se pretende atacar la credibilidad del testigo para, así, destruir su testimonio directo.

e)      Desmontar el relato para invalidar la declaración: Se pretende demostrar que la narración del testigo no es cierta o creíble, bien por su falsedad, bien por su incoherencia.

Por lo tanto, solo si existen perspectivas que nos permitan alcanzar cualquiera de los objetivos señalados entonces procede realizar el contrainterrogatorio. Por el contrario, si no hay perspectiva alguna de éxito, es mejor renunciar a practicarlo.

3º.- Preparación y planificación de la ejecución del testimonio.

Finalmente, una vez decididos a realizar el contrainterrogatorio, es fundamental llevar a cabo una exquisita y completa, yo diría que obsesiva, preparación del interrogatorio, o lo que es lo mismo, planificar cómo voy a ejecutar el interrogatorio.

La preparación del interrogatorio consistirá por tanto en decidir aspectos tan relevantes como la estrategia a seguir (naturalmente partiendo del objetivo ya determinado), orden cronológico o temático que seguiremos, ritmo y empleo de los diversos tipos de preguntas, intensidad del tono a emplear, determinación de las evidencias con las que contamos, elaboración escrita del texto del interrogatorio, etc.

Tal y como indicamos al principio de este post, detrás de un gran interrogatorio hay una extraordinaria preparación que se verá facilitada, qué duda cabe, por la experiencia del profesional, pero que, en todo caso, debe convertirse en un principio esencial para todos aquellos que queramos llevar a cabo un interrogatorio con plenas garantías tal y como el que realiza Tom Cruise en las películas del género judicial.

 

 

 

 

 

 

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¡Con la venia, solicito la incomunicación de los testigos!

juzgado-sillas[1]

Una cuestión que por razones estratégicas se plantea al abogado en muchos juicios es la conveniencia de que el testigo que ha declarado permanezca en el interior de la sala para evitar que comunique con los testigos que permanezcan en el exterior, dando por supuesto que un testigo jamás puede escuchar la declaración del testigo precedente.

Estamos hablando de las medidas de incomunicación de los testigos en el juicio oral, las cuales, reguladas en nuestra ley procesal en el artículo 366, presentan una serie de particularidades que demuestran lo voluntarioso del precepto y su mermada eficacia a tenor de las limitaciones materiales de nuestra Administración de Justicia por un lado, y de su naturaleza meramente cautelar o preventiva, lo que impide que su infracción pueda ser considerada como motivo de nulidad de la declaración o de la imposibilidad de declarar de quien infringió la norma de comunicación.

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¡Señoría, impugno la pregunta!

abogado-juicio[1]

El artículo 369 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, dedicado a la impugnación de la admisión de las preguntas y protesta contra su inadmisión, dispone: 1. En el acto mismo del interrogatorio, las partes distintas de quien haya formulado la pregunta podrán impugnar su admisión y hacer notar las valoraciones y calificaciones que estimen improcedentes y que, a su juicio, debieran tenerse por no realizadas. 2. La parte que se muestre disconforme con la inadmisión de preguntas, podrá manifestarlo así y pedir que conste en acta su protesta. A través de dicho precepto de la vigente LEC se incluyó como novedad en nuestra normativa procesal la posibilidad de impugnar durante el acto del juicio la pertinencia de las preguntas que el juez admita, disposición que hemos de poner en conexión con los artículos que regulan la inadmisibilidad de las preguntas en los interrogatorios, a saber:

 

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