Observo que actualmente, muchos abogados que empiezan a ejercer lo hacen pensando en alcanzar cuanto antes los conocimientos esenciales de una especialidad. Y verdaderamente hoy en día la especialidad es clave puesto que la proliferación normativa, el actual mercado de servicios legales y la presión de una competencia feroz han motivado que el otrora abogado generalista sea paulatinamente reemplazado por el abogado especializado en las diversas ramas del derecho (civil, penal, administrativo, etc.), e incluso en sectores de actividad (banca, aeronáutico, etc.), pues a través de una especialidad bien definida, el abogado podrá crecer profesionalmente en el contexto indicado. No obstante, ello no impide que en determinadas plazas (pequeñas localidades especialmente) siga manteniéndose la figura del abogado generalista.
Sin embargo, frente a la tendencia de empezar especializándose, creo que cuando el abogado comienza debe conocer, al menos de forma puntual, la práctica profesional en las diversas ramas del derecho actuando como un generalista “todoterreno” durante algunos años, pues de esa forma tendrá una visión mucho más completa de la profesión que de haberse centrado desde el principio en una especialidad. Lógicamente, el cambio de lo general a lo especial dependerá de las circunstancias de cada uno.
Personalmente en mis primeros años, incluso una década después, opté por la visión del abogado “todoterreno” pues, cuando comienzas, los clientes que van a contratar tus servicios no te llamarán para resolver la materia que más te gusta, sino para hacer juicios penales, algún divorcio, una declaración de herederos, un juicio monitorio e, incluso, algún contrato de arrendamiento urbano, lo que no te va a permitir dedicarte a tu especialidad soñada. Como bien apunta Prieto Tutor, “te dedicarás a aquello a lo que puedas dedicarte…”, es decir, a aquello con lo que te puedas ganar la vida, puesto que no hemos de olvidar que los despachos hay que sacarlos adelante y requieren de recursos económicos que nos aportan los clientes. Sin duda, sería un verdadero milagro que todos los temas que nos llegasen fueran de la especialidad proyectada.
Lo anterior es lógico pues, si estás comenzando y nadie te conoce, los casos te irán llegando a cuentagotas y quizás puedas llevar alguno relativo a esa especialidad pero, finalmente, serán los clientes o la demanda que exista en determinado momento de tu práctica la que finalmente irá decantando tu especialidad. Así, son innumerables los casos en los que un abogado que soñaba con ejercer una especialidad ha acabado persuadido por otra completamente distinta en la que ha progresado y disfrutado. Asimismo, hay casos excepcionales en los que el joven abogado tras concluir la carrera entra en el despacho de un familiar especializado en una materia o es contratado por una entidad determinada (un banco, una farmacéutica, etc.), pero la inmensa mayoría al comenzar no ven la especialidad ni en sueños.
De este modo, durante varios años fui oscilando entre una actividad de generalista para ir pasando a periodos en los que me salían muchos temas laborales y pasaba largos periodos en la Magistratura de Trabajo; en otras fases me centré en el contencioso e incluso en asuntos penales. Sólo fue al cabo de muchos años cuando, gracias a un cliente, me centré en temas civiles vinculados al mundo del derecho inmobiliario (edificación, construcción, compraventas y urbanismo). Por supuesto, agradecí mucho todos los conocimientos generales que había ido acumulando en años precedentes ya que el derecho, sea cual sea la materia, es muy transversal y siempre vas a tener que recurrir a conocimientos adquiridos en otro orden jurídico.
De hecho, tras mi experiencia, puedo afirmar que el abogado no escoge la especialidad; es la especialidad la que escoge al abogado, ya que a veces no te gusta un área del derecho, pero a ésta sí que le gustas tú; entonces, sin saber cómo, acabas enamorado de la misma.
Este texto pertenece a un capítulo de la obra AVENTURAS Y PERIPECIAS DE UN JOVEN ABOGADO https://oscarleon.es/mis-libros/


8 comments
curiosamente a mí me sucedió al revés. debido a que administre condominios por algunos años luego fue como un poco medio natural especializarme en el derecho condominal. sin embargo a raíz de que experimentado las limitaciones he tenido que encontrar formas de abrir un poco más la práctica, pero al revés de lo que sucede cuando uno inicia joven de alguna forma yo estoy iniciando a ser generalista después de más de 20 años de ejercicio profesional. lo que me ha permitido hacerlo fue que me especialicé en litigio Y entonces a través del litigio le entro el derecho de fondo. Saludos.
Ignacio, muchas gracias por contarnos tu experiencia. ¡A veces ocurre!
Estimado Óscar León, lo que escribes describe perfectamente mi experiencia. Realmente es lo que me ha pasado profesionalmente. Soy abogado venezolano en el libre ejercicio.
Totalmente de acuerdo con tu reflexión. Me alegro de que coincidas. Un cordial saludo.
¡Absolutamente! Este texto es una joya. Muy acertado, Oscar, que el abogado no elige la especialidad, sino que es ella la que nos selecciona. Yo creo que a veces es la propia law firm la que tiene más sentido del humor al asignarnos casos, ¡pero bueno! Es como una especie de quién es más rápido, entre tu curiosidad y la necesidad urgente del cliente. La transversalidad es clave, como bien dices, aunque a veces te sientes más como un erudito generalista que un experto, especialmente cuando tienes que explicar inmobiliario a alguien que solo entiende de… well, casi nada más. ¡Gracias por tan brillante y humanizante perspectiva!speed stars sự kiện đặc biệt
Muchas gracias por tu comentario. Saludos.
Qué bien contado, hermano león! Es como si el derecho, ese capullo, elegía al abogado a base de ponerle casos raros hasta que te acostumbres a la marabunta. Yo me veo a mí mismo como un generalista en el desfile de la justicia, pero seguro que algún cliente me escoge para algo que ni yo mismo sé ni siquiera que existía, ¡como encontrar un tesoro en la basura! Es la especialidad la que te engancha, aunque a veces no lo esperes. La vida de un abogado es un laberinto lleno de sorpresas legales, ¡pero siempre con un toque de humor!grow a garden calculator
Gracias por tu comentario. Saludos.