Existen tantas formas de preparación del informe oral como abogados han asistido a juicio. Ello es así dado que no existe preceptiva alguna al respecto, y es el criterio de cada uno el que dicta las reglas para elaborar el alegato que, poco después, saldrá a la luz durante la intervención en sala. No obstante, en mi opinión, un elemento que no debe faltar en la preparación del informe es la elaboración de un guion del mismo, hayamos o no elaborado previamente un informe oral a texto completo.

 Pero, ¿qué es un guion?, y más concretamente ¿qué es el guion del informe oral?

Respondiendo a ambas preguntas, el guion, según la primera acepción del diccionario de la RAE, es un escrito en que breve y ordenadamente se han apuntado algunas ideas o cosas con objeto de que sirva de guía para determinado fin, lo que nos lleva a definir el guion del informe oral como un escrito en que breve y ordenadamente se han apuntado las distintas materias que tenemos previsto exponer oralmente la práctica de este trámite en juicio.

Por lo tanto, la finalidad del guion es servirnos de guía o muleta para facilitar la exposición de las ideas fundamentales del informe de forma organizada, evitándose así una intervención desordenada en la que omitamos algunas materias de las que no podemos prescindir durante nuestro alegato.

La preparación del guion se realiza una vez que hemos elaborado el informe escrito o cuando, sin haberlo elaborado, tenemos muy clara la estructura y contenido del mismo[1]. Llegados a este punto, hay que recuperar la estructura del informe y las ideas principales de cada una de las partes de dicha estructura, para, así, asegurarnos que este cumpla con su finalidad.

Un informe requiere por tanto una estructura (por ejemplo, exordio, narración, argumentación y refutación y epílogo) y en cada una de dichas partes clasificar y organizar las ideas en el orden previsto a través de frases sencillas cuya lectura nos permita recordar no sólo esa idea principal, sino su desarrollo.

Por otro lado, algunos trucos para mejorar la calidad del guion pueden ser dejar un margen para introducir alteraciones, pues como decía Ossorio, “el guion no es un atadero de la imaginación  ni una norma inquebrantable para formar el discurso”, pues, a la vista de lo que ocurra en el juicio, habremos de introducir cambios en el mismo sobre la marcha; igualmente, es interesante incluir signos para dar énfasis, emplear silencios, modificar el ritmo, etc. durante la exposición; también es sumamente práctico usar colores para resaltar ideas; finalmente, el guion deberá ser muy breve y ocupar poco espacio (una o dos carillas).

Elaborado el informe es hora de ir repasándolo hasta que las ideas queden completamente asentadas en nuestra memoria, y con ello me refiero a las que se enuncian y las que desarrollaremos al amparo de las mismas, sin que, obviamente, nos estemos refiriendo a una memorización frase a frase, sino en la comprensión mental de las ideas para su desarrollo acorde con lo estudiado. Este repaso podrá realizarse en cualquier sitio, pues dadas sus limitadas dimensiones, puede doblarse y llevarse consigo a cualquier parte.

En definitiva, la elaboración de un guion constituye una práctica inexcusable a realizar cuando vayamos a intervenir en sala y sea preceptiva la exposición del informe oral.

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[1] Muchos compañeros preparan directamente el guion sin elaboración del informe escrito previo. LLORCA ORTEGA destaca la importancia que, con la adquisición de mayor experiencia forense, tendrá el ir eliminando el documento de informe para centrarnos desde el principio en la elaboración de un guion completo y bien construido, que nos permita recordar con facilidad y desarrollar el grueso de las ideas que van a constituir nuestra defensa. De esta forma, eliminaremos la servidumbre de la construcción del informe y podremos trabajar con más tiempo y flexibilidad.